Cómic
COPRA, el comando de mercenarios al margen de la ley con el que Michel Fiffe actualizó el cómic de superhéroes
Una operación encubierta llevada a cabo en Latinoamérica por un grupo de agentes especiales superpoderosos al servicio del Gobierno estadounidense, pero sin su autorización expresa para esta acción, concluye con un saldo demoledor: 31.824 víctimas civiles. Algunos de los agentes del comando también pierden la vida en esta misión que huele poderosamente a traición o a chanchullo en las altas esferas que ha provocado ese fatal desenlace. Este es el arranque de COPRA, la serie de cómic creada por Michel Fiffe en 2012 que la editorial Moztros está recuperando en España en cuatro tomos, de los que el segundo acaba de llegar a las librerías. La investigación sobre qué ocurrió en esa fallida acción y una aventura entre dimensiones a partir de un extraño material son los ejes sobre los que giran las primeras páginas de este tebeo.
COPRA es un equipo de mercenarios —excombatientes, francotiradores, asesinos— que ejecuta misiones arriesgadas bajo nómina institucional. Sonia Stone dirige el comando y selecciona a sus integrantes en las prisiones y entre gente descarriada con experiencia probada en negocios prohibidos y dotada de habilidades extraordinarias. De algún modo, les ofrece la redención a cambio de su violencia. Stone resume su tarea gubernamental afirmando que lo que hace es “darles trabajo sucio a los despojos de la sociedad”, y asegura que ellos mismos se describen humildemente como “la ira de Dios en la forma de asesinos y perdedores”.
“‘COPRA’ es un homenaje por defecto, ya que no oculto mis influencias, pero tampoco intento replicar conscientemente algo en particular. Tampoco tengo el menor interés en deconstruir el género ni en burlarme de él”, explica Michel Fiffe
Las intrigas de despacho y cierto aire de película de espías comparten páginas con las escenas habituales en los tebeos de superhéroes de peleas multitudinarias a puñetazos en grandes viñetas, explosiones devastadoras e historias que se desarrollan en realidades paralelas. Fiffe lo hace, eso sí, desde una mirada un tanto periférica y artística, que contrasta con el menú del día en el cómic de superhéroes comercial que despachan las editoriales Marvel y DC, las dos grandes multinacionales de este negocio. “Mi estilo general —desde el dibujo y el guión hasta el diseño de página— fusiona sensibilidades alternativas con material de género, concretamente aquel vinculado al mundo de los superhéroes”, confirma el autor en conversación con El Salto. Para él, COPRA es una serie de aventuras por entregas que encarna ese enfoque y presenta un elenco “sumamente diverso, desarrollado a caballo entre la grandilocuencia y los matices humanos”. Su misión, reconoce, era sencilla: crear por su cuenta “historias de aventuras audaces y singulares, dotadas de un sello muy personal”. El resultado prueba que ha cumplido la misión con creces.
COPRA comparte con Black Hammer de Jeff Lemire y Dean Ormston el espíritu de homenaje al cómic de superhéroes y la intención de revitalizar en el siglo XXI el legado de un género con ocho décadas de existencia. Fiffe se inspira especialmente en algunas obras publicadas durante los años 80 como El Escuadrón Suicida de John Ostrander y Luke McDonnell, título que la crítica ha citado como referencia evidente en la creación de los protagonistas de COPRA, al que se podrían añadir La Patrulla Condenada de Grant Morrison y Richard Case y otros posteriores que también revisaron el canon desde perspectivas variadas, como X-Statix, de Peter Milligan y Mike Allred, o The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson. Uno de los personajes de COPRA es un remedo sin maquillaje del Doctor Extraño y otro de El Castigador, dos pesos pesados de Marvel. Pero el enfoque de Fiffe no trata de mostrar una lectura posmoderna ni paródica de los tebeos de seres con superpoderes y trajes de colores, sino de manejar los resortes ya conocidos para moldear un cómic muy disfrutable, sin mayores pretensiones. “COPRA es un homenaje por defecto, ya que no oculto mis influencias, pero tampoco intento replicar conscientemente algo en particular. Tampoco tengo el menor interés en deconstruir el género ni en burlarme de él. Mi objetivo era crear una historia directa que tuviera la estética que yo deseaba y que transmitiera la sensación de ser un mundo propio, utilizando esta magnífica forma de arte como un fin en sí mismo”, explica.
Fiffe también menciona otras influencias fuera del cómic para desentrañar COPRA —“la moda, el cine, las bellas artes, el barrio de Bowery en Manhattan, Ingmar Bergman, George Grosz”— y asegura que la música proyecta “una sombra enorme, tal vez la mayor de todas” sobre sus páginas, “quizás sea porque yo solía hacer música, así que me siento más identificado con ella”. Desde ahí aporta otro nombre propio con el que resume lo que él intentó hacer en este cómic: “Alguien como John Zorn transmite una energía contagiosa y festiva al hablar de música, hay en él una reverencia por el pasado al tiempo que mira hacia el futuro”.
“El potencial del género es más amplio de lo que la industria podría sugerir. En otras palabras, el ‘mainstream’ estadounidense no debería ser el único criterio para medir su valor”, afirma Fiffe
En septiembre, durante la presentación en Madrid del cuarto tomo de El vecino (Astiberri, 2026), otra de las remodelaciones imprescindibles de los cómics de superhéroes en el siglo XXI, su ilustrador Pepo Pérez habló de que, a estas alturas, lo que puede hacer que estos tebeos sean relevantes es la forma —tanto la narración como el dibujo—, por delante de la historia que cuentan. También mencionó al creador de COPRA como ejemplo de dibujante actual con características propias en el ámbito del cómic independiente. A Fiffe le gusta imaginar que alguien se acerca a sus páginas buscando un cómic de superhéroes violento, pero descubre que hay otra capa en la obra. “Si perciben ese matiz delicado y humano, la experiencia ganará profundidad. Si no lo hacen, no pasa nada: la historia sigue funcionando bien como un relato bastante directo. Hay matices entre tanta carnicería”, señala. El equilibrio entre ingredientes diferentes y opuestos es otro de los elementos que protagoniza COPRA.
El superpoder del DIY
Nacido en La Habana en 1979, Michel Fiffe se encargó de todo lo que hiciera falta para que COPRA fuese realidad. Lo escribió, lo dibujó, lo entintó, lo coloreó y lo llevó en persona a las tiendas de Nueva York para que lo vendieran. Fue un trabajo completo e intenso basado en el hazlo tú mismo hasta que una de las librerías, también editorial, se hizo cargo de la distribución al ver que este tebeo tenía potencial. Bergen Street Press recopiló en tomos compuestos cada uno por tres números todo el material que Fiffe había publicado. El primero de esos volúmenes fue traducido y editado en España en 2015 por la desaparecida El Nadir/Inefable Tebeos.
Fiffe recuerda que esa etapa inicial suponía un empleo a jornada completa y más allá, con horas extra y sin vacaciones. “Pensaba constantemente en algún aspecto u otro de la producción. La dinámica más interesante era la negociación interna entre el artista y el editor que conviven en mí”, afirma. Esa situación de duplicidad le hizo valorar la mentalidad de “trabajador incansable” y le obligó a desprenderse de cualquier apego excesivo hacia la obra, lo que considera “una herramienta muy valiosa cuando uno es su propio jefe”. También aprendió que “el potencial del género es más amplio de lo que la industria podría sugerir. En otras palabras, el mainstream estadounidense no debería ser el único criterio para medir su valor”.
Fiffe admite que se encariñó de los personajes con el paso de los años —cerró COPRA en 2025 tras 50 números— y que trabajar de una manera tan autónoma le sirvió para ser más disciplinado y para apreciar el tiempo de las otras partes implicadas en el proceso de hacer que un tebeo llegue a las tiendas. “Al principio —reconoce— todo era un poco caótico, la velocidad y el volumen de producción eran el objetivo principal, pero poco a poco fui adoptando un ritmo más pausado y reflexivo. A medida que ganaba destreza técnica, mi mirada buscaba mayor refinamiento y optimización. Creo que el equilibrio entre lo impulsivo y lo refinado es saludable, aunque, de alguna manera, mi estudio sigue siendo igual de caótico”.
“Sospecho que los desarrollos más profundos los encontrarás en los márgenes: de la mano de creadores sin supervisión corporativa, de aquellos que no se quedan esperando permiso para avanzar”, dice Fiffe sobre la posibilidad de innovar en el cómic de superhéroes
La editorial Image, una casa donde los autores de cómic retienen los derechos sobre sus creaciones, se encargó de publicar COPRA durante los últimos años. Fiffe también ha hecho alguna incursión puntual como guionista en series de Marvel y DC, lo que le da pie a reflexionar sobre esos dos mundos y lo que les separa: “El control absoluto es la diferencia más significativa, ya que cada decisión depende del creador. Desde el enfoque visual hasta la orientación temática, cada detalle queda a mi criterio. Esa libertad me sienta bien y, aunque el circuito comercial tiene sus ventajas, no puedo alejarme de mis propios cómics por mucho tiempo”.
Al igual que sucede con la mayoría de autores, Fiffe empezó a dibujar por la fascinación que de niño le había provocado leer cómics de superhéroes. En su caso, cuando vivía en Madrid con su familia a mediados de los años 80, su abuela le compraba en el quiosco los tebeos de DC que publicaba en España Ediciones Zinco. Flash, de Carmine Infantino y Cary Bates, era su favorito. Él está seguro de que lo que más le atrajo de aquellas publicaciones fue “algo sencillo y primordial, como cuerpos coloridos haciendo cosas fantásticas. Veía dibujos animados y jugaba con juguetes que cumplían con esos requisitos, pero los cómics tenían algo especial. Había en ellos una cualidad inmediata e íntima, adoraba hasta el último detalle de aquellos números de Zinco”.
Preguntado por los apellidos que le marcaron, recuerda que, cuando se convirtió en “un fan acérrimo” de los tebeos con nueve años, estaba obsesionado con todo lo que dibujaba John Byrne. “Él es la razón por la que empecé a leer Marvel. Y, por supuesto, artistas como Frank Miller y Walter Simonson me causaron una gran impresión desde muy pronto. Su obra poseía una energía única al servicio de historias maravillosamente absurdas. Probablemente por eso me atraen artistas más recientes como Javier Rodríguez, James Harren y David Lafuente. El valor que aportan a la experiencia de lectura es incalculable, elevan la calidad de cualquier material en el que trabajan. Soy fan de muchas otras voces nuevas, y me alegra que la industria tenga espacio para ellas”, comenta.
¿Y hay aún espacio dentro de esa industria para innovar en el cómic de superhéroes? Fiffe responde entusiasmado y apunta los lugares a los que mirar. “Por supuesto, sí, ¡hay potencial! Todos los géneros ofrecen ese margen. Las historias de superhéroes tienen muchísimo espacio para ello. Sin embargo, sospecho que los desarrollos más profundos los encontrarás en los márgenes: de la mano de creadores sin supervisión corporativa, de aquellos que no se quedan esperando permiso para avanzar”.
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