Cómic
Pepe González: el genio, lo que fue y lo que pudo ser
Resucitado gracias a la memorable biografía dibujada y guionizada por Carlos Giménez, reeditada en 2025 por Reservoir Books en un único volumen, hablar de Pepe González es hacerlo de un talento dotado con un don del cual pudo sacar más provecho, pero que, en cualquier caso, proporcionó algunos de los momentos más memorables en el arte de la viñeta.
Fue a través de Vampirella como el cauce central de ese genio brotó de forma arrebatada. Y lo hizo por medio de su sello más personal: su capacidad única para dotar de un estilo rutilante a sus creaciones femeninas. En este sentido, trabajar en un icono del cómic norteamericano como Vampirella fue la excusa perfecta para que el autor catalán pudiera dar rienda suelta a su capacidad innata para dibujar rostros y cuerpos de una perfección asombrosa. Dibujos de cualidad fotográfica que, así como Harold Foster traspasaba la línea entre diferentes modalidades artísticas con pulsión pictórica en sus dibujos prerrafaelitas en El Principe Valiente, él lo hacía mediante una verbalización fastuosa de la anatomía humana.
Pepe González siempre buscaba un fin: trabajar lo mínimo posible en sus viñetas. Sin embargo, lo que trasciende en ‘Vampirella’ es una obsesión crónica por el detalle
Tal como reza en la biografía firmada por Giménez, Pepe siempre buscaba un fin: trabajar lo mínimo posible en sus viñetas. Sin embargo, lo que trasciende en Vampirella es una obsesión crónica por el detalle. En sus dibujos tiene vida hasta el último pelo de una cabeza o una uña levantada al viento. La impresión general es la de estar ante creaciones que, literalmente, se salen de la cuadrícula, enjauladas entre sus cuatro esquinas.
Tal era su destreza para dotar de vida a sus personajes que, tal como queda recogido varias veces en Pepe, sus dibujos fueron obra de múltiples calcados. Dicha práctica se convirtió en el pan nuestro de cada día en Selecciones Ilustradas, su santo refugio y el de sus compañeros de profesión. Los dibujos de Pepe eran siempre los más solicitados para ser copiados descaradamente. Tal hecho ofrece una dimensión muy realista de la genialidad desbordante de un tipo que, por otro lado, nunca cacareó su talento a los cuatro vientos, ni hizo acopio de la típica arrogancia de quien se sabe superior al resto. No, durante su medio siglo de trayectoria guadianesca llegó a perder la oportunidad de ver cómo Vampirella se convertía en un proyecto de película producida en Estados Unidos, frustrado por su aversión al trabajo, y muchas otras oportunidades para refrendar una relevancia a la que él jamás le dio la más mínima importancia, y que acabó subrayando su tendencia a descuidar sus labores, tal como sucedió con la propia Vampirella hacia el apático final de su producción. Dicha habilidad para desaparecer llegó a generar comentarios como los recogidos en Pepe por parte de sus editores norteamericanos: “Pepe podría andar en un Ferrari o en un Lamborghini. Yo se lo habría proporcionado con estupendos trabajos, yo le habría hecho rico… pero hoy no quiero ni que se mencione su nombre delante de mí”.
Cinéfilo amante de los años 50 y 60 hollywoodienses, Pepe fue también famoso por sus dibujos de Marilyn Monroe y por su trabajo para Barbie en la época crepuscular de su carrera, cuando todo comenzaba a llegar a su fin. Y más para alguien cuya famosa, y desconocida, vida nocturna fue siempre el motor de su día a día. Poco se sabe de sus noches en el Marilyn’s o en otros locales de la Barcelona preolímpica, en los que llegó a actuar disfrazado de mujer o en donde conoció a la jet set cultural y social del momento, de quienes realizó miles de retratos de los que no se tiene constancia en su mayoría, más allá de los que siempre estaban expuestos en locales como el mentado o en el bar La Rosa, su segunda casa en los últimos años de su vida.
Poco dado a las entrevistas y a promocionarse, Pepe siempre fue esquivo a una fama que nunca quiso agarrar para sí mismo, incluso cuando fue invitado por sus editores a Estados Unidos, donde siempre fue una celebridad por su trabajo para Vampirella. No era para menos.
Si bien es cierto que hablamos una obra totalmente hija de su tiempo, donde las tramas de serie Z siempre quedaban diluidas por la espectacularidad y el erotismo desprendido por unos dibujos, por otro lado, algo arquetípicos en su montaje, no lo es menos que su exaltación de los códigos recurrentes en torno a la liturgia vampírica se han asentado como un fin en sí mismo: la base contextual de toda una forma de entender no solo dicho universo, sino también de la caracterización típica de los años 70, en unos años en los que Vampirella portó la antorcha del éxito dentro de una época revitalizada en cuanto al género de terror se refiere.
Pepe González era el titiritero de los lápices en unas páginas que llevaron el concepto de icono pulp a una significación pocas veces tan genuina como la plasmada en sus fantasías impresas a lápiz
De La noche de los muertos vivientes al Drácula de Christopher Lee, la Hammer o Atticus, Vampirella cruzó de 1969 a 1983 como la serie más relevante de lo que se dio por denominar fantaterror, mezcla de fantástico y terror que espoleó a Pepe a dar lo mejor de sí mismo en unos años en los que sus decorados, castillos, hombres lobo y vampiros con poderes alucinantes conformaron un universo tan reconocible como intransferible cuando Pepe era el titiritero de los lápices en unas páginas que llevaron el concepto de icono pulp a una significación pocas veces tan genuina como la plasmada en sus fantasías impresas a lápiz.
Y es que quizá la verdadera medida de su importancia dentro del medio se pueda testar por lo que Carlos Giménez llegó a declarar para GQ durante la promoción del imprescindible volumen único de los cinco álbumes que realizó para Pepe: “En principio yo no pretendía dedicar cinco libros a la biografía de José González. Pensaba hacer solo uno. Pero cuando empecé a recabar información para hacerlo y a entrevistarme con la gente que habían sido sus amigos, con los que Pepe había trabajado y con las personas que mejor le habían conocido, me encontré con tanto material y tan valioso, que fui incapaz de no utilizarlo. He tenido amigos a los que he querido mucho y nunca he pensado en contar su vida. Decidí contar la vida de Pepe porque fue un gran artista polifacético, con una vida fuera de lo común y un temperamento muy peculiar. Y porque dentro de la profesión de hacer tebeos fue un dibujante afamado, querido, admirado e imitado, que destacó con luz propia. Fue un gran artista. Yo fui uno de los muchos dibujantes que aprendí a dibujar chicas copiando las caras de las chicas de Pepe González”.
Y si esta afirmación proviene del más grande del cómic nacional, poco más podemos añadir al elogio subyacente en todas las palabras vertidas sobre nuestro protagonista. Genio y figura que terminó viviendo casi en la indigencia, pero cuyo resplandor ha traspasado el olvido gracias a homenajes tan sentidos como el proporcionado por Carlos Giménez.
Culturas
Los últimos templos de la Barcelona canalla
La transformación urbanística y comercial de Barcelona en los últimos años, agravada por la masificación turística y la gentrificación, pone en peligro la idiosincrasia de la ciudad. Los bares tampoco han sido inmunes a la capitulación del dinero y a los cambios en los gustos y hábitos de los ciudadanos.
Cómic
Carlos Giménez, merienda con profesionales
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!