Jorge Mario Bergoglio, recién ungido como papa Francisco, en la Plaza del Vaticano.
Jorge Mario Bergoglio, recién ungido como papa Francisco, en la Plaza del Vaticano. Wikimedia Commons
1 jun 2026 14:57 | Actualizado: 1 jun 2026 17:38

Un simple viaje del Papa al Estado español desató duras críticas sobre el uso de fondos públicos para celebraciones religiosas, con campañas como #jonotespero en Cataluña, que denuncian el parasitismo de una institución teocrática y patriarcal sobre un estado laico (véase este video de 2012). Ningun debate parecido ocurrió en Italia, dónde las celebraciones del Jubileo 2025 duraron un año entero, influyendo profundamente sobre la vida urbana y política de la capital sin apenas contestación. Pese al alto grado de conciencia de la sociedad civil, reflejado en las protestas masivas contra el genocidio sionista en Gaza, ninguna fuerza social se atrevió a cuestionar públicamente el Año Santo, ni su impacto sobre la ciudad. Como los Juegos Olímpicos, los Mondiales y la Copa América, el gran evento religioso encubrió grandes cambios impopulares bajo la apariencia de la celebración colectiva. Es el espectáculo en el sentido de Debord: “una imágen de unificación feliz, rodeada de desolación y de espanto, en el centro tranquilo de la infelicidad”.

Cada cuarto de siglo la gran cita religiosa marca un salto de escala en la reconquista de Roma por el gran capital, especialmente el de la Iglesia, que jamás digerió la pérdida de su ciudad al estado laico en 1870. El Jubileo de 1925 escenificó la reconciliación del Vaticano con Italia gracias al Fascismo, que desventró el centro histórico y empezó a expulsar los habitantes. El de 1950 estuvo marcado por la corrupción de la Sociedad General Inmobiliaria vaticana, a la cual el alcalde otorgó enormes privilegios urbanísticas. Ese modelo de connivencia se institucionalizó con el Jubileo de 1975, cuando la Democracia Cristiana completó las demoliciones mussolinianas y los neofascistas castigaron a quién desvelaba el sistema (el Año Santo terminó con el asesinato de Pasolini). La edición de 2000 celebró la benevolencia del “papa bueno” en un mundo finalmente libre del comunismo, abriendo a la privatización salvaje del patrimonio público y al vaciado completo del centro. El nuevo Jubileo ejecuta la etapa final: la financiarización del mercado inmobiliario y la entrega de la ciudad a los grandes inversores internacionales.

La suspensión de las normativas urbanísticas no buscaba agilizar la fiesta de la cristiandad, sino desbloquear la entrada del capital transnacional.

Estos saltos se apoyan en la excepcionalidad del Año Santo. Tres años antes del Jubileo, el primer ministro Mario Draghi (exdirector del Banco de Italia, exvicepresidente de Goldman Sachs) nombró al alcalde de Roma “comisario extraordinario” para las obras de 2025. Los romanos y las romanas ironizaban sobre los “poderes especiales” que inicialmente sólo se concretaron en una multitud de obras menores inacabadas, una maraña de vallados y excavadoras aún trabajando hasta el fin de las celebraciones jubilares. El verdadero despliegue comenzó tras el cierre de las cuatro puertas santas. La suspensión de las normativas urbanísticas no buscaba agilizar la fiesta de la cristiandad, sino desbloquear la entrada del capital transnacional en el urbanismo opaco de la Ciudad Eterna. Los superpoderes de la alcaldía permitieron que cualquier macroproyecto privado fuera catalogado de “interés público”.

En la parte norte de la ciudad comenzó la tala de doce hectáreas del bosque de Pietralata para levantar un estadio privado de 60,000 asientos, colindante con uno de los mayores hospitales públicos de la ciudad. Al sur, el fondo estadounidense Hines cerró la concesión de los antiguos Mercados Generales para constuir residencias universitarias de lujo. En el litoral, cerca del aeropuerto de Fiumicino, Royal Caribbean empezó a vallar la costa para edificar el primer puerto privado de cruzeros de Italia, privatizando suelo público. El canon de cesión de esas zonas es ridículo; las ocho hectáreas de los Mercados se cedieron a Hines por sesenta años por 165,000 euro anuales, es decir 1,700 al mes por hectárea: menos que el alquiler de un piso de dos habitaciones en esa zona. La firma tejana realizará obras que algún día volverán a la ciudad, pero mientras tanto obtendrá un beneficio de almenos 30 millones de euros al año. Las asambleas ciudadanas rechazan en bloque estos proyectos, denunciando además sus vínculos con la economía de guerra: Hines, por ejemplo, opera con fondos de la aseguradora israelí Menora Mivtachin, colaboradora directa de un ejército genocida y suprematista.

A veinte quilómetros de la ciudad, cerca del Lago de Albano – residencia estival del Papa – apareció un nuevo barrio de casi mil viviendas de social housing, una fórmula de cooperación público-privada muy lucrativa para los promotores. En un terreno colindante, el Ayuntamiento ha iniciado la construcción de un gran incinerador, que el alcalde insiste en llamar “termovalorizador”. Sin embargo, la mínima energía generada por la quema de residuos no compensará la contaminación del aire y de los terrenos agrículos, ni la extracción de decenas de miles de metros cúbicos de agua del lago. El impacto será para toda la ciudad. Comprometerse a producir 600.000 toneladas de basura no diferenciada durante los próximos treinta años dictará el fin del sistema de recogida selectiva, que costó décadas implementar.

Las periferias quedan así condenadas a depender de los “proyectos sociales”.

La vida cultural, los museos y los festivales, que ya el Jubileo de 2000 empezó a apartar del control público entregándolos a una empresa semipública, hoy parte de la red clientelar de la izquierda institucional, se adjudicaron definitivamente a fundaciones privadas. Las periferias quedan así condenadas a depender de los “proyectos sociales” de la Fundación Charlemagne o de la Fundación Bulgari, o de los lavados de imágen corporativa hoy llamados social impact financing. Incluso sectores de la izquierda radical cayeron en la trampa, a menudo perdiendo su relación con los territorios desposeidos en qué operaban, dónde hoy crecen la xenofobia y el neofascismo.

Por su parte, el centro histórico, ya vaciado de residentes, escala de la gentrificación al lujo, volviéndose aún más excluyente. Catorce nuevos hoteles de cinco estrellas abrirán en los sitios más emblemáticos de la ciudad antigua, elevando a veintisiete los complejos de lujo construidos en los años de los poderes especiales (2021-2026). Mientras el debate público se pierde sobre cómo regular los bed and breakfast (sin garantías de control, multas, fiscalización...) inmuebles de valor histórico y artístico incalculable caen en manos de corporaciones del lujo como Bulgari, o de magnates como Bill Gates o Robert De Niro. No sorprende que un reciente concurso de ideas promovido por tres grandes fondos inmobiliarios reservó mucha atención a la conexión del centro con el litoral de Ostia, hasta ahora semiabandonado. Quién amarre su yate en el futuro puerto de Fiumicino debe poder llegar rápido a una de las nuevas 1,500 suites y habitaciones de lujo del centro. Esta nueva “dulce vida” consolida la que Loretta Lees llamó hipergentrificación: el centro se blinda para las elites globales, y los habitantes locales quedan confinados entre los humos de la basura de la extrema periferia.

Hoy, cuando la única remisión permitida es la de los pecados, y palabras como “expropiación” o “redistribución” se volvieron impronunciables

Resulta irónico que el lema del Año Santo 2025 fuera Spes non confundit, “La esperanza no defrauda”, en una ciudad condenada a ser patio de recreo para megaricos globales. Queda lejos la función antigua del Jubileo, la de equilibrar las desigualdades con la remisión periódica de deudas y la redistribución de tierras y bienes. Hoy, cuando la única remisión permitida es la de los pecados, y palabras como “expropiación” o “redistribución” se volvieron impronunciables, el Jubileo no es más que una enorme venta de indulgencias: empezando por la indulgencia generalizada por la especulación, la desposesión y la expulsión. En el centro tranquilo de esta infelicidad, las homilías esperanzadoras del poder eclesiástico sólo consiguen confundirnos más.

Sobre o blog
Un blog del Grupo de Estudios Críticos Urbanos (UNED), para profundizar en los principales debates sobre la ciudad desde una perspectiva crítica y con un fuerte compromiso con los conflictos sociales que se dan en la ciudad. Por este motivo, el principal objetivo de GECU y de este blog, es impulsar investigación urbana aplicada a la transformación social.
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