Futuros urbanos nocturnos en disputa

Mientras el capitalismo avanza en la colonización de la noche urbana, repensar nuestras ciudades nocturnas como espacios de cuidados, encuentro y resistencia se convierte en una cuestión urgente
30 oct 2026 11:37

Los estudios de la noche y más particularmente los estudios sobre nuestras ciudades nocturnas gozan de un momentum científico vibrante especialmente a escala internacional –con la excepción de España, como siempre, si bien Begoña Aramayona (UNED) merece nuestra admiración por su ardua contribución a la introducción de este nuevo campo de investigación interdisciplinar en nuestro país. Con más de un millar de académicos repartidos en el este, sur y norte global, el estudio de las ciudades nocturnas presenta en una intensa actividad en la actualidad, llena de iniciativas, muchas de naturaleza colaborativa, horizontal, con claro foco en la dimensión comunitaria, social, ambiental y cultural de nuestros entornos cotidianos nocturnos –huyendo, por consiguiente, de la visión profundamente economicista que organismos públicos y privados locales, nacionales y supranacionales intentan dotar a nuestras ciudades nocturnas. Sin embargo, ello contrasta –y lo expreso entre ironía y sarcasmo– con el simple hecho de constatar como muchos gobiernos locales y nacionales continúan empeñados en situar la noche urbana en una segunda categoría, inevitable pero inferior, obvia pero indeseada. Para muestra un botón. Retomando uno de mis trabajos publicados recientes expongo que, diez años después del lanzamiento del modelo de la ciudad de los 15 minutosen la esfera pública global, no existe ni un solo organismo supranacional, ni un solo gobierno nacional, ni una sola administración local del tercer planeta del Sistema Solar que haya puesto encima la mesa un hecho tan evidente: ¿cómo debería ser la ciudad nocturna de los 15 minutos?

En nuestro país, la continuación de una visión represiva, estigmatizadora y biopolitizada de la noche como sinónimo de vicio, crimen, inmoralidad y pecado –la de los chavales y chavalas de nuestros barrios y pueblos, no la de los turistas, expats y digital nomads– significa la renuncia a pensar, debatir y legislar sobre la dimensión nocturna de la res publica; es decir, la renuncia a considerar y reafirmar la ciudad nocturna como bien común. Esta construcción semántica, “la ciudad nocturna como bien común”, dota de una extraordinaria naturaleza al papel de los académicos en el diseño y planeamiento de las ciudades nocturnas del futuro. Por ejemplo, cuando subvertimos nuestra mirada científica (profundamente ‘diurna’) y radiografiamos nuestras ciudades tomando ‘la noche’ como objeto de estudio y lente analítica, nos adentramos de lleno en uno de los debates científicos más apasionantes que existen y existirán en las próximas décadas: ¿de qué forma podemos conjugar, reivindicar o incluso luchar por la urgente necesidad de acoplar nuestras vidas a los ritmos circadianos de nuestros cuerpos ante la imparable nocturnalización del capitalismo planetario?

Una ciudad nocturna estructurada en espacios habitables y vivibles

Atender a la dimensión nocturna de la res publica, y poner el foco en la consideración de la ciudad nocturna como bien común permitiría afianzar la transición hacia ciudades fundamentadas en los principales pilares del ecosocialismo contemporáneo: nodos de regeneración ecosistémica, de justicia social y libres de todo tipo de violencia. Forzando el lenguaje de forma consciente, es la alter-biopolitización de la ciudad nocturna, de sus actores, de sus dinámicas, de sus conflictos, de sus deseos: reivindicar y recuperar nuestros cuerpos, nuestras mentes; emanciparnos y despojarnos definitivamente de la asfixiante voracidad extractivista del actual capitalismo antropocénico; cuidarnos mutuamente, incluyendo el cuidado de los diferentes elementos y dinámicas de los diferentes ecosistemas a los que pertenecemos. Se trataría por consiguiente, y tomando la propuesta de la filósofa Maria Puig de la Bellacasa en su libro Matters of Care de 2017 y las raíces etimológicas del término ‘cuidado’, de diseñar y planear una ciudad nocturna estructurada en espacios habitables y vivibles desde la empatía (cogitātus) y el cuidado mutuo (curāre), dejando atrás la visión ‘infrastructurista’ de la ciudad (verde, digital, azul, o del color que sea) y transformándola en red comunitaria de apoyo mutuo y fuente de bienestar socioemocional individual y colectivo – bien sea durmiendo, leyendo en el sofá, bailando, disfrutando de la cultura, paseando, o ejerciendo aquel derecho reclamado por Paul Lafarge en las páginas del rotativo francés L’Egalité allá por 1880: el derecho a no hacer nada – claramente en proceso de residualización en los actuales tiempos de aceleración algorítmica.

Que la existencia de la ciudad nocturna exija al legislador incluir la dimensión nocturna en la gobernanza de la res publica no debe ser tomado como ‘la obligación de participar en’, sino como ‘el derecho a’. Me refiero un transporte público nocturno eficiente (urbano, metropolitano, regional e interregional), el derecho a servicios esenciales (salud, servicios sociales, oficinas de atención al/a la ciudadano/a), el derecho a pasear de noche sin miedo –punto central de investigación-acción del denominado urbanismo nocturno feminista, con autoras y autores de referencia como Leslie Kern, Subham Roy o Sara Ortiz– ; y lo más subversivo contra el actual tecnocapitalismo algorítmico: el derecho al ocio nocturno ‘cara-a-cara’, ‘cuerpo-a-cuerpo’. Porque el ocio nocturno es revolucionario: es precisamente en los pubs ingleses del XVIII en donde fueron creados los primeros sindicatos de trabajadores. Y quizás por ello el hecho de bailar, divertirse, descubrir e imaginar –como sinónimos de evasión de este hostil y decadente mundo–  continua fuertemente criminalizado e incluso institucionalmente perseguido en numerosas ciudades de los hemisferios boreal y austral; no vaya a ser que las clases trabajadoras del planeta, embriagadas de lucidez nocturna, decidan vengarse de la gran traición stalinista y decidan avanzar hacia una V International – adjetivo a discreción del lector.

Estrategias de acecho colonizador sobre la noche urbana

Los estudios de la noche ponen especial énfasis en el hecho que existen múltiples lecturas sobre los pasados, presentes y futuros de las ciudades nocturnas. El uso del plural es expreso y pretende actuar como contestación radical al discurso hegemónico producido y reproducido por aquellas instituciones supranacionales públicas y privadas que ya han empezado a desplegar sus estrategias de acecho colonizador sobre la noche urbana: el Foro Económico Mundial, el Foro de Cultura de las Ciudades del Mundo, la compañía financiera multinacional Mastercard, la Comisión Europea a través proyectos de investigación de los programas IV URB ACT, Horizon, Interreg... Se trata de un discurso que se viene forjando desde ya hace algunas décadas a nivel global, con especial énfasis en el norte global: la ciudad de las 24 horas. Ante ello, emerge una gran cuestión: con la colonización de la noche por parte del actual capitalismo planetario extractivista, ¿es definitivamente inasumible el contrato social 8-8-8 (8 horas de trabajo, 8 horas de ocio, 8 horas de descanso) propuesto por el socialista utópico y reformador británico Robert Owen en 1817? Dos siglos después, la respuesta parece ser definitivamente concordante con el posicionamiento ideológico de Owen: utópico.

Desde el pesimismo radicalmente transformador del escritor portugués José Saramago, la asunción de la imposibilidad del contrato social 8-8-8 parece más inevitable que nunca. No solamente me refiero al proyecto Reflect Orbital de iluminar las fases nocturnas de las diferentes regiones del planeta en relación con la rotación terrestre mediante una densa red de satélites reflectores de la luz solar. Me refiero también a la estrategia In-Space Operations and Services de la Comisión Europea. La rápida digitalización de ‘la noche urbana’ –es decir, (i) la plataformización de servicios públicos y privados, (ii) la creciente robotización e introducción de IA en procesos productivos, de logística y distribución, (iii) la progresiva robotización y algoritmización de las tareas y cuidados domésticos, y (iv) la consolidación de la gobernanza algorítmica de la ciudad nocturna– son solamente posibles gracias a la vertiginosa colonización de aquel cielo relativamente oscuro que nos invita frecuentemente a meditar –aunque acabemos rehuyendo de ello por miedo: a nosotros mismos, a todo.

Esta otra mitad de la vida: la noche

El acto de pensar sobre qué futuros urbanos nocturnos nos esperan, a nosotros y a nuestras hijas/os, se transforma ipso facto en voluntad de posicionamiento, de contestación, de lucha, con la única certeza de la sempiterna derrota. Ya sea de manera consciente o inconsciente, pero siempre de forma inevitable, la noche nos acompaña perennemente; es por ello por lo que, de un modo u otro, mantenemos una relación profundamente personal, emocional, íntima e intransmisible con esta otra mitad de la vida: la noche. Asimismo, de una forma u otra, anhelamos cuidar de ella, porque ella cuida de nosotros. Máxime cuando es precisamente la noche y su oscuridad en tanto que refugio de introspección personal (urgente y necesaria) la que, de momento, nos rescata de esta Odisea homérica absolutamente pervertida por un tecnocapitalismo que, de manera gradual, va colonizando nuestro destino cosmológico: el cosmos.

Sobre este blog
Un blog del Grupo de Estudios Críticos Urbanos (UNED), para profundizar en los principales debates sobre la ciudad desde una perspectiva crítica y con un fuerte compromiso con los conflictos sociales que se dan en la ciudad. Por este motivo, el principal objetivo de GECU y de este blog, es impulsar investigación urbana aplicada a la transformación social.
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