Cuenca
Cuenca se levanta contra las plantas de biogás
Más de dos mil personas procedentes principalmente de la Alcarria, la Manchuela y la Serranía de Cuenca se han congregado este sábado 28 de marzo en Carrascosa del Campo, en el municipio conquense de Campos del Paraíso, para poner sobre la mesa que la lucha contra el extractivismo y la despoblación es uno de los vectores de movilización con más músculo de toda la provincia.
Bajo el lema común “Ni en tu pueblo ni en el mío”, la Plataforma Pueblos Vivos y una congregación de organizaciones locales liderada por la Asociación Vecinal de Campos del Paraíso Comunidad Rural se han pronunciado contra el proyecto de instalación de tres plantas de biogás en el municipio, así como contra la puesta en marcha de otra en Huelves y otras dos en Tarancón. Las razones: la oposición a un modelo extractivista que, según denuncian, destruye el territorio, acaba con el carácter rural del mismo y hace peligrar su cultura, sus tradiciones y la misma supervivencia de sus vecinos.
La manifestación comenzó en el silo de Carrascosa del Campo, una ubicación cargada de simbolismo por su protagonismo en el carácter agrícola de la comarca. Entre cánticos de “Cuenca, despierta, la mierda está en tu puerta”, la población del rural conquense ha querido cuestionar cualquier acusación de “España vaciada”: “Esto no ha acabado, seguimos aquí”, decían algunas de las manifestantes más jóvenes.
La protesta de este sábado se enmarca en un esfuerzo colectivo que trasciende la simple localidad. Representantes de Tarancón, Naharros, Uclés, Huelves, Paredes y el mismo Campo del Paraíso, así como de las asociaciones involucradas, han sido claros en sus manifiestos enumerando las prolemáticas que genera la ganadería industrial, a cuyas macrogranjas se ligan las plantas de biogás: malos olores, un aire sucio y denso, aumento de la frecuencia de enfermedades respiratorias y casos de cáncer, y sobre todo la contaminación de acuíferos hasta el punto de que el agua deja de ser potable en los municipios afectados. Una sentencia que no se ve compensada por los pocos escasos puestos de trabajo que genera la cadena de valor de la ganadería industrial, más si se tienen en cuenta las afecciones a sectores como el turismo u otras actividades productivas.
El mensaje ha sido unánime. Según denuncian desde la organización, esta no es una cuestión exclusivamente económica o relativa al medio ambiente. Es una cuestión de calidad democrática en un entorno político en el que la administración no sólo relaja sus exigencias para la instalación de este tipo de infraestructuras, sino que las promociona activamente.
Opinión
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