Opinión
A las no madres que siempre cuidaron

Son las que te preguntan por aquel asunto que en el pasado les confiaste y que almacenaron en su memoria solo porque percibieron que para ti era importante. Las que se acuerdan de mandarte ese mensaje o proponerte ese café. Porque eso también es cuidar.
8M Madrid Sindicato Estudiantes - 2
Manifestación por el 8M en Madrid. Anabel Rivas
4 may 2026 09:03

En este primer domingo de mayo hemos querido felicitar a todas aquellas mujeres que, desde que tienen memoria, han estado atendiendo, defendiendo y protegiendo; acompañando y apoyando; empujando e impulsando; amparando, acogiendo y abrigando a todas y cada una de las personas a su alrededor; pero que, ay, no son madres.

Mujeres que, de un modo u otro, adoptaron el rol de cuidadoras mucho antes de conocer y poder comprender el significado preciso de un término —los cuidados—, que de tan manoseado ya corremos el riesgo de acabar vaciando de todo contenido.

Empezaron a hacerlo pronto. En el parvulario, en la escuela, en el campamento de verano, en las extraescolares, en el instituto. Con sus compañeros de clase, sus hermanos pequeños, su amiga del alma y en sus primeros enamoramientos.

Eran niñas lúcidas y sensatas. Fueron adolescentes sensibles y responsables. Siempre conscientes —demasiado—, de que en todos los lugares hay gente sufriendo o que se siente sola. Eternas (hiper)vigilantes ante la injusticia y la parcialidad. Pendientes a cada minuto de cualquier posible abuso, sin ser todavía capaces de calcular la carga que supone vivir bajo un patrón de atención permanente y las repercusiones que probablemente esto acabe teniendo en su salud física y emocional.

Porque entonces la prioridad era hacerlo bien. Comportarse como de ellas se esperaba. Escuchar, asimilar y analizar, rumiando a todas horas para ofrecer las respuestas adecuadas. Tratando una y otra vez de resolver preocupaciones ajenas. Advirtiendo lo que muchos eran y son incapaces de detectar, no solo durante la infancia sino en la vida adulta: necesidades, requerimientos, deseos, incertidumbres, temores… propios, pero sobre todo ajenos.

Son las que te preguntan por aquel asunto que en el pasado les confiaste y que almacenaron en su memoria solo porque percibieron que para ti era importante. Las que tratan de tener a mano una palabra, un gesto, una respuesta cuando todo se desmorona. Las que se acuerdan de mandarte ese mensaje o proponerte ese café. Porque eso también es cuidar.

Mujeres que se pasan la vida organizando, supervisando, resolviendo, sin que casi nunca se les retribuya o reconozca lo suficiente. Reuniones, aniversarios, días señalados. Tremendamente valiosas en todos sus círculos. En casa, en el trabajo, en la comunidad de vecinos, en los grupos de voluntariado, en el espacio público.

Cuidadoras con sus amistades, parejas, amantes. Con sus jefes y compañeros de trabajo. Sin manipulaciones ni expectativas de compensación. Simplemente porque no saben o no quieren hacerlo de otro modo.

En la familia, inevitablemente atrapadas en el rol de ser quién se hace cargo de las cosas importantes. Hijas, nietas, hermanas, tías. Acumulando a menudo angustias y culpas heredadas generación tras generación.

Son mentoras, referentes, guías.

Sí, queremos felicitar a todas las que sostienen la vida, aunque no sean madres.

Mujeres de otras latitudes que cuidan a los padres de aquí; obligadas a abandonar a sus hijos y nietos en sus países de origen, desarraigadas para siempre de sus raíces

Aquellas con profesiones feminizadas y precarizadas. Educadoras, trabajadoras sociales, enfermeras. Limpiadoras, cocineras, camareras de pisos y todas las que levantan industrias que, como el turismo, generan beneficios millonarios para otros, nunca para ellas. Las que hacen posible, turno a turno, clase tras clase, que la sanidad y la educación públicas no se colapsen aún más.

Mujeres de otras latitudes que cuidan a los padres de aquí; obligadas a abandonar a sus hijos y nietos en sus países de origen, desarraigadas para siempre de sus raíces, su cultura y sus seres queridos.

Llegados a este punto, si te lo estás preguntando, la respuesta es sí. Obviamente. Sabemos perfectamente que buena parte, la gran mayoría, de todas esas mujeres son además madres. Pero son las otras las que no tienen un día dedicado a ellas.

Por no tener no tienen ni nombre.

Mujeres sin concepto ni palabra, más allá de intentos fallidos made in USA como el NoMo (nomothers) de principios de este siglo, que, efectivamente, of course, estaba construido en base a la negación.

Porque intentar definir a quienes no han tenido hijos se hace indefectiblemente desde lo negativo (ausencia de) o, en el mejor de los casos, desde un término neutro. Mujeres sin hijos, mujeres que no han sido madres. Les falta algo. Incompletas. No han llegado a.

Y, por supuesto, no saben lo que significa cuidar.

Así que queremos mirar específicamente hacia ellas.

Porque tienen la valentía de transitar por un mundo que sigue potenciando la construcción de la identidad femenina a través de la maternidad. Un mundo que en su discurso cultural todavía ubica el modelo de familia normativa en el centro absoluto. Aunque luego las dinámicas intrínsecas del propio sistema patriarcal capitalista hagan inviable cualquier equilibrio real, dentro de una estructura económica y social que imposibilita criar, conciliar y, en definitiva, vivir.

Se necesita valentía, sí. Para hacer constantemente frente a las suspicacias y a la condescendencia: como todo el mundo sabe, si no eres madre, no puedes hablar/opinar/entender cientos de cosas, aunque seas infinitamente más empática, inteligente y experimentada que algunas que sí lo son. “No hay nada comparable a tener un hijo”. Estamos de acuerdo. Pero no siempre basta para poder cuidar bien.

Es tan importante que seamos capaces de consolidar los cuidados más allá del núcleo familiar tradicional, apostando por una descentralización hacia lo público

Esencialmente por este motivo es tan importante que seamos capaces de consolidar los cuidados más allá del núcleo familiar tradicional, apostando por una descentralización hacia lo público y un fortalecimiento de lo comunitario.

Va siendo hora de que, como sostienen las autoras de este artículo, se deje de asociar la no maternidad a una expresión de autonomía individual o incluso de egoísmo (atención: te lo dicen quienes afirman “si no tienes hijos, no vas a tener a nadie que te cuide cuando seas mayor”), para empezar a leerla como una opción colectiva o política, en el marco de una visión de los cuidados más amplia, real y, en definitiva, más justa. Y ahí el movimiento feminista y de izquierdas tiene todavía un ingente trabajo por delante, porque, seamos sinceras, en este tema no se ha estado nunca a la altura.

Mientras tanto, mientras avanzamos, feliz día a todas las que cuidan, hayan sido madres o no.

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