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El movimiento antiolímpico se organiza en París

Reunidos en la capital francesa a finales de mayo, activistas contra los Juegos de Londres, Río de Janeiro, Tokio, Hamburgo, París, Los Ángeles y Pirineos-Barcelona expusieron los abusos y derivas en materia de seguridad, vivienda, ecología y desperdicio de dinero público que suponen los Juegos modernos.
5 jul 2022 05:12

Entre los canales del Ourcq y de Saint-Denis, al noroeste de París, hay todo un mundo de naves industriales, instalaciones cementeras, de hormigón, grúas, casas obreras de una planta, calles sin salida, accesos de autopistas, intercambiadores… Un territorio enclavado y fragmentado, el más pobre de Francia, donde el Comité de Organización de las Olimpiadas de 2024 quiere levantar cuatro infraestructuras perennes de los Juegos, un enorme proyecto de gentrificación, según vecinos y militantes.

Tras los gigantescos proyectos de Londres, Río de Janeiro y Tokio, con presupuestos por encima de los 10.000 millones de euros (casi 30.000 en la capital japonesa, los más caros de la historia) y una contestación ciudadana al sentido de los Juegos Olímpicos que aumenta cada cuatro años, la candidatura de París 2024 fue elegida en septiembre de 2017 por defecto, ya que era la única que se mantuvo en liza: la municipalidad de Budapest se retiró después de que un movimiento de jóvenes recogiera 300.000 firmas en contra del proyecto; el activismo ciudadano consiguió imponer un referéndum que finiquitó la opción de Hamburgo; y en Roma, la recién escogida alcaldesa, Virginia Raggi, se negó a apoyar “los Juegos del hormigón y las catedrales en el desierto”.

“Producimos demasiadas candidaturas perdedoras”, declaró entonces Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI). En ese sentido, y para proteger con tiempo los proyectos, el COI decidió que la sesión de 2017 de la instancia olímpica, donde se decidía la sede de 2024, escogería también la de 2028 (Los Ángeles), siguiendo un criterio que no se había usado desde 1928.

“Los Juegos no son una demanda de la gente de los Pirineos”, explica Bernat Lavaquiol, de la Plataforma StopJJOO, sino que beneficiarían “al lobby de la construcción y del turismo”

Los organizadores de los Juegos de París 2024 parecen haber tomado nota de los fiascos de Hamburgo y Budapest, y del precio desorbitado de Tokio, a la hora de elaborar su candidatura. Entre los compromisos de la candidatura francesa figuran la “sobriedad”, con un presupuesto de 6.400 millones de euros (el más bajo desde Pekín 2008), y el objetivo de iniciar una “nueva era” en la organización de estos eventos, ya que esperan que sea el primero en tener “un balance negativo de emisiones de CO2”.

Los Juegos que se venden como los “más verdes” del olimpismo pretenden reducir en un 55% las emisiones de CO2 respecto a Londres y Río (los más contaminantes de la historia) con el uso de 100% de energías renovables durante el periodo de competición, productos de alimentación de origen local y menos carne, y con la compensación de las emisiones “residuales” (que no se pueden evitar) invirtiendo en proyectos de captación de CO2 por todo el planeta. Un esfuerzo necesario pero insuficiente para Gilles Boeuf, presidente honorífico del organismo de transformación ecológica de la candidatura París 2024, que reconoció en mayo en la revista Natura Sciences que “habrá unos Juegos más limpios, pero dada la desmesura del evento es imposible que sean completamente limpios. O paramos los Juegos o compensamos”.

Destruir lo que ya existe

Los organizadores de París 2024, que ponen de relieve que el 95% de las instalaciones ya estaban construidas antes de la candidatura, quieren mostrar que el legado de los Juegos será perenne y se dará un uso al 5% de las infraestructuras que están en construcción.

Sin embargo, los problemas que revelan los portavoces de los movimientos antijuegos de París, Tokio, Londres, Río de Janeiro, Hamburgo, Los Ángeles y Pirineos-Barcelona, presentes durante los II Encuentros Antiolímpicos celebrados en la capital francesa el fin de semana del 21 y 22 de mayo, son los mismos de una ciudad a otra: aumento de la vigilancia y de la ciberseguridad, gentrificación, destrucción de espacios naturales, proyectos faraónicos y ruinosos…

Para los militantes de Saccage 2024 (Saqueo 2024, en francés), un colectivo activista nacido en 2020, “los juegos son un pretexto, una herramienta para realizar mutaciones de los barrios populares (...) ignorando su historia, su construcción y su idiosincrasia”. Y, en una ciudad como París, que tiene en 2022 la misma extensión que en 1860, y es la séptima capital más densamente poblada del mundo (21.000 habitantes por kilómetro cuadrado), las clases medias y populares escapan hacia la periferia por la especulación inmobiliaria y el precio de venta del metro cuadrado por encima de 10.000 euros, lo que repercute en unos precios del alquiler delirantes.

“Los Juegos se han convertido en momentos de excepción en los que los gobiernos tienen las manos libres para llevar a cabo sus experimentos —considera Arthur— como el control de las favelas en Río de Janeiro o la política de represión de Putin en Sochi 2014”

En el triángulo que forman las localidades de Saint-Denis, Aubervilliers y La Courneuve, en un radio inferior a los 10 kilómetros del centro de la capital, el Comité de los Juegos de París planea construir la Villa Olímpica, el Centro de Medios, un centro acuático, una piscina de entrenamiento y una sala de escalada (instalación temporal esta última).

Una de las luchas más simbólicas contra los Juegos de París 2024 fue por la defensa de las huertas comunitarias de Aubervilliers, ocho hectáreas de terrenos cultivados de forma voluntaria por los vecinos de la ciudad desde hace más de un siglo, y donde se iba a construir la piscina de entrenamiento para los Juegos.

En septiembre de 2021, las excavadoras aplastaron el combate de los habitantes del barrio, donde se quería construir, además de la piscina, un solárium y un balneario, justo enfrente de uno de los más antiguos ejemplos de viviendas de protección oficial de la arquitectura francesa de los años 50: Les Courtillières. En marzo, con la obra comenzada, y los cultivos destruidos, la justicia dio la razón a los vecinos, que esperan ahora que el proyecto de piscina olímpica no llegue nunca a puerto.

“Llevan a cabo una política que consiste en destruir lo que ya existe. En Aubervilliers, por ejemplo, la zona donde se quiere construir la piscina de entrenamiento olímpica ha pasado a ser una de las áreas con el precio por metro cuadrado más caro de la ciudad”, afirma Arthur, activista de Saccage 2024.

En el caso de la Villa Olímpica, repartida entre los barrios obreros de Saint-Denis, L’île-Saint-Denis y Saint-Ouen, los activistas de Saccage 2024 denuncian un vasto plan de gentrificación a través de la construcción de 2.500 alojamientos nuevos, con un precio de venta por metro cuadrado cercano al nivel de Madrid (3.500 euros), y un 25% de vivienda social en una zona donde la media es del 40%.

El ruido de los jets privados rasga el cielo cada treinta minutos en el parque Georges Valbon (el tercero más grande de la región de París), en La Courneuve, donde se construirá una parte del Centro de Medios, a unos cientos de metros del aeropuerto de Le Bourget, el aeropuerto privado más grande de Francia.

A menos de un kilómetro de aquí, en 2015, se firmaron los Acuerdos de París durante la COP21, por los que 195 países se comprometen a mantener el aumento de la temperatura del planeta en el intervalo de +1 ºC y +2 ºC para atenuar los efectos del cambio climático.

Tras los juegos, el Centro de Medios se convertirá en alojamiento privado. Un nuevo barrio con capacidad para 4.000 personas y un 20% de vivienda social. “En una zona como esta, de trabajadores humildes que tienen un salario mediano mensual por debajo del mínimo (1.300 euros), no se pueden construir edificios para el mercado privado a 4.000 euros el metro cuadrado”, explica France, militante del colectivo vecinal de defensa del medioambiente MNLE 93, del departamento de Seine-Saint-Denis.

Para France, “construir destruyendo lo que existe y contra el interés de la población, es un tema de especulación, no tiene que ver con el deporte”, cuenta este militante que “no está contra los Juegos como tal” sino contra “los eventos deportivos que solo buscan el dinero, como la Copa del Mundo de Fútbol de 2022 en Catar”.

Panorama de luchas internacionales

Más de una decena de grúas de construcción dibujan el horizonte del parque Georges Valbon. A sus pies, los representantes de los colectivos contra los Juegos de Londres, Río de Janeiro, Tokio, Hamburgo, París, Los Ángeles y Pirineos-Barcelona ponen en común sus experiencias de lucha y otra forma de entender el deporte, con su anti llama olímpica y su antimascota, un erizo con un cierto parecido a Cobi, de Barcelona 92: “Los erizos son monos, pero también pinchan”, bromea Arthur, para quien los Juegos Olímpicos “forman parte del capitalismo mundial y su único objetivo es enriquecer a los más ricos. No moviliza solo al capitalismo francés o al capitalismo japonés, es internacional. Por eso vemos los mismos problemas en todas partes”.

En el caso de los Juegos de Invierno de Pirineos 2030, aunque el Comité Olímpico Español ha desestimado finalmente la candidatura conjunta entre Aragón y Catalunya por falta de acuerdo, los militantes de StopJJOO ven en el proyecto la misma motivación económica que en anteriores ediciones del evento. Un interés alejado de las necesidades de los habitantes de los valles pirenaicos.

“Los Juegos no son una demanda de la gente de los Pirineos”, explica Bernat Lavaquiol, de la Plataforma StopJJOO, sino que beneficiarían “al lobby de la construcción y del turismo, que van siempre de la mano”.

La Plataforma StopJJOO nació en 2021 para dar “otra alternativa a los Pirineos”, según Lavaquiol, que revierta el éxodo rural de los valles, “y para eso necesitamos servicios públicos, transporte, hospitales”, añade.

La plataforma, que consiguió reunir en una manifestación en mayo en Puigcerdà a más de 5.000 personas, busca interpelar a los agricultores, ganaderos y jóvenes de la zona para plantear un futuro de “trabajo de calidad que sea una alternativa contra el monocultivo turístico”, explica Lavaquiol, porque, como dice otra de las militantes de la Plataforma, Maria Escobet: “Turismo ya hay, y nos sobra”.

Escaparate securitario

Por otro lado, los Juegos Olímpicos son “un escaparate para los servicios de seguridad del país”, según los miembros de la organización francesa de defensa de la libertad y de los derechos en internet, La Quadrature du Net (La Cuadratura de Internet), que alerta del uso en París de las técnicas de reconocimiento facial en directo, y del peligro que supone que el gigante tecnológico chino Alibaba sea quien albergue los datos personales de todos aquellos que participen en el evento (ya sean voluntarios, empleados, o espectadores), por el riesgo de que esa información termine en manos del gobierno de China.

Además, para el investigador Jules Boykoff, especializado en la relación entre Juegos Olímpicos y represión, el deporte durante los Juegos sirve para avivar las expresiones nacionalistas y disimular “los abusos tanto de regímenes democráticos como autoritarios”. Boykoff cita el ejemplo del relevo de la antorcha olímpica, en 1936, que atravesó siete países llevando la propaganda de la pureza racial de la Alemania nazi a través de Europa Central: “Los últimos relevos los dieron supuestos arios rubios y de ojos azules”.

En Roma, la recién escogida alcaldesa, Virginia Raggi, se negó a apoyar “los Juegos del hormigón y las catedrales en el desierto”

“Los Juegos se han convertido en momentos de excepción en los que, con la excusa de hacer una gran fiesta, los gobiernos tienen las manos libres para llevar a cabo sus experimentos —considera Arthur— como el control de las favelas en Río de Janeiro o la política de represión de Putin en Sochi 2014”. Dos momentos que, según él, marcaron un giro en la visión de la población local sobre estos proyectos: “Se han vuelto indeseables”.

Este militante reconoce que los Juegos de París, que no fueron sometidos a ninguna consulta ciudadana (a diferencia de la candidatura de Hamburgo, por ejemplo), ya son imparables, pero el objetivo de su activismo se resume en un lema pintado en una de las pancartas durante las jornadas de conferencias: “No Olympics Anywhere” (No a los Juegos en ningún sitio).


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