Pequeño reactor nuclear Edwards Slider. Fuente: Beyond Nuclear International
Pequeño reactor nuclear Edwards Slider. Fuente: Beyond Nuclear International Gordon Edwards Michel Duguay Pierre Jasmin
Periodista
29 jun 2026 00:00

Artículo publicado originalmente en Beyond Nuclear International.

Una señal de que el concepto excesivamente publicitado de los reactores modulares pequeños (SMR) está viviendo ahora una vida prestada es la falta de entusiasmo en las perspectivas de los analistas del mercado energético, ya sean personas como Leonard Hyman, William Tilles y Vaclav Smil, o grandes empresas como JP Morgan y Jones Lang LaSalle. Ninguno de ellos se muestra optimista respecto a que el sector sea productivo antes de mediados de la próxima década.

En un comentario para OilPrice.com, uno de los muchos medios de comunicación online dedicados a las noticias y análisis del mercado energético, Hyman y Tilles predijeron que la burbuja de los SMR estallará en 2029. Basaron esta predicción en la observación razonable de que las previsiones de suministro eléctrico suelen realizarse en un plazo de tres a cinco años. La flota de SMR que actualmente se espera que esté en servicio entre 2030 y 2035 simplemente no estará allí, por lo que los planificadores energéticos, como mínimo, las omitirán de la próxima ventana de planificación y podrían decidir olvidarse de ellas por completo. Los acuerdos se agotarán, los inversores se desharán de sus acciones o dejarán de invertir capital riesgo en los desarrolladores de SMR, y estos se verán abocados a la quiebra.

La flota de SMR que actualmente se espera que esté en servicio entre 2030 y 2035 simplemente no estará allí, por lo que los planificadores energéticos, como mínimo, las omitirán de la próxima ventana de planificación y podrían decidir olvidarse de ellas por completo. Los acuerdos se agotarán, los inversores se desharán de sus acciones o dejarán de invertir capital riesgo en los desarrolladores de SMR, y estos se verán abocados a la quiebra.

Se trata de un escenario totalmente plausible y quizás incluso probable, pero la burbuja de los SMR podría estallar mucho antes, quizás incluso esté ya ocurriendo, debido a la existencia de otra burbuja tecnológica, la inteligencia artificial o IA, un acrónimo que en mi opinión suena como «as if» (como si).

El tema de la burbuja de la IA es un tema muy espinoso, demasiado complejo para discutirlo ahora mismo, pero el problema básico que tiene y que es relevante para el sector SMR es que los desarrolladores de IA necesitan una gran cantidad de energía de forma inmediata. Se ha llegado a un punto en el que los centros de datos relacionados con la IA se describen en términos de sus necesidades energéticas, en incrementos de gigavatios, en lugar de su capacidad de procesamiento. La disponibilidad de energía determina si se puede construir o no un centro de datos; si la energía aún no está disponible, debe estarlo en el plazo relativamente corto que se tardará en completar la construcción del centro de datos.

Incluso si los SMR estuvieran fácilmente disponibles, sus costes disuadirían a los clientes; los desarrolladores de IA no están demasiado preocupados por los costes energéticos en este momento, pero lo estarán cuando sus necesidades de empezar a generar beneficios se hagan más acuciantes. Por unidad, los SMR son y probablemente siempre serán más caros que las centrales nucleares convencionales a escala de gigavatios y, de hecho, que la mayoría de las demás opciones de suministro de energía.

Incluso si los SMR estuvieran fácilmente disponibles, sus costes disuadirían a los clientes; los desarrolladores de IA no están demasiado preocupados por los costes energéticos en este momento, pero lo estarán cuando sus necesidades de empezar a generar beneficios se hagan más acuciantes. Por unidad, los SMR son y probablemente siempre serán más caros que las centrales nucleares convencionales a escala de gigavatios y, de hecho, que la mayoría de las demás opciones de suministro de energía.

Hyman y Tilles estiman que, en términos de coste por unidad (por ejemplo, coste por megavatio-hora o gigavatio-hora), los SMR serán aproximadamente un 30 % más caros que las centrales nucleares a gran escala más eficientes disponibles. Al ser más pequeños, los SMR —hipotéticamente, ya que aún no existen— sin duda costarían menos inicialmente que las grandes centrales nucleares o las centrales eléctricas convencionales, pero su electricidad costaría mucho más a largo plazo. Puede que eso no sea un problema en algunas aplicaciones, pero sin duda lo sería si los SMR estuvieran destinados a suministrar electricidad a una red nacional o regional.

Algunos análisis señalan que algunos de los primeros en adoptar los SMR, es decir, los clientes que han invertido dinero o se han comprometido a adquirir una o más unidades SMR cuando estén disponibles, pueden no ser especialmente sensibles al precio; por ejemplo, los clientes militares, los gobiernos responsables del suministro de electricidad a zonas remotas o algunos clientes industriales. Sin embargo, seguirían tropezando con la naturaleza fragmentada del sector de los SMR, causada por la mentalidad «tech bro» de ignorar casi 70 años de experiencia en el desarrollo nuclear y tratar de reinventar la rueda.

El informe energético de JP Morgan para 2025 señalaba que solo existen tres SMR, con uno más en construcción; hay uno en China, dos en Rusia y el que aún no se ha completado está en Argentina. Todos ellos tenían plazos de construcción de entre tres y cuatro años, pero tardaron 12 años en completarse; o, en el caso de Argentina, 12 años y vamos para bingo. El proyecto de Argentina ha tenido un sobrecoste del 700 % hasta ahora, mientras que los proyectos de China y Rusia se han excedido del presupuesto en un 300 % y un 400 %, respectivamente.

El informe energético de JP Morgan para 2025 señalaba que solo existen tres SMR, con uno más en construcción; hay uno en China, dos en Rusia y el que aún no se ha completado está en Argentina. Todos ellos tenían plazos de construcción de entre tres y cuatro años, pero tardaron 12 años en completarse; o, en el caso de Argentina, 12 años y vamos para bingo. El proyecto de Argentina ha tenido un sobrecoste del 700 % hasta ahora, mientras que los proyectos de China y Rusia se han excedido del presupuesto en un 300 % y un 400 %, respectivamente.

Se trata, en esencia, de unidades únicas y pioneras, por lo que algunos de estos problemas son previsibles, como los retrasos normativos, las ineficiencias en el diseño y la fabricación, y los retos que plantea la creación de cadenas de suministro desde cero. Estos problemas se resolverían con el tiempo, salvo que existen literalmente cientos de diseños diferentes de SMR que compiten por el mismo mercado finito y especializado.

Si los desarrolladores de SMR escucharan a los ingenieros y responsables políticos que construyeron los sectores de la energía nuclear aprovechando las economías de escala mediante la estandarización de unos pocos diseños y la distribución de la carga de trabajo, podrían llegar a algún sitio. Pero eso no está sucediendo; los clientes potenciales, tengan o no preocupaciones sobre el coste de la energía, se muestran reacios a dar el salto porque no está nada claro qué SMR sobrevivirán a la competencia. Podrían estar dispuestos a experimentar para ver si un diseño u otro funciona realmente —por eso existen los SMR chinos y rusos—, pero la fragmentación del sector de los SMR les impide probar más de uno y hacer comparaciones, al menos no de manera oportuna o financieramente racional.

Creo que la burbuja ya ha comenzado a estallar. El plazo para la construcción y la puesta en marcha en la mayoría de las propuestas de SMR es de cuatro años. Por supuesto, eso es demasiado optimista, pero incluso si lo tomamos al pie de la letra, una vez que pasen unos meses de 2026 sin que se produzca ningún avance tangible, todo el mundo se dará cuenta de que no habrá SMR en 2030 y el interés se desplazará a otros ámbitos. Ya está ocurriendo, entre el sector de los centros de datos, como se ha explicado anteriormente.

Traducción de Raúl Sánchez Saura. 

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