Bienes comunes
Una prioridad para 2026
Para Economistas sin Fronteras, la prioridad para cada año se enmarca siempre en nuestros grandes objetivos: construir una economía justa, solidaria y sostenible, una economía que ponga en el centro la vida, es decir, que ponga en el centro a las personas, sus derechos y su dignidad, sin dejar a un lado el planeta, con una orientación prioritaria hacia la erradicación de la pobreza y las desigualdades.
Pero si se nos pide poner el acento en alguna urgencia para 2026, quizás nos inclinamos por recuperar lo común como objetivo colectivo, frente al individualismo que el pensamiento neoliberal extremo pretende imponer de forma creciente.
Podríamos fijarnos en algunas necesidades evidentes en estos momentos como la importancia de garantizar el derecho a la vivienda digna, o de evitar el deterioro de la sanidad y la educación pública y de calidad; o en la justicia fiscal, imprescindible para garantizar la justicia social y todos los derechos: en disminuir las brechas de desigualdad y frenar el cambio climático…
Son prioridades evidentes que no podemos descuidar y en las que no está mal insistir una y otra vez. Pero creemos importante profundizar en las causas profundas que propician la desigualdad, que debilitan las políticas, que descuidan la atención necesaria para solucionar esos problemas urgentes.
Podríamos así subrayar cuáles son las raíces de la injusticia económica que es tanto como decir la injusticia social. Porque, desgraciadamente, son factores como el origen social, el género, la raza o el lugar de nacimiento los que determinan de forma decisiva el acceso a una vida digna y a los derechos básicos de cualquier persona.
Los viejos mitos del esfuerzo, el mérito y la capacidad saltan por los aires cuando las herencias explican el 70% de las desigualdades, el ascensor social dejó de funcionar y la esperanza de un futuro mejor para la juventud se convierte en un horizonte sombrío.
La globalización financiera, los monopolios tecnológicos y la oligopolización de los mercados llevan a una desigualdad creciente, a un enriquecimiento sin límites de una minoría de ultra millonarios que detentan un poder creciente. Un poder que pone en riesgo los fundamentos mismos del funcionamiento democrático, que apuesta descaradamente por los partidos de extrema derecha y la desestabilización siempre que repercuta en más y más poder, más y más enriquecimiento.
Ese poder está sentando las bases para incrementar su dominio y perpetuarse impunemente en el tiempo. El control de los medios de comunicación y de las redes sociales y los algoritmos sesgados de forma creciente, están construyendo una sociedad sectaria, egoísta e individualista, basada en los juicios sumarios y superficiales, en instintos primarios en los que la argumentación carece de sentido.
Cuando en Economistas sin Fronteras decimos que ponemos a las personas en el centro queremos subrayar también que cualquier cambio profundo sólo puede venir de un cambio en las propias personas. Las leyes y las estructuras marcan nuestras vidas, pero su evolución hacia un mundo mejor ha de venir empujada por una sensibilidad social en la buena dirección.
Esa minoría que domina el mundo lo ha entendido bien y lleva décadas invirtiendo en modelar la opinión pública en ese discurso individualista e insolidario, en el “sálvese el que pueda”, en que si te lo propones serás rico. Y si no lo eres, la culpa es tuya por vago, o del Estado que te roba.
Por eso elegimos recuperar lo común como objetivo colectivo como un lema motivador esencial para el año 2026. Porque la mayor parte de los problemas de las personas no encuentran solución de forma individual, salvo, quizás, si eres millonario, muy millonario. Hablamos de problemas individuales como la educación de nuestros hijos e hijas, la salud y los cuidados de nuestras personas enfermas o mayores.
Hay quien se puede engañar pensando en que a través de la oferta privada tiene esos servicios asegurados. Pero los datos muestran que el modelo privado de garantía de los derechos básicos es más desigual y más caro. Véase el ejemplo claro de la sanidad en los USA: la que exige más recursos monetarios y presta peores servicios a quienes no son millonarios.
Pero hay muchas prestaciones que solo desde una prevención colectiva podemos esperar la atención adecuada: pensemos en los grandes desastres como el COVID, las DANAS, los incendios forestales, o en el deterioro creciente de nuestro entorno… Hemos comprobado cómo cuando se ha descuidado la inversión en recursos comunes las respuestas han sido pobres, tardías e insuficientes.
Si cada cual se para a examinar su propia vida, los ambientes en los que vive, puede darse cuenta inmediatamente de la realidad. Cuando trabajamos o nos movemos en ambientes competitivos e individualistas, donde prima el interés egoísta y el arribismo, sentimos presión y estrés, angustia y agotamiento. Cuando estamos en entornos cooperativos, por el contrario, se reduce el estrés, social y de cada persona, se construye esperanza y mejora sustancialmente la autoestima y el estado de ánimo.
Por eso en Economistas sin Fronteras, este año más que ningún otro, vamos a trabajar en construir una economía centrada en la persona y en el planeta y en incrementar el bienestar social; vamos a seguir acercándonos a los problemas de los más necesitados conscientes de que es fuente de conocimiento y empatía; vamos a potenciar las relaciones entre personas y organizaciones porque estimula y enriquece; vamos a ofrecer puntos de vista alternativos a los discursos dominantes para ampliar la perspectiva, abrir las mentes y cuidar el bien común.
Vamos a regalar, en suma, solidaridad, empatía, salud y esperanza.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!