Economía social y solidaria
Los colectivos migrantes y racializados están construyendo su propio espacio en la Economía Social y Solidaria

A pesar de que se ha avanzado mucho, según los datos existentes, solo un 7% de las personas trabajadoras en la economía solidaria son migrantes o racializadas mientras representan más de un 20% de la población.
Pantera Lavapies - 1
Tienda de Pantera en el barrio madrileño de Lavapiés. Álvaro Minguito

@bertacamprubi

5 abr 2025 06:00

Hace unos diez años, el universo de entidades y cooperativas de la Economía Social y Solidaria (ESS) no se había preguntado formalmente si era diverso o si incorporaba en sus prácticas una mirada antirracista. Fueron unos pocos espacios, personas y colectivos, mayoritariamente migrantes y/o racializados con algunas aliadas, quienes empujaron entre 2015 y 2016 un debate imprescindible: si esta economía buscaba la transformación social y ponía a las personas en el centro, y no la mercadería ni el lucro, ¿se estaba poniendo también a las personas migrantes y racializadas en el centro? 

De esos debates y resistencias surgieron entidades como la Asociación Migración y Economía Social y Solidaria (MigrESS), una asociación que trabaja para que la ESS sea una opción que “resuelva las necesidades de las personas migrantes y racializadas, desde un enfoque colectivo, solidario y antirracista”. Tambien nació Diomcoop, una cooperativa dedicada a la inclusión social y laboral de personas migrantes en situación de vulnerabilidad. Se crearon Top Manta en Barcelona y más tarde Pantera, del Sindicato de Manteros de Madrid. También la cooperativa de finanzas islámicas CoopHallal, el teatro Periferias Cimarronas o el restaurante Abarka. Surgieron, y siguen surgiendo, proyectos de personas migrantes y racializadas para luchar contra el racismo y la racialización del mercado laboral desde la ESS, pero esta no necesariamente se estaba convirtiendo en un espacio más diverso y antirracista.

“Ese espacio no existe todavía, nos lo estamos construyendo y nos lo estamos peleando nosotras”, afirma Luz Helena Ramírez Hache, activista antirracista de origen colombiano y cofundadora de MigrESS. “Esto no estaba en la agenda hasta que en 2016, en el marco del posgrado de Economía Social y Solidaria —coordinado por la cooperativa La Ciutat Invisible—, algunas comenzamos a hacernos esa pregunta: ahí empieza a hablarse de migraciones y luego de antirracismo y surgieron complicidades y debates estratégicos en los que ha sido fundamental el Ateneo Cooperativo de Barcelona-Coòpolis”, continúa Ramírez.

Baja representatividad

Las personas extranjeras actualmente representan un 14% del total de la población española y principalmente son de Marruecos, Rumanía y Colombia, según datos del INE. Por otro lado, de 49 millones de personas residentes en el Estado español, 9,4 millones han nacido fuera de España, es decir un 19,18%. Es importante tener en cuenta que el racismo estructural no te permite despojarte del estigma reservado para las personas migrantes a pesar de que, con penas y trabajos, hayas obtenido la nacionalidad española. Tampoco haber nacido en España te quita ese estigma cuando eres hija, o incluso nieta de personas migrantes, cuando llevas velo, cuando tienes un acento distinto al de la mayoría etc. Por lo tanto, podríamos suponer que la proporción de población a menudo discriminada en términos de raza, origen o proceso migratorio en el estado español esté más bien situada por encima del 20%. 

Solo un 7% de las personas trabajadoras de la Economía Social y Solidaria son  migrantes o racializadas

 Sin embargo, solo un 7% de las personas trabajadoras de la ESS son  migrantes o racializadas, según el Informe del Mercado Social 2024 de la Xarxa de Economía Social de Cataluña (XES) que analiza la actividad de más de 1.500 organizaciones de esta región. Mayor es la representación de personas migrantes o racializadas si analizamos el número de gente atendida o que colabora con la ESS, pero eso es porque sigue habiendo un componente importante de tercer sector, de cooperación y a menudo de mirada asistencialista dentro de este conjunto de actividades socioeconómicas. En una de sus conclusiones, el informe de la XES asegura que “nos faltan datos y nos falta inclusión, en una primera aproximación al anàlisi de la interseccionalidad en el Mercado Social” y afirma que este 7% es una “cifra que evidencia de nuevo la falta de diversidad del sujeto político de la Economía Solidária”.

A nivel estatal, la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) no tiene datos cuantitativos, pero sí cualitativos: en su último encuentro, el Idearia celebrado en Canarias, uno de los ejes de discusión se llamó “¿Estamos todas?” y fue liderado por participantes del Movimiento RegularizaciónYA, la Xarxa de Cosidores, AFES Salud Mental y Diomcoop. En el documento que recoge las reflexiones y conclusiones, se especifica que “la participación diversa en estos espacios es asombrosamente baja (...) Los colectivos excluidos son muchos y muy diversos y el trabajo de inclusión tiene que hacerlo aquel que no padece la exclusión. Es importante trabajar la inclusión a nivel transversal de todos los ejes y no incluirlos como excluidos en un solo eje”.

Se trató de un trabajo con una mirada más interseccional que antirracista y este es otro de los debates que preocupan a las personas migrantes y racializadas de la ESS, “porque hay un blanqueamiento y una despolitización de la interseccionalidad, se está quitando la responsabilidad colectiva y estructural y se está llevando a una dimensión individual, es decir que si tu tienes un discapacidad, o eres negra, es tu movida, no es algo colectivo”, asegura Maritza Buitrago, activista antirracista y cooperativista en Coop57, una cooperativa de financias éticas y solidarias. “Hay que tener en cuenta que tú como entidad puedes tener una mirada interseccional y no ser antirracista. De hecho, la administración pública ya está pidiendo en las convocatorias un apartado sobre interseccionalidad, porque está despolitizada, y esto puede estar permeando a la economía social”, añade Buitrago.

“Que la ESS en gran parte esta conformada por un sector de población blanca de clase media y urbana es una realidad, pero lo estamos intentando revertir“, afirma Blanca Crespo, responsable de comunicación de REAS. En su opinión, “en los movimientos sociales somos muy autocríticas y creo que a veces también toca celebrar y ver logros, sobre todo en comparativa con otros modelos. Adolecemos de falta de datos específicos, y eso quizás pone en evidencia todo el camino que nos queda en términos de incorporar una mirada más transversal y diversa en la ESS, pero el planteamiento antirracista está extendido y es amplio”. 

Más apuestas antirracistas

En los últimos diez años ha crecido la migración a nivel estatal, y creció también la presencia de personas migrantes y racializadas en la ESS, pero no lo bastante. “Lo antirracista se puede encontrar en posicionamientos políticos y sociales pero a la hora de incorporar en las organizaciones esta diversidad, queda mucho por recorrer, como también otras cuestiones como romper con la centralidad urbana e incorporar la ruralidad”, asegura Crespo. A pesar de que sobre esto sí que no hay datos claros, la impresión interna de las activistas antirracistas es que este bajo porcentaje de personas de orígenes diversos está, además, concentrado en entidades creadas por ellas mismas. Las entidades cuyo sujeto hegemónico es la persona blanca de clase media y nacionalidad española no han registrado necesariamente un incremento de la diversidad. Aunque en algunos casos se esté haciendo un trabajo proactivo en esta dirección.

“Ahora mismo trabajamos personas de 35 nacionalidades, más del 30% somos de África y América, el 5% de Europa del Este y el resto del Estado Español”, Amaia Olaverr de Traperos de Emaús

En Traperos de Emaús de Navarra, una entidad que se dedica sobre todo a la gestión de residuos, la apuesta antirracista pasa por “evitar reproducir aquellas lacras que el sistema capitalista infringe a las relaciones humanas, los pueblos y a la Madre Tierra, por eso cuando podemos acoger a más personas, la opción prioritaria es acoger a aquellas que están en situaciones más vulnerables, personas excluidas, discriminadas”, afirma Amaia Olaverri, responsable de comunicación de esta entidad. “Ahora mismo trabajamos personas de 35 nacionalidades, más del 30% somos de África y América, el 5% de Europa del Este y el resto del Estado Español”, continúa Olaverri.

“Organizarse internamente sin exclusión ni discriminación por razón de raza, sexo, religión u opciones particulares es actuar radicalmente diferente al sistema laboral y social capitalista”, analiza Olaverri. Pero por ahora no hay ninguna garantía de que las entidades le dediquen tiempo y energía a pensar maneras de habitar esta diversidad, de incorporar más personas migrantes y racializadas en su equipo. En esa dirección se han pensado y propuesto ideas como planes de diversidad, análogos en términos antirracistas a los planes de igualdad feministas que ya tienen aprobados algunas entidades.

En el encuentro Idearia de REAS se propusieron varias medidas como “favorecer la contratación de personas migrantes, distinguir la contratación a ciegas de la discriminación positiva, favorecer medidas contrarias al mercado capitalista como la contratación para la regularización” o hacer “incidencia política ante la lentitud de las administraciones en los trámites de regularización o validación de títulos”. En esos caminos toca seguir.

“Para la contratación de terceros, normalmente miramos primero la raza, luego el género y luego la situación administrativa”, Silvia Albert Sopale, de Periferia Cimarronas

Poner en práctica este tipo de medidas estaba en la génesis y en el propósito de la cooperativa de gestión cultural Periferia Cimarronas. “Nuestros equipos de trabajo están formados sobretodo por feminidades negras y trans, y creo que lo que hacemos es invertir la realidad de la mayoría de proyectos en los que cuentan de pronto con un 1% de personas racializadas o disidentes sexuales: nosotros somos el 99,9% y nuestra prioridad es esa, claramente”, asegura Silvia Albert Sopale, directora teatral y fundadora de la cooperativa Periferia Cimarronas. “Para la contratación de terceros, normalmente miramos primero la raza, luego el género y luego la situación administrativa. Y nuestros postulados son desde ahí. Pensamos siempre en estas corporalidades”, continua la activista antirracista nacida en San Sebastián.

La apuesta antirracista de Periferia Cimarronas incluye facilitar el acceso a la creación artística a personas racializadas independientemente de su situación administrativa. “Hacemos de puente entre la Administración y las artistas y vemos cómo el sistema, los procesos y la burocracia son muy complejos pero miramos de simplificarlos”, explica Sopale. “La Administración nos pide cumplir con una serie de requisitos que las personas no siempre pueden cumplir, nosotras no prescindiremos de ellas, pero si nos supone un quebradero de cabeza poder cumplir con ambas partes”, confiesa. 

“La inclusión de las minorías es una cosa y hacer una economía radicalmente antiracista es otra. Incluir es solo un primer paso”, Maritza Buitrago

Ahora bien, llegar a ver dentro de las entidades ese nuevo nosotros más diverso, el nosotros que actualmente refleja cualquier escuela pública, la sala de espera del médico o un vagón de metro de Madrid, es solo un primer paso. “La inclusión de las minorías es una cosa y hacer una economía radicalmente antirracista es otra. Incluir es solo un primer paso. Tú puedes incluir personas racializadas pero no significa que sean antirracistas, lo mismo que incluir mujeres no significa que ganemos en feminismo porque no todas lo son”, analiza con mirada crítica y complejizante Maritza Buitrago.

La encrucijada de la sostenibilidad

Después de crear espacios, asociaciones y cooperativas desde cuerpos y cosmovisiones diversas, el siguiente gran reto es sostenerlas. “Nosotras apostamos por la figura de cooperativa porque así generábamos autoempleo que es lo que queríamos”, recuerda Sopale sobre el inicio de Periferias en 2016. “Esa primera fase fue acompañada y facilitada, pero la segunda fase, sostener la cooperativa, es un poco un abismo”, continúa. “Nuestra expertise es en la gestión cultural, pero todas las cuestiones que tienen que ver con la gestión económica contable no lo son, entonces toca aprender cómo funciona todo ese mundo, mucho ensayo y error: diría que es el talón de Aquiles de muchas cooperativas de las nuestras, que no pueden sostener dentro de sus equipos la contratación de alguien que les haga la parte administrativa, es un dolor de cabeza”, confiesa la directora teatral.

Desde la cooperativa Abarka, un restaurante de deliciosa comida africana ubicado en el barrio de Sants de Barcelona, están de acuerdo: “La administración es un problema, pero está englobado en otra cuestión y es que nosotras construimos cooperativas con una fin social, con la necesidad de resolver problemas derivados del racismo en lo laboral y en lo social, pero al final del día nos toca competir, y más en nuestro sector gastronómico, dentro de un mercado capitalista ordinario sin ningún valor transformador”, asegura Khady Drame, jóven catalana fundadora de Abarka.

“Nos toca tener conocimientos de cómo llevar un negocio, de gestión de equipos, de resolución de conflictos, de pensamiento estratégicos, más todo lo laboral, lo burocrático… Y nos toca competir a nivel de precios, por ejemplo, con negocios que no tienen en cuenta los proveedores, que no buscan las mejores condiciones para sus trabajadores”, continúa Drame. “Es un modelo que se está gestando todavía. Hasta ahora no había personas negras, trans, creando empresas con una mirada antirracista y decolonial para intentar no reproducir las dinámicas coloniales en las que nos hemos desarrollado”, concluye Silvia Albert Sopale.

Hacia más complicidades

“Falta mucho para que la Economía Social y Solidaria sea un espacio seguro y sostenible para iniciativas de personas migrantes. Y somos los colectivos los que estamos ganando ese espacio, que de ninguna manera es regalado”, afirma contundente Luz Helena Ramírez, fundadora de MigrESS. No cabe duda de que los espacios y metas logradas hasta ahora en términos antirracistas son fruto inicial de la organización y el pulso de las mismas personas migrantes y racializadas. Solo hay que ver, por ejemplo, cómo se consiguió poner en marcha la ACOL, una subvención que la Generalitat de Catalunya entrega a entidades y cooperativas para regularizar y pagar el salario de una persona migrante que se incorpore a su equipo de trabajo, lograda en movilizaciones antirracistas.

La última asamblea de la Xarxa d’Economia Social aprobó la constitución de una Comisión Antiracista con el objetivo de aumentar tanto la diversidad como las prácticas antirracistas en la ESS

Como todo, esta transformación anhelada vive fases, picos y crisis. De pronto, a pesar de estos tiempos de aumento de la extrema derecha por doquier, estemos entrando en una fase de abundancia antirracista en la ESS, pues en la última asamblea de la Xarxa d’Economia Social de Catalunya se aprobó la constitución de una Comisión Antirracista.  El objetivo: aumentar tanto la diversidad como las prácticas antirracistas en la Economía Social y Solidaria. Un pulso que, efectivamente, ahora están dando principalmente ellas mismas, con complicidades de personas o entidades en su mayoría blancas que se disponen a compartir privilegios a través de distintas prácticas y estrategias. 

Buenas prácticas como la creación de alianzas, formales o informales, entre cooperativas más grandes, que cumplen más requisitos a nivel burocrático y colectivos más pequeños de gente migrante para presentarse a subvenciones públicas. Como el tejido de relaciones y sinergias en las que importen las expertises y no la homologación del título de una profesional migrante. O como la creación de vínculos personales que ayuden a compartir el capital social y cultural acumulado por personas que han vivido toda la vida en un barrio o en un pueblo con las que acaban de llegar. Un pulso que activistas cooperativistas como Maritza Buitrago, Luz Helena Ramírez, Khady Drame o Silvia Albert Sopale esperan que se empiece a dar de manera más colectiva.

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