Ecologismo
Ladrón de energía
- Es que no me lo puedo creer, sesenta y cinco años desde la Confederación Cantonal, ¡Y tovía hay quién roba a su Comunidá! ¡Y a ésta, de las que mejor funcionan!
Alecia sabía que no convenía excitarse en un día de tanto calor, y menos en la era de trilla que usaban para espectáculos, como el juego de ese momento, pero la situación le revolvía demasiado. Y contárselo a Justo era su válvula de escape.
- Estás cagando plástico por la boca - fue la burlona respuesta - Conociéndote sé que ya lo has solucionao, si no no estarías aquí pa ver el juego de pelota. ¡Y'r Drama Quin, siempre! Deja la queja y dime quién fue y qué habéis decidío en el Consejo!
- ¡Robaperas! Sabes que se exige discreción pa las decisiones del Consejo.
Para Alecia la tarea de consejera del Cantón era odiosa. Cuando en el sorteo sacaron su nombre fue como un golpe: a ella le gustaba escoger tareas de regeneración de terrenos, y no le importaba cubrir otras como limpieza de áreas comunes, ó tareas agrícolas pesadas, pero pensar en las horas que dedicaría a actividades de Consejo por tres años le parecía peor que una asignación de horas de trabajo adicionales.
- Discreción no sinifica secreto, - siguió él- que sería restrición privá; cuenta, ¡tragona! que yo también seré discreto. Si prefieres, deja que adivine: el peregrino no fue, ¿verdá?
- Pues no. Es fácil sospechar de quien no se conoce, pero él no podía ser: ¡si el robo de energía, había empezao antes que él llegara! Y había tenío una conversación con él, y no. Tú también contabas con que no había sio, que lo viste cuando fue a la escuela donde estás de facilitador esta temporá.
Justo había sacado muy joven su licencia de educar, y tomaba esa tarea con mucha frecuencia. A ella le gustaba estar con él porque era muy sensato y además seguía siendo un hombre guapo, a pesar de haber criado cuatro hijos (tenía ya dos, y al ir a por el último tuvieron gemelos, los cuatro con la misma pareja, así que los atendió permanentemente), incluso tuvieron que trasladarle a una vivienda más grande, y: “casa grande, trabajo grande”.
- Aquel hombre no era ladrón - concluyó ella.
- Y ¿por qué me preguntaste qué año contábamos en la Iglesia Cristiana Integrada? Tenías sospechas...
- Sí, pensaba si alguien podía estar preparando algo parcial, una fiesta religiosa... pero entre que me dijiste que contabais el año 2145 de la era cristiana, y no era un año especial, y que consulté sobre fiestas a vuestra obispa y a otros, descarté la posibilidá.
- Y entonces, ¿la fiesta que organizaste?
- Me la inventé, luego te explico.
- Tú, ¡Mentiste al Consejo!
- ¡Cara acelga! fue una estrategia, pa ver si encontraba al culpable, y funcionó. Oye, los materialistas tenemos derecho a tantos días de fiesta como cualquier otro, pero la mayoría de cantones solo celebran el Día del Trabajo Común, así que busqué otra, y ¿quién me iba a discutir? Nosotros no tenemos sacerdocio ni ná.
- Entonces, el encuentro de pelota éste, ¡no celebra ná, la Memoria de la Gran Huelga te la inventaste!
- No, sabes que existió, y aproveché pa montar la fiesta. ¿Qué tié de malo? La gente s'apunta encantá a cualquier fiesta: disfruta con baile, dulces, alcohol y hai. Tó airi, y además el delegao de ejercicios aprovechó pa invitar a los vecinos, y pena que no han venío muchos por no darse la caminata con este calorazo. Deberías atender más al juego en vez de criticarme: Y aplaude, que t´acabas de perder cómo los otros acaban d'acer un diez.
- Ah, por eso aplaudían, ¡qué airi!, me lo he perdío; pocas veces tantea un equipo al completo, tocándola toas y tós, y los diversos, ¡muy difícil! espero que hayan aprendío los nuestros, antes abucheamos a tu sobrino el Amador, por chupón, cuando hizo un punto él solo.
- Pobre Amador, es un chaval y quiere lucirse con las chicas vecinas...
- Perdí el interés porque llevábamos mucha ventaja, habíamos ganao los puntos de coro y de danza. Además me agobia demasiao el calor, y casi solo puedo pensar que va a llover por fin.
- Lo anunció el peregrino.
- ¿No creerás que ha hecho llover con sus ritos? Es gente hábil, tiene intuición pa oservar la naturaleza y calcular cuándo lloverá. Hay cosas que parecen conectás y son casualidades.
- ¿Qué importa? Esa intuición es comprender cómo funciona la naturaleza y la comunidá, y sus ritos son airi, aunque no haya nada más.
- Te creía una materialista estricta.
- No tan estricta, compañero, soy anóstica, y si algo funciona, me da igual por qué.
- Bueno, pero ¿me vas a contar lo que descubriste, o estás divagando a propósito?
Alecia pensó que más valdría explicárselo.
- Ya sabes que el Consejo me encomendó solucionar que el Departamento de Energía había detectao un aumento de consumo irregular, y comprobao que era por un abuso particular.
- Antiguamente había contadores privaos, así se habría descubierto fácil.
- Antiguamente casi to era privao, y así les fue ¿Quieres volver al colaso?
- No, mujer, solo era un comentario.
- Primero descartamos al peregrino.
El peregrino había contado su historia, había venido siguiendo un sueño, que le había inspirado a solicitar lluvia en una cueva no muy lejos de allí, que para él era el útero de la Gran Madre, la Gaia, y que guardaría poder de una época en que la Humanidad afrontó otra dura crisis.
- Cuando vino a la escuela a dialogar con la clase me gustó. - siguió Justo- Y más cuando me contaron que ya de entrá puso nerviosa a la Armonía...
- ¿Armonía la de la Libertá?
- No, Armonía la de la Amina, que le tocaba la acogida. Y de entrá el forastero hizo un regalo: piezas buenas de metal, y esta Armonía que es muy calculaora, no tenía claro qué retribución convenía, porque claro, regalo invita a otro, y con eso ya podía dar por pagá la estancia, pero él va y pide la lista de tareas.
- Además comprobaron los sellos y traía créditos de sobra.
- Lo mandan a la escuela, - dijo él- pero aún coge tarea de alfarería.
- Sí, aquello me ayudó: que una persona esté ejercitá a trabajar con las manos es indicio de honradez, y normal que tenga créditos de sobra. Luego descarté lo de la festividá, y alguna posibilidá más, y concluí que algún compañero estaba apropiándose de electricidá extra. Entonces se m'ocurrió el truco de montar fiesta, y mientras la gente bailaba y eso, yo fui a vigilar la electricidá, y cuando subió mucho, miro quién faltaba: ¿quién preferiría estar retirao que en fiesta, con alcohol y hai? Pues resultó que era el Liberto. Lo encontré en sus habitaciones privás, pedí pasar, ¡y m'impedía la entrá!
- ¡Acaparador dél! Eso era como gritar que tenía algo escondío.
- Amenacé denunciarlo en Asamblea y confesó. En una tarea de recuperación de materiales, en uno de aquellos locales que servían oxígenos, había encontrao un aparato bastante conservao, que con electricidá da aire frío: lo escondió, y como es un técnico capacitao, pudo repararlo y lo estaba usando pa él.
- ¿Cómo pudo hacer algo tan egoísta? No lo hubiera esperao de nadie aquí, ni menos dél.
- Se excusó en que es muy sensible, y apenas podía hacer ná con estas temperaturas de 47 a la sombra que estamos teniendo, pero le dije que tenía que haber solicitao una necesidá especial, si era hipotenso ó algo.
- Pero prefirió arreglarse por su cuenta, ya veo.
- Luego el Consejo le impuso una deuda de créditos, que se concretará en Asamblea, va a echar muchas horas de trabajo extra.
- ¿No planteasteis la expulsión?
- Yo misma lo pregunté: estaba tan enfadá que le llamé esquirol.
- ¡Qué fuerte! No era pa tanto, solo es ladrón.
- ¿Te parece poco? Estaba blanco y delante del consejo, de verdá me dio pena sentir cómo temía verse expulsao, y eso que el Liberto es muy buen técnico, y fácilmente le darían residencia en algún cantón. Que somos pocos pa tanto trabajo.
Por fin rompió a llover, torrencialmente, casi todos esperaron un poco antes de correr a refugiarse, felices de mojarse de lluvia tras mucho tiempo de sequía y calor agobiante.
- Dale las gracias a la Gaia de tu peregrino - dijo Justo riendo- , y la respuesta, riendo:
- ¡Vete a servir a un señor estim! *
* N. del A.: de steam-power.
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