18 sep 2026 06:00

Aquella mañana la ruta en bicicleta se presentaba interesante, debía recorrer varios kilómetros entre Búbal, Biescas y acabaría en Tramacastilla dónde haría noche tras restaurar la encuadernación de unos cuantos ejemplares que necesitaban cuidados extra, trabajo minucioso que ejecutaría junto con la bibliotecaria del pueblo.

Le encantaba salir temprano, ajustar bien el lote de libros atrás, y en su mochila ordenar bien el correo del valle. Sólo un par de veces al mes ascendía hacia la frontera un furgón alimentado con energía solar, que abastecía a esa zona de Huesca con todo lo que no podía generar por sí misma, traía también el correo del resto del territorio y algún que otro viajero.

Durante el mes tanto Milena como otros riders se encargaban de repartir de todo a los habitantes, y transportarlos dónde hiciera falta. Contaban con tuctucs eléctricos y de recarga solar para las zonas más llanas, y se coordinaban de manera excepcional a nivel del valle, para que nadie faltara al colegio, haciendo posible que los ancianos tuvieran sus medicamentos requeridos, y se cumpliera con los traslados a los centros sanitarios en tiempo y forma. El ingenio les hacía optimizar los recursos y priorizar lo necesario frente a lo superfluo.

Esta semana Milena se ocupaba de las bibliotecas de cada pueblo, así como del correo interno del valle aparte del que ya había llegado hace unos días desde el resto de la península que iría entregando a quién correspondiera. Los turnos de trabajo eran rotativos, y podían los ciudadanos cambiar de funciones cuando gustaran si tenían las competencias necesarias, lo que había permitido a Milena pasar temporadas como bibliotecaria también.

Las bibliotecas por un tiempo denostadas se habían convertido de nuevo en un pilar para el saber y el conocimiento, no sólo se podía encontrar a los clásicos, también llegaban novedades a cuentagotas que permitían renovar el fondo de los centros con los que contaba el valle. Ahora esos lugares eran guardianes de la sabiduría comunitaria, espacios libres y públicos para quiénes lo necesitaran o quiénes se quisieran divertir en sus páginas. Internet había quedado casi anulado por su lentitud y la falta de recursos naturales que pudieran mantener todos los datos e información que se almacenaban allí de manera constante y disponible para todos los ciudadanos. El haber mantenido una red pública de bibliotecas potente había facilitado el acceso a la cultura y la ciencia, y había sido esencial, en la serie de apagones para poder seguir formando a los más pequeños y no tan jóvenes, fueron el sitio idóneo de juegos, entretenimiento y aprendizaje intergeneracional.

Milena avanzaba por lo que había sido la transitada carretera nacional, bordeando el pantano de Búbal y viendo a lo lejos la maravilla de la ermita de Santa Elena, le parecía un lugar mágico, como el dolmen al pie de esa esbelta montaña. El valle una vez más había sido refugio para muchos, sobre todo cuando el caos se había apoderado de las ciudades. Lo rural tan olvidado había ayudado a la sociedad a reconstruirse desde el respeto y el equilibrio del mundo que habitamos, incluyendo a todos sus seres humanos o no. Se había trazado una nueva línea de convivencia que atravesaba el concepto de especie.

Se cruzó con Biel, como sucedía a menudo, él subía hacia Sallent con una gran caja llena de víveres probablemente. Le sonrió y lo saludó no se pararon ya que tenían una mañana ajetreada, en la semana esperaba encontrar el momento para hablar con sus compañeros largo y tendido, y así planificar el trabajo de los días venideros. En esta nueva realidad era primordial el reparto de tareas equitativo y ajustado a las habilidades y capacidades de cada uno. En el valle se organizaban bastante bien, incluso cuando llegaban forasteros que querían instalarse. Las normas y las leyes emanaban de una verdadera democracia bastante representativa y participativa si lo contrastábamos con lo vivido y experimentado en épocas anteriores.

El territorio se organizaba ahora en microestados autónomos que permitían una gestión más eficiente, apostando por la proximidad y la transparencia, pero cooperando siempre entre pueblos. El caos de la semana trágica de apagones y meses sucesivos habían quedado atrás, era sólo un mal recuerdo, y el valle había liderado esos cambios con ejemplo e iniciativa, convirtiéndose en el adalid de ese nuevo mañana que se había instalado en la Península.

A lo lejos se veía ya la torre del campanario de la iglesia, pensó en dejar la bici en la entrada de Biescas y así aprovechar y mojarse los pies un ratito en el río. Después atravesaría el puente para dejar el correo a Don Emilio en la oficina del valle. Estaba en sus cavilaciones cuando su amiga Teresa la vio y agitó la mano, le traía de seguro algo de pan para dejarlo en Tramacastilla. Ya se relamía pensando en ese manjar con un poco de miel y queso de los pastores de la zona, justo antes de dormir.

Ni que pensar que siendo rider en la ciudad antes nadie la consideraba, y que ahora su trabajo en el valle era esencial y apreciado: necesario. De soslayo le tiraban propinas los días de lluvia en la gran urbe, ahora era eslabón indispensable del funcionamiento del valle, y su trabajo era tan valorado como el de la maestra, el pescador, o el enfermero. En aquel valle Teresa, Biel, Don (el Don era por la edad) Emilio y Milena eran iguales, e importaba lo que pudieras y supieras hacer con tus manos, tu corazón y tus ideas por el bien común. El resto era secundario.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...