Elecciones autonómicas
Castilla y León, la tercera parada del efecto dominó del PP
Castilla y León representa la tercera parada de un calendario electoral que el Partido Popular diseñó para instalar en la opinión pública la sensación de nuevo ciclo político. Extremadura,Aragón, Castilla y León y Andalucía son cuatro comunidades donde el PP partía como favorito y el PSOE tenía muchas papeletas de sufrir un desgaste acumulado.
El plan ha funcionado en parte. En Extremadura el PSOE se dejó el 40% de sus votos respecto a las anteriores elecciones y en Aragón logró el segundo peor resultado de su historia desde 1983. Sin embargo, la estrategia del efecto dominó ha tenido una consecuencia que no figuraba en los planes de Génova: ha puesto en el centro del tablero el crecimiento ininterrumpido de Vox. Desde la DANA y su salida de los gobiernos autonómicos, la formación ultra no ha parado de crecer en todas las encuestas (del 12% al 19% actual), y cada apertura de urnas ha confirmado esa tendencia. En las últimas convocatorias autonómicas, Vox ha estado a menos de 50.000 votos de superar al PSOE y convertirse en segunda fuerza. Un hecho inédito si consideramos que la formación de Santiago Abascal siempre ha obtenido más réditos en arenas electorales nacionales que en las autonómicas, donde hasta hace poco le costaba penetrar.
Por qué Castilla y León es diferente
Esta comunidad puede seguir un camino similar al de las otras dos autonomías, pero con elementos propios que matizan la lectura. El primero es que Vox ya parte de una base sólida: el 17,6% logrado en 2022 hace que el 19,5% que le asigna nuestro promedio de encuestas no sea una explosión, sino una consolidación electoral. En Aragón y Extremadura el crecimiento fue mucho más pronunciado porque arrancaba de una base menor.
El segundo elemento diferenciador es la resistencia del PSOE castellanoleonés. Según la preelectoral del CIS (Estudio 3545), el 70% de sus votantes de 2022 planea repetir papeleta, la segunda tasa de fidelidad más alta, equiparable a la de UPL y solo poco por detrás del PP. En Aragón, hasta un 10% del electorado socialista migró hacia PP o Vox, y otro 16% fue a parar a la CHA según la postelectoral del CIS. En Castilla y León no existe una candidatura progresista y regionalista con capacidad de absorber ese trasvase, lo que no dificulta tanto la campaña al PSOE.
El tercer factor es la coyuntura nacional. Las amenazas arancelarias de Trump, la tensión bélica en Europa y las dificultades del PP para cerrar pactos de investidura con Vox en Extremadura y Aragón crean un marco menos favorable para el discurso de “nuevo ciclo”. Y esto importa: el 29,5% de los encuestados reconoce que los temas nacionales serán determinantes en su voto, un porcentaje que se intensifica precisamente entre el electorado de derechas.
El duelo en la izquierda minoritaria: fragmentación y desmotivación
Al igual que en Aragón, la izquierda alternativa llega dividida. Podemos concurre en solitario e IU se alía con Sumar. Los datos del CIS sobre transferencias de voto apuntan a que el electorado de Podemos se fractura de una manera similar: un 32% prevé pasarse a IU-Sumar, un 18% irá al PSOE y solo el 26% repetirá papeleta morada. Dos conclusiones se derivan de esto: Podemos tendrá muy difícil retener su escaño por Valladolid, e IU-Sumar no lo tendrá fácil para superar el umbral del 5-6% necesario en esa circunscripción.
Hay un elemento potencialmente positivo para ambas formaciones: junto a UPL, son los grupos con mayor proporción de voto tardío. Hasta uno de cada tres de sus electores potenciales (34,6%) decide su voto en la última semana de campaña o el mismo día. La incógnita es si ese margen se convierte en movilización o en abstención.
En Aragón, IU-Sumar y Podemos quedaron por debajo de las encuestas porque CHA capitalizó en la recta final hasta el 25% de sus votos. En Valladolid no existe una formación con ese perfil regionalista-progresista capaz de repetir esa operación. El único enemigo de ambas candidaturas es, paradójicamente, la combinación de ir separadas y la desmotivación que eso genera entre su electorado potencial.
UPL y el León que puede romper la noche electoral
Entre los tres partidos autonomistas —Soria Ya, Por Ávila y UPL—, solo el leonesista está llamado a protagonizar una sorpresa. Según SyM Consulting, UPL podría quedar muy cerca del PP en la provincia de León, lo que abriría la puerta a que se convierta en la primera o segunda fuerza en ese territorio. El CIS, sin embargo, le ve más cerca de la segunda posición con el PSOE.
Las transferencias de voto respaldan esta lectura: el partido retiene el 71% de sus apoyos de 2022 y limita sus fugas al mínimo. En el extremo contrario, Soria Ya y Por Ávila pierden voto hacia los tres partidos estatales, aunque su fuerte implantación provincial garantiza que ambas vuelvan a obtener representación, si bien con porcentajes menores que en la anterior legislatura.
Con motivo de la publicación del CIS preelectoral, desde Ateneo del Dato llevamos a cabo una reestimación y pudimos ver que tanto Soria YA como UPL podían quedar primeras en sus respectivas provincias.
Una campaña sin efecto candidato
Estas son, en términos relativos, unas elecciones profundamente antipersonalistas. Solo Alfonso Fernández Mañueco tiene un reconocimiento mayoritario entre los encuestados (95%); el resto de candidatos, incluidos Carlos Martínez por el PSOE y Carlos Pollán por Vox, se mueven en horquillas de conocimiento del 50-60%. Eso significa que ninguno de los aspirantes está en posición de ensanchar la base electoral de su partido más allá del voto consolidado: la campaña no definirá el resultado por la capacidad de atracción de líderes, sino por la movilización o desmotivación de electorados ya conformados.
El tablero del 15-M: sin mayorías cómodas a la vista
Lo que sí parece despejado es que Mañueco, aunque pueda mejorar sus resultados, difícilmente gobernará sin apoyos externos, repitiendo así su dependencia de Vox desde 2019. El efecto dominó del PP se enfrenta en Castilla y León a su prueba más exigente.
Castilla y León lleva décadas siendo tratada como un territorio predecible: PP gana, el resto pelea por los márgenes. Pero debajo de esa aparente estabilidad hay una comunidad con un sistema de partidos cada vez más fragmentado, donde lo provincial compite con lo estatal, la izquierda se divide en lugar de sumar, y la extrema derecha ha dejado de ser un accidente para convertirse en un actor de gobierno permanente. El domingo no solo se vota quién manda cuatro años más. Se vota, también, qué tipo de política se normaliza en una de las comunidades más extensas y menos pobladas del país.
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