Nerea Pérez de las Heras: “Las imágenes de las acampadas son medicina contra la impotencia”

La periodista presenta 'Fantasma', un libro en el que cuenta todo lo que pasó después de que una hélice de un barco le cercenara parte de su pierna, con las dosis justas de terror, política y ternura.
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La periodista y comunicadora, Nerea Pérez de las Heras. Jaime Pérez Rivero

En las oficinas de Penguin Random House hay mucho ajetreo este día. Es jueves, 1 de octubre y a pocos kilómetros de aquí hay gente autoorganizada en una acampada en Sol que retiene todos los focos. Ingrediente que se cuela en cada conversación, mientras en la sede de esta editorial la gente entra y sale de diferentes salas acristaladas y las trabajadoras intentan organizar a la prensa. Detrás de cada sala hay un autor o autora, explica Nerea Pérez de las Heras (Madrid, 1982). Ella ahora mismo está fuera de las peceras y posa para El Salto. Se ha pintado los labios y poco más, nada de rímel ni de base de maquillaje. Somos un medio amigo y cercano para ella, asegura. Hay confianza. Vamos a hablar sobre su último libro Fantasma (Alfaguara, 2026). Un libro en el que recoge todo lo que pasó después de que una hélice de un barco le seccionara parte de su pierna derecha durante unas vacaciones en Menorca en 2023. Un libro “curativo en lo político y que deja buen sabor de boca”, tal y como le describen las lectoras a la escritora, que une estas dos críticas porque “juntas me gustan mucho”. 

Licenciada en Historia del Arte, periodista y comunicadora, de las Heras abre la puerta de sus recuerdos, solo adulterados por las dosis de morfina y de sarcasmo que define su estilo. Un libro que, quienes gastamos alto apetito voyeur, no tenemos más remedio que devorar. Unas páginas que nos hablan de lo íntimo, pero también de lo común, de la delgada línea que separa la normatividad de la no normatividad y de la importancia de que, en tiempos de un individualismo exacerbado, nos cuidemos entre todas. Como en esa acampada que florece en Sol que se cuela en todas las conversaciones y que también se introducirá irremediablemente en esta entrevista.

Nerea, a mí hay algo que siempre me ha llamado mucho la atención de ti y es cómo utilizas el sarcasmo incluso para las cosas más dolorosas. Y he descubierto en este libro que al parecer es algo de familia. Tú dices aquí que es vuestra clave para la supervivencia, el alegre pragmatismo.
Sí, es una cosa educacional. Mi mujer y mi amiga Olga lo llaman la tiranía del bienestar, Inés (Hernand) también. Es como ese tirarte para abajo de madre manchega, pero al revés. Es como una depresión crónica, pero al revés. Es como una cosa de inercia hacia el bienestar, y es una cosa aprendida. Yo me he dado cuenta, con el contacto en momentos duros con mis hermanas y con mis padres, sobre todo con mi madre, de que estar bien es de buena educación en mi casa.

En la educación emocional de antaño las emociones no se pueden exteriorizar, ¿no?
Las negativas. Solo las negativas. Creo que esto tiene sus deficiencias evidentes, pero también contrarresta un poco una tendencia actual a priorizarte, estar en tu herida, mostrarte vulnerable a toda costa, no sostener a las demás porque te estás sosteniendo locamente a ti misma. Hay un exceso de victimismo por cosas que no son tan graves. Esto viene de las redes sociales, ha habido un momento que a nivel marketing los influencers tenían que humanizarse, y entonces para humanizarse se tenían que mostrar vulnerables con cualquier cosa. Ha habido un exceso de imágenes de llantos y aspavientos por males que no eran tan graves que ha abierto la espita de “soy una víctima de absolutamente todo”.

Se puede hacer reír con el dolor en dosis exactas. En el libro he tenido que sostener mucho mi inercia hacia el humor porque a veces era poco sincera, y de eso la lectora se entera enseguida. 

Nerea, el libro a ratos contiene terror, pero un terror que a mí me hace gracia. ¿Se puede hacer reír con el dolor?
Sí, sí, se puede hacer reír con el dolor, pero no mucho. Se puede hacer reír con el dolor en dosis exactas. En el libro he tenido que sostener mucho mi inercia hacia el humor porque a veces era poco sincera, y de eso la lectora se entera enseguida. Cuando estás siendo poco sincera o estás disfrazando algo, la lectora se da cuenta enseguida. Y en mi caso, el acartonamiento siempre pasa por el humor. Trato siempre de sostener el drama, porque siempre me parece demasiado. En cambio, el humor pues no me parece demasiado, pero también a veces es demasiado. Entonces, ¿se puede hacer humor del dolor? Sí, siempre y cuando estés siendo sincera.

¿Cuál es el límite?
El límite es presentar una caricatura y que a otra persona le rebote y se sienta dañada. Yo podría hacer muchas caricaturas de mí misma ahora que soy coja, pero dependiendo del contexto estoy pensando en quién me está viendo. Y que si me está viendo una niña de 8 años que se acaba de quedar coja, igual ese chiste le cala de una manera que no es tan guay. Entonces, lo trato de controlar.

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Nerea Pérez de las Heras en la sede de Penguin Random House. Jaime Pérez Rivero

Siempre lo he sido, sí, yo soy muy consciente de la responsabilidad que tengo. Calculo cada palabra que digo y ahora muchísimo más porque estoy hablando mucho de anticapacitismo, que es una militancia que no he practicado. Yo acabo de llegar a la discapacidad, soy muy ignorante, soy muy torpe, desconozco muchas herramientas que otra gente con discapacidad tiene. Estoy haciendo un ejercicio de ventriloquía de otras situaciones y otras personas con más experiencia, y claro, tengo que tener mucho cuidado. Hay una persona con la que hablo con cierta regularidad que es Elena Prous, que me sirve de termómetro para saber cuándo la estoy cagando y eso es un regalo.

A mí nadie que me conozca se atreve a tratarme con condescendencia porque soy un poco folclórica, por lo que proyecto, por la edad que tengo… por muchas cosas.

¿Tú crees que sufres el capacitismo igual que otras discas?
No, ni de coña. A mí nadie que me conozca se atreve a tratarme con condescendencia porque soy un poco folclórica, por lo que proyecto, por la edad que tengo… por muchas cosas. Cuando no me conocen, sí me miran con condescendencia o con lástima, porque soy una chica con una pierna de hierro y ya está. Pero esa experiencia es muy distinta a la del resto, a otras discapacidades. 

Hay muchísima diversidad de discapacidades, algunas de ellas son invisibles. En todo ese espectro enorme que son las discapacidades, las enfermedades crónicas, las dependencias, los males psicológicos… yo diría que estoy en una posición muy privilegiada porque tengo un montón de recursos, de capital social, de capital afectivo, de ahorros, de trabajo y una posición muy cómoda. Pero precisamente porque tengo una posición cómoda recibo el foco y lo quiero utilizar para algo útil.

En el libro cuentas que la investigadora Rosemarie Garland-Thomson asegura que para que exista la normatividad tiene que haber gente no normativa. ¿Tú compartes esta visión?
Ella utiliza la normalidad como lo más extraño, lo menos naturalizable, lo más estrecho. Y yo digo en el libro que todo el mundo está caminando por una cuerda floja constantemente y se puede caer del lado de la normalidad o del lado de la disidencia por miles de razones distintas. El otro día escuché a Paul B. Preciado decir una cosa parecida, que todo el mundo está a dos centímetros de ser un monstruo. Lo que es súper frágil es la normalidad. Súper frágil y súper porosa. Y estamos en un momento con mucha obsesión por las identidades porque políticamente han sido útiles, pero tampoco pueden servir de trinchera. Tú las puedes utilizar políticamente para asociarte en un lugar o en otro, pero tienes que ser consciente de que son una cosa muy porosa y muy frágil.

Es una cosa muy porosa, pero a la vez yo creo que no hay que olvidar que existe una frontera entre lo normativo y lo no normativo, porque el mantra de que todas somos iguales más allá de nuestras capacidades puede invisibilizar las discriminaciones que suceden contra las mujeres discapacitadas, ¿no crees?
Sí, sí, totalmente, totalmente. Pero es que creo que esta idea de que todo el mundo está muy cerca de caer en la no normalidad puede limar las discriminaciones que sufren las mujeres discas.

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Nerea Pérez de las Heras durante su entrevista con El Salto. Jaime Pérez Rivero

¿Cuáles crees que son las principales discriminaciones que sufren las mujeres discas?
Todas las que sufren las mujeres, pero el doble. Están muchísimo más desprotegidas respecto a todos los problemas de clase, de patriarcado, de racismo. Es como si le subes el volumen a las opresiones y discriminaciones cotidianas de las mujeres, con todas las intersecciones. Si hay una discapacidad hay que subirle el volumen a saco porque te lo dispara todo. El nivel de indefensión de una mujer que sufre violencia de género cuando además tiene una discapacidad es inimaginable.

Y a veces incluso son invisibles en las políticas públicas.
Totalmente. Cuando cayó en mis manos el libro de Andrea Garcia Santesmases, El cuerpo deseado (Kaótica Libros, 2023), a través de lo teórico vi que no solamente la norma había expulsado a las mujeres con discapacidad, que las había expulsado el feminismo también, y que había una conversación pendiente, bastante incómoda de hecho. Es que el trabajo tiene que ser del feminismo, que va en constante movimiento. A mí el feminismo me ha interesado siempre precisamente porque incide en todas las luchas, porque es completamente transversal al antirracismo, al ecologismo, a todo. Y también debería serlo al anticapacitismo, y va un poquito por detrás, la verdad.

¿Qué piensas de estas feministas clásicas, que se autodenominan radicales, que dicen que se echa a las espaldas de las mujeres todas las luchas como si fuéramos responsables de todas
Que están equivocadas y que desaprovechan el potencial real del feminismo. El feminismo es como una torre de control que aglutina todas las preocupaciones de justicia social. Es que a mí, ¿de qué me va a servir un feminismo que no sea anticapitalista? ¿Qué soy yo, Ana Patricia Botín? ¿O que no sea ecologista? ¿O que no sea antirracista?. A mí me empezó a interesar el feminismo de jovencita porque desde ahí yo veía todo lo que me preocupaba y veía una manera de cambiarlo. Y me sigue interesando por eso. Y a las feministas clásicas las he leído y me han enseñado mucho en algún momento y ahora me interesan un poquito menos. Han sido mis maestras en lo teórico y en lo práctico estoy en otro sitio ahora mismo.

No a todas las mujeres se las oprime solo por ser mujer, ¿no?
Obviamente. Pregúntale a una hijabi feminista. Pregúntale quién la discrimina más y por qué. Y solo es una mujer religiosa, ya está. Pregúntale por qué lleva el hijab, porque a lo mejor es por conciencia decolonial y te ha dado 17 vueltas y tú estás ahí volcando un montón de prejuicios contra ella y se los estás volcando mucho más por llevar hijab que por ser una mujer.

Hay una cita de Jenny Odell que dice que no somos seres vivos, se nos mantiene vivos. ¿Por qué es importante tener esto presente?
Para no perder de vista que somos radicalmente interdependientes todo el mundo. Hasta Elon Musk es interdependiente, aunque sea interdependiente de sus trabajadores, de un montón de mano de obra y de un montón de consumidores. Es que ni ellos pueden escapar, no se puede, respiramos el mismo aire que contaminan los tecnomagnates.

Me gusta mucho donde sitúas el nacimiento de la civilización, en ese fémur roto y posteriormente sanado del que habló la antropóloga Margaret Mead.
Esto lo popularizó Christo Casas. Tenemos un montón de fantasías sobre lo que significa la civilización que son mentiras y que responden a una épica súper masculina. De la épica de los cuidados se hablaba en la pandemia, ya se nos ha olvidado, pero es que eso es la realidad, es esa. Lo que nos hace ser civilizados es mantener vivo a alguien que no sirve para nada durante un tiempo. Entonces venimos de ahí, es la auténtica civilización.

Este fémur viene de una cita de Margaret Mead que realizó sobre unas excavaciones arqueológicas, en una comunidad muy remota. Entre todas las vasijas encontradas destacaba un fémur cicatrizado. Este fémur era de una persona que durante un tiempo estuvo herida. El testimonio del fémur curado es la demostración de que en una comunidad humana hubo una persona que estuvo muy herida, a la que había que alimentar, transportar, que dependía de los demás, y que sobrevivió a esa lesión porque el resto de la comunidad se organizó para cuidarla. 

Es una respuesta muy evidente a los discursos manipulados que dicen que estamos programadas para la supervivencia del más fuerte, que si se nos deja sin rumbo y sin autoridad no somos capaces de autoorganizarnos. Eso es mentira. La inercia humana es organizarse para rescatar a tu vecina. Es lo que está pasando ahora mismo en Sol.

Aparte de que hay una movilización ciudadana y unas reivindicaciones, hay una ciudad efímera autoorganizada. La derecha está obsesionada con quién está detrás de esto, quién paga al Sindicato de Inquilinas. Hay que bajarles del guindo y decirles: “Chicos, es que estamos hechos para esto”.  

Preguntan al Sindicato de Inquilinas que cuándo van a disolver la acampada y su respuesta es que no depende de ellos, hay que preguntar a esas 3.000 personas que están ahí, que cada una es de su padre y de su madre. Que no hay liderazgo. Liderazgo hay en sus lógicas, pero en las nuestras hay motivaciones colectivas.

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La escritora y comunicadora Nerea Pérez de las Heras. Jaime Pérez Rivero

Nerea, tú alabas la sanidad pública, pero también tienes críticas. Más allá de la saturación y de la explotación laboral del personal, también cuestionas el lugar que ocupa el paciente en un proceso como el que has vivido tú, y qué autonomía y capacidad de decidir y de enterarse de lo que está pasando tiene. ¿Tenemos un problema ahí?
Tenemos un problema gordísimo. Creo que hay una falta de formación en el trato humano en algunos profesionales médicos. Todo es verdad a la vez. Es verdad que las listas de espera son una locura, que están precarizados, que son profesionales maltratados. Todo eso es verdad. Y también es verdad que los sanitarios y sanitarias son trabajadores normales, y como en todos los colectivos de trabajadores hay todo tipo de personas. No son angelitos vocacionales, es muy nociva esa idea, porque además como que les vacía de derechos laborales casi. Y hay de todo, claro.

El trato humano está este escudo rarísimo que se han puesto los médicos, las médicas y los cirujanos para no empatizar con los pacientes porque ven 600 pacientes al día, y entonces claro, ¿cómo van a empatizar con 600 personas? Pero es que esto nunca se dice de las enfermeras, por ejemplo, ni de las auxiliares (TCAE). Y en las auxiliares y en las enfermeras yo no he visto demasiado escudo. Es gente que le ha ofrecido a mi mujer su sofá para dormir, que me ha preguntado cómo estás hoy y que me ha dicho qué putadón, cariño.

Las enfermeras no tienen ese escudo, y eso que cobran menos, tienen un trabajo más inestable, pasan muchísimo más tiempo con cada paciente. Hay que ser un poco más como las enfermeras y como las auxiliares.

Se habla muy poco de las enfermeras y de las auxiliares, y pasan mucho tiempo con nosotros y a veces son tu única referencia. Están también muy vaciadas de autoridad médica y por su observación igual habría que escucharlas más. Está muy jerarquizado todo. 

Al final quien más cuida es quien está abajo.
Y a quien se le permite tener la barrera emocional es a quien está arriba. El cirujano puede ser cruel cuando te da malas noticias porque tiene que tener una barrera emocional, y esta señora que te está viendo llorar una hora y te está suministrando morfina no tiene que tener barrera emocional. 

Si una va a una manifestación en defensa de la sanidad pública, verá que la edad media es alta. ¿Por qué tenemos que salir todas a la calle para defender la sanidad, incluidas las jóvenes?
Hay que salir en masa a defender la sanidad pública. Es lo mejor que tenemos. Me están preguntando un montón en entrevistas: ¿tú te has dado cuenta del valor de la sanidad pública después de quedarte discapacitada? 

Y tú ya lo conocías de antes, ¿no?
Sí, por mis padres. Pero, aparte, ¿qué nivel de ceguera hay que tener para no enterarte de la conquista tan radical que significa, del escalón que existe entre sociedades que la tenemos y sociedades que no la tienen? ¿No estás viendo series estadounidenses todo el rato en las que una persona se arruina por un esguince o por parir en un hospital, o porque el seguro médico no le cubre los medicamentos para el VIH?. O sea, ¿de verdad que no lo ves?

A veces dan ganas, no ya de ir a las manifestaciones, es que hay que tirarse al suelo, hincarse de rodillas y dar gracias delante de los hospitales por tus amigos que pueden tomar la PrEP y por tus amigas que se pueden vacunar, y por los pediatras y por la medicina preventiva... Pues no me explico por qué no se echan a la calle. Francamente, no me lo explico.

Creo que la vivienda va a ser una palanca para que esto empiece. Las imágenes de las acampadas están sentando un archivo y una referencia para la movilización. Nos están quitando la sensación de impotencia. Esas imágenes son medicina contra la impotencia. El verlas es curativo, es necesario, y es futuro, y es horizonte, y es esperanza y alegría, y sensación de agencia, de que pueden cambiar las cosas. Una sensación de que se le puede torcer el brazo a quien parecía que no se le podía torcer. Entonces esto va a tener un efecto dominó.

En los agradecimientos me doy las gracias a mí misma, y no es por estar superando un dolor constante, o por hacer una vida lo más placentera posible con un trozo menos. Es por haber escrito el libro, que ha sido de verdad, francamente un logro, por todos los curros que tenía.

¿Y tu libro está escrito como medicina para ti o para el resto?
Para el resto. Mi libro no está escrito como medicina para mí, porque escribir un libro es lo contrario, es muy difícil. Yo este libro lo he escrito sacando adelante cinco curros distintos. Estaba colaborando en El Intermedio, colaborando en un programa de La 2, haciendo el podcast Saldremos Mejores, haciendo Lo Normal en Cadena Ser, haciendo No está el Horno para Bollos, en RNE, haciendo alguna cosilla de publi… A veces cerraba los documentos del libro y abría el documento de Saldremos Mejores, o abría el documento de Lo Normal y seguía currando, porque la vida de discapacitada es cara y porque tengo que trabajar. Yo no puedo elegir tener menos exposición. A veces me dicen que me ven en todas partes, pues en todas las partes donde cobro. Yo no me puedo hacer la misteriosa porque tengo que currar y porque soy autónoma. Entonces este libro ha sido la antimedicina, me ha provocado muchos dolores físicos y mentales.

En los agradecimientos me doy las gracias a mí misma, y no es por estar superando un dolor constante, o por hacer una vida lo más placentera posible con un trozo menos. Es por haber escrito el libro, que ha sido de verdad, francamente un logro, por todos los curros que tenía. Y el impacto que está teniendo en los demás, por lo que me están diciendo, sí que está siendo curativo en lo político. Me están diciendo dos cosas que juntas me gustan mucho, que es es un libro muy político y que la persona ha salido con muy buen sabor de boca. Esas dos cosas juntas, que salgas con buen sabor de boca de algo que es muy político, me da muy buenas sensaciones.

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