Fronteras
Huyendo de la violencia para quedar atrapados en las calles de Melilla

Al menos 14 personas se encuentran en la calle desde el 27 de febrero porque el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en Melilla les niega el acceso a pesar de haber obtenido una cita previa de asilo.
Solicitantes de asilo en Melilla
Solicitantes de asilo procedentes de Malí se calientan delante de un fuego a las afueras del CETI de Melilla el 24 de febrero. Hanna Jarzabek

Para muchas de las personas que huyen de la guerra, la violencia y otro tipo de persecuciones o malos tratos, Europa, a pesar de todo, sigue siendo la mejor alternativa. El recorrido hasta aquí es duro y, en general, saben que a su llegada les espera un largo y complicado proceso administrativo. Aun así, realizan este esfuerzo porque, como dice uno de los migrantes: “Comparado con lo que pasa en mi país, merece la pena”.

Para lo que no están preparados es para encontrarse en la calle y completamente a la deriva una vez que expresan su voluntad de pedir asilo. Es el caso de personas procedentes de Malí, Venezuela y otros países latinoamericanos, a quienes, desde el 27 de febrero, el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en Melilla les niega el acceso a pesar de haber obtenido una cita previa de asilo.

Flora (nombre ficticio) huyó junto a su pareja de la persecución y la violencia en Venezuela. Vinieron a Melilla porque les dijeron que allí se conseguían las citas de asilo más rápidamente que en la península, donde el sistema lleva meses colapsado. Cuando el 27 de febrero la pareja obtuvo por fin su cita online para una entrevista el 15 de abril en Melilla, enseguida tomaron el ferry. Llegaron al día siguiente a las 6 de la mañana, pero en las puertas del CETI les negaron la entrada.

“Me dijeron que lo que necesitan es un documento de manifestación de voluntad de pedir asilo”, apunta Flora. Ella les explicó que acababa de obtener online su cita de asilo, pero le respondieron que eso no vale y que tenía que hablar con la policía. “Fuimos varios, porque había otras personas en la misma situación, y el director de la policía salió y nos dijo que, para ellos, el papel impreso que confirma la cita online ya es una manifestación de voluntad y que no nos darían otro documento hasta que pasáramos la entrevista. Volvimos con ese impreso al CETI y, aun así, nos negaron la entrada. Tenemos que esperar hasta el 15 de abril para hacer la entrevista, pero mientras tanto, ¿dónde dormimos? No tenemos familia ni en Melilla ni en la península, no tenemos quien nos reciba y tampoco podemos pagar un hospedaje de 45 días. Estamos en la calle y, cuando sacamos la cita, no fuimos notificados de que esto sería así. Todo lo contrario”, recuerda.

Valla de Melilla
La valla de Melilla, reforzada después de la última tragedia del 24 de junio de 2022. Hanna Jarzabek

Entre el jueves 27 de febrero y el domingo 2 de marzo, nueve personas se encontraban en la misma situación a las puertas del CETI. El lunes 3 de marzo, la cifra aumentó a 14 (incluyendo cuatro mujeres) y, según organizaciones locales como Mec De La Rue y Geumdodou, existe un riesgo real de que esta cifra aumente.

“Lo peor de todo es que no pueden regresar a la península y se arriesgan a estar en la calle varios meses”, explican desde la asociación Mec De La Rue

“Lo peor de todo es que no pueden regresar a la península y se arriesgan a estar en la calle varios meses”, explica Maite, de la asociación Mec De La Rue. Según ella, ahora mismo estas personas están atrapadas: “Pudieron entrar, pero no pueden salir. Melilla no se considera parte del espacio Schengen, así que, cuando sales, tienes que cruzar la frontera por el aeropuerto o el puerto, y para eso necesitas papeles. Para obtener el documento que permite moverse dentro del espacio Schengen, primero debes pasar una entrevista y luego esperar un mes y un día para poder salir hacia la península. Entonces, aunque ya tengan una cita, de momento se han quedado aquí encerrados hasta que obtengan un documento que les permita salir. Duermen en condiciones de inseguridad, a la intemperie, sin poder asearse y hay mujeres entre ellos. Es terrible”.

Ante la emergencia, las dos asociaciones han organizado tiendas de campaña para, al menos, proteger a los migrantes del frío y la lluvia. También les proporcionan comida y agua, pero, de momento, son los únicos que se han involucrado directamente. “No me esperaba esto —explica Dialo (nombre ficticio), quien llegó de Malí huyendo de los yihadistas—, la policía nos dice una cosa, en el CETI nos dicen lo contrario. Están jugando con nosotros como si fuéramos una pelota, y mientras tanto, estamos aquí durmiendo en la calle. Necesitamos una solución, en esta situación no estamos tranquilos. Es duro tener que pasar por esto, cuando piensas que has llegado a un país donde, por fin, deberías sentirte seguro y protegido de la violencia”.

Las dos asociaciones también intentan llamar la atención sobre lo que consideran un total abandono por parte de las instituciones. Y es que, incluso averiguar quién es responsable de esta situación y quién podría tomar decisiones o aportar ayuda, requiere un esfuerzo considerable.

La Cruz Roja en Melilla, contactada por teléfono el lunes a las 11 de la mañana (cuatro días después de que a las primeras personas les fuera denegado el acceso al CETI), inicialmente afirmó no estar al tanto de la situación. Más tarde, tras consultar con el director de intervención social, el gabinete de prensa local aclaró que, al encontrarse en la calle, estas personas dependen de los Servicios Sociales de la Ciudad Autónoma, como cualquier persona en situación de sinhogarismo. Por lo tanto, la organización podría actuar únicamente si los Servicios Sociales solicitan la intervención de Cruz Roja. Sin esta petición previa, según explica la organización, no pueden hacer nada ni ejercer presión, ya que el primer paso debe darlo la Ciudad Autónoma.

Hasta la fecha de entrega de este artículo, el gobierno de la Ciudad Autónoma no ha respondido a las preguntas enviadas por correo electrónico sobre el caso. Los intentos de contacto telefónico también resultaron infructuosos, ya que, al mencionar la palabra “migrante”, el gabinete de comunicación interrumpió la llamada.

Tampoco ha respondido la Delegada del Gobierno en Melilla, quien, según su responsable de prensa, no tiene autoridad en este asunto, ya que el CETI depende del Ministerio de Inclusión. A la pregunta de si, como Delegada, prevé reportar el caso a Madrid o emprender cualquier tipo de acción en este sentido, tampoco hemos recibido respuesta. De la misma manera, guardan silencio el director del CETI y el Ministerio de Inclusión, del que depende el centro.

Según explican las asociaciones, el problema surgió con el cambio del sistema para pedir cita, que pasó de ser presencial a gestionarse de manera online

Según explican las asociaciones, el problema surgió con el cambio del sistema para pedir cita, que pasó de ser presencial a gestionarse de manera online. Parece que este cambio se realizó sin notificar a todas las instancias implicadas en el proceso, en una clara falta de coordinación.

El mismo fin de semana, el Ministerio de Inclusión comenzó a implementar en el CETI sesiones de formación sobre la Violencia de Género. Estas sesiones son impartidas por la Unidad de Coordinación contra la Violencia sobre la Mujer de la Delegación del Gobierno en Melilla a unos 70 hombres migrantes alojados en el CETI. Mientras dentro del centro se explica a los migrantes masculinos los recursos y servicios disponibles en materia de violencia de género, en la puerta, las mujeres solicitantes de asilo, que probablemente huyen de situaciones de violencia en sus países de origen, ven denegado su acceso y se ven obligadas a dormir en la calle.

“Me hubiese gustado saber más, haber sido notificada de cómo es el proceso aquí y que había este riesgo —dice Flora—. Si me hubiese enterado en el camino, me retiro, vamos, no vengo. Pero que me pinten una nueva esperanza y en realidad me dejen a la deriva, pues me siento muy mal. Yo sé que no puedo exigir acá nada, porque soy extranjera, pero solamente pido que me den dónde dormir por lo menos este mes, hasta que tenga un papel, y luego me retiro del centro si así lo desean. Solamente quiero una oportunidad para poder construir mi vida normal”.

Este artículo ha sido desarrollado con el apoyo de Journalismfund Europe.
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