Opinión
La huelga general, semilla de poder popular

La movilización del día 11 que culminará la jornada de huelga es una buena ocasión para combinar la máxima unidad con una posición política independiente que marque un camino propio no subordinado al progresismo.

Es militante de Anticapitalistas.

6 nov 2026 05:58

Se dan ocasiones puntuales en las que acontecimientos muy específicos catalizan situaciones que antes parecían prácticamente imposibles. Cuando se dan estos saltos en la movilización, se facilita al máximo la incorporación y participación de amplios sectores sociales. Una oportunidad única para aprender de un tipo de política propia, en torno al conflicto a partir del hacer en primera persona del plural.

Esta ocasión está ya sobre la mesa con la primera huelga general en 12 años. Comienzan así estos días a delinearse las distintas orientaciones que atraviesan al conjunto del movimiento. Unos aparatos sindicales tremendamente anquilosados, abren la posibilidad para que sean los movimientos sociales y la izquierda militante y revolucionaria quienes pueden incidir en un sector amplio de la clase trabajadora.

En estas líneas defenderemos como nuestra apuesta se basa en dotar de autonomía e independencia al proceso huelguístico. Para lo cual creemos imprescindibles dos condiciones: un programa que dé continuidad al movimiento de estas semanas y el liderazgo de sectores políticos no comprometidos con el gobiernismo.

¿CCOO y UGT, oportunidad y oportunismo?

La primera gran novedad del momento que vivimos es que las grandes centrales sindicales deciden sumarse a una convocatoria de huelga general. Está claro que la decisión no parte de su propia iniciativa, sino que responde a la concatenación de distintos factores que han llevado a los dos grandes sindicatos a sumarse al proceso de huelga general. Lo cual supone en sí mismo un avance más que considerable.

¿Qué nos ha llevado hasta aquí?

En primer lugar conviene no ser ingenuos a la hora de analizar el camino de estas semanas. La aparición contingente de un momento políticamente inesperado como la negativa de Junts a aprobar el primer real decreto del gobierno, desemboca en una convocatoria electoral precipitada. La estrategia del gobierno pasaba por integrar una versión rebajada de las reivindicaciones del movimiento, a través de la aprobación del primero de los reales decretos presentados. Un intento de recomposición del PSOE y el progresismo ante un movimiento que apunta claramente a su responsabilidad.

Una situación que hubiera sido imposible de alcanzar sin la orientación correcta del movimiento que han llevado a cabo los Sindicatos de Inquilinas, organizados en la Confederación de Sindicatos de Inquilinas (CSI). Identificando correctamente cada momento como un hito sobre el que ir escalando el conflicto desde una perspectiva política de masas. Hasta hacer extensible la consigna de huelga general, coreada por miles de voces en movilizaciones, plazas y acampadas. Este sería el segundo factor en liza.


En tercer lugar. Las direcciones de CCOO y UGT son plenamente conscientes de que el más que previsible gobierno de la derecha y la extrema derecha lanzará una ofensiva dura contra los sindicatos y el mundo del trabajo. Ataque directo a las aportaciones de fondos públicos, pensiones, derechos sindicales y una más que previsible reforma laboral. Un movimiento como el actual vehiculado por la situación de la vivienda, que aglutina un amplio apoyo popular, constituye una ocasión ideal para que las grandes centrales recuperen legitimidad como agentes activos en la defensa de la clase trabajadora frente a un futuro gobierno de derechas reaccionario.

En definitiva, es indudable que las direcciones burocratizadas de CCOO y UGT buscan reubicarse tras años actuando de extensión del Ministerio de Trabajo. Una situación que comenzaba a rozar una fuerte contradicción. Donde cada vez era más difícil seguir actuando como sostén de la estrategia de conciliación de clases que viene delineando desde hace años el gobernismo: a la par que las condiciones de vida de la clase trabajadora sufren una creciente degradación conforme los beneficios empresariales crecen exponencialmente.

De lo que estamos en contra es de aceptar como positivo a quienes ven en una situación como la actual únicamente como un momento más de crecimiento de su propia organización

Llegados a este punto es evidente que sobre el movimiento se abre un momento de disputa. A nadie se le debería escapar que las direcciones de los grandes sindicatos buscan con esta huelga general dar apoyo al progresismo que encara una convocatoria electoral en una situación esclerótica. Sin embargo, y esto es súmamente importante debemos asumir correr este riesgo, pues es la condición necesaria para poder ser quienes a través de una experiencia popular, democrática y sostenida sobre el conflicto colectivo, como el que esperamos construir estas semanas, arrastrar y hacer ver a las bases de sindicatos y del conjunto de la izquierda que existen otros métodos a través de los cuales alcanzar conquistas que el progresismo hoy es incapaz de garantizar. Así como un horizonte político más allá de la gestión amable de las migajas de un capitalismo en crisis. Es a través de experiencias concretas compartidas como esta, a partir de la práctica concreta y cotidiana como mejor podemos acercar hacia el proyecto revolucionario a amplios sectores sociales.

Las tentaciones autorreferenciales y los riesgos del etapismo

Gracias a los acontecimientos de estas semanas una nueva capa social busca nuevas referencias organizativas y políticas animada por el estallido social que estamos viviendo. La izquierda progresista no tiene ningún tipo de presencia real en los núcleos políticos donde se dirime el desarrollo del movimiento y carece de la legitimidad para ser quien recoja este proceso. Esta afirmación no es contradictoria con el intento evidente del progresismo para tratar de representar electoralmente dos semanas después al movimiento en las elecciones generales.

A pesar de lo cual, existe también el riesgo contrario, dejarse llevar por la euforia y caer en la tentación de pensar un acontecimiento excepcional como la huelga general como un momento más en el proceso lineal de acumulación de fuerzas. Una reacción inmediata que responde a una concepción netamente gradualista de la política, donde cada paso es simplemente la sucesión del anterior en el largo camino de la acumulación militante. Poniendo por delante la construcción propia, de tu organización política o sindicato, por delante de la necesidad imperiosa de reconstruir experiencias y espacios del conjunto del movimiento obrero.

Esto nada tiene que ver con despreciar la organización consciente de sectores militantes y activistas, no sólo porque quien escribe forma parte de una de las organizaciones que construye la huelga. Sino porque es indudable, y el reconocimiento es amplio, de que hoy no estaríamos aquí sin el trabajo paciente de años de trabajo del movimiento de vivienda. La construcción de la experiencia del Sindicato de Inquilinas como un sindicalismo capaz de asentar una base de activistas estables, asentado sobre luchas colectivas amplias y una estructura de varios miles de afiliados, permite llegar en condiciones a encarar momentos como el que vivimos.

De lo que estamos en contra es de aceptar como positivo a quienes ven en una situación como la actual únicamente como un momento más de crecimiento de su propia organización. Denotan en última instancia que dan por perdida una ocasión como la que se nos plantea de construir una huelga general. Asumen en última instancia el mismo miedo de las burocracias sindicales: delimitar y separar campos, no mezclarse con la conciencia reformista que inunda a la mayoría de la clase trabajadora. Dan por perdida que exista la posibilidad de convencer y atraer a nuestro campo a grandes sectores sociales.

En este sentido ya podemos adelantar algunos aprendizajes de esta experiencia, igual de arriesgado es buscar encarar una lucha para la que no se está preparado, como decidir retirarse preventivamente ante una lucha no planificada. Las movilizaciones vividas tras el desahucio de Maricarmen reflejan perfectamente cómo a través de la movilización varios miles de personas se incorporan a la organización. Es decir, la organización es una herramienta para la disputa, pero también un resultado de esta. 

¿A qué nos referimos con poder popular?

De esta militancia, concretamente de la voz de sus portavoces, hace tiempo que la consigna de “poder popular” se viene escuchando en platós y medios de comunicación, una consigna que viene siendo impulsada por distintas organizaciones. Una explicación sencilla sería que el poder popular es un poder de clase no subordinado al gobierno y autónomo del Estado. Que nace de la iniciativa de la clase trabajadora, buscando así reafirmar su papel social y activar las palancas para hacerlo efectivo.

Su uso ha sido diverso histórica y geográficamente. Pero seguramente la referencia más cercana que tengamos la podemos situar en el Chile de Salvador Allende. Poder popular refería en este caso a las estructuras sociales que la clase trabajadoras y campesinos de Chile construyen como formas de poder propio allí donde sectores concretos se autorganizaban para impulsar e implementar sus propias exigencias. Su papel fue sumamente relevante durante toda la experiencia chilena conforme avanzaba la Unidad Popular, por ello mismo también convivieron interesantes contradicciones.

Su función política era pues ofensiva en algunos casos, capaz de no “pedir” al gobierno, sino de exigir sus propias demandas e imponerlas cuando el Estado no era capaz de implementarlas. El sector mirista (MIR) buscaba avanzar en la construcción del poder popular como una forma de oposición en unas ocasiones al propio gobierno de Allende, cuando se consideraba que este no iba tan lejos como era necesario, y de lucha frontal contra la burguesía.

Sembrar poder popular para una política defensiva

La fase política que hemos vivido estas semanas es una gran noticia, pero no convendría autoengañarnos, la relación de fuerzas sigue siendo tremendamente favorable para la derecha y el conjunto de la ola reaccionaria. 

Es por ello, que ante la previsible victoria de la derecha y la ofensiva que lanzarán contra el conjunto de la clase trabajadora, comenzando por los sectores migrantes y racializados, nos obliga a pensar de qué manera la fuerza de estas semanas puede articular un parapeto defensivo para lo que vendrá. 

El progresismo ha vinculado su existencia política, y moral en algunos casos, a su presencia en el Gobierno. Su pírrico resultado electoral será solamente la antesala de su futura bancarrota. Con lo que no nos queda más que confiar en nuestras propias fuerzas para liderar este proceso de lucha contra un futuro gobierno PP - Vox. Los comités populares que se han levantado en decenas de barrios y ciudades, pueden impulsar desde los barrios y centros de trabajo esta necesaria fase defensiva en la que entraremos. Esto es posible en base a tres elementos:

Uno, el carácter plural de estos comités es la primera condición indispensable para su desarrollo. Puede parecer una cuestión evidente, pero los comités de huelga por definición son espacios de democracia directa y las asambleas de debate colectivo donde se encuentran estudiantes, trabajadoras y vecinas de un lugar determinado. Por dejarlo claro, son órganos políticos populares, no la extensión de ninguna organización partidaria. 

En segundo lugar, debemos trabajar por dotarlos de acción, centrando su actividad en la agitación en torno a la huelga, haciéndola extensible y aprovechando para entrar en contacto con los más golpeados, la clase trabajadora de origen migrante y racializada. 

En tercer lugar, aspirar a organizarse de manera efectiva con trabajadoras y trabajadores del territorio, combinando la huelga vecinal en el campo de la reproducción y en los sectores productivos. 

La necesaria combinación del papel político de los comités y su conexión democrática es la mejor vacuna contra los intentos de hacer de esta huelga general el disparadero de la campaña electoral

Estos tres elementos, sumados al desarrollo programático que viene empujando al movimiento: alquileres indefinidos, rebaja del 50% de los alquileres, expropiación de vivienda vacía y en manos de fondos y bancos, así como la vinculación entre salarios y precios de la vivienda, sumado a las demandas de aumento de pensiones y salarios, genera las condiciones para el desarrollo de un sector social independiente de los chantajes del progresismo.

Estos comités no se desarrollarán en el vacío, sino que deben conectarse con experiencias de lucha plenamente activas ya en Madrid. La huelga indefinida iniciada por el profesorado, la huelga que sostienen las trabajadoras de educación infantil, el movimiento feminista y el movimiento de solidaridad con Palestina, así como el movimiento de sanidad.

La necesaria combinación del papel político de los comités las próximas semanas y su conexión democrática es la mejor vacuna contra los intentos de hacer de esta huelga general el disparadero de la campaña electoral. La movilización del día 11 que culminará la jornada de huelga es una buena ocasión para mostrar esta orientación: combinar la máxima unidad con una posición política independiente que marque un camino propio no subordinado al progresismo. Estableciendo así un marco político que continúe situando a las burocracias sindicales a rebufo y determinando claramente una política frontal contra los gobiernos de la derecha y delimitando también con los gobiernos progresistas como cómplices del rentismo y del negocio de la vivienda.

Si atendemos bien, tenemos ante nosotros una basta red conformada por movimientos, sindicatos combativos, organizaciones políticas extraparlamentarias y comités populares que pueden suponer un salto no visto en la gran urbe madrileña en décadas. Una potencia inaudita para golpear el 11 de noviembre y lo que venga después.

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