Opinión
Carta abierta a mis compañeras de Mercadona

Una trabajadora de los supermercados de Juan Roig reflexiona en voz alta sobre la presión a la que se van a ver sometidas para no ir a la huelga.
Mercadona Arroyofresno - 1
Mercadona es uno de los supermercados en los que la actividad sindical es más difícil. David F. Sabadell
21 oct 2026 06:00

La presión popular de quienes llevan varias semanas en las calles defendiendo el derecho a una vivienda digna consiguió que los sindicatos mayoritarios respaldaran una huelga general que ya era un clamor en muchos espacios políticos y sociales, también en nuestras tiendas.

En las próximas semanas escucharemos a nuestros coordinadores de planta hablar de modelo, de salario competitivo o de huelga política, tratando de presentar el conflicto como algo ajeno a nuestra realidad laboral. Y a muchas os convencerán.

En las zonas donde la vivienda está más tensionada, esos salarios no garantizan una vivienda digna. Allí también trabajamos, pero muchas veces no podemos vivir.

Nos hablarán de salarios competitivos. Y es cierto que pueden serlo para buena parte del territorio nacional. Pero en las zonas donde la vivienda está más tensionada, esos salarios no garantizan una vivienda digna. Allí también trabajamos, pero muchas veces no podemos vivir. Eso nos obliga a desplazarnos cada vez más lejos y a dedicar más tiempo y dinero a llegar a nuestro puesto de trabajo, buscando una zona donde nuestro salario nos permita respirar.

Solo hay que mirar la realidad de nuestras compañeras para comprobar que existe una falta de “equidad”, por utilizar su propio lenguaje, dependiendo de dónde nos toque trabajar y, sobre todo, de dónde podamos permitirnos vivir.

Aun así, quizá nos digan que entendemos el problema en algunas ciudades, pero que no es nuestra realidad. Nuevamente podríamos hacernos las ciegas y no querer ver cómo el problema de la vivienda se extiende cada vez a más territorios; cómo aumenta el precio de la cesta de la compra; cómo cada vez cuesta más desplazarnos hasta el trabajo por el precio del combustible; o cómo nuestros salarios pierden capacidad de compra frente al aumento del coste de la vida que es mayor al IPC.

Pero si todos estos motivos no fueran suficientes para entender por qué debemos solidarizarnos con quienes trabajan y, aun así, no pueden permitirse una vivienda, podemos mirar dentro de nuestras propias tiendas.

En algunas tiendas incluso hemos escuchado a compañeras decir: “No queremos más salario, queremos que se contrate más”

Sabemos hacia dónde se dirige nuestra realidad laboral: mayor presión psicológica y laboral, incremento de la productividad con menos contratación, falta de estabilidad, despidos, contratación a tiempo parcial y contratos fijos discontinuos.En algunas tiendas incluso hemos escuchado a compañeras decir: “No queremos más salario, queremos que se contrate más”.

Esos contratos parciales y fijos discontinuos no garantizan ingresos estables ni facilitan el acceso a una vivienda digna. Al mismo tiempo, son precisamente algunas de esas formas de contratación las que se utilizan para intentar sostener plantillas insuficientes y una carga de trabajo que cada vez pesa más sobre quienes permanecemos en las tiendas.

Por eso, la huelga por los alquileres, por la vivienda y por los salarios también es una huelga laboral. También debe serlo en Mercadona

Podríamos seguir haciéndonos las ciegas mientras cada mes nos enseñan las cifras de beneficios y, al mismo tiempo, nuestra clase, nuestras compañeras y nosotras mismas tenemos cada vez más dificultades para llegar a fin de mes. 

Por eso, la huelga por los alquileres, por la vivienda y por los salarios también es una huelga laboral. También debe serlo en Mercadona. Porque cuando no podemos pagar una vivienda con nuestro salario, cuando tenemos que vivir cada vez más lejos de nuestro trabajo, cuando necesitamos trabajar más horas para llegar a fin de mes y cuando nuestras condiciones laborales se deterioran, el problema también está dentro de nuestras tiendas.

Dejemos de hacernos las ciegas.

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