Opinión
Pasar la factura de los incendios

¿No deberían las empresas de combustibles fósiles, cuya rentabilidad es excesiva y cuyos productos han contribuido de manera sustancial a generar esos costes, asumir una mayor parte de la carga de sufragarlos?
Acción Repsol feria

Coordinadora de campañas globales de 350.org

30 jul 2026 11:49

El sábado por la mañana me evacuaron de mi casa de Burdeos, en el suroeste de Francia. El cielo estaba negro, el aire estaba cargado de ceniza y a mi alrededor la gente recogía algunas cosas antes de montarse en sus coches. Huían de las zonas residenciales y de la costa, llevando lo poco que podían, con el rostro marcado por ese miedo tan particular de no saber si habría un hogar al que volver.

Soy hija de esta región. Como hija de refugiados de guerra, ni del todo francesa, ni del todo argelina, pero totalmente arraigada en esta tierra, descubrí mi identidad aquí, entre los pinos de las Landas y las largas playas amarillas de la Gironda. En las excursiones escolares con mi colegio público, aprendí a nombrar los árboles, a interpretar el ecosistema, a amarlo. Nuestras identidades regionales, que hoy luchan por sobrevivir en Francia, son inseparables de estas hectáreas de bosque, de estos lagos, de esta agua. Corren por nuestras venas y nos unen a nuestra tierra con más firmeza que cualquier bandera o pasaporte. La fortaleza de nuestros mayores y su generosidad se forjaron entre los viñedos de nuestro hermoso suroeste, la misma tierra donde nacieron nuestro sentido de pertenencia, nuestros mitos y nuestras leyendas y donde ahora nuestros arroyos se están secando.

¿Cómo no voy a sentir rabia?

Mientras escribo estas líneas, solo en la región de Gironda se ha evacuado a más de 220.000 personas, y las autoridades regionales afirman que al menos 240 viviendas han quedado destruidas. Muchos de nuestros hermanos, tíos y padres se han sumado a las filas de los bomberos y los agricultores que se enfrentan a las llamas que devoran nuestra tierra y, con ella, nuestros recuerdos.

En España, Repsol ha obtenido unos beneficios que superan los 2.200 millones en el primer semetre, casi cuatro veces más que el año pasado

Y no se trata de un mal verano aislado. Según la OMS Europa, los incendios forestales destruyeron 2,2 millones de hectáreas en toda la región solo en 2025, frente a los 1,4 millones de hectáreas de 2022, una trayectoria que sigue con sombría precisión el aumento de las temperaturas globales

Ahora compara eso con otra cifra: mientras mi comunidad respira humo y ve arder sus bosques, TotalEnergies acaba de anunciar unos beneficios de 11.200 millones de dólares en seis meses. Se trata de un aumento del 72% en los ingresos netos, impulsado por el alza de los precios del petróleo durante la guerra en Irán. Solo en el segundo trimestre de 2026, la empresa declaró unos ingresos netos ajustados de 6.030 millones de dólares, un 68 % más que en el mismo periodo del año anterior, impulsados en gran medida por unos márgenes de refino más elevados. No es solo el caso de Francia- Tan sólo algunos kilómetros al sur de mi región, los incendios están asolando comunidades en España. Allí, su principal petrolera, Repsol, ha obtenido unos beneficios que superan los 2.200 millones en el primer semetre, casi cuatro veces más que el año pasado debido a las tensiones en los mercados energéticos tras el cierre del estrecho de Ormuz. Lee esas cifras de nuevo y después observa a una familia de pie entre las cenizas de su casa.

A nuestra región se le deja cargar con el enorme coste de combatir estos incendios y ayudar a la gente a reconstruir sus vidas, mientras los gobiernos siguen subvencionando precisamente a las empresas de combustibles fósiles que están provocando la crisis

Mi pueblo y las comunidades de todo el mundo estamos pagando el precio de la inacción de nuestros gobiernos. Estamos perdiendo nuestros hogares, nuestros recuerdos, nuestras comunidades. Nuestras vidas y nuestro futuro se están convirtiendo en cenizas. Y aquí radica la crueldad de esta catástrofe: a nuestra región se le deja cargar con el enorme coste de combatir estos incendios y ayudar a la gente a reconstruir sus vidas, mientras los gobiernos siguen subvencionando precisamente a las empresas de combustibles fósiles que están provocando la crisis.

Nada de esto era inevitable. Estos incendios se han vuelto más probables, más frecuentes y más feroces debido al calentamiento global, causado en gran medida por la quema de combustibles fósiles. ¿Cuántos hogares se podrían haber salvado, cuántas vidas se podrían haber evitado, si nuestros gobiernos hubieran optado por hacer frente a la crisis climática con la rapidez y la envergadura que exige la ciencia, en lugar de recortar los presupuestos climáticos año tras año mientras se disparan los beneficios de los gigantes de los combustibles fósiles?

El jueves 23 de julio, el día antes de que me evacuaran, TotalEnergies anunció beneficios por valor de miles de millones

Se trata de una situación que evoluciona rápidamente, y no sé cómo serán las próximas semanas o incluso las próximas horas. Las cifras anteriores seguirán cambiando a medida que los incendios sigan ardiendo y se completen las evaluaciones exhaustivas de los daños. Pero la tendencia no ofrece dudas, y tampoco la responsabilidad. El jueves 23 de julio, el día antes de que me evacuaran, TotalEnergies anunció beneficios por valor de miles de millones.

Estos acontecimientos pueden parecer inconexos, pero reflejan un cambio más amplio en la opinión pública: si las sociedades están pagando un precio cada vez más alto a medida que se calienta nuestro clima, ¿no deberían las empresas de combustibles fósiles, cuya rentabilidad es excesiva y cuyos productos han contribuido de manera sustancial a generar esos costes, asumir una mayor parte de la carga de sufragarlos?

No se debería permitir que las empresas que llevan más de cincuenta años financiando la inacción climática sigan pasándonos la factura de los incendios que ellas mismas han ayudado a provocar

Ya es hora de que los gobiernos obliguen a las empresas de combustibles fósiles a pagar por los daños de los que se benefician. Esto implica un impuesto permanente y más elevado sobre los combustibles fósiles, así como un impuesto por daños climáticos sobre los beneficios del petróleo y el gas y que los fondos recaudados se destinen a la respuesta de emergencia, a la recuperación y a la resiliencia a largo plazo de las comunidades que se encuentran en primera línea de esta crisis.

No se debería permitir que las empresas que llevan más de cincuenta años financiando la inacción climática sigan pasándonos la factura de los incendios que ellas mismas han ayudado a provocar. Pienso en los mayores que me enseñaron a conocer estos bosques. Pienso en los niños que, en sus excursiones escolares, aprenden los nombres de esos mismos árboles, árboles que quizá ya no estén en pie cuando tengan mi edad. La elección que tenemos ante nosotros no es abstracta, ni lejana. Está escrita en el cielo negro que cubre Burdeos esta semana.

Nuestra tierra no es una zona de sacrificio. Que paguen los contaminadores.

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