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Antiespecismo
Entender que el ser humano solo es una especie más en el Antropoceno

Cada criatura percibe el mundo a su manera, a partir de sus sentidos y a partir de la cultura y los conocimientos que adquiere y que le son transferidos por sus semejantes. Sin embargo, los seres humanos vivimos condicionados por nuestra omnipresencia. A lo largo de nuestra vida ¿con qué otras especies animales nos cruzamos?
En la mayoría de casos, podemos llegar a convivir con perros y/o gatos cuyas vidas dependen de nosotros/as. Sin embargo, nuestro contacto directo con otras especies de animales es muy limitado y hemos dejado de sentir su presencia voluntaria o involuntariamente. Es decir, sus vidas han dejado de importarnos. No conocemos ni la mitad de especies de aves que vuelan discretas a nuestro alrededor. Incluso detestamos y despreciamos la vida de algunas, como las palomas en las ciudades que habitamos.
Fuera de las ciudades, en bosques, montes y praderas tenemos más posibilidades de tener algún encuentro con otros animales salvajes. Pero ¿qué tipo de relación tenemos con ellos? En la mayoría de casos, mostramos agresividad o dominación o ambas cosas. O bien cazamos o bien criamos animales negándoles su individualidad y eludiendo el valor inherente de sus vidas.
Es decir, nos hemos creído que, por alguna razón, los cuerpos de los demás animales nos pertenecen y podemos disponer de ellos cuando nos sea conveniente. Hemos dejado de verlos como seres vivos conscientes como nosotros/as. Es como si nos negásemos a ver lo mucho que nos parecemos a ellos, individuos que tienen sus propios intereses y el deseo de vivir sus vidas.
Asilvestrar nuestra mirada
Somos tan violentos con ellos que, según un estudio reciente, somos el animal más temido por el resto de animales, por delante de un depredador como el león. Es comprensible que todos los animales salvajes huyan y se escondan del ser humano. Encontrar y mirar a los demás animales que aún viven en libertad se ha vuelto difícil y problemático. Las personas que los buscan para observarlos, comprenderlos y proponer otra relación con ellos deben vigilar sus pasos para no ponerlos en peligro. Podrían ser localizados por quienes están dispuestos a acabar con sus vidas por sadismo o por intereses propios.
El largometraje Salvaxe, salvaxe, dirigido por Emilio Fonseca, se aleja del formato clásico de un documental para mostrarnos el mundo que habitamos y reconfiguramos a nuestro antojo. Mientras acompañamos a un grupo de personas en busca de lobos con el objetivo de estudiarlos, recorremos un camino de reflexiones compartidas acerca de nuestra manera de relacionarnos con el medio y con los animales salvajes.
Salvaxe, salvaxe busca resignificar las imágenes de la naturaleza y cuestionar la relación entre humanos y no humanos. En palabras de la productora, Xiana do Teixeiro, “señalamos que el entorno no es un escenario paradisíaco ni es un espectáculo estético: hay deseo, hay dolor, hay intimidad, cuidados, relaciones y también, de manera especialmente violenta, persecución, asedio y exterminio por parte de humanos.”
A partir de otras miradas aprendemos a mirar de otra manera a quien es diferente a nosotros y a nosotras. Este film es una invitación a redefinir lo que nos rodea desde el respeto, a ver a las criaturas con las que cohabitamos el planeta desde nuestras similitudes con ellas. La película nos lleva a cuestionarnos nuestra propia identidad y nuestro papel en el escenario que hemos recreado. Es una puerta abierta de par en par para salir del antropocentrismo que todavía nos hace creer que somos una especie singular, independiente y separada del resto.
Nuestra responsabilidad
La naturaleza es en sí diversidad, sutilezas y matices que son esenciales para que los ecosistemas funcionen. Sin embargo, los seres humanos nos empeñamos en empobrecerla y debilitarla tomando medidas que la hacen homogénea, intentando “poner orden” o “limpiar” o “gestionar” todos los territorios que ocupamos.
No dudamos en intervenir y alterar un paisaje para que nos beneficie solo a nosotros/as. Salvaxe, salvaxe afirma: “Todo lo que no sirve para producir es considerado inútil. Todo lo que va contra los intereses extractivistas se convierte en plaga, peste, mala hierba.” Actualmente tenemos muy poco en cuenta cómo afectan nuestras acciones al resto de animales salvajes.
El largometraje nos muestra nuestro comportamiento dominante desde la incomodidad de sentirse responsable de sus consecuencias negativas. En palabras de Emilio Fonseca: “Vivimos en un mundo en colapso medioambiental, al borde de una catástrofe climática y en medio de una extinción masiva de especies, la más rápida que ha existido en el planeta y la única que tiene una sola especie como gran responsable. No me parece interesante discutir si hay que conservar al lobo, especie fundamental de nuestros ecosistemas. Para mí es urgente cuidar esa población de lobos y los ecosistemas en los que habitan y también ayudar a desarticular políticas y discursos contrarios a las vidas no humanas y la evidencia científica”.
Es difícil no estar de acuerdo con su postura cuando sabemos que solo el 4 % de mamíferos en todo el mundo son salvajes. El 36 % de mamíferos somos humanos. Y el 60 % es ganado, es decir, animales domesticados a los que obligamos a nacer, haciendo una selección genética que empobrece su ADN y la biodiversidad en las especies. Los explotamos aislados de su medio natural en granjas y en tales cantidades que creamos exceso de purines que contaminan la tierra. Desde cualquier punto de vista es mucho más beneficioso para todos proteger al lobo que seguir explotando animales.
La necesidad de dejar de matar
Nuestra obsesión por controlarlo todo y a todos nos lleva a poner en peligro la vida de quienes intentamos proteger. La estrategia de colocar GPSs a individuos de una especie no siempre funciona como esperamos. Según se afirma en Salvaxe, salvaxe: A más del 30 % de los lobos marcados por un equipo portugués los mataron ilegalmente durante los 18 meses de funcionamiento de los collares GPS”. Pedrada, Cardo y Taião son los nombres de algunos lobos que fueron asesinados ilegalmente con trampas de alambre. Todos padecieron varias horas de agonía antes de morir.
Se nos indica que “nadie sabe con exactitud cuántos lobos hay en la península ibérica. Es casi imposible contar animales tan esquivos. Se utilizan estimaciones a partir de las manadas confirmadas. Pero las manadas son grupos fluidos con una elevada mortandad de año a año y pueden pasar de 9 lobos a 5 o desaparecer con toda facilidad”. La muerte de un solo miembro puede causar la dispersión de la manada poniendo en riesgo la supervivencia de todos sus miembros y dificultando la reproducción.
En el film se comenta el caso de una manada de lobos formada por una pareja y 7 crías que vivían en una zona oficialmente protegida, pero con fuerte actividad humana de ganadería y caza. Tras unos meses, el grupo desapareció. Al cabo de un tiempo una cámara captó la imagen de un lobo joven que podría ser uno de los cachorros con restos de una trampa de alambre al cuello. Además de las trampas, el veneno y los disparos, los lobos se enfrentan a enfermedades como la sarna y adversidades como los incendios y las consecuencias del cambio climático como la sequía.
Se nos recuerda que en la península ibérica los censos oficiales estiman que hay hasta 350 manadas de lobos. Hay más de 12 millones de perros y más de 57 millones de humanos. Aquí los humanos matan en un año más de 2 millones de vacas, 10 millones de ovejas y cabras, 40 millones de conejos, 60 millones de cerdos y 1.000 millones de aves.
Animalizarnos, resalvajizar nuestras vidas
Vivimos como los animales explotados, aislados de la naturaleza. Hemos creado un mundo paralelo que ignora el funcionamiento de la biosfera y la maltrata. Hemos olvidado cómo ser salvajes y cómo dejar que los demás sean salvajes. Necesitamos observar al resto de animales. Es la mejor manera de darnos cuenta de lo mucho que nos parecemos tanto en nuestros comportamientos como en nuestras intenciones más básicas.
Salvaxe, salvaxe es un camino hacia una nueva convivencia con el resto de especies. Te empuja a tomar conciencia de tus sentidos, a cuestionarte tu lugar en el mundo y a reconocerte en los demás. Nos permite ser caballos, cabras, perros y lobos. Acabamos entendiendo que hacerles daño a ellos implica hacernos daño a nosotros/as mismos/as. No somos entes independientes, formamos parte de una gran red de seres vivos que nos sustentamos unos a otros en el único planeta habitable que conocemos. ¿Acaso no vale la pena cuidarnos y protegernos para volver a ser salvajes como los demás?
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