Antiespecismo
Vivieron felices y liberaron codornices
Las imágenes que salen a la luz gracias al colectivo por la liberación animal ARDE corresponden a una investigación en una granja que explota codornices, ubicada en Lleida. El vídeo ha sido presentado ante la Fiscalía Superior de Cataluña y el Departament d’Agricultura por presuntas irregularidades administrativas, delitos de maltrato animal y estafa.
Aves desplumadas y enfermas
La Codorniz común es una de las aves más pequeñas de la familia de las gallináceas. Pasan el invierno en el sur del Sáhara y migran hacia el norte con la llegada de la primavera y el verano. Existen poblaciones de codornices residentes todo el año en las Islas Baleares, Ceuta y Melilla y zonas de Andalucía y Extremadura. En libertad, las codornices son aves migratorias de largo recorrido.
Sin embargo, la investigación muestra cómo es su realidad en el sistema de explotación ganadero. Las codornices están hacinadas y conviven con decenas de cadáveres en diferentes estados de descomposición y excrementos. De acuerdo al informe veterinario que acompaña la denuncia de ARDE, en las imágenes se observan “aves con pérdida de plumaje, compatible con picaje entre congéneres, indicativo de estrés”, así como “aves con signos clínicos compatibles con enfermedad o malestar como entrecerrado de los ojos, actitud apática, embolamiento del plumaje o plumaje erizado”, siendo este último “asociado a enfermedad, dolor, debilidad, estrés térmico o infecciones”.
En las imágenes se observa una escena especialmente violenta. Varias codornices que habían escapado de las jaulas se caen en la cinta transportadora de estiércol. El operario, que las ha visto, les tira excrementos encima y acciona la cinta. Las codornices desaparecen y acaban en un contenedor de grandes dimensiones donde morirán de inanición si no han fallecido previamente por los traumatismos.
La mayor empresa del sector bajo la lupa
La granja es propiedad de Grupo Urgasa, que distribuye 1,4 millones de huevos de codornices a la semana en el Estado español. Crían a 45 millones de codornices al año en España, siendo la empresa que explota a un mayor número de codornices en todo el continente europeo.
La granja investigada es el principal complejo ganadero del grupo. Está formado por 130.000 codornices encerradas en 5 naves, una nave destinada a la cría de perdices, una incubadora de huevos de codorniz y un matadero avícola.
ARDE Global ha documentado la presencia de huevos procedentes de esta granja en los principales supermercados españoles como Mercadona, Lidl, Eroski, El Corte Inglés o el catalán Bon Preu. A nivel europeo, gigantes de la distribución como Ahold Delhaize, de origen belga-holandés, distribuyen huevos de este lugar bajo su propia marca blanca.
¿Cuidar a un animal mientras le explotas?
El “welfare-washing” es un término acuñado por Bjørkdahl y Lykke Syse, personal investigador del Centro para el Desarrollo y el Medioambiente en Oslo. Descubrieron que las industrias que explotan animales emplean técnicas retóricas análogas al greenwashing. En particular destaca el uso de la desinformación para presentar una imagen pública en la que parecen cuidar de los animales que explotan para alimentación, vestimenta, entretenimiento o experimentación. Una de las tácticas de welfare-washing más extendidas es el uso de certificaciones o sellos de “bienestar animal”.
Welfair: la reacción ganadera contra la ética animal
Según The Economist, 2019 fue el año del veganismo. En particular, la alimentación vegetal tuvo un auge significativo con nuevas empresas, más opciones en supermercados y restaurantes y presencia en medios de comunicación.
Justo en el momento donde las alternativas al consumo de animales florecían, aparece la reacción de la industria ganadera: Welfair, un sello que afirma ser independiente y “garantizar el bienestar de los animales destinados a consumo” en el 70% de las explotaciones ganaderas del Estado. Fue creado por el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA, por sus siglas en catalán), envuelto en polémica en las últimas semanas al ser investigado su laboratorio de experimentación animal en Bellaterra, Barcelona, como posible punto de origen del actual brote de Peste Porcina Africana (PPA).
El investigador principal de Welfair es el veterinario Antoni Dalmau. La cara visible del sello afirma que este es una “garantía certificada de que los animales han tenido o tienen una vida que merece ser vivida” y que “para mantener el sello año a año, (tienen que) contratar un empleado casi exclusivo para garantizar la felicidad de los animales”.
El lavado de cara de la explotación animal
Dalmau no esconde que Welfair tiene un claro propósito económico: “cuando tienes el sello te diferencias del resto y puedes exigir mayor margen por tu producto”. De hecho, Urgasa le pagó 16.200€ para el desarrollo de protocolos de bienestar animal para codornices; y Welfair aprobó las granjas de Urgasa como receptoras del sello de bienestar animal. Cabe preguntarse qué tipo de certificación “independiente” permite que las empresas auditadas financien la creación del sello.
No es la primera vez que se revelan imágenes de lo que ocurre dentro de las granjas certificadas. En febrero de 2025, ARDE publicó una investigación sobre una granja de Coimbra en la que los trabajadores asesinaron brutalmente a más de 3000 pollos. Welfair retiró el sello a la granja y se lo devolvió a los 6 meses. En mayo de ese mismo año, las activistas distribuyeron imágenes sobre la mayor granja avícola de las Islas Baleares, que estaba también certificada a pesar de que la explotación es ilegal por falta de permisos medioambientales y había sido sancionada. Welfair le retiró el sello 2 meses después de la publicación y activistas denunciaron que continúan comercializando huevos con el sello.
La certificación surge como herramienta de la ganadería para calmar las conciencias de una sociedad que empieza a conocer lo que ocurre tras los muros de granjas y mataderos. Con el objetivo de mantener la constante expansión de la industria y llenar los bolsillos de sus directivos, Welfair hace creer a la ciudadanía que existe algo así como una “explotación ética”. Eso sí, a cambio de que se pague más por el cuerpo del animal. El “bienestar animal” se ha convertido en un lucrativo negocio a costa de la vida de miles de millones de animales.
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