Electroestado o dependencia fósil: por qué las renovables no alcanzan para esquivar los impactos de la guerra

España es líder en Europa en generación de electricidad limpia, pero todavía gran parte de su economía sigue funcionando con petróleo y gas importados, con lo que el impacto de la guerra no será menor. El reto pendiente: electrificar la movilidad, la industria y la climatización.
Varios Calefaccion Moncloa - 3
David F. Sabadell Calefacción central de un edificio en Madrid.
14 mar 2026 06:00
El desenganche de España del petróleo y gas es un partido de dos tiempos, como el fútbol, explica Pedro Fresco, director de la Asociación Valenciana del Sector de la Energía y ex responsable de Transición Ecológica de esta comunidad autónoma. Los primeros 45 minutos están resueltos, con varios goles de ventaja para la península Ibérica. El despliegue de las renovables sigue creciendo con fuerza. España es hoy uno de los países con mayor implantación de reste tipo de energías de la Unión Europea (56% de la generación eléctrica). Sin embargo, en la segunda mitad del partido, todavía en juego, los goles están siendo en contra. Para anotar —y ganar— hay que electrificar los consumos fósiles. La movilidad, industria y climatización. Convertirse en un “electroestado”, en palabras de Fresco. Y esta meta está todavía muy lejos. España es verde en electricidad, pero no en energía total.

Tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y una guerra que tiene paralizado el estrecho de Ormuz, ruta fósil de la economía global, el Gobierno y muchos analistas internacionales han puesto la lupa en la ventaja estratégica de España respecto a otros países por su firme apuesta por la energía limpia, por el sol y el viento. Y es válido. Las renovables tienen hoy un peso mucho más alto dentro del mix energético que hace cuatro años, cuando la guerra en Ucrania provocó una subida generalizada de precios. Esta fortaleza, explica Fresco, “está ayudando a mitigar la subida del precio eléctrico”. En otros países, con menos renovables, las tarifas eléctricas están escalando con fuerza.

El 70% de los consumos energéticos del país son no eléctricos. Siguen anclados al petróleo y al gas

Pero el análisis de lo bien que está asentado España para sortear los impactos de la guerra está obviando las dificultades del último tramo del partido, los deberes que no se han hecho entre guerra y guerra. El 70% de los consumos energéticos del país son no eléctricos. Siguen anclados al petróleo y al gas. “Seguimos siendo extremadamente vulnerables”, advierte Fresco, quien insiste con su analogía. “Hemos superado el primer tiempo del partido. Hemos generado las fuentes de energías limpias. Ahora hay que cambiar la tecnología que permite usar esa electricidad renovable en sitios donde hoy usamos combustibles fósiles. Entonces, claro, eso es una batalla más larga”.

La dependencia fósil pese a las renovables

En paralelo al comienzo de la guerra, el fondo de inversión JPMorgan publicó un informe titulado Fighting Words: The Energy Transition in 2026 (Palabras en lucha: la transición energética en 2026). El artículo cruza datos sobre energía, clima, tecnología y geopolítica energética. Un eje del análisis es que centrarse solo en la electricidad puede dar una imagen “engañosa” del sistema energético.

El autor, Michael Cembalest, responsable de Estrategia de Mercado de este poderoso fondo de inversión, pone a España como ejemplo. Explica que, aunque la red eléctrica española depende solo en un 20% de combustibles fósiles “gracias a su alta proporción de energía renovable”, el consumo energético total del país depende en un 70% de combustibles fósiles, el 100% de los cuales es importado.

“España tiene una red eléctrica relativamente limpia, pero su economía sigue dependiendo fuertemente de combustibles fósiles importados”, concluye Cembalest

Compara a España con Suecia, con menos renovables, pero, paradójicamente, menos dependiente de los combustibles fósiles. “Aunque Suecia importa el 100% de su petróleo y gas, los combustibles fósiles sólo representan el 35% del consumo energético gracias a la combinación de energía eólica, hidráulica y nuclear, y a un alto nivel de electrificación del consumo energético final”, detalla el informe.

“España tiene una red eléctrica relativamente limpia, pero su economía sigue dependiendo fuertemente de combustibles fósiles importados”, concluye Cembalest. Los datos son inobjetables, señala Fresco sobre el informe. “Hemos avanzado menos de lo que deberíamos haber avanzado en electrificación de consumos”, subraya. Hay más vehículos eléctricos, hay un principio de electrificación de procesos térmicos de la industria y una mayor penetración de las bombas de calor en la climatización residencial. “Pero la velocidad es insuficiente”, sentencia este experto.

A su juicio, se necesita de “toda una estructura administrativa, impositiva y regulatoria que empuje hacia este electroestado”. “Tenemos que mostrar cómo las renovables nos están haciendo mitigar el problema dentro de lo que es el precio de la electricidad, sin dejar de mencionar que todavía tenemos una dependencia fósil importante”, resume.

Para el ex político valenciano, con solo tres tecnologías, que en España ya están maduras, se podrían eliminar dos tercios del consumo de combustibles fósiles: las renovables (paneles fotovoltaicos y aerogeneradores), los vehículos a baterías y las bombas de calor, los sistemas de climatización eficiente que utilizan energía eléctrica para transferir calor ambiental (aire, agua o tierra) al interior de un edificio, en lugar de generarlo quemando combustibles fósiles.

El talón de Aquiles: movilidad, industria y climatización

Más del 70% del consumo final de productos petrolíferos en España corresponde al sector transporte, según las estadísticas del propio Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (Miteco). Casi 60 millones de toneladas de productos petrolíferos (gasolinas, gasóleos y querosenos) se consumieron en España en 2024. 42 millones se utilizaron en movilidad.

Según el Observatorio de Sostenibilidad, el consumo de productos fósiles creció un 1% en 2025 respecto al 2024. La nómina contiene aumentos de gasolina (8%), queroseno (5%) y gasóleo (3%). En la actualidad, España consume un 40% más gasolina que en 2015 y un 34% más de queroseno, según datos de la Corporación de Reservas estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES). En la última década, las matriculaciones crecieron aproximadamente en 114.000 coches por año, una subida del 11% en una década.

“Es muy necesario mostrar cómo en estos días el precio de la electricidad es mucho más bajo en España y Portugal por su apuesta renovable. Pero tenemos que enseñar el cuadro completo a la gente. Y falta mucho por hacer”, remata Fresco

Si bien la penetración del vehículo 100% eléctrico ha crecido —en 2025 se superó el hito de las 100.000 matriculaciones— su peso en el mercado todavía es bastante marginal, por lo que la movilidad sigue dependiendo mayoritariamente de combustibles fósiles. Fernando Prieto, director de este observatorio, revela que las emisiones de CO2 vinculadas al transporte aumentaron un 50% en 2025 en comparación con 1990.

La industria es otro sector que sigue muy anclado a la matriz fósil. Según datos de la Fundación Renovables, esta actividad es responsable del 22% del consumo final de energía a nivel nacional. La dependencia al gas natural es total. En 2024, la industria consumió alrededor de 176,7 TWh de gas, mientras que en 2025 el consumo se situó en 167,6 TWh, tras una caída del 5,2 %.

Según el sistema gasista español, las industrias más dependientes al gas son el refino (36 TWh), la química y la farmacéutica (23,5 TWh), Construcción (19,8 TWh), agroalimentación (18,8 TWh), metalurgia (12,3 TWh) y papel (12 TWh). Con un hidrógeno verde que sigue sin ver la realidad, las pocas fábricas que se están descarbonizando son las que han innovado con calderas de biomasa (astillas de madera o residuos agrícolas) para generar vapor.

Según datos de otro informe realizado con estadísticas de IDEA, un 50% de la climatización de los hogares se sigue haciendo mediante la utilización de combustibles fósiles

En noviembre del año pasado, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) publicó un documento realizado a instancias de la Unión Europea sobre el uso energético de la industria. El estudio arrojó que la dependencia del gas es del 70,8%. También que en siete sectores —la alimentación y bebidas, las coquerías y el refino de petróleo, los minerales no metálicos, la metalurgia, los equipos de transporte, los textiles y el cuero— este porcentaje es más elevado que la media global.

En la presentación de aquel informe, el Secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, admitió una “peligrosa dependencia” de la volatilidad de los precios internacionales y de “las decisiones que se toman en Moscú y Washington”. “No somos ricos en combustibles fósiles, en la medida en que fiemos nuestra competitividad a los fósiles, no vamos a ser competitivos”, dijo Groizard.

A nivel climatización, según datos de otro informe realizado con estadísticas de IDEA, un 50% de la climatización de los hogares se sigue haciendo mediante la utilización de combustibles fósiles: un 25% de gas natural y un 25% con otros combustibles fósiles, como gas licuado de petróleo (GLP), gasóleo y combustibles fósiles sólidos. La electricidad solo hace funcionar a un 11% de los sistemas de climatización. El 34% restante corresponde a energía solar térmica, biomasa y geotermia. En 2025, el mercado de la climatización creció un 11,4% respecto a 2024, con la venta de aires acondicionados liderando el segmento.

Para Fresco, todas estas cifras revelan que todavía somos muy “dependientes de la gasolina, del gasóil y del gas natural”. “Es muy necesario mostrar cómo en estos días el precio de la electricidad es mucho más bajo en España y Portugal por su apuesta renovable. Pero tenemos que enseñar el cuadro completo a la gente. Y falta mucho por hacer”, remata.

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