Opinión
La justicia ‘made in Europe’: el caso Kosovo
En septiembre de 2020, las Cámaras Especializadas de Kosovo en La Haya imputaron a cuatro dirigentes de la ex ELK (Ejército de Liberación de Kosovo; UÇK en kosovar,), ahora políticos de alto rango —el presidente Hashim Thaçi, Kadri Veseli y Jakup Krasniqi, presidente y expresidente del parlamento, y Rexhep Selimi, parlamentario— por crímenes de guerra. El presidente Thaçi dimitió de inmediato y acudió a los Países Bajos. Sus compañeros hicieron lo mismo.
Tras un proceso de casi 6 años, durante el que los partidarios de Thaçi estuvieron en vilo, el veredicto fue finalmente leído el pasado 16 de septiembre: 25 años para Thaçi y Krasniqi, 18 para Veseli y 13 para Selimi. El primer ministro Albin Kurti, el más acérrimo adversario de Thaçi, recordaba que la guerra del ELK había sido exclusivamente defensiva. La población kosovar entera, incluyendo a los adversarios de Thaçi, se mostró, desde el primer minuto, consternada con ello. Desde entonces una parte importante de la población —por no decir la mayoría— ha salido a la calle, tanto en Kosovo como en Albania para mostrar su descontento y oposición a la condena.
La ferocidad de los serbios contra la población albanokosovar
Fue gracias al liderazgo del doctor Ibrahim Rugova, artesano de la resistencia pacífica, Kosovo se mantuvo al margen de las tres primeras guerras yugoslavas, las de Eslovenia, Croacia y Bosnia, desde 1991 a 1995. Los Acuerdos de Dayton, en 1995, bajo los auspicios de los Estados Unidos, pararon la última de ellas, dejando el país en un balance cuando menos delicado. “¡La guerra era más esperanzadora de lo que ahora llamamos la paz!”, decía Zlatko Dizdarevic, editor de Oslobođenje (principal diario bosnio), durante una cena en Barcelona, a mediados del 2000. Slobodan Milošević, el presidente ultranacionalista de Serbia, veía Kosovo como un asunto pendiente necesitado de un arreglo urgente.
Si la montaña no se acercaba a Mahoma, éste no iba a esperar sentado. En marzo de 1998, la policía y el ejército serbio “crearon la oportunidad” y atacaron con tanques, vehículos blindados y helicópteros las casas de Adem Jashari, líder de la milicia insurrecta que venía hostigando las fuerzas serbias y su aparato administrativo desde hacía años. 57 personas fueron asesinadas en el asalto, incluyendo la masacre de bebés en sus cunas. La ferocidad irracional del acto tuvo sus consecuencias:en cuestión de semanas, los albanokosovares abandonaron la resistencia pacífica y se levantaron en armas en toda la región.
Los rebeldes del ELK parecían no poder hacer demasiado contra el ejército serbio; pero no todo fue tan simple. A pesar de obvias desventajas, el ELK dio mucha guerra
Milosevic debió de considerar que resultaba más fácil gestionar una sublevación abierta —además de que esto le daba las excusas necesarias frente a la comunidad internacional para proceder a una actuación mucho más abiertamente agresiva— que el apartheid que su régimen aplicaba a la población albanokosovar desde el 1989, basado en la supresión de la enseñanza en albanés, el cierre de los medios de comunicación y, por ende, el despido de casi todos los empleados albaneses en el sector público.
Al principio, la cosa parecía ir según lo previsto por el hombre fuerte de Belgrado. Los rebeldes del Ejército de Liberación de Kosovo parecían no poder hacer demasiado contra la entonces cuarta formación armada en Europa, además aguerrida en tres anteriores contiendas. Pero no todo fue tan simple. A pesar de obvias desventajas, el ELK dio mucha guerra —nunca mejor dicho—. La sensación de impunidad llevó al ejército serbio a cometer una masacre de más en el siguiente enero y degolló, en una acción, a 45 civiles en el pueblo de Reçak. Fue entonces cuando Occidente, encabezado por Estados Unidos y con el apoyo de Reino Unido y Francia, forzó a los dos bandos a sentarse a negociar en Rambouillet, en las cercanías de París. La parte serbia se negó a firmar el acuerdo alcanzado, y fue entonces cuando la OTAN intervino y bombardeó Serbia.
El ELK va a los tribunales
Es en estas circunstancias cuando se forjó la leyenda del ELK como único amparo ante la crueldad de las fuerzas armadas serbias. Siendo fruto de un sublevamiento espontáneo, casi ni se sabía quién encabezaba este ejército, o si había una entidad concreta al mando. La figura de Hashim Thaçi despuntó a raíz de reportajes de periodistas occidentales, especialmente durante la conferencia de Rambouillet.
La imagen del ELK y sus líderes sufrió su primer traspiés en el 2008, tras la publicación de un libro de Carla Del Ponte, fiscal del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), en el que daba crédito a los rumores según los cuales los líderes guerrilleros habían organizado el secuestro de civiles serbios para extraerles y vender los órganos internos. Su propia portavoz, Florence Harmann, la atacaría más tarde por presentar acusaciones sin pruebas. “Es deber de un fiscal no descartar ninguna pista (… ) pero es indigno designar implícitamente a supuestos comanditarios de un crimen no confirmado (…) prestándose a revisionismos de mala fe”. Hartmann se refería a los esfuerzos por desacreditar la recién proclamada independencia de Kosovo. El TPIY mismo admitió que faltaban pruebas reales para llevar el asunto ante tribunales.
En 2017, Kosovo estableció el Tribunal Especial para Kosovo, pero con sede en La Haya, bajo una enorme presión internacional y después de varios avatares.
El fiscal suizo Dick Marty retomó esta acusación en el 2010, y la presentó al Consejo de Europa (CoE). Fue entonces cuando el CoE exigió la puesta en marcha de un tribunal independiente para llevar este asunto, al mismo tiempo que expresó dudas sobre la independencia del sistema judicial en Kosovo. En 2017, Kosovo estableció el Tribunal Especial para Kosovo, pero con sede en La Haya, bajo una enorme presión internacional y después de varios avatares.
Varios jefes guerrilleros, algunos hoy integrados en la vida política, fueron convocados esporádicamente. La verdadera bomba cayó en septiembre de 2020, cuando el presidente Hashim Thaçi en persona fue acusado, junto con otras grandes figuras, como Kadri Veseli y Jakup Krasniqi, presidente y expresidente de la Asamblea respectivamente, y Rexhep Selimi, parlamentario. El presidente Thaçi inmediatamente dimitió y acudió a La Haya. Los demás acusados hicieron lo mismo.
Este Tribunal Especial contempla únicamente acusaciones contra los guerrilleros albanokosovares, pero se desentiende de los numerosos casos de matanzas llevadas a cabo por las fuerzas serbias
Jason Steinbaum, exdirector de personal del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes estadounidense, aportó a principios del 2026 nuevos datos sobre las circunstancias de la constitución del Tribunal que concentraría todas sus acusaciones hacia los cabecillas del UÇK. Según Steinbaum, después de haber negado la credibilidad a las acusaciones del fiscal Dick Marty, la Administración de Obama cambió de rumbo repentinamente, tras querer asegurarse la colaboración de Rusia en el P5+1 —los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania— con el objetivo de tener el apoyo necesario en su búsqueda de un acuerdo nuclear con Irán.
Kosovo necesitó proceder a la modificación de su Constitución con el fin de permitir la creación del Tribunal Especial fuera de sus fronteras, que asimismo le quedaba fuera de cualquier control —ni un solo magistrado kosovar forma parte de sus múltiples cámaras—. Además, este Tribunal Especial contempla únicamente acusaciones contra los guerrilleros albanokosovares, pero se desentiende de los numerosos casos de matanzas llevadas a cabo por las fuerzas serbias, de violación sistemática o de transportes de cadáveres hacia el interior de Serbia con el fin de enterrarlos y ocultarlos. Según Human Rights Watch (HRW), de las 105 masacres recogidas por organismos independientes serbios, kosovares e internacionales, el Tribunal similar establecido por Serbia —pero con sede en Belgrado, en este caso— ha procesado los responsables de sólo 3 de ellas, ha desestimado 2 casos, y 2 más se están arrastrando desde hace años.
Desde que trascendió la condena, ha habido estallidos de violencia en contra de la condena, aunque no tantos como se temía, pero el malestar no ha terminado
Una falta de equilibrio que, a los ojos de la población kosovar, pone en entredicho la equidad del Tribunal y el sentido de la justicia impartida. Este veredicto, visto como un injusto y desproporcionado castigo, es un soplo a las brasas de la victimización y de la desconfianza. Un pobre servicio a la necesidad de la reconciliación tan necesitada.
Desde que trascendió la condena, se vienen produciendo reacciones irresponsables a través de las redes sociales, a pesar de que muchos políticos kosovares intentan contenerse para no auto-incriminarse. También se han detectado cuentas falsas en las redes llamando a revueltas. Ha habido estallidos de violencia en contra de la condena, aunque no tantos como se temía, pero el malestar no ha terminado. Entre los manifestantes que protestan ante el edificio del gobierno aparecen personas enmascaradas que lanzan objetos y que incitan a los demás. En un contexto de un país que lucha por constituir un gobierno estable desde hace casi dos años, esto conduce a una nueva fragilidad peligrosa.
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