Economía social y solidaria
Las Economías Transformadoras tienen una cita para Enredarse

Las Economías Transformadoras y ciudadanía tienen una cita para enredarse con otros agentes y construir colectivamente un movimiento capaz de transformar el modelo imperante hacia un Desarrollo Humano Sostenible. Conversamos con Yayo Herrero, Natalia Millán y Mar Osuna, quienes abrirán este Encuentro Internacional de Economías Transformadoras.

Cartel Economias Transformadoras


Comisión de Plenarios del Encuentro de Economías Transformadoras
26 nov 2018 10:19

¿Qué es una Economía Transformadora desde una perspectiva ecofeminista?
Yayo: Solemos decir que una economía transformadora es una economía que pone en el centro la vida, es decir, que se articula entorno a la prioridad de sostener las condiciones de vida de la gente y por tanto se vincula directamente con las necesidades de las personas, es una economía que se organiza estableciendo como prioridad garantizar que todas las necesidades básicas de todas las personas se cubran y además garantizarlo en el marco de un planeta que tiene límites físicos y sus propias dinámicas.

¿Qué papel juega la Economía Social y Solidaria dentro de las Economías Transformadoras?

Mar: La Economía Social y Solidaria (ESS) recoge una trayectoria común de décadas en la creación de otros modelos económicos alternativos al sistema capitalista, neoliberal, patriarcal, neocolonial y facista. Su papel colectivo le permite revindicar la cocreación de otra cosmovisión socioeconómica donde la persona y el medio ambiente sean el centro de las estrategias economías y configurarse como sujeto de incidencia política para la necesaria transformación social que tantos movimientos sociales persiguen.

Una de sus grandes aportaciones sociales, intrínseca a su origen, reside en sus mecanismos para autoorganizarse como una red de redes de colectivos, movimientos y personas en torno a la ESS. Así mismo, se ha autodenominado también "solidaria" buscando espacios diferenciales con la tradicional Economía Social, a veces, muy identificada con las políticas institucionalistas y sus prácticas políticas oportunistas. Por tanto, la ESS presenta un modelo económico real alternativo al sistema, representado por redes de iniciativas, proyectos, personas y entidades que recogen décadas de experimentación.

Los Objetivos del Desarrollo Sostenible siguen poniendo en el centro al “crecimiento económico” y a la “industrialización”, aunque sea apellidándolas de “sostenible” e “inclusiva”. ¿Las Economías Transformadoras son motor hacia ello o más bien son su alternativa?

Natalia: Es cierto lo que planteas. La Agenda parte teóricamente de un espíritu de cuestionamiento al sistema de producción y consumo, y plantea la insostenibilidad de la forma de vivir de las sociedades ricas. Además, asume que hay toda una parte social de carencias que tiene que ver con las desigualdades, la falta de acceso a salud y educación, la violencia y la discriminación multidimensional que sufrimos las mujeres, la pobreza extrema, etc. Ahora bien, la propia formulación de la agenda y sus actores, que representan en última instancia el poder, exhiben una contradicción, volviendo a hablar de “crecimiento económico”, “comercio” o de la importancia de las empresas como agentes de desarrollo. Todo esto, sin haber realizado ningún diagnóstico sobre cómo se ha impulsado el modelo que ahora se dice que es insostenible, y sin asumir que los actores privados se erigen -en muchos casos, no en todos- como agentes económicos promotores de este sistema productivo y económico y, por ende, son fuerzas hegemónicas que se resisten al cambio y lo obstaculizan.

Mi perspectiva es que la ESS no representa una nueva forma de crecimiento, sino que es una alternativa al sistema global que plantea una nueva forma de hacer economía y una nueva forma de relacionarnos, poniendo en el centro la vida y la cooperación y asumiendo los límites de nuestros cuerpos e instituciones. No es una forma, por tanto, de promover un sistema de crecimiento más sostenible sino una alternativa al sistema productivo en que estamos.

Vivimos tiempos de urgencias frente a grandes amenazas como la emergencia de los nuevos fascismos, las guerras por los recursos y el caos climático ¿En qué pueden contribuir las Economías Transformadoras en este contexto?
Yayo:
En general todo lo que está alrededor de la ESS y las Economías Transformadoras aportan varias cosas. En primer lugar, el hecho de estar situadas en el territorio pues suelen ser iniciativas económicas que están colocadas en el territorio y satisfacen las necesidades más cercanas, lo que me parece importante.

El segundo lugar, son prácticas económicas que, como en el caso de las cooperativas, sitúan el mantenimiento del empleo y del trabajo como prioridad frente a la búsqueda de beneficios, a los que de hecho en muchos casos incluso se renuncia.

Por último, suelen estar centradas en las necesidades de las personas, porque de alguna manera configuran una forma de establecer el trabajo que intenta romper esa fractura entre lo que llamamos “producción” y lo que llamamos “reproducción”, de tal manera que la propia economía y el propio trabajo se integren de una manera más armónica en los otros aspectos de la vida. Muchas de estas iniciativas están situadas al rededor de la alimentación, otra forma de entender la salud, la cultura, los medios de comunicación…, que directamente son coherentes y ayudan en mayor medida a afrontar los grandes problemas ecológicos y sociales que atravesamos.

¿Cuáles son las principales oportunidades y amenazas que afrontan las Economías Transformadoras en el panorama internacional?
Natalia:
La puesta de las Economías Transformadoras (ET) y la ESS por el desarrollo sostenible y por poner en el centro el cuidado de la vida y la cooperación como base de evolución encuentra un claro límite en los poderes hegemónicos; poderes económicos y políticos que entienden que este sistema les beneficia y quieren por tanto perpetuarlo. Esos poderes tienen la capacidad de construir una narrativa entorno a la idea de que este sistema nos ha permitido salir de la pobreza y mejorar el bienestar de la mayoría de la población, marcando la liberalización como el camino a seguir. Ese discurso tiene el apoyo de los medios de institucionalización (sistemas educativos, universidades, think thank, medios de comunicación, etc.), por lo que no sólo tienen una capacidad económica y política sino de hegemonía cultural, lo que supone el limite fundamental para plantear una transformación del sistema productivo y económico.

Respecto a las fortalezas yo podría mencionar tres. En primer lugar, más allá de estas narrativas hegemónicas, el proponer un sistema de organización social que ponga en el centro la vida es el único sistema real posible, porque la visión de que se puede crecer indefinidamente es una ficción, una narrativa que no se puede sostener materialmente. Hago mucho hincapié en el concepto de realismo, porque más allá de la hegemonía cultural, la realidad es que, teniendo en cuenta las bases materiales de nuestro planeta y nuestra esencia como seres humanos, no hay otro camino que una transformación profunda que ponga en el centro del sistema de organización social el cuidado de la vida.

En segundo lugar, también observo un cambio de conciencia en una parte, aún pequeña, de la sociedad. El sistema no sólo genera políticas económicas depredadoras e injustas, genera muchísimo sufrimiento en las personas. Yo observo una necesidad colectiva de repensarnos, de promover redes de cooperación y solidaridad, de cambiar de modelo de vida, de crianza, de relaciones humanas…, lo que me parece un elemento básico para promover una economía alternativa, y aunque, de forma minoritaria, sí que hay un avance en la conciencia ciudadana. Esta nueva conciencia que, a mi juicio se abre paso, plantea la necesidad de cambiar de paradigma, de promover la cooperación, las redes solidarias y una forma de vivir más sana, afectuosa y sostenible en armonía con la naturaleza.

Por último, esta conciencia ha dado lugar a formas de movilización política en forma de movimientos de todo tipo que surgen de la sociedad civil y que pretenden construir una sociedad diferente. Es decir, también hay una movilización política fundamental que promueve estos valores y surge, como un actor de contrapoder en este mundo globalizado.

¿Qué propuestas  plantea la Economía Social y Solidaria y las Economías Transformadoras frente a los retos globales actuales?
Mar: Son propuestas económicas y relacionales alternativas que necesitan visualizarse desde miradas rupturistas del sistema extractivista y heteropatriarcal, como alternativa real a las propuestas cíclicas reformistas del sistema capitalista, que sólo han reinventado nuevas formas de apropiación de nuestras propuestas basadas en modelos autogestionarios, cooperativos, asociativos desde lo local.

Tenemos que reapropiarnos, como ET, de conceptos y modelos procedentes de nuestros sistemas sociales y solidarios de autoorganización cooperativa, de distribución de riqueza, de reciprocidad y cuidados, de nuestras redes de apoyo mutuo, de nuestras prácticas económicas de proximidad, de nuestros modos productivos y reproductivos de sostener la vida colectiva. Reapropiarnos para que las fórmulas reformistas del actual sistema no sigan convirtiendo estas prácticas comunitarias en elementos de capitalización bajo terminologías innovadoras (empredimiento e innovación social, economía colaborativa, etc..), o vuelvan a neutralizar los revindicados Bienes Comunes bajo legislación y regulaciones sostenibles que validan la explotación de los recursos naturales y culturales de los territorios (desarrollo local sostenible, promoción del turismo rural y cultural).

Tenemos que tener voz activa en los objetivos de desarrollo sostenible y poder cuestionar las propuestas que siguen encontrando las soluciones a la crisis global en el crecimiento económico, frente a nuestras visiones ecofeministas, decrecentistas, de buen vivir, de desarrollo sustentable y valorización de los bienes comunales frente a la explotación capitalista de los llamados bienes públicos. La interacción de la ESS con la sociedad civil organizada se mezcla actualmente con la incidencia política de los actuales movimientos municipalistas, que están jugando un papel en la toma de conciencia ciudadana de la necesidad de una corresponsabilidad social para lograr la transformación social, y están consiguiendo abrir grietas al sistema mercantilista y clientelar tan enraizado en las instituciones públicas.

¿Qué necesitamos para que las economías transformadoras dejen de ser una alternativa y se conviertan en el nuevo ecosistema socio-económico?

Natalia: Lo que necesitamos un cambio de conciencia, algo que no es fácil. Precisamos generar una narrativa, en la ciudadanía que cuestione el modelo en que estamos desde la perspectiva material, que haga patente que este sistema es imposible de sostener, que el crecimiento indefinido es una falacia. Además, necesitamos generar una conciencia de la importancia de la vida humana, y de la solidaridad y cooperación como elementos fundamentales, y asumir que, más allá de la ética, no es seguro tener sociedades extremadamente desiguales, porque esto genera distorsiones en el sistema que lo amenazan, y hemos de avanzar, por tanto, hacia la redistribución y las políticas de cohesión social. El tercer reto es generar conciencia entorno a los efectos físicos y emocionales que tiene para el ser humano este sistema que está basado en la competencia, que niega la realidad del cuerpo, las enfermedades y cualquier límite, que promueve individualismo…, en definitiva una serie de valores que son difícil de sostener para la vida humana porque van en contra de su propia esencia.

Para esta transformación de narrativa y conciencia es fundamental el trabajo de los movimientos sociales, las organizaciones locales y vecinales, de asociaciones ecologistas, de crianza… Necesitamos la movilización de actores contra hegemónicos que se manifiesten en la calle para defender la ecología, el feminismo…, y que generen otro tipo de relaciones a escala micro. Por último, esas transformaciones han de organizarse para llegar a las estructuras de poder, como es el caso de algunas experiencias en los Ayuntamientos que, con muchos limites, están cambiando algunas políticas. Es un trabajo difícil y que genera bastante sufrimiento, porque el juego político es muy agresivo y violento, y es difícil asumir que hay que ser parte de eso, pero creo que es también fundamental.

Mar: Necesitamos de una sociedad civil organizada y consciente, que se autoorganice en torno a lo local, en torno a las soberanías alimentarias, energéticas, tecnológicas.., y que incida y se enrede en lo global, con una visión humanista, ecologista, decrecentista y que se conduzca desde estrategias de economía ecofeminista, poniendo en el centro la vida y las relaciones de apoyo mutuo, la solidaridad, la ecodependencia y el lugar que ocupamos en el planeta y como podemos ser las impulsoras de alternativas económicas para la sostenibilidad de la vida y de la madre tierra.

Necesitamos que las ET ofrezcan un abanico de alternativas económicas para una justicia global que den respuestas globales a la crisis humanitaria y medioambiental desde nuevos parámetros relacionales de redistribución de la riqueza y reequilibrio de los recursos naturales. Las ET tienen que convertirse y visualizarse como palanca de cambio y servir de coagulante de tantísimas voces y acciones mundiales que denuncian y advierten frente a un peligro común: el colapso civilizatorio. Para ello, es necesario impulsar soluciones diversas a los grandes problemas globales, tales como: el efecto invernadero, las catástrofes naturales, el agotamiento de los recursos fósiles, la desigualdad y la falta de opciones a una vida digna en los territorios, la explotación de los cuerpos y violencias machistas y racistas.., que se esconden tras cortinas de humo creadas por los verdaderos agentes económicos y políticos del actual sistema mundial financiero.


Yayo: Necesitaríamos en primer lugar voluntad política. En efecto, la vía más fácil sería que en las instituciones estuvieran gobernando personas que también tuvieran claro la vocación de poner la vida en el centro y apostaran por estas iniciativas. Un ejemplo de ello es Madrid, el lugar donde vivo, y donde en un momento dado hubo una buena apuesta por una estrategia de la ESS que ha hecho patente que hay personas que están dispuestas embarcarse en este tipo de proyectos, que es posible desarrollarlos y extenderlos en mayor medida.

Si no hay voluntad política, lo que necesitamos es un trabajo de pedagogía popular impresionante. Hacer lo que fueron los trabajos del movimiento obrero en sus inicios; ir casa por casa, barrio por barrio tratando de explicar, reflexionar y construir con la gente para que pueda ser visibilizada como una alternativa real. No es una opción fácil de hacer, pero en ausencia de apoyo institucional, a la gente organizada es lo que nos toca. En esta línea, encuentros como el que se organizan en Córdoba son verdaderas inyecciones de energía para que otras personas se vayan incorporando, para que se comprendan los avances que se pueden producir y también las dificultades, contradicciones y las partes difíciles de impulsar este tipo de proyectos que solamente pueden salir adelante en un entorno de cooperación y ayuda mutua.

* Yayo Herrero es antropóloga, ingeniera, profesora y activista ecofeminista. Ha sido coordinadora estatal de Ecologistas en Acción y directora general de la Fundación FUHEM. Actualmente es profesora en la Universidad Nacional a Distancia.

*Natalia Millán es Doctora en Ciencia Política (Relaciones Internacionales), profesora de la Universidad Pontificia de Comillas y de la Complutense y secretaria de la Red Española de Estudios de Desarrollo(REDES).

* Mar Osuna es directora de CreaCultuLabs y Vicepresidenta de REAS Andalucía.


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