Granjas de insectos: ¿Sostenibles y éticas?

El auge de esta ganadería propuesta por la FAO para luchar contra la falta de alimentos contrasta con las startup y franquicias que quieren hacer negocio con lo que muchos apuntan a una nueva forma de explotación animal masiva.
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Foto: Eira do Val / Animals' View
13 jun 2026 07:00 | Actualizado: 13 jun 2026 09:46

No hace falta mucho más que introducir en cualquier navegador las palabras ‘granjas insectos’ para que aparezca una avalancha de empresas con sus correspondientes anuncios posicionándose como primer resultado. Unas explican lo rentables que son económicamente, otras ofrecen todo lo que necesitas para montar la tuya propia y otras directamente te animan a franquiciarse en alguna de las cadenas que empiezan a haber en España. Te ofrecen formación, huevos, útiles y hasta una “bio-refinería propia”. Prometen una “revolución sostenible”, “cambiar el paradigma actual” y hasta “construir un futuro más sostenible y próspero para todos”. ¿Para todos?

Esto es lo que ponen en duda muchas organizaciones animalistas, poniendo el foco en la situación de los animales. Pero también hay un creciente desencanto y denuncia sobre la sostenibilidad económica y de mercado de este nuevo producto. Aunque la FAO, la agencia de Naciones Unidas sobre alimentación, insistiera en esta forma de proteína animal en 2013, incluso fuera apoyado por agencias como ACNUR, lo cierto es que en estos quince años de desarrollo los resultados no están siendo buenos. Aunque en un principio se logró financiación para impulsar esta industria (unos 2000 millones de dólares entre EEUU, Canadá y Europa), un informe asegura que el sector está en retroceso. 

De las 20 mayores empresas emergentes de granjas de insectos, una cuarta parte han quebrado. Incluida la pionera y líder del mercado, Ÿnsect, que cerró en diciembre

Da un dato interesante: de las 20 mayores empresas emergentes de granjas de insectos, una cuarta parte han quebrado. Incluida la pionera y líder del mercado, Ÿnsect , que cerró el pasado mes de diciembre. A lo que se une alianzas tan potentes como la de Tyson Foods, la mayor empresa cárnica de Estados Unidos, con Protix, ahora la segunda mayor empresa de cría de insectos del mundo, que se ha suspendido indefinidamente. 

A la presión económica por la sostenibilidad se les une el gran problema de la falta de demanda por parte de los consumidores. Se trata de un producto de innovación que no está normalizado y que no llega a los mercados que podría tener cabida. Justo aquellos donde comer proteína animal de otro tipo es complicado por precio o falta de oferta pero donde no llegan estas startups. Además, el lobby cárnico ha tomado nota y ha reforzado sus estrategias de marketing para no bajar la cuota de venta. Mientras el vacuno ha retrocedido, el porcino se mantiene y el consumo de pollo no para de crecer. 

Además de los problemas económicos, cada vez hay más voces que ven problemas en esta nueva ‘ganadería’. Empezando por el reto de ética que supone criar, almacenar y matar a millones de seres que, según la ciencia, pueden tener grados de conciencia y capacidad de sentir dolor. Por eso desde organizaciones como Animals’ View critican todos los intentos de uso y explotación de estos animales en el documental ‘Insects’. 

“Los insectos se han criado para distintos fines desde hace siglos”, explica a El Salto Helena Rivera, portavoz de la asociación, que explica que “entre los ejemplos más conocidos se encuentran las abejas para la producción de miel, determinados gusanos para la obtención de seda o las cochinillas para la elaboración de carmín”. Rivera recuerda que en algunas culturas ya se han usado también como alimento tanto para humanos como para otros animales en piscifactorías o granjas de aves. Nada que ver con la “oportunidad” que anuncian las franquicias en redes y que ahora mismo ha llevado a criar masivamente en la Unión Europea a la mosca soldado negra, el tenebrio molitor o gusano de la harina y el grillo doméstico, como principales insectos. 

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Foto: Eira do Val / Animals' View

“Habría que analizar los motivos que se dan para considerar más ético el consumo de unos animales en comparación con otros”, indica Rivera en referencia a la capacidad de sentir y añade que “también es fundamental tener en cuenta la cantidad de individuos involucrados, ya que se calcula que el número de insectos criados para alimentación supera el 90% de la cantidad total de animales terrestres criados cada año a nivel mundial”. Para Animals’ View hay un dato clave más y es que esta cría no está dirigida para el consumo directo humano si no para “su utilización como alimento para cerdos, vacas o peces” o para la gestión de residuos ganaderos. “Esto conduce a que la explotación de estos animales no se reduzca, sino que pueda prolongarse en el tiempo bajo la justificación de una mayor sostenibilidad”, indica. 

“Si el objetivo es reducir el impacto ambiental conviene considerar también alternativas que no dependan de la cría de animales”, explica Helena Rivera de Animals' View

“Si el objetivo es reducir el impacto ambiental y construir un futuro que beneficie al mayor número posible de individuos, humanos y no humanos, conviene considerar también alternativas que no dependan de la cría de animales”, indican desde la asociación y concretan que “existen fuentes de proteínas y otros recursos que pueden cubrir nuestras necesidades con un menor impacto ambiental y sin someter a seres sintientes a condiciones de explotación”. En este sentido, Helena Rivera asegura que “al consumir, podemos elegir entre productos que implican la explotación de animales o alternativas libres de crueldad” y “deberíamos preguntarnos qué guía nuestras decisiones y si podríamos hacerlo mejor”.

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