De la vergüenza a la fuerza: las mujeres que migran también se empoderan

Saloua, Buchra o María han ganado en agencia desde que migraron a distintos puntos del territorio español. Sin red de apoyo pero con la perseverancia de buscar una vida mejor, hoy cada una puede decir que pisa fuerte allí donde ha hecho comunidad.
Colectivo CAMUMA Valencia
Encuentro del Colectivo CAMUMA de Valencia. Foto cedida por CAMUMA.
21 ago 2026 06:00

Palma de Mallorca es una ciudad más poblada, más multicultural y más envejecida que hace diez años. Son determinados barrios (Pere Garau, Son Gotleu y Son Ferriol) los que han concentrado el crecimiento de población gracias a personas que han migrado y compensan unas cifras de natalidad bajo mínimos. En uno de estos barrios, Pere Garau, vive Saloua Kalout, que hace 3 años llegó a la ciudad.

Saloua tiene ahora 40 años, empezó a ir a la Associació Jovent para aprender español, hacer salidas y asistir a la clase de cultura española para conseguir la nacionalidad. Una vecina le habló de la asociación y recuerda como de bien la acogieron: “tenía muchísima vergüenza por no hablar español y me animaron mucho a aprender paso a paso la lengua, informática y cultura española”. Saloua habla con agradecimiento de la asociación y especialmente de la “coach que nos enseña multitud de cosas como aprender a jugar con nuestros hijos, superar el cambio total que hicimos las mujeres al venirnos de Marruecos aquí, conocer la lengua, la cultura… y conseguir herramientas para afrontar el cambio”. Jovent, creada en1998, con el objetivo de generar entornos de prevención de situaciones de marginalidad, delincuencia o fracaso escolar, también ejecuta programas socioformativos para jóvenes u otras formaciones para desocupados.

“Cuando llegué aquí tenía vergüenza de salir a la calle, de ir a comprar, de llevar a mis hijos al colegio, de acudir al hospital con mi hija autista. Y ahora estoy más segura...”: Saloua

La asociación fue clave para Saloua. “Cuando llegué aquí tenía vergüenza de salir a la calle, de ir a comprar, de llevar a mis hijos al colegio, de acudir al hospital con mi hija autista. Y ahora estoy más segura: puedo hablar con la gente, me siento con fuerza para hablar español y para salir de mi zona. Estuve muy sola y ahora puedo buscar amigas, puedo trabajar y hacer otras cosas que antes ni imaginaba”, reflexiona. La asistencia a las clases lo ha sido todo: tienen un grupo de WhatsApp, salen juntas con las profesoras de la asociación… “El apoyo que me han dado, tanto a mi como a las otras chicas, cambia el miedo que teníamos antes, que se vuelve fuerza”, asegura Kalout.

Una fuerza que esta mujer ha transformado en nueva ayuda: “las chicas nuevas siempre me buscan para contarme cosas. Son nuevas y no entienden demasiado. Y como yo hablo árabe y bereber, las puedo ayudar”, explica emocionada. Pero Saloua quiere mejorar perfeccionando su español y avanzar en sus estudios, tiene ya un diploma como puericultora y quiere dedicarse a ello. Jovent le dio su primera oportunidad el año pasado y se dedicó a cuidar a los bebés de las madres que asistían a la asociación a las clases de español. Además de lo profesional: “quiero encontrar algún sitio solo para mujeres para practicar aerobic o para aprender a nadar”, cuenta la residente en Palma.

El deporte como impulso

A los 11 años Bouchra Zellali llegó a Catalunya con sus padres sus cinco hermanas y un hermano. Aterrizaron en Canovelles y, cuando se casó, se trasladó a Montornès del Vallès. En este municipio de la área metropolitana de Barcelona es donde Bouchra se ha hecho fuerte: su historia de empoderamiento colectivo empieza cuando montó un grupo de yoga por petición de la comunidad de mujeres marroquís del pueblo. Presentaron el proyecto al Ayuntamiento, que les cedió una sala y les buscó una monitora para poder empezar.

Se percibe que las mujeres marroquís son submisas, que no trabajan… pero están en el ámbito laboral, participan en la educación, en los cuidados… y muchas veces no participan en la vida comunitaria porque están trabajando”: Bouchra

De aquel grupo de yoga nació una asociación 'La Luz del Futuro', que comenzó en 2025 con la idea de acompañar y dar trabajo a mujeres jóvenes. Actualmente ya forman parte de ella unas 120 mujeres de Montornès. Su primer proyecto fue un curso de árabe para niños y niñas, jóvenes y personas adultas El segundo, un proyecto de encuentro para mujeres, “un espacio seguro y de empoderamiento, donde compartir y vivir, ayudar y participar en la comunidad”, explica Zellali, “les cambia la vida, porque a muchas mujeres les cuesta participar, no saben con quién hablar, con quién salir..., a partir del grupo conviven con más personas y dejan de estar solas”. 

En estos encuentros, la Asociación invita a menudo a referentes para hacer charlas: la mayoría son sobre el empoderamiento de las mujeres ya que, defiende, “porque la mujer no trabaje y esté en casa no significa que no aporten a la sociedad”. Algunas de estas referentes han sido, recuerda Hanane Majdoubi, Asesora Familiar o Sanaa Aayllal, Orientadora y Presidenta del Consejo Interreligioso de la Comunidad Musulmana de Terrassa. Y es que reflexiona: “Se percibe que las mujeres marroquíes son sumisas, que no trabajan… pero nuestras mujeres están en el ámbito laboral, participan en la educación, en los cuidados… si muchas veces no participan en la vida comunitaria es porque están trabajando en el mercado laboral”.

En la Asociación continúa el grupo inicial de yoga, que este año ha sido uno de los protagonistas de la campaña de comunicación de mujeres y deportes de la localidad. También realizan salidas y quedadas entre ellas con el objetivo de entretenerse. Bouchra y sus compañeras crearon la asociación solo para mujeres y jóvenes ya que les parece esencial para trabajar su identidad y reflexionar sobre el sentirse de aquí y de allí.

Zellali a veces siente su trabajo la asociación como “duro, poco valorado y sin cobrar. Aportamos mucho de nuestro tiempo, mucha fuerza. Pero hay personas que sí lo valoran”. La Luz del Futuro está abierta a todo tipo de orígenes, aunque por el poco tiempo de vida de la entidad y el origen de sus fundadoras, ahora trabajan más con la comunidad marroquí: “pero más adelante se puede ampliar y siempre está abierta a todo el mundo” afirma la fundadora.

La fuerza colectiva que empieza en casa

CAMUMA es la Colectiva feminista y antirracista de mujeres migrantes que conforma su nombre de las palabras 'casa' y 'muma', que significa 'abuelita' en varias partes de Latinoamérica. Nos cuenta su historia María González, responsable de comunicación: “La colectiva nace con las reuniones en la casa de Carmen. Ahora la gestionamos cinco integrantes, todas diversas en orígenes y edad. Carmen es de República Dominicana, Mónica de El Salvador, Rosina de Nicaragua, Carolina y yo de Colombia. Soy la más joven, 27 años, pero Carmen tiene 75 años… Y ahí se condensa el nombre: ir a casa de la abuela”.

CAMUMA tiene su sede en Valencia capital, donde Carmen empezó con las reuniones con la idea de mirar lo colectivo. Es “algo intrínseco de su personalidad: abrir su casa, su espacio a las demás personas”, cuenta María. El grupo de trabajo consta de estas cinco mujeres que gestionan las actividades dirigidas a unas 30 participantes diferentes, según los proyectos.

En CAMUMA todo el trabajo es voluntario y autogestionado y el perfil de cada una profesional ha ayudado.“Carmen es dinamizadora comunitaria y tiene experiencia en el Tercer Sector; Rosina es psicóloga clínica y acompaña a personas que se encuentran en situaciones de crisis y eso nos ayuda en la gestión de los grupos; Mónica es especialista en relaciones internacionales y sobre todo en gestión de proyectos; y yo gestiono la comunicación interna y externa, y la incidencia en temas de género, migración y justicia social”, explica María.

El primer foco de trabajo de COMUMA son las mujeres migrantes en Valencia y trabajan dos temáticas principales: los cuidados, concienciar a las mujeres de su rol en la sociedad, y cómo éste debe ser reconocido. Y el segundo, la participación política de las mujeres migrantes: “Hemos impartido formaciones en cuanto a derechos y en cuanto al rol que tenemos en la sociedad. Muchas veces nos encasillamos. Llegamos a España, vamos a trabajar en ciertos escenarios, vamos a vivir en unas condiciones precarias, y muchas veces hay desconocimiento de la realidad social donde se llega, en este caso, Valencia… Al no saber como funciona el sistema al qué llegamos no sabemos que somos sujetas de derecho y a la participación”, relata González.

“Somos sujetas políticas en un territorio que nos ha recibido y donde también podemos aportar: que se vea desde las calles y desde nuestros lugares”: María

COMUMA ayuda a visibilizar y reconocer el papel de las mujeres migrantes, la importancia de generar redes y comunidad, más allá de una participación de “ser parte de un partido político”, especifica María, “somos sujetas políticas en un territorio que nos ha recibido y donde también podemos aportar desde un actor activo: que se vea desde las calles y desde nuestros lugares. Es notorio cuando uno le dice a una persona que aunque seas una persona migrante tienes derechos en este territorio. Y los puedes solicitar y acceder a ellos. Hay mucho desconocimiento sobre los derechos que se tienen”, concluye María.

CAMUMA realizó el año pasado el proceso de formación “Mujeres visibles”, relacionado a la identidad de género y al rol de la mujer migrante. Buscaban el empoderamiento, la autoestima, no encasillar a nadie en el rol que la migración impone: “Tú eres más allá de la cuidadora, de la limpiadora, de la interna… Tienes un rol más visible de la sociedad”, defiende González.

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