El retorno del servicio militar en Europa: Alemania y Francia imponen su voluntad a pesar de las protestas

Desde las manifestaciones estudiantiles masivas en Alemania contra el servicio militar hasta el fracaso del Servicio Nacional Universal francés, la adhesión de los jóvenes al servicio militar sigue siendo débil. A pesar de las oposiciones, los dos países a la cabeza de la remilitarización del continente se obstinan en volver a uniformar a su juventud.
Manifestación en contra el servicio militar Alemania -1
Manifestación en Stuttgart contra el servicio militar obligatorio, en diciembre de 2025.
2 ago 2026 06:00

El retorno progresivo del servicio militar interviene en un contexto de fuerte presión internacional sobre Europa para invertir en la guerra. Los gobiernos europeos justifican el aumento de su presupuesto en Defensa y la movilización de su población por la amenaza de Rusia desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. Afirman también su voluntad de soberanía militar frente a la desvinculación de los Estados Unidos de la Defensa de Europa.

La Unión Europea apuesta, por tanto, ampliamente por la financiación de la militarización con el proyecto ReArm, mediante el cual los Estados miembros pretenden movilizar 800.000 millones de euros de aquí a 2030. En su última cumbre en Ankara los pasados 7 y 8 de julio, la OTAN fue más allá al reafirmar su objetivo definido en La Haya en 2025. Los países miembros proyectan elevar sus gastos en defensa al 5% de su PIB de aquí a 2035. Francia y Alemania, históricamente entre los más comprometidos con la militarización, anuncian objetivos históricos de gasto en defensa. La ley de programación militar francesa 2024-2030 prevé una inversión de 436.000 millones de euros de aquí a 2030. Alemania, por su parte, afirmó durante el Zeitenwende de 2022 que invertiría 100.000 millones de euros en su ejército.

Para el investigador Tomás Gisbert, especializado en cuestiones militares en el Centre Delàs de estudios por la paz, a pesar de estos presupuestos colosales dedicados a la defensa, los Estados europeos constatan un número insuficiente de reservistas en caso de escalada militar. Es en este contexto que París y Berlín recurren a un retorno del servicio militar. Alemania, que puso fin a su conscripción en 2011, lleva a cabo desde el 1 de enero de 2026 una campaña de censo militar entre su juventud. Se envía un cuestionario obligatorio para los hombres y facultativo para los demás géneros, a todos los jóvenes de 18 años para proponerles participar en el servicio militar. Este proyecto del ministro de Defensa Boris Pistorius (SPD) tiene como objetivo recabar datos personales (aptitudes, diplomas, cualificaciones, disponibilidad) con el fin de anticipar una futura conscripción obligatorio. En su voluntad de construir el ejército “más poderoso de Europa”, el gobierno del canciller conservador Friedrich Merz espera elevar sus efectivos de 135.000 a 460.000 activos y reservistas de cara a 2029. Coste total de la medida para el Estado según las cifras del proyecto de ley: 1.097 millones de euros.

El gobierno del canciller conservador Friedrich Merz espera elevar sus efectivos de 135.000 a 460.000 activos y reservistas de cara a 2029

Si bien este servicio militar sigue siendo por el momento facultativo, los diputados han hecho saber que no descartarían imponer la obligación si no se alcanzan los objetivos sobre la base del voluntariado. Un estudio realizado por el Instituto ifo indica, sin embargo, que la reintroducción del servicio militar obligatorio podría provocar una caída del rendimiento económico del 1,6% del PIB, es decir, cerca de 70.000 millones de euros. Estos costes macroeconómicos se deberían a la entrada tardía de los jóvenes en el mercado laboral y a la disminución de la acumulación de capital humano. Además de este riesgo económico, si las 38.500 candidaturas espontáneas que el gobierno alemán anunció haber recibido en ZDF en 2026 parecen dar testimonio de un éxito, los objetivos en la juventud están, sin embargo, muy lejos de alcanzarse. De los 300.000 formularios enviados y a pesar de los 2.600 € mensuales prometidos, solo 530 personas se han unido a las filas de la Bundeswehr unos cinco meses después del lanzamiento de la medida.

En Francia, la constatación de fracaso es la misma. El exministro de Educación Nacional, hoy presidente del partido macronista y candidato a las elecciones presidenciales Gabriel Attal, había invertido ampliamente en el Servicio Nacional Universal. Sin embargo, los casos de maltrato, de sexismo y de racismo revelados por Politis, unos resultados muy mixtos, y sobre todo un presupuesto ampliamente subestimado, han empujado al gobierno a abandonar el proyecto lanzado en 2019 a principios de 2026. Esta iniciación militar de 12 días propuesta a los estudiantes de secundaria de 15 a 17 años costó de 3.500 a 5.000 millones de euros según un estudio del Tribunal de Cuentas. Sin embargo, a pesar de este fracaso, el gobierno francés ha vuelto a la carga con un nuevo modelo: el retorno oficial del servicio militar. Se trata de un compromiso voluntario de 10 meses propuesto a los jóvenes de 18 a 25 años con el fin de formarlos y reclutarlos posteriormente en el ejército o la reserva.

Para Tomás Gisbert, del Centre Delàs, “teóricamente, los gastos de armamento buscan aumentar la seguridad, pero en los hechos, lo que hacen es disminuir la seguridad humana”

Frente a estas inversiones estériles destinadas a alistar a la juventud en el ejército, esta ha expresado masivamente su oposición. En marzo de 2026, 50.000 estudiantes de secundaria alemanes salieron a manifestarse a las calles para protestar contra la militarización del país en un contexto de desinversión de los servicios públicos. Denunciaron los recortes presupuestarios en la educación y el aumento del coste de la vida en beneficio de una marcha hacia la guerra. Desde entonces, otros movimientos han reunido a miles de jóvenes en el país. Para Tomás Gisbert, las reivindicaciones de los estudiantes son justas: “teóricamente, los gastos de armamento buscan aumentar la seguridad, pero en los hechos, lo que hacen es disminuir la seguridad humana. Cuando se reduce el Estado del bienestar, se disminuye la seguridad de millones de personas”.

Un instrumento de control del cuerpo social: la victoria ideológica de la extrema derecha

El discurso político contemporáneo se ha impregnado profundamente de un léxico marcial. El mandato del presidente francés Emmanuel Macron al “rearme cívico” y sus constantes referencias a la “economía de guerra” encuentran eco en las declaraciones realizadas en noviembre de 2025 por el general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor de los ejércitos franceses. Este último se mostró abiertamente preocupado de que Francia pudiera flaquear con el argumento de que “no está dispuesta a aceptar perder a sus hijos”.

Esta militarización de la sociedad y de las mentes busca someter a una generación percibida por los gobiernos como rebelde y recalcitrante

Sin embargo, en la era de la guerra moderna de alta intensidad basada en tecnología punta y ejércitos profesionales hiperespecializados, la voluntad de alistar a jóvenes civiles no cualificados a través del servicio militar plantea interrogantes. Para Gisbert, además del reclutamiento, el objetivo es “obligar a toda la juventud a interrogarse y reflexionar sobre el hecho militar”. Esta militarización de la sociedad y de las mentes busca someter a una generación percibida por los gobiernos como rebelde y recalcitrante. En un contexto donde estos últimos no aportan ninguna solución estructural frente a la urgencia climática, a la precariedad o al desmantelamiento de los servicios públicos, la guerra se convierte en la última distracción.

Para Gisbert, se trata también de una voluntad de control del cuerpo social. Explica que el servicio militar es una medida coercitiva de censo y evaluación que permite clasificar a los individuos según sus aptitudes y su actitud. El objetivo es catalogar de antemano a los individuos que corren el riesgo de producir una resistencia social. El experto explica que “este registro y este control comienzan incluso antes de que el joven alcance la mayoría de edad, y esto va a perdurar a lo largo de toda su vida. Si el objetivo es también tener reservas para poder hacer la escalada en un conflicto, este control va a permanecer”.

Esta militarización discursiva y material marca una importante victoria cultural de la extrema derecha en Europa. Sus temas tradicionales como el orden, el uniforme, el chovinismo, la idea de una amenaza a la seguridad que pesa sobre la nación, son ahora retomados por gobiernos que se reivindican moderados. Esta rendición ideológica contamina incluso a la izquierda institucional, a imagen de los Verdes alemanes (Die Grünen), antaño punta de lanza del pacifismo, que hoy en día también votan a favor del servicio militar. Gisbert subraya esta porosidad ideológica entre la extrema derecha y el resto del espectro político: “la extrema derecha, es todo el complejo militar-industrial, los señores de la guerra y la esencia pura del capitalismo. La frontera entre la extrema derecha y la derecha, lo vemos, es muy fina, y la derecha puede en ciertos momentos cruzarla e ir hacia esos planteamientos”.

El espejo español: un alineamiento silencioso

A diferencia de sus vecinos europeos, España por el momento no ha incluido el retorno del servicio militar obligatorio en su agenda. Para Tomás Gisbert, se trata de un tema tabú en el país debido a la herencia de la lucha por la objeción de conciencia. Recuerda que la conscripción fue suspendida en 2001 para evitar el descrédito del ejército ante la campaña masiva de insumisión de los años 1990, impulsada por más de un millón y medio de objetores de conciencia.

Gisbert explica que en España el enfoque actual del ejército en la modernización tecnológica en lugar del servicio militar obligatorio es coyuntural y podría eventualmente evolucionar

El investigador recuerda, sin embargo, que este silencio sobre el servicio militar obligatorio no debe ocultar un alineamiento presupuestario muy real de España con los otros países europeos. El gobierno español, que había sido fustigado por Donald Trump por su falta de inversión durante la última cumbre de la OTAN, ya ha alcanzado, sin embargo, su objetivo del 2% del PIB en gastos militares, una primicia desde 1994. Según el último informe del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), publicado en abril de 2026, los gastos militares españoles experimentaron un salto del 50% en un año, hasta alcanzar los 40.200 millones de dólares. Gisbert explica, sin embargo, que el enfoque actual del ejército en la modernización tecnológica en lugar del servicio militar obligatorio es coyuntural y podría eventualmente evolucionar si futuros aumentos presupuestarios en el ejército lo permiten.

Este retorno del servicio militar en Francia y Alemania no es un caso aislado. Se inscribe en un movimiento más amplio a escala del continente. Bélgica, Polonia, los Países Bajos y Rumanía han adoptado medidas similares. Otros como Lituania, Letonia, Suecia y Croacia han ido aún más lejos al restablecer un servicio militar plenamente obligatorio.

Para Tomás Gisbert, esta marcha a la guerra presenta un grave riesgo de seguridad. “Todos los programas de rearme tienen el efecto de aumentar la desconfianza. Porque claro, cuando uno se arma con la excusa de la seguridad, provoca en el adversario un aumento de la desconfianza y su propio rearme. Es un fenómeno que se retroalimenta. ¿Y en beneficio de quién? De todo el lobby del armamento, del complejo militar-industrial”. Para el académico, esta dinámica global de militarización solo tiene una salida: “o la Tercera Guerra Mundial, es decir que en lugar de alejarnos de ella, nos acerca al conflicto, o bien, si este conflicto no tiene lugar, encontrará una salida en la exportación de armamentos y en la alimentación de conflictos en los países de los Sures globales. La salida a todo esto no es otra que la guerra. Ya sea la nuestra o la de los otros”.

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