Moción de censura a Rajoy
Se han ido

Pues se han ido, pero no muy lejos, como los villanos de las malas películas.

Mariano Rajoy Moción de censura Congreso 2
Mariano Rajoy despidiéndose tras su intervención en la moción de censura planteada en su contra en mayo de 2018. Dani Gago
Sarah Babiker
3 jun 2018 15:43

Se han ido. Hubiera sido más lindo que se marcharan en helicóptero. La Moncloa rodeada por una marea pacífica y determinada de precarias y parados, de pensionistas pobres, de madres tristes cuyas hijas emigraron, de nietos de víctimas del franquismo que no perdonan la desmemoria. En el aire, el clamor hermoso de miles de voces feministas que trajeran la vida al centro, y condenasen a la periferia a quienes apuestan por lo que no es vida: la especulación y el saqueo.

Perfecto hubiera sido que los desahuciados y las infrarremuneradas desalojasen del poder a quienes construyen imperios traficando viviendas, y cobran miles de salarios mínimos en blanco y en negro. O que el millón y medio de niñas y niños pobres que hay en el estado, hubiesen rodeado el Congreso, reclamando el futuro que los presupuestos generales prefieren garantizarle a la industria armamentística o a la ilegítima deuda.

Hubiera sido más feliz haber puesto al partido todo en cuarentena hace muchos años, cuando la alcantarilla Gürtel fue destapada y nos invadió el hedor. Antes de que rompiesen discos duros a martillazos, apartasen jueces, y fueran perfeccionando ese cerrado gesto de desprecio con el que contestan a quienes les cuestionan. Hubiera sido más justo para el mundo entero, que su anterior presidente, hubiera dirimido ante un tribunal internacional su responsabilidad por bombardear mentiras letales sobre miles de iraquíes. Nos deben mil dimisiones, cientos de años de cárcel, y billones de euros. Vidas, memorias, futuros nos deben. No estamos en paz.

Pero se han ido. Así, como volvieron en el otoño del 2011, con su dosis de shock y frenetismo. En los últimos años, el ritmo narrativo de nuestra vida política no tiene nada que envidiarle a las series más trepidantes. Cada temporada impacta más que la anterior, ansiamos el siguiente capítulo, cliff hanger tras cliff hanger, ¿quién acordará gobierno con quién? ¿se celebrará el referéndum? ¿habrá elecciones? ¿extraditarán a Puigdemont? ¿habrá Govern? ¿quién será el próximo rapero preso? ¿dimitirá Cifuentes? ¿Quién será mañana el presidente?

No hay debate que dure cien años, ni a veces cien minutos, saltamos de urgencia a urgencia, de escándalo a escándalo, de ataque a ataque, de TEMA del momento a TEMA del momento, como si a un showrunner desquiciado, o a un equipo de dedicados guionistas, les fuera la vida en que no nos desenganchemos ni por un momento de la narrativa institucional, de las performances de los hombres y mujeres que nos ofrecen como elenco protagonista.

Si no tomamos las calles para festejar, es porque no es desde las calles desde donde hemos conseguido que esto llegara

Tenemos personajes para todos los gustos: con alguno te identificas, fijo. Y además evolucionan, el mismo galán puede hacer de tibio una temporada, de revolucionario la siguiente, después de traidor, y hasta de esperanza de la democracia tras un elegante giro de guión. La misma estrella emergente puede llevarte del entusiasmo al tedio y de vuelta al entusiasmo en cosa de pocas semanas. Tenemos malvados idiotas y malvadas astutas. Desfalcos multimillonarios y tristes falsificaciones de títulos. Nadie dirá que los personajes son planos, ni las tramas predecibles. 

Y sí, así de pronto, se han ido, y hemos festejado, lo justo. Con vídeos y comentarios en redes sociales, festivales de retuits y brindis en la intimidad. ¿Cómo no celebrar que termine lo que nunca debería haber sido? ¿Cómo no sentirse más ligeras con esa gente fuera del gobierno? (Pero no del poder, ni del político ni del económico, que vienen a ser dramáticamente el mismo). Si no tomamos las calles para festejar, es porque no es desde las calles desde donde hemos conseguido que esto llegara.

El gobierno hoy puede ser menos corrupto y pestilente, pero ha sido fruto de una operación de higiene, y una limpia, por ahora, no es una transformación. Los ladrones se han ido a la oposición, no al ostracismo, ni a la cárcel. Quienes están en la cárcel son las víctimas de la ley mordaza y de la cruzada nacionalista de la derecha. Una derecha que ha impuesto su marco, que al tomar la iniciativa solo deja espacio para revocar y desandar la ruta hacia el desierto autoritario y profundamente desigual por la que corrían desbocados. Y esa ruta no era un capricho exótico de nuestra mediocre oligarquía, es la sintonía de los tiempos. Es la pulsión que dicta un escenario que está por recrudecerse.

Una política de la escasez de lo material, del racionamiento de los derechos económicos y sociales, de la relativización de los civiles y políticos. Una política del empacho de discursos y símbolos y el hambre por lo básico. Queda sembrada en las calles y en las conciencias la necesidad de orden y certezas, abonado el campo para que Ciudadanos, en unos meses, si no la pifia demasiado, recoja la cosecha.

Pues se han ido, pero no muy lejos, como los villanos de las malas películas. Y van a volver en cuanto puedan, porque piensan que todo lo que tomaron les corresponde y nunca se cansan de tomar más y más. (Yo no sé si creen que a ellos todo les corresponde o más bien son de la idea de que a nosotras no nos corresponde casi nada). No están solos, están tremendamente bien acompañados, su ideología es la hegemónica, sus redes las más poderosas. No podemos hacer como si bastara la determinación de algunos hombres y mujeres para cambiar el rumbo o pelear por la mayoría. Hay que prepararse ante escenarios y conflictos inimaginados. Hay que liberar nuestra imaginación política de sus relatos. No dejar que la trama institucional absorba toda nuestra inteligencia y atención, como esas series de Netflix que te atrapan. Hay que prever los más oscuros paisajes y tener listas nuestras reservas de luz. Toda esa luz que a principios de primavera pujaba por recuperar las calles.  Para que cuando vuelvan, ellos o los otros, no nos encuentren siendo espectadores, solas frente a nuestras pantallas, pendientes de un giro de guión propicio, de un final feliz que siempre se aplaza.

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#18146
6/6/2018 11:17

Una que se fue. Ana la "preparada".

"Ana Botín
‏Verified account @AnaBotin

En un momento clave para la Unión Europea, tener a @NadiaCalvino como nuestra nueva ministra de Economía es una garantía de que España seguirá aumentando su peso en las instituciones europeas. Enhorabuena Nadia."

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José Martínez Carmona
4/6/2018 14:53

¿Qué hacer que no sea organizar la resistencia frente al capital organizado? El nudo gordiano está en la insolidaridad de los trabajadores impuesta por ley. ¿Alguien cree de verdad que Pedro Sánchez, que estaba en Bosnia cuando la OTAN la estaba bombardeando va a recolocar en su sitio el art. 135 y acabar con los recortes que impulsó el PSOE? ¿Alguien cree que el PSOE va a renunciar al neoliberalismo económico, incumpliendo las órdenes de las corporaciones multinacionales que dominan el mundo? ¿Alguien cree que la calle y los gritos van a cambiar las cosas sin organizar la fuerza capaz de paralizar la ciencia, la educación, la industria, la agricultura, los servicios?...

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#17999
4/6/2018 15:32

Yo, desde luego, no lo creo. Mi memoria se extienda mas allá del año pasado.

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#17962
3/6/2018 23:03

Llevan en este país muchos siglos... No se han ido y nunca se irán, porque todos son lo mismo.

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#17951
3/6/2018 18:16

No se han ido a ningún sitio. hay que echarlos en la calle.

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#17950
3/6/2018 17:32

¿Se han ido? Que yo sepa mañana lunes seguirá habiendo 137 peperonis ocupando su escaño en el congreso con su correspondiente derecho a voto. Se ha producido un cambio de tronista, nada más.

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