Música
Argentina despide al ‘Indio’ Solari, uno de los músicos más importantes de su historia
@cevaldiez
Misas es como les gustaba definir a sus seguidores esas liturgias en las que se transformaban sus conciertos, y durante las cuales el tiempo quedaba suspendido. El día en que hordas de gente se movilizaban adonde fuera que tocaran Los Redondos. Había una fiesta y se convocaba un ritual en el que todos estaban dispuestos a ser hechizados por el magnetismo del Indio, su música y el baile; y a fingir que no había más nada: ni cuentas que pagar, ni falta de trabajo, ni problemas familiares, ni políticos corruptos, nada.
La banda nació en la ciudad de La Plata —60 kilómetros al sur de Buenos Aires— en los años 70, los mismos de la dictadura, y al principio formaban parte de una performance donde había otros números, y donde, según se cuenta, se repartían redonditos de ricota (requesón). En los 80 la banda creció y adquirió peso propio, pero en los 90 fue cuando pegaron el gran salto y ya las salas pequeñas no pudieron contener el enorme público que convocaban.
Los Redondos fueron los primeros en llenar estadios cuando casi ninguna banda argentina había dado ese paso, pero ahí también empezaron los problemas con la policía y los operativos de seguridad. La banda tuvo, durante su largo recorrido en el tiempo, algunos principios que mantuvieron hasta su separación: la autogestión, casi ningún contacto con la prensa y sus propios mecanismos de seguridad.
El crecimiento propició situaciones de desborde —en relación a poder contener la enorme cantidad de gente que convocaban— que no fueron fáciles de manejar, pero también hubo un fuerte desgaste entre sus integrantes que derivó en el anuncio de su separación hacia finales de 2001. De todas formas, y pese a que el Indio y Skay Beilinson, el guitarrista y su coéquipier, no volvieron a tocar juntos, hubo un spin off llamado Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Sí, los nombres largos también fueron lo suyo.
Pero más que los nombres, si algo caracterizó a Los Redondos fueron sus letras. El Indio era un erudito que manejaba el lenguaje a su antojo, algo que confundía a propios y extraños. ¿Cómo esos pibes que se juntaban a beber cerveza y fumar porro en las esquinas de los barrios populares tenían esa devoción por un tipo cuyas canciones escondían una poesía tan críptica? La respuesta la dieron esos mismos pibes, en las cientos de declaraciones que dieron a los cronistas de calle que les preguntaron qué significó el Indio para ellos. Una buena mayoría respondió que el Indio los había ayudado en situaciones difíciles, o que directamente los había salvado, pero todos, absolutamente todos, le dieron las gracias.
Las letras
Con el tiempo el público de Los Redondos se fue ampliando y diversificando. En los barrios pasó de generación en generación y las letras siguieron hablando de lo mismo de siempre: el poder, el amor, el mundo, los vínculos, la filosofía, la calle, la soledad, la esperanza, lo siniestro, la libertad, la tecnología, las drogas, los políticos, el trabajo. Pero su particular voz, y ese magnetismo que irradiaba su figura que danzaba en un pie y se desenroscaba sobre sí mismo para salir desprendido como de un resorte, debieron abandonar los escenarios. En 2016, frente a 150.000 fans contó: “Míster Parkinson me está pisando los talones, pero acá estoy, hace rato que eso pasa, pero les aseguro que no me voy a bajar tan fácil de un escenario”.
En los últimos años, el Indio dio algunas entrevistas, se declaró peronista y hasta contó su versión de las letras de los discos. En una de esas últimas charlas también advirtió: “Mis letras no están para ser interpretadas, están para ser imaginadas, ¿yo no sé qué te pasa a vos con lo que yo digo?”. El fin de semana en el sin cesar de manifestaciones que ocasionó su muerte, además de las imágenes hubo una necesidad urgente de compartir sus letras.
Algunas de las que más circularon fueron: “Sobrio no te puedo ni hablar”, “siempre fui menos que mi reputación”, “nuestro amo juega al esclavo”, “todo preso es político”, o “cuanto más alto trepa el monito, así es la vida el culo más se le ve”. Las calles se llenaron de sus canciones y en la Plaza de Mayo se hizo “el pogo más grande del mundo”, ese que se puede ver en infinidad de videos de Youtube cuando suena “Jijiji” y que deja atónitos a todos.
Funeral
El sábado posterior al anunció de la muerte del Indio, Los Fundamentalistas tenían una fecha programada en Comodoro Rivadavia, en la patagónica provincia de Chubut, y decidieron no cancelarla y transmitir el concierto en vivo. Con el corazón en la mano y el alma quebrada dieron quizás el recital más difícil de sus vidas —que fue seguido en directo por más de 200.000 personas—, y se permitieron mostrar su dolor y compartirlo con los miles de ricoteros presentes en el lugar.
La despedida del Indio dividió aguas y generó polémica en relación al lugar de su funeral. El gobierno de Milei se lavó las manos y desestimó de forma casi inmediata despedir al ídolo popular en el Congreso, como sí se hizo con otros ídolos populares. A cambio, ofreció que se hiciera en Tecnópolis, un lugar muy alejado del centro de Buenos Aires —considerado un símbolo del kirchnerismo— y al que los antiperonistas, en su momento, llamaban Negropolis.
La familia, por su parte, avisó el mismo día de su muerte de que el velorio sería el domingo, para dar tiempo a llegar a los que venían de lejos. El lugar elegido, finalmente, fue el Polideportivo de Avellaneda, en el conurbano Sur, y la organización estuvo a cargo del peronista Axel Kicillof. De alguna manera, despedir al Indio en los márgenes. Y en un barrio popular, fue una cuestión de justicia poética.
Si bien el Indio fue transversal y atravesó todas las clases sociales, entre los más de cientos de miles que hicieron la cola para ver el féretro —que llegó a alcanzar unos ocho kilómetros—, o se acercaron a las inmediaciones del lugar —se habla de cerca de un millón de personas— había una fuerte presencia de las clases populares. Esas mismas que hoy se sienten desamparadas y que el domingo, además de palabras de afecto y agradecimiento al Indio, aprovecharon los micrófonos para insultar a Milei y advertir que están hartos.
Hay una mística en torno a los Redondos muy parecida a la que hay con el fútbol, y que tanto caracteriza a los argentinos. A diferencia del Diego, el de Los Redondos es un fenómeno profundamente argentino, tanto que la banda casi no tocó fuera del país (excepto en Uruguay).
Lo que se vivió estos días de funeral/fiesta, a lo largo y a lo ancho de Argentina, fue la despedida de un ser querido en un abrazo de profundo agradecimiento. En épocas donde lo que más abunda es crueldad, una multitud agradecida de que la miren, no la subestimen y la respeten salió a la calle de forma pacífica para demostrar lo que el Indio predicó siempre: cuidarse entre todos y mostrar que para eso no hacía falta policía, más bien todo lo contrario.
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