Opinión
Sí se puede, Dolores, sí se puede

Hoy despedimos a Dolores Huerta (10 de abril de 1930–28 de octubre de 2026), histórica organizadora sindical, cofundadora de United Farm Workers y referente del movimiento feminista y de los derechos civiles. Su trayectoria estuvo marcada por la defensa de las personas trabajadoras del campo, la justicia social y el liderazgo de las mujeres. Su legado nos recuerda que la transformación colectiva requiere organización, solidaridad y compromiso sostenido. ¡Sí, se puede!
Dolores Huerta 1973
Dolores Huerta interviene en un acto de boicot a la lechuga organizado por el sindicato United Farmworkers en Nueva York, en la Iglesia de San Pablo Apóstol, en 1973. Foto: ed Pearson / Daily World

Uno de mis primeros recuerdos militantes se remonta a 1988, cuando yo tenía solo cuatro años. En aquel año pasaron muchas cosas que pusieron en jaque la democracia en México. Por un lado, se dieron grandes movilizaciones en el interior del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social, en el que militaba activamente mi madre. Durante casi un año, las bases obreras de la sanidad se movilizaron en contra del llamado “charrismo sindical” (dirigencias sindicales aliadas con el partido gobernante en turno, el PRI). Por otro lado, el 6 de julio, día de elecciones presidenciales, alrededor de las 20.30 horas, el recuento de votos se detuvo cuando los resultados preliminares favorecían al candidato por el Partido de la Revolución Democrática, Cuauhtémoc Cárdenas, frente a Carlos Salinas de Gortari del Partido de la Revolución Institucional. Frente al fraude, las bases del PRD, a las que también pertenecía mi madre, se movilizaron durante todo el mes de julio en la Ciudad de México. Dos momentos que, en mi corta vida, me llevaron a las calles de la mano de mi mamá, que como madre autónoma tenía que llevarme con ella a todas las protestas, de ahí ese primer recuerdo que hoy todavía tengo nítido en mi memoria: ella con el puño en alto gritando “¡sí se puede!”.

Esa frase nos ha marcado a generaciones enteras. De hecho, en 2008 fue uno de los lemas centrales de la campaña electoral de Barack Obama, Yes We Can! Pero es probable que pocas personas sepan que se la debemos a una mujer chicana, sindicalista, feminista y vegetariana: Dolores Huerta.

Nace una lideresa

Dolores Clara Fernández Huerta nació el 10 de abril de 1930 en Dawson, Nuevo México, pero creció en el Stockton, en el Valle de San Joaquín en California, una zona agrícola a la que acudían los trabajadores temporales mexicanos llamados “braceros” para trabajar en el campo. Su madre, doña Alicia Chávez, después de muchos años sosteniendo a la familia con dos empleos, como camarera y como empacadora en una fábrica envasadora, logró montar un pequeño restaurante al que acudían sobre todo trabajadores agrícolas. Fue ahí donde la joven Dolores comenzó a involucrarse en la lucha por los derechos civiles de la población latina y chicana.

En 1953 se graduó como maestra, pero ejerció apenas un año. Como ella misma dijo en múltiples ocasiones, no soportaba la situación de pobreza que observaba entre los hijos de los campesinos y pensó, sin equivocarse, que “podría hacer más organizando a los trabajadores, que intentando enseñar a sus hijos hambrientos”. Así, en 1955 se unió a las filas de la Community Service Organization (CSO) una organización que promovía los derechos civiles y la participación política de la población latina. Allí conoció al comunista Fred Ross, al que durante toda su vida designó como su mentor y quien junto con Saul Alinsky, referente de la organización comunitaria (Organizing) en Estados Unidos, impulsaron a Dolores a asumir responsabilidades y dirigir campañas. Durante sus años en la CSO recorrió miles de kilómetros visitando campamentos de trabajadores agrícolas migrantes.

Dolores veía una contradicción tremenda en la labor esencial para la vida de los trabajadores agrícolas y en la forma en que se les despreciaba, maltrataba y explotaba

Para 1958, año en el que fundó la Agricultural Workers Association, era una de las organizadoras que mejor conocía y defendía el trabajo agrícola. Al escuchar sus discursos es imposible no pensar en la situación actual de las y los jornaleros en Huelva y Almería, por territorializar en el Reino de España. Siguiendo los planteamientos de Martin Luther King, Huerta planteó que “la forma en que son tratados y explotados los trabajadores agrícolas es un legado de la esclavización de personas” siendo las personas del campo quienes dan de comer a todo el mundo. Dolores veía una contradicción tremenda en la labor esencial para la vida de los trabajadores agrícolas y en la forma en que se les despreciaba, maltrataba y explotaba.

Una vida para el sindicato

Después de varios años, se unió a César Chávez para fundar en 1962, un sindicato a nivel federal que protegiera los derechos de los trabajadores agrícolas, pero también los derechos civiles de la población latina y filipina: la Unión de Campesinos (United Farm Workers, UFW). Una de las mayores victorias del sindicato fue la huelga de la uva de Delano, California, en donde Huerta tuvo un papel imprescindible en la organización de los boicots y del sostenimiento de casi cinco años de huelga y de lucha constante tanto en los campos agrícolas de California como en los supermercados y con los transportistas en Nueva York y Nueva Jersey. Durante esos años organizó piquetes, boicots y huelgas de consumo en coalición con iglesias locales, organizaciones obreras, activistas liberales y grupos estudiantiles. Dolores Huerta fue la primera negociadora de contratos del sindicato, cerrando contratos con las empresas de la uva en los que se recogieron las principales demandas de los trabajadores: aumentó de salarios, nuevas normas de seguridad para proteger a los trabajadores de los pesticidas, creación de un fondo de salud y autonomía sindical.

Dolores fue de las primeras mujeres chicanas en denunciar la triple discriminación que sufrían las mujeres atravesadas por el género, la clase y la raza en Estados Unidos

En 1972, el gobierno de Arizona promovió medidas para limitar la organización sindical de los trabajadores agrícolas y frenar sus huelgas y boicots. La ofensiva legislativa desató una firme respuesta del movimiento campesino, decidido a defender sus derechos colectivos. Fue entonces, en una reunión entre trabajadores y sindicalistas cuando pronunció una frase que a día de hoy es emblemática de la lucha social: “¡Sí se puede en Arizona! ¡Sí se puede!”. Los trabajadores comenzaron a corear el lema y el resto es historia de la clase obrera.

Dolores Huerta
Dolores Huerta en 2016. Foto: Tom Hilton.

Dolores fue de las primeras mujeres chicanas en denunciar la triple discriminación que sufrían las mujeres atravesadas por el género, la clase y la raza en Estados Unidos. Durante décadas se dedicó a formar lideresas sindicales, a la defensa de los derechos de las mujeres, de los derechos sexuales y reproductivos y apoyando al movimiento queer. En una entrevista reciente menciona que entiende que las mujeres de abajo, de las organizaciones migrantes, piensen que el feminismo es algo para mujeres blancas. Sin embargo, para ella las mujeres racializadas feministas no solo existen, sino que son quienes engrosan las filas y lideran los sindicatos y los movimientos sociales.

Como parte de su compromiso feminista, el 18 de marzo de 2026, con 94 años, Dolores publicó una carta abierta en la que reveló que en 1960 y 1966 fue agredida sexualmente por su compañero de sindicato César Chávez. Una de estas agresiones se dio, de hecho, durante la campaña de boicots de la huelga de la uva en Delano, California. Como resultado de las agresiones, Dolores Huerta quedó embarazada en dos ocasiones y dio en adopción a las criaturas para proteger su intimidad, pero sobre todo para no afectar a la lucha del sindicato. En la carta defiende los motivos que la llevaron a guardar silencio durante décadas: “guardé este secreto durante tanto tiempo porque construir el movimiento y asegurar los derechos de los trabajadores agrícolas era la obra de mi vida. La formación de un sindicato era el único medio para lograr y garantizar esos derechos, y no iba a permitir que César ni nadie más se interpusiera en mi camino”.

La partida de Dolores Huerta nos deja a muchas de nosotras huérfanas de una de las más grandes referentes de la lucha social, sindical y por los derechos de las personas migrantes y cierra una trayectoria de más de siete décadas de actividad incansable por la justicia social.

Descansa en poder, querida compañera.

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