Agridulce día de los Abogados de Atocha

Este año me puedo permitir considerar y opinar públicamente, que el actual decano del Colegio de Abogados de Madrid, de cuyo nombre no quiero acordarme, no merece un puesto en ninguno de los actos en los que se honre la memoria de los Abogados de Atocha
Francisco Javier López Martín
22 ene 2026 23:04

Se acerca el 49 aniversario del asesinato de los Abogados de Atocha. El recuerdo de aquel fatídico 24 de enero de 1977, cuando el franquismo, incrustado en las instituciones y en la sociedad, decidió derramar sangre inocente para cortar el paso y cortar de raíz la incipiente democracia.

Tres pistoleros de las camadas negras subieron aquella noche de enero al despacho de abogados laboralistas de la calle de Atocha, número 55 y ejecutaron a los ocho abogados y a un administrativo que allí se encontraban. Cinco murieron, cuatro sobrevivieron. Se trataba de dar una lección, un correctivo, crear un recuerdo cruelmente inolvidable, negar cualquier posibilidad de existencia al mundo nuevo que se avecinaba.

Hoy ya sólo se encuentra entre nosotros Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, el último de los sobrevivientes, como le gusta decir, el que se salvó gracias al bolígrafo que detuvo la bala, hoy presidente de la Fundación Abogados de Atocha, cuya creación decidí proponer al Congreso de CCOO de Madrid de 2004. Un Congreso celebrado al poco de los terribles atentados que golpearon a Madrid el 11 de Marzo de ese mismo año.

Me pareció que reivindicar la figura de los de Atocha era lo mejor que nuestra organización podía aportar a la sociedad española, convulsionada por el terrorismo islamista. Aquellos jóvenes que lejos de elegir defender al dinero y al poder, habían decidido servir a la clase trabajadora en sus puestos de trabajo y en sus barrios.

Han pasado muchos años, muchas han sido las flores depositadas cada 24 de enero en los cementerios, en el portal de Atocha 55, donde se encontraba el despacho, o en el monumento del Abrazo, en Antón Martín, que conseguimos que aprobase el Ayuntamiento de Madrid y que esculpiese Juan Genovés para recordar a los Abogados lo más cerca posible del lugar donde fueron asesinados.

Este 24 de enero será un día agridulce. De una parte, en el lado dulce, el gobierno de España ha decidido declarar el monumento de El Abrazo como Lugar de Memoria Democrática. El pasado lunes 19 de enero el Boletín Oficial del Estado publicó el acuerdo de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, detallando cada paso que dimos desde CCOO de Madrid, a partir de 2001, para que hoy el Abrazo se encuentre presidiendo la Plaza de Antón Martín.

La parte agria procede del hecho de que quien hoy preside el Colegio de Abogados de Madrid parece estar dirigiendo los derroteros del Colegio hacia aventuras como la gestión de una nueva universidad privada, concedida por la presidenta Ayuso, en la que se formarán abogados.

Una concesión denunciada por un buen número de universidades y que muchos vinculan a la intervención del Colegio de Abogados como acusación particular contra el Fiscal General del Estado y, por lo tanto, en defensa del novio de la Presidenta.

El Colegio de Abogados de Madrid jugó un papel esencial durante aquellos duros días de enero de 1977, acogiendo la capilla ardiente de los cinco abogados asesinados. Una decisión honesta, pero polémica, del entonces decano Pedrol Rius, que no dudó en asumir el riesgo que suponía.

Cada año, el Colegio de Abogados de Madrid ha asumido un papel importante en los actos conmemorativos que cada año organiza la Fundación Abogados de Atocha, porque aquellos jóvenes eran abogados que dignificaban la profesión con su vida y con su muerte.

Este año, sin embargo, una vez que la dirección de CCOO de Madrid ha decidido apartarme del patronato de la Fundación, me puedo permitir considerar y opinar públicamente, sin comprometer en nada a la organización, que el actual decano del Colegio de Abogados de Madrid, de cuyo nombre no quiero acordarme, no merece un puesto en ninguno de los actos en los que se honre la memoria de los Abogados de Atocha. 

No debería estar presente en los actos en los cementerios, ni en el que se realiza ante el monumento dedicado a los Abogados de Atocha en Antón Martín, ni en la entrega de premios en el Auditorio Marcelino Camacho. Vivimos la encrucijada del final de una época y debemos elegir entre un futuro de honestidad, decencia, solidaridad y apoyo mutuo, o un futuro de competencia, competitividad, egoísmo y corrupción.

En esas andamos, no hay otra, elegir entre los Abogados de Atocha, o los amantes del poder y del dinero. Nunca ha habido otro dilema.

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