Andrés Manzanares
12 sep 2026 10:31 | Actualizado: 13 sep 2026 09:30

Leo artículos que se refieren al partido BSW como rojipardo. Creo necesario cuestionar este calificativo tan lapidario y su relación con la línea política de BSW. BSW surgió, en enero de 2024, como escisión de Die Linke, que era el partido equivalente a IU en España. La escisión de Sarah Wagenknecht y sus partidarios fue conflictiva y arrastra rencores, fundamentados en razones ideológicas, pero también de competición y supervivencia electoral.

Respecto a esto último, el conflicto es fácil de entender. Wagenknecht formó su nuevo grupo parlamentario con otros nueve diputados del Bundestag que habían sido elegidos dentro de las listas de Die Linke, siendo por ello considerada una tránsfuga traidora. El golpe fue serio, porque en los meses que precedieron las elecciones generales de marzo de 2025, Die Linke aparecía en las encuestas como condenada a desaparecer del Bundestag, mientras que BSW superaba el 5% de corte. Al final, Die Linke invirtió las tornas con una campaña dirigida al voto joven, urbano y titulado, es decir arrebatando votos a la base de los verdes, y acusando a BSW de rojipardismo.

Es aquí donde llegamos a las diferencias ideológicas. Die Linke ha sobrevivido derechizándose, en la búsqueda de coaliciones de gobierno con SPD y verdes. En esta carrera hacia la respetabilidad a ojos de los partidos centrales, la dirección de Die Linke renunció hace tiempo a tener un programa socialista y antimilitarista, ha aceptado la sumisión a la OTAN y apenas critica la política neoliberal de la UE o pone en cuestión su ordenamiento. Por ejemplo, votó a favor del envío de armas al gobierno de Zelenski, mantiene una discreción sospechosa ante la destrucción del gasoducto Nordstream, la persecución y difamación a la que se ha sometido a toda voz crítica o a la cada vez más escandalosa censura y manipulación de los medios públicos para justificar el nuevo militarismo alemán. Además, Die Linke no tiene una postura clara de condena al genocidio israelí. Su programa promete mayor generosidad de las prestaciones sociales (educación, vivienda, etc), una reforma tributaria para conseguir mayor progresividad y una política migratoria de fronteras abiertas. Esencialmente un programa socialdemócrata, pero que no puede cumplir en coalición con SPD y verdes. Por ejemplo, el PDS co-gobernaba (con el SPD) Berlin cuando privatizó más de 60,000 viviendas públicas. (Nota: Wagenknecht estaba entonces en el ala izquierda del PDS y en general no apoyaba coaliciones con el SPD)

Por otra parte BSW está siempre sometida a demoledores ataques desde el complejo mediático por su postura antimilitarista crítica con las políticas imperiales de EEUU y con la violenta reactivación del militarismo alemán, tildadas de ‘putinismo’. Además, cometió un error grave cuando el partido empezó a obtener representación: la entrada en una coalición de gobierno del Land de Turingia, produciendo el desencanto de muchos votantes que confiaban en que no entrara en el juego de coaliciones con los partidos del poder. La factura fue que el BSW obtuvo el 4,99% del voto en las elecciones generales y se quedó fuera.El partido sigue lucha por sobrevivir.

Además de su antimilitarismo consecuente, BSW se diferencia de Die Linke en que propone un programa para ganar electores de clase trabajadora centrándose en temas sociolaborales clásicos. Sus razones políticas, expuestas en su libro “Los engreídos”, quedan patentes en posicionamientos claramente distintos a los de Die Linke. Los engreídos para Wagenknecht serían los izquierdistas urbanos y con trabajos de cuello blanco, votantes de verdes y, cada vez más, de Die Linke, que se centran en batallas culturales y en hacer gala de un ecologismo que la mayoría de los trabajadores simplemente no se puede permitir. Estos engreídos, que no suelen competir con los inmigrantes en el mercado laboral ni por los servicios básicos, también se consideran muy virtuosos frente a todo el que cuestione la afluencia masiva de inmigrantes, al que tildan sin discusión posible de racistas.

Y aquí llegamos al fundamento de la acusación rojipardista: la cuestión de la inmigración. BSW defiende que el derecho de asilo debe ser preservado, que todos los trabajadores de origen extranjero establecidos y regularizados en Alemania deben tener los mismos derechos que los autóctonos, pero también que los futuros flujos de inmigración deben ser regulados y Alemania, como Estado soberano, tiene el derecho a hacerlo. Según BSW, dado que la clase trabajadora es la que más necesita de los servicios básicos del Estado, defender y alinearse de facto con la política agresiva de EEUU/OTAN y su consiguiente destrucción de países enteros (Iraq, Afganistán, Libia, Siria, Ucrania, etc), de los que luego tienen que salir millones de refugiados, y al mismo tiempo defender la austeridad fiscal y la apertura total de fronteras es no sólo electoralmente suicida, sino indefendible si se mira por los intereses de los trabajadores que ya viven en el país, incluyendo los extranjeros. Además, BSW razona que mientras la política fiscal sea de recortes permanentes, y más ahora en tiempos de orgía de gasto militar, el objetivo central debe ser defender los derechos económicos de la mayoría y enderezar el rumbo general de la política.

Cada cual debe sacar sus propias conclusiones sobre estas tesis del BSW, pero a mí me parece excesivo acusar a este partido de rojipardismo, que no es otra cosa que similitud con los movimientos fascistas de hace aproximadamente un siglo. Afirmar que un Estado puede controlar sus fronteras para limitar la inmigración no es equivalente a crear una máquina militar y una ideología genocidas para invadir a todos tus vecinos (como la Italia de Mussolini o la Alemania hitleriana). BSW no tiene un discurso racista como las derechas alemanas, que argumenta que ciertos orígenes, colores de piel y culturas son incompatibles con la vida nacional. Por ejemplo, también ha criticado la generosidad de las prestaciones al millón aproximado de refugiados ucranianos, comparándola con la exigüidad de las prestaciones por desempleo y mínimo vital a los ya residentes, algo que las derechas no mencionan porque los ucranianos serían más merecedores de solidaridad.

BSW tampoco es un partido socialista, pero no creo inteligente alinearse con las críticas viscerales que tanto alientan los medios y sus rivales de Die Linke, o de los verdes y SPD. Ninguno es socialista, pero al menos BSW tiene una postura lógicamente coherente y la ha defendido con mucha valentía frente a la horda mediática que no tolera críticas a la OTAN. Die Linke, en cambio, se esconde y mimetiza con el ambiente.

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