Carta abierta a Manuel Reyes Mate: sobre el genocidio en Gaza

El genocidio sionista en Gaza es negado por buena parte de los medios y de consagrados pensadores, como es el caso de Manuel Reyes Mate. Analizamos un par de artículos suyos invitándole a reconsiderar sus negaciones.
Fernando Rovetta Klyver
25 may 2026 09:12 | Actualizado: 25 may 2026 11:22

Ha pasado casi un año desde que me enviaste tu artículo “De la guerra justa a la guerra santa(Norte de Castilla 01/06/25, p.27). Para entonces, habían pasado 6 meses desde que presentaras en el CSIC (19/12/24) tu libro: Tierra de Babel. Más allá del nacionalismo(Editorial Trotta, 2024). En aquella oportunidad, te pregunté públicamente si no estábamos asistiendo a un genocidio en Gaza. Ante tu negativa a responder, reformulé la pregunta -por invitación del Director del IFS- por escrito, superando así la carga emotiva que para ti invalidó mi pregunta, (28/12/24) pero aun así no recibí respuesta, salvo por este artículo periodístico.

Si bien admiro tu obra en su conjunto, y agradezco los expurgos que donaste para nuestra biblioteca de libros libres, disculpa que una vez más -y esta sería la tercera- que me atreva a disentir públicamente contigo respecto a Israel. Me propongo: I) analizar tu artículo sobre guerra justa, señalando algunas discrepancias, II) mencionar otro tuyo más reciente en el que cuestionas la gesta popular que detuvo la vuelta ciclista en Madrid, y III) remitirte a autores judíos no sionistas que acusan a Israel de estar perpetrando un genocidio en Gaza.

Coincido plenamente con tu “algo hay que hacer para parar esa guerra y lo más urgente es detener la ofensiva israelí”, como también con tu propuesta de “aproximarnos al conflicto palestino de una manera más compasiva y más justa”. Aunque terminas afirmando que resulta más eficaz la más compasiva “porque opera sobre nosotros mismos y no sobre terceros”.

Aquí comienzan mis discrepancias: estamos hablando de dos escenarios bélicos en los que mueren millares de inocentes, cabe entonces dar prioridad -para dotar de mayor eficacia- a la aproximación más justa, que atienda la situación de esos terceros.

Resulta muy oportuna tu referencia a la teoría de la guerra justa y señalar la polarización actual entre quienes sostienen que ninguna guerra es justa, como Francisco en Fratelli Tutti; y quiénes creen que todas los son si son santas. Esta última tesis lleva a la contradicción -como bien señalas- entre los Patriarcas Ortodoxos Cirilo (ruso) y Bartolomé (ucraniano) al momento de calificar y descalificar a un mismo conflicto, legitimando cada cual sólo a los suyos. Otro tanto -afirmas- ocurre en Gaza “donde se enfrentan sionistas y Hermanos musulmanes de Hamás”. 

Ciertamente es cuestionable confundir -como hacen los Patriarcas- una calificación ética (justa) con otra religiosa (santa), porque mientras aquélla cumpliría con la exigencia kantiana de ser universalmente razonable o razonablemente universal, ésta sólo es asumible por los creyentes de cada religión.

Pero también cabe cuestionar una falta de distinción. Se trataría del talón de Aquiles de la magnífica Encíclica de 2020 que no adviertes, cuando elogias “el coraje de enmendar la plana a una teología milenaria”, mencionando un pie de página, el del apartado 260. Su fundamento se anticipa en el 258, dónde entiendo que el Papa -acaso preocupado por parar toda guerra- agrupa en una misma crítica a “todo tipo de excusas supuestamente humanitarias, preventivas o defensivas”. Distingamos estos tres supuestos:

Es evidente que no pueden calificarse como guerras justas las supuestamente humanitarias, como el reciente ataque de EEUU e Israel a Irán (28/02/26) para lograr un cambio de régimen que respete los derechos de las mujeres y del colectivo LGTB.

Como tampoco las preventivas, como el ataque de EEUU a Irak (20/03/03) ante las presuntas armas de destrucción masiva, imaginas por el trío de las Azores.

Pero las guerras defensivas, cumplen con el principal requisito para reconocer a una acción armada o una guerra como justa, en tanto que se basan en la “legítima defensa”, como fue el caso del Alzamiento Zapatista (01/01/1994) o la Revolución de los Claveles (25/04/74).

Hay más exigencias, como que sea la ultima ratio, la moderación en el uso de la fuerza y el no atacar a civiles. José Martí decía que los prisioneros de una guerra “culta”, debían salir de su prisión no solo vivos sino agradecidos del trato que se les hubiera dispensado. Por el contrario, Israel aprobó con perverso entusiasmo la pena de muerte (30/03/26) para presos palestinos juzgados sin garantía procesal, ni penal alguna.

Para que una guerra sea justa sería necesario que respetara todas las condiciones sobre las que teorizaron desde San Agustín a Vitoria, como en los casos de Chiapas o Lisboa. Pero la más importante de todas es que sea defensiva. Negar que sea justo que un pueblo se defienda de una agresión bélica, sería semejante a negarle a una persona agredida su derecho a defenderse . Dado que esto último va contra el sentido común, la compasión y la justicia, puede inferirse que también lo iría en el caso anterior. Seguramente Francisco sólo cuestionaba las guerras “supuestamente defensivas” no las que lo son en realidad.

Esto nos conduce a distinguir radicalmente entre quién comienza una agresión gravísima y quién la repele. Pero también habría que distinguir entre legitimidad de origen y la de ejercicio, como se hace respecto a todo poder. Es posible que estando legitimado para repeler una agresión -ya sea una persona, un pueblo o un Estado- al hacer un ejercicio desmedido de la violencia provoque que tal actuación sea punible, aunque con el atenuante de no haber iniciado el conflicto.

En la brevedad de aquel artículo periodístico están ausentes otras dos distinciones muy relevantes: no se puede tratar con el mismo criterio al agresor (Rusia o Israel) que al agredido (Ucrania o Palestina), cuando aludes al “juego perverso de unos y otros”; y tampoco se puede negar la política de doble rasero que aplicó la Unión Europea a sendos agresores.

Ante la ilegal invasión rusa a Ucrania hubo centenares de sanciones económicas, políticas, culturales, etc.; ante el régimen de apartheid que Israel viene aplicando a los Palestinos desde 1948, radicalizado en 1967 y a partir del 07/10/23, no hubo sanción alguna, por el contrario, se continuó comprándole armas “probadas en combate” y vendiéndole producción europea de “doble uso”. 

Doble rasero que se aplicó también a sendos agredidos: mientras los ucranianos se vieron favorecidos por la Directiva 2001/55/CE de protección temporal planteada para Siria a los que no benefició, a los palestinos no sólo no se les asegura ayuda humanitaria sino que se llega a criminalizar a quienes defienden su derecho a existir como pueblo y como Estado, como a la Global Sumud flotilla.

I

Hasta aquí el comentario al artículo que me enviaste. Con tales antecedentes, no pudo sorprenderme que el 16/09/25 publicaras en El País, Ante Gaza: sin autoridad para condenar y con el deber de estar, cuyo subtítulo era: “La protesta en la Vuelta transmite una imagen falsa, como si Israel fuera el problema y las banderas palestinas la solución.”

Es posible que en estos siete meses hayas podido cambiar de perspectiva. Considerando: la desproporcionada respuesta israelí a la cruenta incursión de Hamás en una de sus colonias, el protagonismo de Netanyahu en el reciente ataque a Irán induciendo al imprevisible Trump a generar una policrisis global, su negativa a respetar el alto el fuego en Líbano o Irán, como a decenas de resoluciones de la Asamblea y del Consejo de Seguridad de NNUU, salvo para votar a favor de la esclavitud (junto a EEUU y Argentina) y su imponer la pena de muerte, es posible que puedas admitir que sí: Israel es el problema.

La contundente protesta popular contra una Vuelta ciclista (14/09/25) que contribuía legitimar un genocidio, declarado éste no solo por Francesca Albanese sino también por expertos judíos no sionistas, remite al épico “No pasarán” ante los que se sublevaron contra la República y la democracia españolas. Para entonces, desde Baleares, George Bernanos usó como estribillo: “la cólera de los imbéciles gobierna el mundo”, en su ensayo Grandes cementerios bajo la luna, hoy tendríamos que decir: media luna.

III

Al respecto, me remito a la obra del historiador Illan Pappé y la del médico Gabor Maté, ambos judíos no sionistas. Si el primero identifica la presencia israelí en Palestina como una colonización de colonos iniciada antes de 1948, el segundo destaca que ese tipo de colonización la practicó Europa durante siglos, por ello le resulta natural apoyar al sionismo.

Maté que era un bebé en Auschwitz, cuestiona el victimismo, porque insufla la falsa consciencia de creerse con derecho a todo, y al propio Israel: “No quiero ver que este Estado colonialista, de apartheid continúe, quiero ver un Estado libre para todas las personas que viven allí, judías y no judías, ¿qué hay de malo en eso? ¿Por qué debería ser un crimen pedir eso?" (05/04/26).

En sintonía con Pappé y Maté, la clara defensa del derecho internacional -única rama del derecho de origen ibérico- que realiza el actual presidente español le puso a la cabeza de una Europa que se niega a entrar en la guerra contra Siria, aunque siga tibia en su condena a las políticas de Israel.

Parafraseando tu: “algo hay que hacer para parar...” estas guerras y el genocidio, creo que -por compasión y sobre todo por justicia- es el momento de apoyar a España, Irlanda y Eslovenia, en su propuesta de sancionar económicamente a Israel. Es el momento de recuperar la riqueza y fecundidad de la tradición y el pensamiento judíos, atacados por el sionismo judío pero también el cristiano (Stephen Sizer, 2004), y admitir que en Gaza Israel está perpetrando un genocidio.

Un cordial saludo. Fernando Rovetta Klyver (UNT-UCLM)

Si bien admiro tu obra en su conjunto, y agradezco los expurgos que donaste para nuestra biblioteca de libros libres, disculpa que una vez más -y esta sería la tercera- que me atreva a disentir públicamente contigo respecto a Israel. Me propongo: I) analizar tu artículo sobre guerra justa, señalando algunas discrepancias, II) mencionar otro tuyo más reciente en el que cuestionas la gesta popular que detuvo la vuelta ciclista en Madrid, y III) remitirte a autores judíos no sionistas que acusan a Israel de estar perpetrando un genocidio en Gaza.

I

Coincido plenamente con tu “algo hay que hacer para parar esa guerra y lo más urgente es detener la ofensiva israelí”, como también con tu propuesta de “aproximarnos al conflicto palestino de una manera más compasiva y más justa”. Aunque terminas afirmando que resulta más eficaz la más compasiva “porque opera sobre nosotros mismos y no sobre terceros”.

Aquí comienzan mis discrepancias: estamos hablando de dos escenarios bélicos en los que mueren millares de inocentes, cabe entonces dar prioridad -para dotar de mayor eficacia- a la aproximación más justa, que atienda la situación de esos terceros.

Resulta muy oportuna tu referencia a la teoría de la guerra justa y señalar la polarización actual entre quienes sostienen que ninguna guerra es justa, como Francisco en Fratelli Tutti; y quiénes creen que todas los son si son santas. Esta última tesis lleva a la contradicción -como bien señalas- entre los Patriarcas Ortodoxos Cirilo (ruso) y Bartolomé (ucraniano) al momento de calificar y descalificar a un mismo conflicto, legitimando cada cual sólo a los suyos. Otro tanto -afirmas- ocurre en Gaza “donde se enfrentan sionistas y Hermanos musulmanes de Hamás”. 

Ciertamente es cuestionable confundir -como hacen los Patriarcas- una calificación ética (justa) con otra religiosa (santa), porque mientras aquélla cumpliría con la exigencia kantiana de ser universalmente razonable o razonablemente universal, ésta sólo es asumible por los creyentes de cada religión.

Pero también cabe cuestionar una falta de distinción. Se trataría del talón de Aquiles de la magnífica Encíclica de 2020 que no adviertes, cuando elogias “el coraje de enmendar la plana a una teología milenaria”, mencionando un pie de página, el del apartado 260. Su fundamento se anticipa en el 258, dónde entiendo que el Papa -acaso preocupado por parar toda guerra- agrupa en una misma crítica a “todo tipo de excusas supuestamente humanitarias, preventivas o defensivas”. Distingamos estos tres supuestos:

Es evidente que no pueden calificarse como guerras justas las supuestamente humanitarias, como el reciente ataque de EEUU e Israel a Irán (28/02/26) para lograr un cambio de régimen que respete los derechos de las mujeres y del colectivo LGTB.

Como tampoco las preventivas, como el ataque de EEUU a Irak (20/03/03) ante las presuntas armas de destrucción masiva, imaginas por el trío de las Azores.

Pero las guerras defensivas, cumplen con el principal requisito para reconocer a una acción armada o una guerra como justa, en tanto que se basan en la “legítima defensa”, como fue el caso del Alzamiento Zapatista (01/01/1994) o la Revolución de los Claveles (25/04/74).

Hay más exigencias, como que sea la ultima ratio, la moderación en el uso de la fuerza y el no atacar a civiles. José Martí decía que los prisioneros de una guerra “culta”, debían salir de su prisión no solo vivos sino agradecidos del trato que se les hubiera dispensado. Por el contrario, Israel aprobó con perverso entusiasmo la pena de muerte (30/03/26) para presos palestinos juzgados sin garantía procesal, ni penal alguna.

Para que una guerra sea justa sería necesario que respetara todas las condiciones sobre las que teorizaron desde San Agustín a Vitoria, como en los casos de Chiapas o Lisboa. Pero la más importante de todas es que sea defensiva. Negar que sea justo que un pueblo se defienda de una agresión bélica, sería semejante a negarle a una persona agredida su derecho a defenderse . Dado que esto último va contra el sentido común, la compasión y la justicia, puede inferirse que también lo iría en el caso anterior. Seguramente Francisco sólo cuestionaba las guerras “supuestamente defensivas” no las que lo son en realidad.

Esto nos conduce a distinguir radicalmente entre quién comienza una agresión gravísima y quién la repele. Pero también habría que distinguir entre legitimidad de origen y la de ejercicio, como se hace respecto a todo poder. Es posible que estando legitimado para repeler una agresión -ya sea una persona, un pueblo o un Estado- al hacer un ejercicio desmedido de la violencia provoque que tal actuación sea punible, aunque con el atenuante de no haber iniciado el conflicto.

En la brevedad de aquel artículo periodístico están ausentes otras dos distinciones muy relevantes: no se puede tratar con el mismo criterio al agresor (Rusia o Israel) que al agredido (Ucrania o Palestina), cuando aludes al “juego perverso de unos y otros”; y tampoco se puede negar la política de doble rasero que aplicó la Unión Europea a sendos agresores.

Ante la ilegal invasión rusa a Ucrania hubo centenares de sanciones económicas, políticas, culturales, etc.; ante el régimen de apartheid que Israel viene aplicando a los Palestinos desde 1948, radicalizado en 1967 y a partir del 07/10/23, no hubo sanción alguna, por el contrario, se continuó comprándole armas “probadas en combate” y vendiéndole producción europea de “doble uso”. 

Doble rasero que se aplicó también a sendos agredidos: mientras los ucranianos se vieron favorecidos por la Directiva 2001/55/CE de protección temporal planteada para Siria a los que no benefició, a los palestinos no sólo no se les asegura ayuda humanitaria sino que se llega a criminalizar a quienes defienden su derecho a existir como pueblo y como Estado, como a la Global Sumud flotilla.

II

Hasta aquí el comentario al artículo que me enviaste. Con tales antecedentes, no pudo sorprenderme que el 16/09/25 publicaras en El País, Ante Gaza: sin autoridad para condenar y con el deber de estar, cuyo subtítulo era: “La protesta en la Vuelta transmite una imagen falsa, como si Israel fuera el problema y las banderas palestinas la solución.”

Es posible que en estos siete meses hayas podido cambiar de perspectiva. Considerando: la desproporcionada respuesta israelí a la cruenta incursión de Hamás en una de sus colonias, el protagonismo de Netanyahu en el reciente ataque a Irán induciendo al imprevisible Trump a generar una policrisis global, su negativa a respetar el alto el fuego en Líbano o Irán, como a decenas de resoluciones de la Asamblea y del Consejo de Seguridad de NNUU, salvo para votar a favor de la esclavitud (junto a EEUU y Argentina) y su imponer la pena de muerte, es posible que puedas admitir que sí: Israel es el problema.

La contundente protesta popular contra una Vuelta ciclista (14/09/25) que contribuía legitimar un genocidio, declarado éste no solo por Francesca Albanese sino también por expertos judíos no sionistas, remite al épico “No pasarán” ante los que se sublevaron contra la República y la democracia españolas. Para entonces, desde Baleares, George Bernanos usó como estribillo: “la cólera de los imbéciles gobierna el mundo”, en su ensayo Grandes cementerios bajo la luna, hoy tendríamos que decir: media luna.

III

Al respecto, me remito a la obra del historiador Illan Pappé y la del médico Gabor Maté, ambos judíos no sionistas. Si el primero identifica la presencia israelí en Palestina como una colonización de colonos iniciada antes de 1948, el segundo destaca que ese tipo de colonización la practicó Europa durante siglos, por ello le resulta natural apoyar al sionismo.

Maté que era un bebé en Auschwitz, cuestiona el victimismo, porque insufla la falsa consciencia de creerse con derecho a todo, y al propio Israel: “No quiero ver que este Estado colonialista, de apartheid continúe, quiero ver un Estado libre para todas las personas que viven allí, judías y no judías, ¿qué hay de malo en eso? ¿Por qué debería ser un crimen pedir eso?" (05/04/26).

En sintonía con Pappé y Maté, la clara defensa del derecho internacional -única rama del derecho de origen ibérico- que realiza el actual presidente español le puso a la cabeza de una Europa que se niega a entrar en la guerra contra Siria, aunque siga tibia en su condena a las políticas de Israel.

Parafraseando tu: “algo hay que hacer para parar...” estas guerras y el genocidio, creo que -por compasión y sobre todo por justicia- es el momento de apoyar a España, Irlanda y Eslovenia, en su propuesta de sancionar económicamente a Israel. Es el momento de recuperar la riqueza y fecundidad de la tradición y el pensamiento judíos, atacados por el sionismo judío pero también el cristiano (Stephen Sizer, 2004), y admitir que en Gaza Israel está perpetrando un genocidio.

Un cordial saludo. Fernando Rovetta Klyver (UNT-UCLM)

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