Opinión socias
El deseo, la maternidad y la violencia doméstica, en poesía sin eufemismos
Sin tapujos ni artificialidad. Con valentía, intimidad honesta y sin pedir permiso. Es el poemario más valiente de su autora, Raquel Gavilán, y un título único en el panorama poético español. En primavera se lanzó Los días sin sus noches (Durii Editorial), un recorrido por el deseo femenino, la maternidad y la violencia doméstica con sorprendente honestidad y sin didactismo.
Después de cuatro libros publicados, la joven voz de Raquel Gavilán se alza como nunca hasta ahora con esta obra que cartografía, en un solo volumen y sin eufemismos, tres territorios que ningún poemario español trabajaba simultáneamente: el deseo femenino como fuerza legítima y sin disculpas, la maternidad en su versión agotada e invisible, y la violencia doméstica narrada desde dentro.
No falta la temática LGTBi
Los días sin sus noches aborda el amor, el deseo, la identidad y la búsqueda de uno mismo desde una mirada íntima y profundamente humana. A través de una voz poética honesta y contemporánea, el poemario explora emociones universales que resuenan especialmente con lectores LGTBI+, al cuestionar las expectativas sociales, los modelos tradicionales de relación y los límites impuestos a la expresión afectiva. Su sensibilidad hacia las múltiples formas de amar y habitar el mundo lo convierte en una obra alineada con los valores de diversidad, autenticidad y libertad que atraviesan la literatura queer actual.
En poemas como “A la luna con ella”, donde se aborda el descubrimiento de un romance con otra mujer cuando nunca antes se había experimentado esa atracción, la representación sáfica se construye desde la emoción, la autenticidad y la belleza del vínculo, alejándose de estereotipos y relatos centrados en el conflicto o el estigma.
Todo ello organizado en dos bloques: “Los días” y “Las noches”. Dos partes que son dos formas distintas, que no contrapuestas, de sentir y transmitir una misma experiencia. Gavilán trabaja con una voz que nace desde la intimidad radical, sin cristal entre quien siente y quien escribe, sin ornamento por el ornamento. Ganchos irresistibles y un giro final.
A lo largo de Los días sin sus noches el cuerpo funciona como mapa, y utiliza también la luna con sus fases y los objetos domésticos como receptáculos de la memoria de lo que ya no está. El resultado presume de una coherencia literaria que trasciende los poemas individuales. Es un libro que puede funcionar en los dos ecosistemas de la poesía española actual: en el del lector de poesía literaria y para el seguidor de poesía digital. Y no traiciona a ninguno.
No era amor, era hambre. De alguien. De algo. y Soy gesto. Solo eso. Tan útil. Tan invisible. Tan exhausta son el tipo de versos que funcionan por sí mismos como anzuelos irresistibles y que, en el poema, sostienen algo mucho más complejo.
Y el colofón no puede ser más potente. “El monstruo bajo mi cama” es el último poema de esta novedad literaria, y el más extenso y oscuro. Narrado en el lenguaje del cuento infantil de miedo, la composición gira a lo adulto y el terror. La voz lírica habla aquí también como madre, pues los hijos son testigos y víctimas secundarias del miedo que habita la casa. Y lo que antes podía leerse como angustia existencial se revela con una precisión inconfundible: una experiencia de violencia doméstica narrada desde la disociación. No es un libro de denuncia. Es algo más difícil: un poema que pone al lector dentro.
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