¿Qué nos jugamos en estas elecciones?

El artículo intenta dar respuesta a lo que realmente nos jugamos en las elecciones del 29 de noviembre. Estas, quizá, son las elecciones más importantes, diría yo, en décadas, ya que nos estamos jugando el modelo de sociedad que queremos construir en el futuro.
Helí Ovalle Fuente
19 oct 2026 08:35

El discípulo de José Ortega y Gasset, Julián Marías, desarrolló en su obra Generaciones y constelaciones y El método histórico de las generaciones (Madrid: 1949), tomando como punto de partida la propia obra de su mentor, la teoría de generaciones A y B, generaciones dominantes y emergentes. Podríamos trasladar esta teoría a aquellas generaciones que viven bajo un paradigma dominante, cuyo elemento positivo es que construyen bajo la seguridad que les da la modernidad, es decir, el mundo se ajusta a su marco de pensamiento. El aspecto negativo es que la realidad, afortunadamente, es mucho más compleja que cualquier teoría, y aquellos supuestos que se sitúan más allá de la rigidez de su pensamiento son guillotinados. Por otro lado, las generaciones emergentes se podían equiparar a aquellas que, en palabras de Bauman (Buenos Aires, 2002), viven bajo una sociedad líquida, por no decir, parafraseando a Lyotard (París: 1979), bajo una condición postmoderna. El elemento positivo es la libertad, en un sentido contingente del término, todo es posible dentro de unos límites establecidos por la realidad física, predeterminada por la naturaleza y los recursos de los que disponemos, y la realidad inmaterial, que ancla el discurso del individuo a un momento histórico concreto. Por tanto, la capacidad para improvisar nuevas soluciones o marcos teóricos es mayor. El aspecto negativo también es claro, no nos sentimos lo suficientemente fuertes o legitimados como para imponer nuestros presupuestos, y la desorientación de las sociedades es mayor a la hora de elegir un camino adecuado en la resolución de sus problemas. Traducido a la actualidad y al devenir histórico, la caída de la Unión Soviética en 1991 acabó con el paradigma fuerte de la izquierda; la Gran Recesión (2007 – 2015) lo hizo con el paradigma fuerte de la derecha. Por tanto, una alternativa, de izquierdas, al sistema capitalista colapsó a finales del siglo XX, pero también, un modelo único y fuerte dominado por el pensamiento neoliberal zozobró con la última gran crisis económica. El fin de la Historia que predijo Fukuyama (Barcelona: 1992) ha agotado su ciclo histórico, ha llegado a su fin. Pero todavía no sabemos qué nuevo paradigma se está imponiendo en el ciclo político, de ahí que todos los proyectos alternativos de izquierdas o de derechas, en el ámbito internacional, no suelan durar más que un ciclo electoral. En cuatro años son barridos por la indignación y, al poco tiempo, vuelven al poder (Trump, Bolsonaro, etc.) En palabras del político y filósofo italiano Gramsci: lo viejo ha muerto, lo nuevo está por llegar, y en el intermedio crecen los monstruos. Estas palabras las comentó el fundador del  Partido Comunista Italiano para condensar su experiencia política de Entreguerras. Los monstruos, claro está, serían los fascismos.

Pero, en la actualidad, ¿cuáles son nuestros monstruos? En la izquierda, que fue la primera que perdió su paradigma, los tenemos claros, han sido monstruitos tipo gremlins. Si a la izquierda le das de comer demasiado a partir de cierta hora, esta se  puede convertir, no en el monstruito gamberro y divertido que aparecía en la película de los ochenta del siglo XX, sino más bien en su némesis, es decir, alguien empalagoso y aburrido cuya superioridad moral, en temas como la ecología o el feminismo, nos resulta estomagante en determinadas conversaciones. En estas sociedades uno, a veces, voluntariamente rompería la loza de su casa (destruiría recursos de un modo innecesario aumentando su huella de carbono) para sentirse vivo o, simplemente, ver qué pasa. En Francia, cuya intelectualidad está muy acostumbrada a cierta actitud de rebelión formal, cuyas consecuencias máximas son la ruptura del jarrón chino que atesora la burguesía nostálgica del mayo del 68, ha generado individuos como Michel Houellebecq, quizá máximo representante de esta circunstancia. Tal vez, la versión más extrema de estos monstruos izquierdosos sea la “cultura de la cancelación”, un apartado que sí me parece peligroso porque atenta contra la libertad de expresión y el diálogo entre personas que piensan de un modo diferente, respecto a un tema concreto. Una nueva caza de brujas que siempre acaba desatando quien se considera en posesión de la verdad absoluta. Y con eso, amigos, hay que tener cuidado, no vaya a ser que los inquisidores estén equivocados.

Bien, hemos visto los monstruos de la izquierda. En España, de momento, nada importante. Entre otras cosas, porque para que sean realmente graves se tienen que ver bajo una hegemonía política y social incontestada. Y, en mi opinión, la izquierda sigue perdiendo pie. En palabras del escritor británico de principios del siglo XX Chesterton, hay que ser conservador en los países revolucionarios y revolucionario en los países conservadores. Trasladado a nuestro tiempo, “capitalista en Moscú y comunista en Las Vegas”, quizá sea esa la mejor postura intelectual, para no convertirse en un intelectual orgánico. Y nosotros, le pese a quien le pese, vivimos en Las Vegas.

Pero centremos el discurso, lo que nos jugamos en las elecciones que ha convocado Sánchez, para el 29 de noviembre de 2026, es si nos atrevemos o no a ver cuáles son los monstruos “reales” de la derecha. Y estos son más voraces, grandes y destructivos que los gremlins de la izquierda. Estos son auténticos Godzillas que pueden destruir nuestras sociedades y, como en Entreguerras, asomarnos al desfiladero de la historia. Los Godzillas de la derecha se centran en convertir al extranjero en alguien sospechoso y, por tanto, excluirle del reparto de recursos, del Estado del Bienestar, de la sociedad de la que forma parte, para poder explotarle de un modo mucho más intenso, como a los judíos en Entreguerras. Es lo que hemos estado viendo por parte de Trump en Estados Unidos y su temida ICE, que está empezando a inspirar el mismo temor que la Gestapo en la Alemania de los años 30. El otro monstruo lo encarna Milei, y su poda del Estado en beneficio de no sabemos muy bien quién, más allá de una realidad que se está perpetrando como un auténtico crimen ideológico y cuyas consecuencias son el empobrecimiento de las clases bajas y la reducción de su propio tejido industrial y empresarial. Un adelgazamiento del Estado y la economía en beneficio de una inflación que no está del todo controlada. Las políticas de Milei han empobrecido al máximo la economía argentina, con la promesa de un paradisíaco futuro de abundancia que nunca llega. Y el último Godzilla será la destrucción de las instituciones democráticas, cuyo mejor ejemplo fue Bolsonaro, dado que, en octubre de 2025, el alto tribunal de Brasil lo condenó a 27 años y tres meses de prisión. Dada su edad y estado de salud, se encuentra en arresto domiciliario, por el intento de golpe de Estado, tras la victoria de Lula da Silva en las elecciones presidenciales de 2022.

En resumen, votante, esto es lo que debe saber, si realmente quiere que en toda España se vivan las tensiones sociales que se han vivido en Ceuta. Si realmente quiere acabar con su sistema de pensiones (algo que ha prometido explícitamente Vox e implícitamente Feijóo), ¿por qué se permite la derecha, en el estado miembro con mayor crecimiento económico de toda la Unión Europea, hablar de sacrificios, en plena campaña electoral? Claro está, esos sacrificios no son compartidos, son para los de siempre, los que ellos consideran que tienen que estar por debajo de sus botas, las clases trabajadoras. ¿Qué dirán cuando haya una recesión? ¿Adiós a la sanidad y educación pública? En fin, el último monstruo, ya lo han mostrado cuando han estado en la oposición, la destrucción de las instituciones democráticas si esto es un fin necesario para estar en el poder, como ya han hecho con la justicia.

Se me olvidaba uno, quizá porque es el Godzilla más consolidado y quizá, el que más apoyos sociales tiene en el mundo, bandera de la derecha cristiana, sobre todo en el ámbito protestante. El retorno a la familia tradicional. El retorno de las mujeres al ámbito doméstico, la devolución al armario de los colectivos LGTBIQ+, el fin del aborto y del divorcio. Y, como no, para la gente de alta posición económica, el retorno a su cómoda doble moral, rehabilitando el negocio de los moteles de carretera y los viajes a ciertos reductos progresistas cuando algún miembro de la familia se descarría.

En fin, el votante sabrá cuál es su preferencia electoral, las elecciones son el mejor ámbito para expresar la libertad individual, aunque esta nos lleve a mundos distópicos, que la derecha ya tiene bien pensados y estructurados.

Este es un espacio para la libre expresión de las personas socias de El Salto. El Salto no comparte necesariamente las opiniones vertidas en esta sección.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...