Los árboles también dan fruto
a destiempo.
Las estrellas fijas
lucen hasta perder el brillo
y luego caen hasta su centro
en algún lugar remoto
del pensamiento.
Me he perdido por algún camino
olvidado de mí, despreocupado
de todo daño sin pensar
en el mañana sólo el hoy
sólo un único paso
en plena noche.
También el pájaro llora
cuando ve tan limpia la mañana
y se filtra la lluvia
entre las manos
para caer en lo profundo de la tierra.
Me he despertado a media noche
al ver en un sueño el eclipse
y el signo de lo que es un ocaso
un libre impulso de tu libre labio.
Reconozco en la niebla
todo tu perfil adentrándose
en la marejada de lo oscuro
también naces tú cada mañana
como nace el oro en el crisol
de la fragua.
Amanecen los seres dando gracias
por el nuevo día y por la noche
que sabe cerrar sus oscuros aposentos
velando la visión de los que se ocultan
en el sueño, los que reposan en el movimiento
de cada lecho y placer
calmado ya el día de los afanes
que despejan los cielos de nubes huideras.
David Vidal Fafian
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