Opinión socias
El sesgo discriminatorio contra las mujeres, también a nivel farmacéutico
Octubre de 2026. Ana, de 53 años, tras muchos meses de espera, acude a la primera consulta con una ginecóloga en la unidad de menopausia de un hospital público. Los síntomas de esta etapa de la vida, en la que la producción de hormonas de estrógenos y progesterona disminuye causan entre otros, sofocos, cambios de humor, niebla mental, insomnio, y en muchos casos pueden llegar a disminuir enormemente la calidad de vida de las mujeres. La ginecóloga, tras valorar a Ana y la sintomatología que presenta, le receta terapia hormonal sustitutiva (THS) por vía transdérmica, pues cumple los criterios médicos para recibir este tratamiento. Pero descarta el Lenzetto (estradiol), que es un spray fácil de aplicar, ya que está en desabastecimiento desde hace meses y además de no estar disponible, tampoco se le espera. Decide entonces recetarle parches de Evopad 50 mg. (también es estradiol) y añade una nota en el informe para que, en el caso de no encontrarlo, se le dispense de 75 mg. ¿Por qué la vía transdérmica? Porque se reduce el riesgo de trombosis a la mitad, y además se evita el paso del medicamento por la vía hepática.
Ambos medicamentos están financiados por la Seguridad Social. Pero al salir de la consulta, Ana comienza el peregrinaje por las farmacias para conseguir los parches. Finalmente en la cuarta botica lo consigue, pero ya le advierten de que contacte a su médico de Atención Primais para que lo incluya en su receta de largo tratamiento y lo retire cuanto antes de la farmacia para evitar quedarse sin él.
Esta situación es un reflejo de la actualidad en cuanto a la disponibilidad de los tratamientos transdérmicos con THS, que además de estar indicados para las mujeres en situación de menopausia, también se receta a mujeres trans. Y el riesgo de suspender el tratamiento de golpe implica una serie de problemas de salud que afectan también a la calidad de vida.
Es curioso que de esto no se hable o se escriba muy poco, quizás porque afecta a un sector de la población muy concreto: mujeres trans y sobre todo, mujeres maduras que sufren síntomas muy intensos que afectan enormemente a su calidad de vida. También es llamativo que esto no ocurra con medicamentos como antihipertensivos, o medicamentos para la hiperplasia benigna de próstata, muy común en los hombres a partir de los 55 años.
Se habla de violencia obstétrica y ginecológica y no solamente comprende el proceso del parto. Cuántas veces ha habido casos de mujeres con endometriosis sin diagnosticar, con algunos ginecólogos diciendo que “el dolor durante la menstruación es habitual”. Aunque ese dolor sea muchas veces incapacitante para llevar una vida normal. Que el procedimiento de inserción de un DIU (dispositivo intrauterino) o de una histeroscopia es “solamente un momento”. Un momento eterno, tremendamente doloroso, muchas veces con sangrados abundantes y mucho dolor después, pero en lugar de hacer reposo en casa al día siguiente, las mujeres deben ir a trabajar. No ocurre igual en la realización de una resección transuretral (RTU) masculina, en la que se explora la vejiga urinaria y se extrae tejido de la misma, intervención que sí se realiza con anestesia epidural, al contrario que en el caso de las mujeres. Hemos normalizado el dolor en el caso de la población femenina, hemos normalizado el convivir en una etapa de la vida con una serie de síntomas que disminuyen enormemente la calidad de vida, y que pueden paliarse con tratamiento farmacológico, pero con el desabastecimiento de estos medicamentos se condena a estas mujeres a aguantar y a sufrir. La época del “parirás con dolor” aún es norma para una buena parte de la sociedad. Y mientras tanto, Ana seguirá de farmacia en farmacia buscando su tratamiento.
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