Tomar partido: huelga general y educación concertada (II)

¿Qué podemos hacer quienes no estamos dispuestos a ser simples peones en la batalla del politiqueo? Ante el riesgo de una huelga partidista, tomar partido por una causa que es justa. Desbordar la huelga, hacerla nuestra. Ser sujetos activos y no peones del juego de otros.
Jorge Brunete Gil
27 oct 2026 06:35 | Actualizado: 27 oct 2026 09:32

Tengo amigos y familiares con muchas dudas sobre la huelga general del 11N. ¿No es una huelga muy partidista? Han tenido años para convocarla, ¿por qué ahora justo antes de las elecciones del 29N?. También dudas específicas de compañeras de trabajo: ¿qué sentido tiene que nos sumemos los trabajadores de la concertada si nuestro cole (empresa) no es la que nos paga el salario? Dudas normales, más en un sector que tradicionalmente se ha movilizado poco. Son todas preguntas muy lícitas. Vayamos una a una.

¿Es razonable sospechar que ésta es una huelga en respaldo del actual gobierno? Sí, más si tenemos presente que el mismo día en que se anunciaron las elecciones del 29N, los sindicatos mayoritarios confirmaron que convocarían a la huelga.

Ahora bien, la huelga general ha sido una propuesta, en origen, de sindicatos y movimientos sociales (Sindicato de Inquilinas, CGT, PAH, Asambleas de Vivienda, etc.) que llevan años señalando la inacción del gobierno central. Creo que no se les puede acusar de seguidismo ni partidismo. Ante el clamor general, CCOO y UGT han decidido dar el paso y convocar conjuntamente la huelga general. También es cierto que, ya a principios de septiembre, Unai Sordo, secretario general de CCOO, anunció un otoño caliente para conseguir la negociación y la subida salarial que necesitamos (y merecemos).Y es que en 2026, ante la negativa patronal a negociar, las huelgas se han triplicado respecto al año anterior. Visto así, la Huelga General solo es un hito más en el camino por nuestros derechos, un manotazo sobre la mesa después de meses de acumulación de fuerza.

Quizás la huelga favorezca a un gobierno con el que estamos descontentas muchas personas: desde la izquierda nos gustaría que hubieran sido mucho más ambiciosos estos años, desde posiciones de derechas (y no solo) se critican la corrupción y la falta de honestidad. O quizás no: recordemos que en las elecciones generales de 2011, con una fuerte movilización social en las calles, ganó con mayoría absoluta el PP.

Sea como sea, las personas trabajadoras no tenemos porqué entrar en estas lógicas electorales. Nuestros intereses son los mismos gobierne quien gobierne: vivir mejor (tener una vivienda digna, un buen sueldo, unos servicios públicos de calidad). El Sindicato de Inquilinas lleva muchos meses hablando sobre una huelga. Las circunstancias (el mediático caso de Maricarmen) han llevado a que el momento de convocarla sea ahora. Pues ahora o nunca: hagamos que esta sea una huelga de las trabajadoras, no de un partido político u otro.

¿Qué podemos hacer quienes no estamos dispuestos a ser simples peones en la batalla del politiqueo? Ante el riesgo de una huelga partidista, tomar partido por una causa que es justa. Desbordar la huelga, hacerla nuestra. Ser sujetos activos y no peones del juego de otros. ¿Cómo bajamos a tierra tanta palabrería grandilocuente? Llevando a nuestros sectores laborales reivindicaciones concretas. Convirtiendo la jornada de huelga en una reivindicación por un convenio colectivo que nos favorezca más. Ahora mismo en el Estado el 40% de los convenios están pendientes de renovarse ante la negativa de la patronal de atender las demandas sindicales. Concretamente el nuevo convenio colectivo de la educación concertada debería haberse firmado en enero de 2025. Estamos cansados de esperar y de que no se nos escuche.

¿Pero esta no es una huelga por la vivienda? Sí, pero no solo. También lo es por una distribución más equitativa de la riqueza creada estos últimos años, expresada en un aumento de los salarios (un 8% es lo que demanda CCOO). ¿A quién reivindicamos esa subida las personas a las que nos paga la administración? Concretamente, las personas trabajadoras de la educación concertada podemos encontrarnos ante la siguiente disyuntiva: nuestros empleadores (los titulares del colegio) cumplen con la ley, no tenemos grandes quejas; pero queremos que la administración (Conselleria d'Educació) aumente nuestros salarios. 

¿Qué exigimos y a quién cuando nos sumamos a la huelga? Exigimos que, gobierne quien gobierne, nuestros salarios suban. Y para ello la administración, central y autonómica, debe aumentar la tasa impositiva a las grandes empresas (que son las principales beneficiadas del crecimiento macroeconómico de la última década). Así, podrían aumentarse los salarios y también la calidad de los servicios públicos. Servicios públicos de calidad y gratuitos (pagados a través de la recaudación fiscal) son una manera de aumento salarial indirecto: si pago menos por servicios como el transporte, a final de mes mi salario luce más.

Si las trabajadoras de la educación concertada hacemos huelga no es necesariamente en protesta contra la dirección del cole en el que trabajamos (no es mi caso, vaya) si no para sumarnos a un clamor general: queremos salarios dignos para tener vidas dignas. Hacer huelga es evidenciar un malestar: que al no dar clase ese día los alumnos y sus familias hablen, debatan, se cuestionen por qué el profe no ha ido a trabajar. Hacer huelga es poner sobre la mesa las soluciones que queremos ante este malestar: más salarios, mejores servicios públicos, reducción de la jornada laboral, más tiempo para vivir. Tomar partido, dar que hablar. Es nuestro momento. 

Adenda: y si tengo la vida perfectamente resuelta, un buen sueldo, una casa en propiedad y con la hipoteca ya pagada, ¿a santo de qué debería hacer huelga? Si eres una persona trabajadora, por muy bueno que sea tu sueldo, es muy probable que tengas a alguien cerca, un familiar o amigo, que esté afectado por el problema de la vivienda. E, incluso si no fuera, hay un motivo de peso para apoyar esta huelga: la solidaridad. Porque algún día, ojalá no, tú también podrías necesitar de esa solidaridad.

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