El viejo poder que todavía teme la voz de las mujeres

Hay declaraciones que no muestran exclusivamente un error puntual, sino una forma de entender el mundo.
Marta Ruiz López
12 may 2026 21:04 | Actualizado: 13 may 2026 09:41

Cuando Florentino Pérez pronunció ayer en su rueda de prensa aquello de “esto lo ha escrito una mujer que no sé si ni siquiera sabe de fútbol”, no solo atacó a una periodista. Expuso, quizá sin quererlo, una de las grandes miserias que aún sobreviven en el deporte, el desprecio hacia las mujeres que se atreven a ocupar espacios históricamente reservados para hombres.

La prensa está para incomodar y los dirigentes para soportarlo. El problema fue la necesidad de remarcar que quien escribía era “una mujer”. Como si el conocimiento futbolístico tuviera género. Como si décadas de machismo estructural en el deporte todavía susurraran que la opinión masculina nace válida y la femenina debe ganarse el derecho a existir.

Y resulta especialmente grave cuando esas palabras vienen de una de las figuras más poderosas del fútbol europeo. Porque Real Madrid CF no es solo un club; es una institución global, un símbolo seguido por millones de personas. Lo que dice su presidente no queda encerrado en una sala de prensa. Marca un tono. Legitima comportamientos. Alimenta una cultura machista que impregna una manera de entender el mundo que consume nuestra juventud. 

El fútbol lleva años llenándose la boca hablando de evolución, igualdad y modernidad. Pero basta una frase para comprobar que, detrás de muchas corbatas y muchos eslóganes, sigue intacta una mirada profundamente antigua: la de quienes todavía sienten que una mujer hablando de fútbol es casi una intrusa.

Las periodistas deportivas llevan décadas sobreviviendo a un examen constante. Cargan con una presión imposible, la de demostrar continuamente una autoridad que a sus compañeros hombres se les presupone desde el primer día. Y mientras tanto soportan comentarios paternalistas, burlas, sexualización y ataques personales disfrazados de opinión.

Lo más preocupante es que este tipo de frases no aparecen de la nada. Son el síntoma de un ecosistema donde todavía hay demasiados dirigentes, tertulianos y aficionados que entienden el fútbol como un club privado masculino. Un lugar donde la presencia de las mujeres se tolera mientras no incomoden demasiado, mientras no cuestionen el poder, mientras no escriban algo que moleste.

Por eso la frase de Florentino Pérez ha indignado tanto. Porque no suena nueva. Suena vieja. Suena a despacho cerrado.

Hoy las mujeres narran finales, dirigen equipos y ocupan espacios que durante décadas les fueron negados. Y cada vez que una voz poderosa intenta desacreditarlas por el simple hecho de ser mujeres, lo único que demuestra es miedo a perder un privilegio que antes parecía intocable.

Porque mientras algunos dirigentes siguen anclados en un fútbol de otro siglo, las mujeres llevan años demostrando que no necesitan validación de ningún presidente para ocupar el lugar que les corresponde. 

Este es un espacio para la libre expresión de las personas socias de El Salto. El Salto no comparte necesariamente las opiniones vertidas en esta sección.

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