Opinión
¿Por qué le pidieron a Serigne que se identificase?

Varias niñas y niños contemplaron la detención de Serigne Mbaye en Villaverde. Este texto explica qué preguntas hicieron y las respuestas que se ofrecieron sobre algo que tan difícil de explicar.
Liberación Serigne Mbaye Martín Cúneo redada - 18
David F. Sabadell Mbaye, después de salir de comisaría en la madrugada del 27 de marzo.
30 mar 2026 13:09

Lo primero fue subir a casa. Con el cuerpo aún lejos de procesar todo lo que acababa de pasar. Subir para ver cómo estaban las niñas y los niños que se habían juntado en la misma vivienda, con ese instinto de protección que les hace acurrucarse frente a las situaciones en las que perciben peligro. Subir a la casa en la que se metieron mientras la policía golpeaba, empujaba y detenía a sus madres, padres y sus personas queridas de la comunidad. Estaban sentados en el salón. No sé si hablaban. Supongo que sí. Ya sabían parte de lo sucedido. 

Algunas vieron las detenciones asomadas por la ventana. Otros directamente desde la corrala. Todas y todos escucharon a la policía gritar. A sus vecinas decir: “Para, por favor, para, no puede respirar”. Escucharon preguntar: “¿Por qué lo detienen? Es nuestro vecino”. Escucharon decir: “Él vive aquí, esta es su casa”. Aunque de esto, de lo que habían escuchado y visto, nos enteramos después. Al principio no decían nada, casi nada, apenas nada. Solo rompieron el silencio para hacer una pregunta: ¿por qué le pidieron a Serigne que se identificase?

Les hablamos de todas las personas que escribieron y llamaron y que se juntaron para dar todo su apoyo pocos minutos después de que ocurriera

Porque, en realidad, la pregunta es esa. La pregunta no es si se identificó o no. Las preguntas son otras. La pregunta es la que hicieron algunos niños de la comunidad: ¿por qué le pidieron que se identificase cuando tenía la llave metida en la cerradura para entrar a su casa? La pregunta es la que hizo Serigne a los policías que lo tiraron al suelo, ¿por qué me detiene, agente? La pregunta es la que le hizo una niña de nueve años a uno de los vecinos detenidos: ¿Por qué los policías te tiraron al suelo en vez de pedirte que te sentases? La pregunta es ¿por qué a ninguna de las vecinas blancas que vivimos en el edificio nos han pedido nunca la documentación al entrar en nuestra casa? ¿Por qué a las personas blancas nunca nos piden la documentación al caminar por nuestros barrios? ¿Por qué no nos la piden cuando nos sentamos en un parque, ni cuando dejamos a nuestras hijas en el colegio, ni cuando vamos camino al trabajo? ¿Por qué a las personas blancas no nos piden la documentación?

La pregunta es ¿por qué la policía pide a las personas racializadas que se identifiquen?

Les hablamos de que, a veces, asumimos como normales situaciones que no deberían serlo. Que convivimos con una normalidad que daña a las personas que tienen rasgos raciales no blancos. Les hablamos de que para romper esa normalidad hay que hacer algo. Que por eso todas las personas adultas de la comunidad bajamos a la calle.


Les hablamos de que ha habido muchas personas que han hecho cosas para romper esa normalidad sucia y cruel. Les hablamos de todo lo que se ha conseguido, aunque cambiar las cosas no haya sido fácil. Les hablamos de Rosa Parks, de esa mujer negra que decidió sentarse en un autobús en los asientos reservados para blancos en vez de en la zona trasera donde iban las personas negras. Les hablamos de que, antes que ella, otras personas negras hicieron lo mismo. Les hablamos de que porque rompieron esa normalidad que estaba aceptada, esa que decía que había asientos reservados para los blancos, consiguieron cambiar las cosas. Les hablamos de que lo normal, lo que estaba aceptado era que no pudieran. Les hablamos de que si no hay alguien que rompa esa normalidad no cambia nada. No ocurre nada. Les hablamos de muchas otras personas que lo han hecho antes, de las que lo siguen haciendo, de Minneapolis y otros muchos lugares donde la gente, las vecinas y vecinos, han decidido quebrar esa normalidad.

Les hablamos de que ahora lo normal es que te pidan la documentación según tus rasgos, tu color de piel. Les hablamos de que si nadie hace nada, si nadie pregunta ¿por qué me detiene, agente?, si nadie baja a la calle a decir “es nuestro vecino, no se lo lleven”, esta normalidad macabra, brutal, injusta, no va a cambiar.

Les preguntamos cómo creen que viven estas situaciones las niñas y niños que son racializados y que tienen su edad, que ven esa violencia cotidiana hacia sus familiares y hacia sí mismos. Les hablamos de que romper la normalidad no es fácil. Les hablamos de que la reacción de quienes ejercen la violencia a menudo da miedo. Les hablamos de que hay que buscar estrategias para romper ese miedo y bajar a la calle. Les hablamos de que cuando nos juntamos es mucho más fácil afrontar el miedo. Les dijimos que bajamos a la calle porque no queremos que eso siga ocurriendo en ningún barrio.

Les hablamos de todas las personas que escribieron y llamaron y que se juntaron para dar todo su apoyo pocos minutos después de que ocurriera, de las que lo hicieron esa misma noche, de las que han continuado haciéndolo los días siguientes. Les hablamos de esa red que es mucho más poderosa que toda la violencia. Esa red de personas empeñadas en poner fin a la violencia ejercida contra las personas racializadas. Les hablamos de que todo hubiera sido mucho más difícil sin todo ese apoyo y que, por eso, esa red tiene que llegar a todos los lugares donde se hagan identificaciones raciales.

Muchas personas blancas tenemos vecinas y vecinos racializados. La pregunta es ¿vamos a quedarnos en casa mientras los identifican? La pregunta es: ¿vamos a bajar a la calle?

Editorial
Editorial
Los matones del ICE español y la detención de Mbaye y nuestras compañeras
Como integrantes de un colectivo editor que cree en la libertad y la democracia consideramos que Fernando Grande-Marlaska no debería permanecer un minuto más como ministro de Interior.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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