Opinión
What’s new in politics? YOU!

Las encuestas sitúan al partido verde de Zach Polanski como primera fuerza política en Reino Unido entre las mujeres menores de 50 años y entre hombres y mujeres menores de 25.
Hannah Spencer y Zack Polanski, del Green Party británico
Hannah Spencer y Zack Polanski, del partido verde británico. Imagen: Green Party.

Exdiputado y Profesor de Psicología Social y del Trabajo en la Universidad Complutense de Madrid.

2 mar 2026 10:35

“Lo siento por los clientes que reservaron mis servicios en las próximas semanas, pero me temo que tendré que cancelarlos porque me dirijo al parlamento: abriré el hueco para personas que tengan trabajos como el mío”. Es Hannah, the plumber. Esta fontanera y yesera mancuniana, Hannah Spencer, que trabaja desde los 16 años, ha sacudido la política inglesa de la mano del carismático líder del Green Party, Zach Polanski. La nueva diputada por Manchester, desconocida hasta hace un mes, ha llevado a su partido a obtener el 40,6% de los votos, superando ampliamente a la extrema derecha y al gobernante partido laborista, relegado al tercer lugar. Su alegre campaña ha puesto a la gente en primera línea, dando esperanza frente a la precariedad y los discursos de odio y recordando que hay alguien nuevo en política, tú. ¿Cómo ha sido esto posible?

Ay, Keir Starmer…

El actual primer ministro británico es ahora un juguete roto, a pesar de que hace apenas dos años logró una de las mayorías más rotundas en décadas. Con solo un 33,7% de los votos (casi idéntico porcentaje al logrado por Jeremy Corbyn en 2019, un 32,1%), gracias a la ley electoral, alcanzó 411 diputados (sobre 650). Su perfil moderado no asustaba al electorado de derechas, que hizo un voto ideológico y se dividió entre los Tories, el partido conservador que, desde los tiempos de Margaret Tatcher, ha dominado la política británica —y más importante, la ideología británica-, y Reform UK, la formación de extrema derecha con tintes antisistema creada por el ideólogo del Brexit, Nigel Farage.

¿Cuándo se torció Starmer? Es difícil de saber. Este jurista especializado en política internacional había sido mano derecha de Corbyn, que lo nombró responsable de inmigración en su shadow cabinet (el gobierno en la sombra o gobierno de la oposición, una figura habitual en la política británica para visibilizar cuáles serían los ministros del partido de la oposición). Sin embargo, en la era post-Corbyn afianzó su liderazgo apoyado por el ala derecha del Labour Party (partido hermano del PSOE, pero en el que históricamente participan las bases de los sindicatos), lo que le llevó a aprobar la expulsión del propio Corbyn del partido por un supuesto antisemitismo.

Con la supermayoría en el parlamento de Westminster, Starmer actuó en varias líneas, todas impopulares. La primera, reforzar la posición internacional del Reino Unido, tejiendo alianzas tanto con Donald Trump como con Bruselas

Con esa supermayoría en el parlamento de Westminster, el primer ministro actuó en varias líneas, todas impopulares. La primera, reforzar la posición internacional del Reino Unido, tejiendo alianzas tanto con Donald Trump como con Bruselas; es decir, apoyando la posición de la UE con la guerra de Ucrania y la línea proisraelí de Estados Unidos sobre Gaza. Buscaba situarse como enlace entre Estados Unidos y Europa, aunque, como quedó demostrado, el presidente americano no hizo prisioneros. Mientras tanto, su gobierno colaboró activamente en el genocidio en Palestina, suministrando no sólo armamento sino también apoyo de los servicios de inteligencia a Netanyahu para bombardear a la población palestina, como denunció el Gaza Tribunal, en septiembre de 2025. Las protestas ciudadanas no se hicieron esperar, incluyendo sabotajes por el grupo Palestine Action.

El creciente apoyo popular de este movimiento llevó a Starmer a una de sus decisiones más surrealistas: la inclusión de Palestine Action en la lista de organizaciones terroristas, encarcelando a sus miembros por terrorismo. La cosa fue más allá y un millar de personas fueron detenidas en el último año en el Reino Unido por portar el cartelI support Palestine Action” en múltiples manifestaciones de apoyo, hechos denunciados por Amnistía Internacional. Desde Greta Thumberg a cientos de jubilados o personas con diversidad funcional fueron víctimas de arrestos, ante policías con caras de “Why the hell am I arresting this poor old lady?”. Artistas como Bob Vylan y Kneecap fueron también perseguidos por su apoyo a Palestina, mientras que el director de la BBC fue forzado a dimitir por, teóricamente, dar cabida a posiciones palestinas y antitrumpistas.

El terremoto fue también parlamentario. Corbyn y cuatro exdiputados más del Labour Party creaban un nuevo grupo parlamentario de afines a Gaza, la Independent Alliance. Lejos de reducirse, las protestas se recrudecieron cuando los presos de Palestine Action, recientemente absueltos, protagonizaron la mayor huelga de hambre (más de 70 días) desde la de Bobby Sands y el IRA en los 80. Finalmente, hace dos semanas, la justicia declaró ilegal la ley que había convertido a Palestine Action en terroristas.

Recortes y Epstein

Pero la mayor revuelta sufrida por Starmer fue por su política social, con hasta 42 diputados díscolos. El alineamiento con la OTAN, Estados Unidos y las potencias belicistas europeas implicaba gastar más en defensa. Y para su financiación, en un contexto postbrexit no excesivamente boyante, Starmer decidió recortar, entre otras, las ayudas sociales a las personas con discapacidad, el two child benefit cap, los working-age benefits, la financiación de las universidades o despedir a 20.000 trabajadores del sistema de sanidad público, el NHS. Buscaba, según la versión oficial, garantizar la sostenibilidad futura y acabar con la burocracia.

Si las cosas ya le iban mal a finales de 2025, el comienzo de 2026 no pudo ser peor. El caso Epstein llegaba a Reino Unido. El príncipe Andrew aparecía en fotos desgarradoras con varias víctimas del pederasta. Pero había más. Peter Mandelson, ex comisario de la UE y embajador del Reino Unido en Estados Unidos (vean The Diplomat si quieren ver a los embajadores americanos y británicos en acción), aparecía en los papeles de Epstein, incluso después de la primera detención de este. Si era conocida la vinculación de Mandelson con Epstein, ¿por qué Starmer lo había nombrado embajador en diciembre de 2024? Evidentemente, por la cercanía política —y puede que algo más— a Donald Trump. El terremoto político estaba servido. Llegó la Metropolitan Police y comenzaron las detenciones de Mandelson y Andrew, no por prostitución y pederastia sino por lo que, supuestamente, dieron a cambio: revelación de secretos a potencias extranjeras.

El miedo a Reform

A pesar de todo, Starmer se sostenía en el gobierno. La causa estaba en su derecha, en un viejo conocido de la política inglesa, Nigel Farage. El líder xenófobo logró ganar el referéndum del Brexit, apoyado por el voto de los ingleses más mayores —pero no de los jóvenes— y con una estrategia llena de bulos y desinformación. Era 2016 y aún no entendíamos el poder de las plataformas tecnológicas. Durante años, el político de ultraderecha logró guiar la acción política del gobierno del ex cómico Boris Johnson para que el Brexit se hiciera efectivo. De hecho, en un extraño caso de generosidad política, su partido, el Brexit Party, renunciaba a presentarse en las elecciones de 2019 en las 317 circunscripciones de mayoría tory. Buscaba que Johnson mantuviera una super-mayoría parlamentaria que aprobase la salida de la UE. Logró sus objetivos, pero a costa de la práctica desaparición electoral de su partido, sin diputados y con menos de un 2% del voto. Esa pérdida de poder institucional le pasó factura a Farage, que abandonaría el liderazgo de ese partido en 2021, justo tras cambiar su denominación a Reform UK, bajo la forma de ¡ojo! una sociedad empresarial limitada de la que Farage mantendría más del 50% del control accionarial. Evidentemente, no tardaría mucho en volver. En pleno colapso de los conservadores, Farage, con el viento de cara de las encuestas, regresaba triunfalmente en 2024, obteniendo por primera vez su acta de diputado y logrando un increíble 14,3%% en las elecciones de 2024 (más de cuatro millones de votos), frente al 18,6% del Partido Conservador, anticipando su sorpasso. Parecía cuestión de tiempo que, unificando el voto de las derechas, lograse llegar al 10 de Downing Street.

Para los laboristas, sin iniciativa política, su estrategia ha pasado por azuzar el miedo a Farage. Por un lado, ir al centro a por el voto tory, por otro, recibir el voto útil de su izquierda. Mejor laborista malo que extrema derecha por conocer

Para los laboristas, sin iniciativa política, su estrategia ha pasado por azuzar el miedo a Farage. Por un lado, ir al centro a por el voto tory, por otro, recibir el voto útil de su izquierda. Mejor laborista malo que extrema derecha por conocer. Todo funcionaba… mientras no hubiese una alternativa más deseable (y viable) que los laboristas. Porque, si se puede frenar a Reform UK y a Starmer a la vez, ¿por qué no hacerlo?

El primer intento de superar al laborismo llegó con la creación de Your Party. Era el comienzo de la crisis de Starmer: genocidio en Palestina, políticas de recortes, alineamiento con Trump o aumento del gasto en defensa. La iniciativa impulsada por Zarah Sultana y Jeremy Corbyn en julio de 2025, de la que éste último se enteró por sorpresa tras un tuit de Sultana, acumuló en apenas un mes más de 600.000 inscritos. El futuro parecía prometedor, a pesar del rechazo que genera Corbyn, tras años de demonización, en parte de la población británica. Pero la guerra con Sultana, en posiciones más izquierdistas, por el control del censo y del partido no tardaron en llegar. Meses de mensajes cruzados en los medios de comunicación han llevado al partido al borde del colapso. Uno de sus avalistas, el periodista y autor de la obra Chavs, Owen Jones, les abandonó por los Verdes. No es el único: cuando por fin han cerrado su proceso interno, ya no importan a tanta gente. Entre los brotes verdes, siguen teniendo una plataforma excelente con sus cinco actas de la Independent Alliance en Westminster, junto a la de Sultana, que les da voz ante cualquier tema de actualidad. Si son capaces de frenar su ruido interno y de llegar a acuerdos estratégicos en algunas circunscripciones (orden, método y ciencia) con los Verdes, como hicieron al respaldar a Hannah, pueden maximizar su peso.

Como las europeas de 2014

Las encuestas situaban a los Verdes en continuo crecimiento desde hace meses. Su líder, natural de Manchester, no es el más guapo, ni el que mejor viste o habla. Es algo desdentado —un distintivo de clase— y gangoso al hablar. Ideológicamente, ha dado vaivenes, llegando a ser candidato del Ciudadanos británico (Liberal-Democrats) en 2015, antes de abandonarlo en 2017 (entre 2010 y 2015 los LibDems habían compartido gobierno con los conservadores, impulsando extensos recortes, aunque fueron favorables a permanecer en la UE). Polanski fue también actor e hipnoterapeutallegando a afirmar, en una de las sesiones, que podía aumentar el tamaño del pecho. En otros asuntos, ha sido más firme (“lo importante no es de dónde vienes, sino a dónde vas”, suele decir). De origen judío, rechaza el genocidio en Gaza y es abiertamente parte de la comunidad LGTBIQ+. Pero, por encima de todo, su carisma arrebatador ha contagiado optimismo a una clase obrera necesitada de esperanza. Recorriendo platós de televisión, reality shows, hablando en conciertos, o grabando uno de los mejores spots políticos de la historia reciente, el efecto Polanski ha revolucionado la política británica. Dominando en las redes, han dado un paso más: la llamada a militar políticamente para frenar la crisis eco-social.

A veces, cuanto más alerta la izquierda del miedo a la extrema derecha, paradójicamente, más cierra las puertas a la nueva militancia que, atemorizada, quiere poner su granito de arena para frenar al fascismo. No fue así en el Green Party. El efecto llamada de los verdes surgió efecto y miles de personas se afiliaron en masa por Polanski. Las encuestas le sitúan como primera fuerza entre las mujeres menores de 50 años y entre hombres y mujeres menores de 25 (para lamento de quien habla de la derechización irreversible de los hombres jóvenes). Pero tocaba organizar ese caudal humano. Y en esto llegó una oportunidad de oro: una renuncia en un distrito electoral de Manchester, Gorton & Denton, obligaba a realizar una elección de medio término (by-election) para cubrir esa vacante. Desde 1931, el Labour Party había ganado todas las elecciones en ese territorio, situado en el cinturón rojo de Manchester, donde nacieron los primeros sindicatos. Sorprendentemente, las encuestas situaban a Reform UK en cabeza, recibiendo transferencia de conservadores y laboristas por igual. No era una plaza fácil para los Verdes. De los 650 escaños del parlamento, este era el 127 de sus prioridades. Pero cogieron el guante. Plantearon la campaña en clave nacional: si frenamos a Reform UK aquí, la única elección nacional hasta 2030, se vendrá abajo el voto útil al Labour Party. Se demostraría que a la extrema derecha se le frena desde la ilusión por el cambio y la organización de base. Así, convirtieron Gorton & Denton en lo mismo que fueron las europeas de 2014 para Podemos.

Cualquier victoria electoral se debe también a deméritos ajenos. Y los laboristas se hicieron la zancadilla a sí mismos. El presidente británico vetó la candidatura del alcalde de Manchester, Andy Burnham, que quería cuestionar a Starmer desde el parlamento o, incluso, sustituirle tras una rebelión interna. El partido lo frenó y no autorizó su imbatible candidatura. Las encuestas comenzaron a serles más desfavorables. El primer ministro británico entró en pánico: “Una Victoria de Reform sería un desastre. Pero el escenario catastrófico sería la victoria de los Verdes”, decía un alto cargo de su formación un mes antes de las elecciones.

Los Verdes, mientras, se centraron en frenar sobre el terreno a la extrema derecha. Organizaron a un millar de voluntarios, en una campaña en positivo y puerta a puerta (de la que Más Madrid ha tomado buena nota). Conectaron a la vez tanto con las comunidades británicas como con las musulmanas e indias amenazadas por Farage (incluyendo un anuncio utilizando el urdu, lengua pakistaní). Y poco a poco, casas de apuestas y entidades que promueven el voto táctico (orden, método y ciencia) les señalaron como el voto útil. La campaña laborista, de unificar el voto para frenar a Reform, se volvió aquí en su contra: de repente, eran los de Starmer quienes dividían el voto de la izquierda. Los laboristas hicieron un último intento, guerra sucia, señalando a Polanski como incitador del consumo infantil de crack o repartiendo folletos de una presunta organización, inexistente, que pedía el voto táctico al laborismo para frenar a Reform, en base a “encuestas”. Ni con esas. El distrito salió en masa el día de la votación para otorgar una histórica victoria, con el 41% a Hannah Spencer (cuyo perfil público de Instagram es @hannahtheplumbermcr).

Es la hora de parar de correr, ¿ahora qué?

Polanski habla de los problemas de nuestro tiempo. La vida se ha acelerado. Como explica Hartmurt Rosa, autor de Remedio a la aceleración, pensamos que nuestra vida se alarga haciendo más cosas: “Creemos en que, si corres aún más rápido, si superas la velocidad de la sociedad, puedes ir al doble de sitios, leer el doble de libros que la gente lenta. Es como incrementar la esperanza de vida, puedes vivir dos vidas”. Eso nos sitúa en la incertidumbre y cansancio permanente. Somos, en palabras de Sebastian Friedrich, la generación quizás, quizás vaya el sábado a cenar con unos amigos, o con otros diferentes al cine. Quiero hacer todo a la vez al mismo tiempo. O quizás, agotado o agotada por ello, me quede en casa. Buscamos el rendimiento y la auto-optimización permanente y lo que llega es nuestro colapso. El discurso del líder de los Verdes habla de estos problemas de la gente. No llegar a fin de mes, no pasar tiempo con tus hijos, vivir en una rueda constante de trabajo precario. Habla de una crisis climática que nos cierra el horizonte. Y pide dejar de correr y decir basta, señalando a ese 1% más rico, responsable a la vez de nuestra precariedad y de la destrucción del planeta.

La carrera no se detiene y en apenas tres meses serán las elecciones en Escocia, donde los ecologistas podrían superar de nuevo a los laboristas. Ese mismo día se elegirán 5.000 concejales en todo el país. Si quieren saber lo que vivirá Polanski durante los próximos meses, solo tienen que recordar lo sucedido a Corbyn o, más cercano, a Podemos entre las europeas de 2014 y las elecciones de 2016: habrá guerra sucia, demonización y alerta de desastre social ante el ‘populista eco-social’ que, dirán, “va a destruir” el Reino Unido. Si tras esas europeas del 2014, desgraciadamente, el sistema lo entendió todo y actuó a la ofensiva, cabe esperar más movimientos tectónicos en el Reino Unido, que se pueden llevar por delante al actual presidente británico. Los Verdes tendrán alguna ventaja. La desestructuración de la sociedad británica y la memoria de presidentes de dudosa valía ética e intelectual (Theresa May, Boris Johnson o Rishi Sunak), ha provocado una tremenda desafección a los partidos tradicionales. Para Polanski “estamos ante una decisión histórica entre los Verdes y Reform”. La organización de la militancia y las redes sociales podrían jugar a su favor, así como las (necesarias) alianzas con el corbynismo, circunscripción a circunscripción, y con los nacionalistas galeses y escoceses, con los que ya han formado coaliciones en sus territorios.

Epílogo: La segunda vuelta de la ilusión por el cambio

La irrupción de las redes sociales impulsó revueltas ciudadanas contra la crisis económica y movimientos políticos en Europa, América o en los países árabes. De Tahir a Sol. De Wall Street a Syntagma. Redes de indignación y esperanza, las definió Manuel Castells. Lo virtual se hacía presencial y ahí surgían afectos, horizontes compartidos y acción política colectiva. Entre 2014 y 2018, Syriza, Podemos, Francia Insumisa, el AMLO de López Obrador, o Corbyn y Sanders electrizaron la política mundial. El ciclo se cerró con las victorias de las extremas derechas trumpistas y postrumpistas, usando esas mismas plataformas digitales. De Trump a Bolsonaro, de Meloni a Milei. Muchas siguen al borde de alcanzar los gobiernos por primera vez, como Farage o Le Pen. Ciertos sectores de la izquierda asumirían como inevitable esta victoria de las derechas, por el apoyo del poder y los tecno-oligarcas. El ciclo se habría cerrado. No se equivoquen: eso dice más del cansancio acumulado de los dirigentes políticos, tras década y media en primera línea, que de las brechas que el trumpismo ha abierto a nivel mundial para las izquierdas. El ascenso del Green Party en una tierra que ya vivió el auge y caída del corbynismo, o la victoria de Mamdani, tras dos derrotas en las primarias demócratas del sanderismo, nos indican algo. En países que vivieron un primer ciclo, no victorioso, de las izquierdas y donde se habían ya dado por cerrados los procesos de cambio vuelven, con más fuerza, segundos ciclos esperanzadores (ahora, no en dos décadas). ¿Se imaginan a Ocasio-Cortez de vicepresidenta de Estados Unidos? ¿Y a Polanski de premier británico? No son tan lejanos esos escenarios. Las elecciones de Aragón, con el sorprendente auge de la Chunta del treintañero Jorge Pueyo, o los llenos total en los actos de Rufián y Delgado, Cova Tomé (Somos Asturies) o Un paso al frente, deberían permitirnos mirar los brotes verdes: hay ganas de volver a ilusionarse y de votar alternativas deseables, y hay mucha gente buscando cómo militar políticamente para frenar a las extremas derechas. Pongámoslo fácil.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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