Viñedos sobre tierra robada: el negocio del vino israelí en Palestina

La plantación de viñedos israelíes se ha convertido en un instrumento estratégico de colonización en Cisjordania ocupada y los Altos del Golán. Genera beneficios para los colonos israelíes mientras despoja a la población palestina.
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Iman Hamayel, mujerpalestina a la que han quitado sus tierras, señala el asentamiento de Psagot, donde sus tierras fueron convertidas en viñedos. Crédito: Ahmad Al-Bazz
Cisjordania y Altos del Golán ocupados.
1 abr 2026 06:00

A lo largo de las colinas onduladas al sur de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, los viñedos se extienden sobre un paisaje árido, con hileras que alcanzan el horizonte. Junto a las vides recién plantadas persisten las huellas de una comunidad palestina desplazada: una bicicleta infantil, una maleta vieja y una bota cubierta de polvo yacen entre las pertenencias abandonadas por quienes huyeron tras sufrir la violencia de colonos israelíes.

Issa Abu al-Qabash, conocido como “Abu Safi”, era mayor que el propio Estado de Israel cuando los colonos lo atacaron y lo expulsaron violentamente de su hogar en la cercana Khirbet ar-Ratheem. “Nos amenazaban constantemente, cada noche, cada día, cada hora”, relataba. Su aldea es una de las más de 70 comunidades palestinas desplazadas por la fuerza desde octubre de 2023, a medida que la violencia de los colonos israelíes se ha intensificado en toda la Cisjordania ocupada.

“Me golpearon —cinco de ellos— con M16, entre los ojos. Me dijeron: ‘morirás si no te vas. Tienes cinco días’”. Abu Safi huyó con su familia con la esperanza de regresar pronto, pero “todo se ha perdido… Nos expulsaron de nuestra propia tierra”. Murió meses después, desplazado en as-Samu, añorando volver a su hogar.

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Abu Safi, desplazado a la fuerza de la aldea de Ratheem, muestra sus heridas tras un ataque de colonos. Se plantaron viñedos alrededor de la aldea despoblada. (Crédito: Omri Eran-Vardi)

Cerca de sus tierras se han plantado nuevos viñedos. Las colinas del sur de Hebrón se han convertido en una de las zonas vitivinícolas de colonos de mayor crecimiento. A medida que se intensifican los ataques, la tierra palestina se despuebla, se confisca y se incorpora a asentamientos en expansión. La plantación de viñas para la industria vinícola israelí se ha convertido en un eficaz instrumento de desposesión, que ofrece oportunidades económicas a los colonos mientras impide el regreso de la población palestina a sus tierras.

Al menos tres empresas producen vino en asentamientos de la región de Hebrón: Antipod en Kiryat Arba, que comercializa vinos bajo las marcas Jerusalem Winery, Noah Winery y Hevron Heights Winery; Drimia en Susiya; y La Forêt Blanche en Beit Yatir, fundada por Menachem Livni, condenado por el asesinato de tres estudiantes palestinos en Hebrón y por herir a otros 33 en 1983 como cabecilla del grupo extremista Jewish Underground, aunque cumplió menos de siete años de prisión antes de recibir un indulto presidencial. Tras salir de la cárcel, comenzó a cultivar uvas.

Plantar viñas en territorio ocupado

Datos del Ministerio de Agricultura de Israel muestran que los territorios ocupados por Israel en 1967 se han convertido en importantes regiones productoras de vino. En los Altos del Golán sirios, hay unas 1.320 hectáreas de viñedos, aunque las plantaciones extensivas de los últimos tres años aún no se reflejan en estas cifras.

En Cisjordania, determinar la extensión total de los viñedos de los colonos resulta más complejo, ya que Israel no distingue entre sus fronteras reconocidas internacionalmente y los asentamientos ilegales. No obstante, “Judea”, el término utilizado para referirse al sur de Cisjordania, figura entre las principales regiones productoras de vino junto con Galilea, las llanuras costeras y los Altos del Golán ocupados.

Las cifras oficiales subestiman la verdadera magnitud de la viticultura de los colonos en Cisjordania

Dror Etkes, investigador israelí que lleva más de dos décadas siguiendo la actividad de los asentamientos y fundador de la organización Kerem Navot, advierte de que las cifras oficiales subestiman la verdadera magnitud de la viticultura de los colonos en Cisjordania. “Hay muchas apropiaciones de tierras que no se registran. En los últimos años vemos una clara expansión”, afirma, mientras señala su base de datos, que cartografía unas 1.300 hectáreas de viñedos de colonos en Cisjordania.

Etkes calcula que existen alrededor de 89 hectáreas de viñedos plantados recientemente en zonas de las que comunidades palestinas han sido desplazadas por la fuerza en el extremo sur de Cisjordania. Muestra imágenes aéreas que documentan el despojo gradual de los agricultores palestinos durante décadas, a medida que sus tierras son ocupadas por colonos, arrasadas y replantadas con viñas.

Una industria que prospera sobre la desposesión

Iman Hamayel recuerda su infancia llena de los sabores, aromas y sonidos de la tierra de su familia en Jabal al-Taweel (“la colina alta”), en al-Bireh, junto a Ramala, en la ocupada Cisjordania.“Mi madre y yo íbamos [a la colina] temprano por la mañana. Ella llevaba una cesta grande, yo una pequeña, y la llenábamos de higos. Se oían los pájaros. Durante la temporada de la aceituna íbamos a recogerlas después de la escuela. Era como una fiesta”, recuerda con nostalgia. “Pero luego empezaron a prohibirnos ir.”

A finales de los años 90, la familia de Hamayel, junto con otros propietarios palestinos, perdió el acceso a sus tierras a medida que el asentamiento de Psagot — establecido en 1979 sobre tierras de al-Bireh — se expandía gradualmente, apropiándose de huertos y olivares palestinos. Desde 1967, Israel ha confiscado más de 200.000 hectáreas de tierra palestina en Cisjordania — más de un tercio del territorio — y ha privado a la población palestina de sus tierras y medios de vida.“Mi madre fue de todos modos, y un funcionario del asentamiento le dijo: ‘La próxima vez que vengas, te dispararemos. Tienes prohibido venir aquí’. Esto fue en 1998. Le afectó profundamente”, relata Hamayel. 

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Palestino en un viñedo dañado en Susya, al sur de Hebrón, después de que los colonos talaran unas 200 vides. Crédito: Mosab Shawer

Ese mismo año, Yaakov Berg, nacido en la Unión Soviética y trasladado con su familia al asentamiento ilegal de Psagot, comenzó a plantar viñedos en tierras confiscadas a palestinos. Cinco años más tarde, durante la Segunda Intifada, él y su esposa fundaron la bodega Psagot, mientras el ejército israelí cercaba Jabal al-Taweel con una valla, e impedía el acceso a los propietarios palestinos. Mientras las familias palestinas eran separadas por la fuerza de sus huertos, los viñedos plantados en tierras robadas se convertían en un negocio comercial.

Muchas bodegas en la Cisjordania ocupada y los Altos del Golán, designadas como “zonas de prioridad nacional”, se benefician de generosos subsidios estatales, ventajas fiscales y acceso al agua

“Una vez mi madre logró colarse para ver la tierra… habían arrancado los olivos y las higueras, y habían plantado viñas”, cuenta Hamayel. Berg construyó una casa con piscina en terreno privado palestino. En 2003, la Administración Civil israelí en Cisjordania emitió una orden de demolición contra la vivienda, pero nunca se ejecutó. La bodega de Berg ha recibido más de un millón de euros en subvenciones gubernamentales y financiación de la familia Falic, multimillonarios estadounidenses, que se convirtieron en accionistas mayoritarios. Sus viñedos se extienden hoy sobre más de ocho hectáreas de tierra privada palestina.

Muchas bodegas en la Cisjordania ocupada y los Altos del Golán, designadas como “zonas de prioridad nacional”, se benefician de generosos subsidios estatales, ventajas fiscales y acceso al agua de riego proporcionado por la empresa estatal israelí. “El gobierno israelí está volcando enormes cantidades de dinero en esto”, afirma Dror Etkes. Gracias a este respaldo, Psagot ha pasado de ser una pequeña empresa a un exportador galardonado. Opera un centro de visitantes que ofrece rutas enoturísticas, un salón de banquetes y espacios para eventos privados. También ofrece rutas enoturísticas y produce alrededor de un millón de botellas anuales; más del 70% se exporta a países de todo el mundo, incluida España, donde puede encontrarse a la venta  como “hecho en Israel” en tiendas en línea como Vivino. Consultada al respecto, esta última empresa indicó que “está revisando los casos específicos sobre origen territorial mencionados para garantizar el cumplimiento de la legislación de la UE”. 

Beneficios de la ocupación

Hoy, existen más de 300 bodegas israelíes que producen alrededor de 45 millones de botellas de vino al año. Mientras que muchas de estas bodegas reconocen abiertamente que cultivan uva en los Altos del Golán sirios, aquellas que se abastecen de viñedos en Cisjordania suelen tratar de ocultar su origen mediante un etiquetado engañoso y la mezcla de productos a lo largo de la cadena de suministro. Un informe de 2011 de la organización de investigación Who Profits concluyó que “todas las grandes bodegas israelíes utilizan uvas procedentes de los territorios ocupados en sus vinos”.

Según el Instituto de Exportación de Israel, las exportaciones de vino se han duplicado en la última década. Estados Unidos es el mayor mercado: representa aproximadamente dos tercios de las exportaciones de vino israelí, seguido por la Unión Europea (UE). A pesar de la prohibición de importar productos de las colonias anunciada por Madrid en septiembre de 2025, los vinos israelíes todavía se pueden encontrar a la venta en España, en concreto, los procedentes de los Altos del Golán ocupados, disponibles en tiendas de vinos como Bodega Santa Cecilia y Enjoy Wine SL o en tiendas online como Vinatis, Vinissimus, Lavinia y Grauonline. Consultadas al respecto, solo Grauonline respondió e indicó que “la compra fue realizada en 2023, antes de que el conflicto se intensificara [...] Por nuestra parte, retiraremos el producto cuando se agoten las pocas botellas que quedan”.

Las exportaciones a Estados Unidos incluso aumentaron, y en 2024 superaron los 47 millones de dólares, frente a los 36 millones de 2023

En julio de 2024, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) estableció la obligación de los Estados de “abstenerse de entablar relaciones económicas o comerciales con Israel en relación con el Territorio Palestino Ocupado” y de “adoptar medidas para impedir relaciones comerciales o de inversión que contribuyan al mantenimiento” de los asentamientos ilegales. Pese a la claridad de estas obligaciones, el comercio que sostiene la expansión del colonialismo de asentamientos ha continuado sin freno. Las exportaciones a Estados Unidos incluso aumentaron, y en 2024 superaron los 47 millones de dólares, frente a los 36 millones de 2023.

Como principal socio comercial de Israel, la UE adquiere alrededor de un tercio de sus exportaciones, mientras que el comercio bilateral total de bienes asciende a unos 42.000 millones de euros anuales. Bajo la creciente presión de la sociedad civil y de las organizaciones de derechos humanos, la UE ha escenificado un supuesto cumplimiento del derecho internacional, al tiempo que garantiza la protección de los intereses israelíes.

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Un viticultor colono en la región de Nablus, en la Cisjordania ocupada (Crédito: Marta Vidal).

Desde 2004, los exportadores israelíes están obligados a facilitar un código postal que indique el lugar de producción, con el fin de que los productos procedentes de asentamientos no se beneficien del trato preferencial previsto en el acuerdo comercial UE-Israel. En 2015, la UE emitió una nota interpretativa que exigía un etiquetado claro de los productos procedentes de asentamientos. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) reforzó esta normativa en 2019, y dictaminó que los Estados miembros deben garantizar un etiquetado diferenciado de estos productos, que no pueden comercializarse como “Hecho en Israel”. El abogado general del Tribunal, Gerard Hogan, comparó el caso con el boicot a los productos sudafricanos durante el apartheid: “Los consumidores pueden oponerse… a la compra de productos de un determinado país porque este persigue determinadas políticas que el consumidor considera objetables o incluso repugnantes.”

Para muchos expertos en derecho internacional, sin embargo, las medidas de etiquetado son claramente insuficientes. “Es como si se pusiera ‘fabricado con trabajo infantil’ en un producto y luego se explicara que corresponde al consumidor decidir si lo compra o no”, afirma François Dubuisson, profesor de derecho internacional en la Université Libre de Bruxelles (ULB). “En el fondo, es una política meramente simbólica para guardar las apariencias”, añade. Dada la ilegalidad de los asentamientos, Dubuisson sostiene que estos productos deberían prohibirse directamente. No sería inédito. 

Israel sigue beneficiándose de una política de excepción que le permite violar de forma sistemática el derecho internacional y la normativa europea con total impunidad

Tras la anexión rusa de Crimea en 2014, la UE actuó con rapidez para prohibir las importaciones procedentes de la Crimea ocupada por Rusia. Sin embargo, Israel sigue beneficiándose de una política de excepción que le permite violar de forma sistemática el derecho internacional y la normativa europea con total impunidad. “Incluso cuando la ley establece que los productos deben etiquetarse, no se aplica”, señala Nazeh Brik, investigador de la organización de derechos humanos Marsad, autor de un informe sobre la industria vinícola de los colonos en los Altos del Golán sirios, donde 23 bodegas israelíes producen alrededor de siete millones de botellas de vino en tierras expropiadas de las comunidades sirias expulsadas. “Esta tierra pertenecía a residentes [sirios] que fueron desplazados; fue despojada de sus habitantes, ocupada y explotada”, dice Brik, a quien no sorprende la postura de los países europeos: “El encubrimiento del origen de los productos es un asunto menor en comparación con el apoyo al exterminio del pueblo palestino”, añade.

Un informe de 2020 del European Middle East Project (EuMEP) reveló que solo el 10% de los vinos producidos en la Cisjordania ocupada y los Altos del Golán se vendían en la UE con las etiquetas correctas. Durante esta investigación, no se ha encontrado ni un solo caso de etiquetado adecuado entre los cientos de botellas examinadas en tiendas europeas. Por ejemplo, las etiquetas de las botellas de Jerusalem Winery vendidas como “Hecho en Israel” indican direcciones que no coinciden con su lugar real de producción en el asentamiento de Kiryat Arba, cerca de Hebrón. Documentos empresariales del registro mercantil israelí sugieren que la empresa podría estar utilizando la dirección de una planta de embotellado y su registro administrativo para ocultar el verdadero origen de sus vinos y, de este modo, beneficiarse injustamente de un trato preferencial.Ni las autoridades aduaneras y de la UE, ni los importadores, ni Psagot, La Forêt Blanche y Jerusalem Winery respondieron a nuestras solicitudes de comentarios.

Los exportadores israelíes eluden deliberadamente las regulaciones y mezclan productos de los asentamientos con bienes producidos dentro de las fronteras reconocidas de Israel

Un informe de 2025 publicado por Oxfam, en colaboración con más de 80 organizaciones de la sociedad civil, documentó cómo los exportadores israelíes eluden deliberadamente las regulaciones y mezclan productos de los asentamientos con bienes producidos dentro de las fronteras reconocidas de Israel, o consignando direcciones ficticias en Israel para obtener un trato comercial preferente. Al mismo tiempo, las empresas que etiquetan claramente sus productos como procedentes de asentamientos pueden recibir compensaciones del Ministerio de Finanzas israelí por la pérdida de los beneficios de exención arancelaria.

En septiembre de 2025, tras dos años de masacres y devastación en Gaza, la Comisión Europea anunció una propuesta para suspender el acceso preferencial de Israel al mercado comunitario, lo que habría supuesto unos 227 millones de euros anuales adicionales en derechos de aduana. Sin embargo, al no contar con el respaldo de una mayoría, la propuesta nunca avanzó.

Recompensar el acaparamiento de tierras

La importancia de la industria vinícola israelí va mucho más allá de su valor económico. Según un informe elaborado por la consultora Herzog Strategic para el Consejo del Vino de Israel, el sector realiza una “contribución sustancial al fortalecimiento de los asentamientos y del patrimonio agrícola judío”, y desempeña un papel clave en el desarrollo del “turismo rural”.

Se ofrecen a los turistas visitas guiadas por los territorios ocupados promocionadas en plataformas de viajes como TripAdvisor. Un anuncio de una “visita privada a bodegas de las colinas de Judea desde Jerusalén” promete “un día de indulgencia, relajación y apreciación del patrimonio vitivinícola de Israel”, con paradas en la bodega Psagot y en otras bodegas situadas en tierras ocupadas.

El informe también destaca el papel del vino en la promoción de las relaciones exteriores, en particular a través de la participación de Israel en concursos internacionales de vino. Plataformas de prestigio como los Decanter World Wine Awards han concedido medallas a bodegas como Psagot y La Forêt Blanche, ubicadas en algunas de las zonas más violentas de Cisjordania. Estos premios contribuyen a normalizar los asentamientos ilegales y a recompensar a empresas que se lucran de la desposesión del pueblo palestino. Consultada al respecto, Decanter afirmó que está “revisando actualmente sus políticas y procedimientos internos en relación con los vinos producidos en territorios con un estatus jurídico disputado o sensible. Mientras esta revisión esté en curso, no estamos en condiciones de responder a las preguntas concretas planteadas.”

Mientras los vinos de los asentamientos, producidos en tierras confiscadas circulan libremente por los mercados internacionales, los productos palestinos se enfrentan a estrictos controles

Las bodegas de colonos también han establecido alianzas con clientes de todo el mundo. En un episodio del pódcast The Kosher Terroir, emitido en mayo de 2025, el director ejecutivo de La Forêt Blanche, Yaacov Bris, mencionó un acuerdo para suministrar vino a 18 hoteles Club Med en los Alpes. La asociación se realizó de manera discreta, explicó, para evitar posibles boicots o publicidad negativa. En respuesta a una consulta, Club Med negó que actualmente exista dicho acuerdo. Cuando se le presentó un menú del Club Med Val d’Isère, en Francia, disponible en línea y en el que La Forêt Blanche figura en la carta de vinos, una portavoz señaló que se trata de un menú antiguo y que ya no comercializan ese vino.

Mientras los vinos de los asentamientos, producidos en tierras confiscadas circulan libremente por los mercados internacionales, los productos palestinos se enfrentan a estrictos controles, y quienes cultivan las vides sufren ataques cada vez más frecuentes por parte de colonos que buscan apropiarse de sus tierras y recursos.“No podemos importar ni exportar nada libremente”, afirma Canaan Khoury, enólogo del pueblo palestino de Taybeh, en la Cisjordania ocupada. “Nos cuesta más llevar el vino de la bodega al puerto que del puerto a Tokio, debido a los controles de seguridad adicionales y las restricciones.”

Las dificultades van mucho más allá del transporte. “Hemos sufrido confiscaciones de tierras por parte del ejército y ataques constantes de colonos”, dice Khoury. “Atacan los viñedos. Se ven hileras de cepas de distintas edades porque cada vez que vienen, cortan algunas y tenemos que volver a plantarlas. Además, no se nos permite acceder a nuestro propio suministro de agua: los israelíes nos la quitan y luego nos la venden en cantidades limitadas”. 

Pese a todo, Khoury y su familia continúan cultivando y vendimiando, elaborando vino y construyendo nuevas instalaciones. “Bromeamos diciendo que las construimos para que luego se las queden los colonos”, comenta con una sonrisa irónica. Lo que le da fuerzas para seguir adelante, cuenta, es su apego a la herencia de su familia y a la tierra, así como el deseo de ofrecer a su hija pequeña un ejemplo de resistencia, arraigo y lucha por un futuro en Palestina.

* Esta investigación contó con el apoyo de Investigative Journalism for Europe (IJ4EU).

* Con investigación adicional y contribuciones de Omri Eran-Vardi y AIN Collective.

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