Perú celebra elecciones en un nuevo sistema de poder a la medida de Keiko Fujimori

Este domingo, 27 millones de peruanos están llamados a las urnas para elegir a los miembros de un Congreso que, por primera vez en décadas, será bicameral. Además, la población debe decidir qué dos candidatos pasarán a la segunda ronda presidencial.
Una mujer con la característica vestimenta de altiplano peruano observa el autobús de propaganda electoral de López Aliaga.
Una mujer con la característica vestimenta de altiplano peruano observa el autobús de propaganda electoral de López Aliaga. Miguel Fernández Ibáñez
Lima (Perú)
11 abr 2026 06:00

Perú celebra este fin de semana las elecciones para elegir a 60 senadores y 130 diputados y determinar quiénes serán los dos candidatos que pasarán a la segunda ronda de las elecciones presidenciales. Pese a ser un país presidencialista, desde hace una década rige un parlamentarismo de facto dominado por la bancada de Keiko Fujimori y sus grupos aliados. Salvo sorpresa, con la reinstauración de un Senado con poderes desmesurados, el control del fujimorismo será aún mayor debido a que pocas formaciones cuentan con una estructura de partido en un país dado a los personalismos.

“La Cámara de Diputados va a desarrollar las leyes para las iniciativas parlamentarias, pero quien las discutirá, aprobará y promulgará será el Senado, que va a tener la capacidad de decidir si le gusta o no una ley como antes hacía el Congreso. Además, el Senado no podrá ser disuelto”, explica el periodista Américo Zambrano sobre esta nueva bicameralidad en la que el Senado será la instancia más importante. “Las encuestas estiman que solo cuatro o cinco partidos van a manejar el Senado y serán los mismos de siempre, y un presidente sin bancada fuerte terminará convirtiéndose en rehén de las mayorías parlamentarias”, añade el autor del libro La política del escorpión, en el que desgrana cómo los políticos se reparten el poder en Perú.

Salvo sorpresa, con la reinstauración de un Senado con poderes desmesurados, el control del fujimorismo será aún mayor debido a que pocas formaciones cuentan con una estructura de partido

En esta cita, la configuración maquiavélica del nuevo sistema hará que la mayoría de las 35 formaciones en liza no puedan pasar el corte electoral del 5%. Es probable que haya cierto voto cruzado, es decir, que haya personas que voten a diferentes formaciones dependiendo del candidato o candidata al Senado, Congreso y Presidencia. Así, según las encuestas, Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori, rondaría el 16% de los votos, mientras que hay un grupo de formaciones que pelean por la segunda plaza con una estimación que oscila entre el 7 y el 9%: Renovación Popular, del exalcalde conservador de Lima Rafael López Aliaga alias Porky, Juntos por el Perú, del castillista Roberto Sánchez, País para Todos, del cómico Carlos Álvarez, y Partido Cívico Obras, del también exalcalde de Lima Ricardo Belmont, quien ha protagonizado un ascenso meteórico en esta última semana.

En el barrio de Miraflores, en Lima, un grupo de voluntarias de la campaña electoral de la candidata al Senado Sitza Romero, de Fuerza Popular.
En el barrio de Miraflores, en Lima, un grupo de voluntarias de la campaña electoral de la candidata al Senado Sitza Romero, de Fuerza Popular. Miguel Fernández Ibáñez

“En Perú, son posibles los escenarios de 2016 y 2021. En 2016 pasaron dos partidos de derecha porque se dividió el sur. En 2021, el voto de la izquierda se aglutinó y pasaron uno de izquierda y uno de derecha. Pero hay otro escenario, el de 2020, cuando hubo elecciones al Congreso porque Vizcarra lo disolvió: surgieron los pescaditos [por el Frepap, una secta israelita que terminó tercera con 15 escaños]. Fue el voto de la joda. Y esa opción en el presente serían Ricardo Belmont y Carlos Álvarez”, analiza Paulo Vilca, del Instituto de Estudios Peruanos.

Los 27 millones de peruanos llamados a las urnas tienen que votar por un sistema bicameral que es más importante que la cita presidencial. Este cambio promulgado en la última legislatura hará que Perú sea un sistema híbrido en el que el presidente tendrá poderes limitados como proponer altos cargos o presupuestos. Una nueva vuelta de tuerca al parlamentarismo de facto que comenzó en 2016, cuando Keiko Fujimori perdió las presidenciales pero obtuvo la mayoría absoluta en el Congreso. Desde entonces, ocho presidentes han sido obligados a dimitir por supuesta incapacidad moral. 

Anochecer en el barrio de clase alta de Miraflores, en Lima.
Anochecer en el barrio de clase alta de Miraflores, en Lima. Miguel Fernández Ibáñez

Una legislatura amoral

En la última legislatura, pese a no tener esa mayoría absoluta en el Parlamento, el fujimorismo ha sabido aliarse con otros grupos de derecha y supuesta izquierda para refrendar su poder y reformar la Constitución. Si bien el pueblo eligió al humilde maestro cajamarquino Pedro Castillo como presidente, pronto los poderes de facto actuaron para limitar su poder. Como Castillo no aceptó plegarse, intentó a la desesperada un autogolpe. No le funcionó: carecía del poder necesario para retar al sistema y fue apartado de la presidencia y, como otros muchos presidentes, terminó encarcelado. Lo curioso de este movimiento fue que Perú Libre, el partido supuestamente izquierdista que acogió a Castillo en sus listas, se convirtió en el aliado esencial del fujimorismo. Por eso, esta legislatura ha sido bautizada la del “fujicerronismo”, por la alianza entre Keiko y Vladimir Cerrón, el líder de Perú Libre que está en busca y captura pero que es considerado el prófugo menos buscado del mundo.

Un policía, frente a la propaganda electoral de Juntos por el Perú y Ahora Nación, las dos principales formaciones de izquierda.
Un policía, frente a la propaganda electoral de Juntos por el Perú y Ahora Nación, las dos principales formaciones de izquierda. Miguel Fernández Ibáñez

“En teoría, Cerrón es un extremista radical, aunque en realidad es más pragmático de lo que parece. Se alió con el fujimorismo para votar las leyes que a él le interesaban, y no tuvo ningún problema en aliarse con la derecha que él tanto odia. Esto dice mucho sobre la solidez de las ideologías en el Perú”, subraya Zambrano. “El discurso radical le sirvió para llegar al poder porque hay un importante estrato pobre al cual estos líderes de izquierda llegan con más facilidad que los derechistas, a quienes les importa un carajo las personas sin recursos. En cambio, estos izquierdistas sí se acercan y te dicen que van a luchar por ti. Ese discurso le ayudó a tener una bancada importante, por lo que la ideología le ha servido a Cerrón para el beneficio propio. Por desgracia, ese es el lugar común de la política peruana: el beneficio personal”, insiste quien desgrana la realidad política en el semanario Hildebrandt en sus trece.

Fue precisamente tras la destitución de Castillo cuando Perú alcanzó la degeneración máxima con los tres presidentes marionetas del fujimorismo de dudosa capacidad moral e intelectual. Dina Boluarte, también incluida en las listas de Perú Libre, pasó a ser la presidenta tras la destitución de Castillo y lo primero que hizo fue reprimir las protestas en el sur de Perú en las que fallecieron más de 50 personas. No solo no ha respondido ante la justicia por ello, sino que el ministro de Defensa que dirigió las masacres terminó siendo envestido primer ministro. Así se premia en Perú a quienes respetan el sistema.

Parecía que Perú no podía tener peor presidenta que Boluarte, pero su sucesor en el cargo, José Jerí, solo duró 130 días en el cargo: fue pillado en reuniones no reportadas con empresarios de dudosa moralidad

Además, los escándalos personales de la presidenta con menor aprobación de la historia de Perú han sido la comidilla mediática: durante diferentes comparecencias, Boluarte mostró en su muñeca relojes de gama alta que, con su sueldo, nunca podría haber comprado, a lo que primero dijo que eran copias y, más tarde, acorralada por sus propias mentiras, aseguró que fueron regalos de otro político. Pese al rechazo de la sociedad, Boluarte aguantó hasta el año pasado sostenida por el fujimorismo. 

Parecía que Perú no podía tener peor presidenta, pero su sucesor en el cargo, José Jerí, solo duró 130 días en el cargo: fue pillado en reuniones no reportadas con empresarios de dudosa moralidad en un restaurante chino, conocido en Perú como chifa. El llamado chifagate se llevó por delante a Jerí, quien antes de llegar a presidente había enchufado a mujeres jóvenes sin la preparación necesaria en puestos técnicos del Congreso. Un pervertido, como subrayan sus críticos, que no desentonaba con el entorno: en 2024 se hizo pública la existencia de una la red de prostitución en el propio Congreso. 

Sitza Romero es candidata al Senado por Fuerza Popular.
Sitza Romero es candidata al Senado por Fuerza Popular. Miguel Fernández Ibáñez

El sustituto y actual presidente es José María Balcázar, un abogado de Perú Libre que tiene causas legales abiertas y que no rechaza el matrimonio infantil. Su elección puso de manifiesto la lucha intestina en la derecha peruana, concretamente entre Keiko y Rafael López Aliaga alias “Porky”, el político menos dócil al fujimorismo de la derecha peruana.

La carrera presidencial

Tras esta legislatura caótica, vergonzosa incluso, Keiko tiene casi asegurado su pase a la segunda ronda presidencial porque ella misma incentivó la aprobación de una ley que eliminó las PASO, las elecciones por facciones ideológicas que se ven en otros países de Suramérica y que permiten presentar a candidatos de consenso. En unas elecciones con 35 candidaturas, la atomización a izquierda y derecha solo beneficia a la china Keiko. Si bien parte con ventaja, la lucha por la presidencia estará reñida en la segunda vuelta: la corriente antifujimorista ha hecho perder a Keiko todas las segundas vueltas en las que ha participado.

En el arco de la derecha, además de Keiko, destaca Rafael López Aliaga. Según explica Zambrano, Keiko representa a la derecha popular y autoritaria de su padre, y aunque obtiene votos en las grandes ciudades, tiene su caladero en el norte y en la Amazonía. En cambio, compara, “Aliaga representa a la derecha empresarial, religiosa y conservadora”: “Es parte de esa derecha que gana plata, que va a la iglesia todos los domingos y que odia a la comunidad LGTBI. Una derecha que te mira por encima del hombro y, por eso, su mayor porcentaje de votos está en Lima, entre los estratos socioeconómicos más altos a los que llamamos A-B. Sobre todo, obtiene votos de A”.

Dora, en el centro cívico de Lima, es voluntaria del partido Renovación Popular.
Dora, en el centro cívico de Lima, es voluntaria del partido Renovación Popular. Miguel Fernández Ibáñez

A principios de año, parecía que estas dos figuras de la derecha iban a disputarse la presidencia, pero López Aliaga ha perdido fuelle y podría no pasar a la segunda ronda. Y es que hay dos candidatos que podrían robar a derecha, izquierda y centro y que están alterando el mapa político: el cómico Carlos Álvarez, quien tiene como propuesta estrella aplicar la pena de muerte a los sicarios, lleva décadas en la primera plana mediática con sus bromas, y en el debate electoral se presentó con su mascota el Píos Chicken; y luego está Ricardo Belmont, el primer outsider de la política latinoamericana.

Keiko representa a la derecha popular y autoritaria de su padre, y aunque obtiene votos en las grandes ciudades, tiene su caladero en el norte y en la Amazonía

“El año pasado, el outsider iba a ser Carlos Espá. Creció muy pronto. Han ido saliendo outsiders hasta el punto de ver quién es el outsider de la semana. Si hubiéramos conversado hace tres semanas, habríamos hablado del militar Wolfgang Grozo. Después salió Jorge Nieto. Y luego Sánchez. Y el de esta semana es Belmont, que es el primer outsider de la política latinoamericana: en el año 88, mientras conducía un canal de televisión, se lanzó a la alcaldía de Lima y derrotó a los partidos. ¿Qué ofreció? Obras. Fue la primera vez que alguien alejado de un partido ganaba en Latinoamérica. En el año 92, fue reelegido, aunque su gestión acabó mal: invitó a la gente a comprar acciones de su canal y se llevó la plata. Fue su debacle, y en el 95 desapareció de la política. Regresó en 2018 como candidato a la alcaldía de Lima con Perú Libertario, un partido de izquierda en el que estaba Castillo, y casi gana. En 2021, Castillo nombró asesor presidencial a Belmont, cuyo discurso populista lo agarra todo: terminar con la inseguridad, luchar contra los venezolanos, redactar una Constitución, ayudar a los emprendedores. Con Álvarez comparte una cosa: se vende como si no fuera político”, explica Paulo Vilca, que fue viceministro de interculturalidad con Ollanta Humala y, más tarde, viceministro de gobernanza territorial con Martín Vizcarra.

Paulo Vilca es politólogo del Instituto de Estudios Peruanos.
Paulo Vilca es politólogo del Instituto de Estudios Peruanos. Miguel Fernández Ibáñez

En el bloque izquierdista o rural, los candidatos con opciones se reducirían a dos: el castillista Roberto Sánchez y Alfonso López-Chau, este último en caída libre en el último mes. Ambos candidatos han prometido liberar a Pedro Castillo y están tratando de obtener el voto rural, aunque ha sido Sánchez el que ha capitalizado el castillismo: además de utilizar el sombrero que popularizó Castillo, ha incluido a la familia del maestro en las listas electorales.

“Él tiene un disfraz de Pedro Castillo, pero no es Pedro Castillo. Se ha autoelegido su heredero político, lo que explica su ascenso. Tiene un cálculo electoral que es buscar el voto importantísimo del Perú rural, que fue el que le dio la victoria a Castillo”, explica Zambrano, quien destaca que “mucha gente se identificó con Pedro por su forma de enfrentarse a los poderosos, por personificar el bueno versus el malo, David contra Goliat”. 

Calle revuelta pero sin rebelión

La crisis política en Perú va a continuar, salvo que Keiko Fujimori logre un control absoluto, incluida la Presidencia. Son las reglas de su juego, de su sistema. En las calles de Lima, hay una mezcla entre ilusión y desesperación. Es Dora, voluntaria de 63 de Renovación Popular, quien se muestra esperanzada con Rafael López Aliaga.

“No es un político: es un empresario al que le gusta trabajar demasiado. Sabemos que también ayuda a la gente pobre haciendo mucha plata como empresario”, considera Dora, que insiste en subrayar que López Aliaga ayudará a los más desfavorecidos y que apunta la importancia electoral de San Juan de Lurigancho, el distrito electoral más grande del país y uno de los lugares más violentos y empobrecidos de Lima. “Cuando sea presidente va a dedicarse a los más necesitados. ¿Por qué? Porque ya ayudó a la gente pituca (pija). Él tiene tanta plata que no sabe a quién donarla”, añade quien rechaza las maniobras parlamentarias de Keiko, y avisa: “Si ellos hacen lo que les da la gana y si siguen burlándose del pueblo peruano, nos levantaremos y haremos justicia”.

Brayan Melgar Castillo es un joven intengrante de la generación Z peruana.
Brayan Melgar Castillo es un joven integrante de la generación Z peruana. Miguel Fernández Ibáñez

Quienes se han levantado sin éxito estos años han sido jóvenes como Brayan Melgar Castillo, de 24 años, originario de Ica, representante estudiantil de la Universidad Cayetano Heredia, una de las caras más reconocibles de la generación Z peruana. Debido a la desunión entre los grupos estudiantiles, es consciente de la débil posición que tienen para condicionar el sistema. Pese a ello, Brayan asegura que no piensa detenerse. 

“Me gustaría resaltar que no hay que ser conformista”, destaca. “Ves la indiferencia, ves la corrupción, ves los crímenes, y duele. Por acá ya no puedes caminar incluso de día: me han robado enfrente de mi casa en pleno día”, rememora en el distrito de San Martín de Porres, y refleja uno de los temas centrales de la campaña electoral: la violencia, que no deja de crecer, en parte por las leyes “procrimen” aprobadas en esta última legislatura que, como la ley 32108, reduce las penas por extorsión, un tema que lleva condicionando el sector del transporte dos años. 

“La culpa es de los políticos, pero nosotros somos parte del cambio: si no lo hacemos nosotros, no podemos esperar que lo hagan otros”, sentencia Brayan, integrante de la generación Z

“La culpa es de los políticos, pero nosotros somos parte del cambio: si no lo hacemos nosotros, no podemos esperar que lo hagan otros”, sentencia Brayan. Así, jóvenes como Brayan han llevado a cabo dos campañas políticas en las redes sociales. Primero apuntaron a los políticos a los que no hay que votar bajo el lema “Por estos no”, para luego posicionarse con candidatos que, más allá de la ideología, parecen ser personas honestas. Así nació la campaña “Por estos sí”.

“Primero fuimos descartando a los partidos tradicionales que han estado gobernando como la señora Fujimori. No sé cómo siguen engañando a la población”, lamenta Brayan, quien apuesta por formaciones como el Partido Morado o el Partido del Buen Gobierno, que parecen haber cautivado a universitarios de la generación Z. Sin embargo, en un país como Perú, donde la mayoría no tiene opción de educarse porque suficiente tiene con sobrevivir, y donde una minoría enriquecida ignora las demandas básicas del resto, los jóvenes se pierden en el camino y terminan dentro de un sistema clientelar y apático, para finalmente virar hacia los mismos partidos que llevan controlando las instituciones desde hace décadas.

Perú
Cae el presidente de Perú, José Jerí, el séptimo en diez años
El Congreso peruano ha cesado al presidente peruano, José Jerí, quien hace casi 130 días asumió la presidencia interina después de la destitución de Dina Boluarte.
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