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Organizar el poder sindical, de Jane McAlevey. Un manual para ganar la vida en el trabajo
Tenemos hoy nuevo Pol&Pop de servicio público. En este caso, de servicio sindical. Cualquiera que se adentrara en la vida política entrado ya el Régimen del 78, como es nuestro caso, lleva incorporada de serie la idea de que no se hace política desde los sindicatos. Se hace política para ampliar y roturar el campo desde los movimientos sociales o se hace política para cosecharlo desde el plano institucional. Lo que traemos hoy, a partir del libro de Jane McAlevey, No hay atajos. Organizar el poder sindical (Verso, 2024), es una memoria reciente que desmiente eso: en el sindicalismo radical contemporáneo de Estados Unidos, la acción sindical ha constituido un foco de politización principal en contextos diversos marcados por la afinidad de clase, al tiempo que distintos procesos de politización han desembocado en la sindicalización como una vía imprescindible para avanzar. Lo hacemos de la mano de Jaime Caro, traductor e introductor al libro, y de Alejandra Ríos, abogada laboralista de Autonomía Sur coop.
Si es un mal hábito reducir el sindicalismo a una gran estructura de prestación de servicios jurídicos y certificados de formación, también lo es despreciar la experiencia sindical estadounidense. Es cierto que el marco regulativo resulta antisindical de una forma marcada, pero también que ha sido un fructífero espacio de innovación. La trayectoria de McAlevey como organizadora de sindicatos en las últimas décadas comprende desde la derrota infligida por el neoliberalismo, que arrinconó a esas organizaciones en el levantamiento de burocracias, la recaudación de cuotas, el lobbismo y la elitización, hasta las victorias de la última década, impulsada por una nueva generación de prácticas radicales, basadas en la organización, una democracia interna masiva y la producción de comunidad sindical.
El libro de McAlevey recoge algunas de las premisas estratégicas para este giro victorioso, desde la concepción extendida de quien trabaja como un miembro de la comunidad -y, por lo tanto, de esa retaguardia como clave del conflicto-, hasta la incorporación de los destinatarios de los servicios laborales -las personas atendidas en la residencia, las familias en los colegios- como parte principal del sujeto político. Con esta orientación, desarrolla una visión empírica del proceso de organización y pelea sindicales que da buenas pistas de lo que funciona, tanto a quien pretenda fortalecer su pequeño sindicato, como a quien aspire a desburocratizar alguna federación de las grandes centrales. Como decíamos, programa de servicio, de agitar estereotipos y de primeros auxilios en la tarea de ganar terreno a la vida en el campo de juego del capital. Que lo practiquen a gusto.
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