Opinión
‘Insaciable’: querer y no poder

La tercera película de terror psicológico a cargo de la realizadora Natalie Erika James se centra en la dismorfia corporal y la obsesión con el ejercicio y las dietas.
Insaciable
Fotograma de ‘Insaciable’, de Natalie Erika James.

La protagonista de Insaciable es Hana (Midori Francis), una estudiante de medicina, acomplejada por su físico hasta el punto de la dismorfia corporal, es decir, de vivir su aspecto con angustia. Desesperada por participar de los estándares de belleza a los cuales se han amoldado sus compañeras de universidad y Alanya (Madeleine Madden), entrenadora de un grupo de fitness hacia la que se siente atraída, Hana prueba suerte con un remedio milagroso gracias al cual parece posible conseguir una figura más estilizada. Para su sorpresa, el preparado funciona, aunque con un coste que amenaza su estabilidad mental y puede que hasta su vida: empieza a ser acosada por una entidad espectral, un fantasma hambriento que representa sus deseos incontrolables y su vacío emocional.

Desde sus primeros cortometrajes, Tritch (2011) y Burrow(2013) —solo en apariencia un drama romántico—, la guionista y directora Natalie Erika James ha puesto de manifiesto un gran interés por el terror como vehículo expresivo en torno a la complejidad de los legados familiares y culturales —ella se debate entre las ascendencias australiana, japonesa y estadounidense—, y la relación entre los espacios físicos claustrofóbicos y las subjetividades femeninas. Pese al atractivo de lo que aborda y una inclinación sincera por el terror marcada asimismo por la hibridación cultural —en este caso, entre la herencia gótica y el J-Horror—, el cine de James adolece de una debilidad por las metáforas redundantes y un estilo academicista que han acabado por hacer de sus propuestas ejercicios de quiero y no puedo.

Salvando las distancias que se quieran, la trayectoria de James es equiparable hasta la fecha a la del veterano Brad Anderson; ambos son artesanos al servicio de una concepción aplicada y psicologista del género, y eso aporta a las películas de una y otro un marchamo superficial de calidad, más aún, de dignidad que resulta contraproducente a la hora de dejar un mínimo poso. Es algo que certificaron los dos siguientes cortos de James, Creswick (2017) y Drum Wave (2018) —con todo, la propuesta quizá más sugerente de su filmografía—, así como sus tres largometrajes posteriores, lastrados además por un sentido de la oportunidad lindante con el oportunismo.

Con Relic (2020), James trató de sumarse sin demasiado impacto al ciclo del cine del trauma familiar puesto de moda por Babadook (2014). Apartment 7A (2024) era una precuela del clásico La semilla del diablo (1968) que nadie había pedido y que tampoco tuvo gran repercusión. Ahora, con Insaciable, James intenta explotar la repercusión de La sustancia (2024), el body horror de Coralie Fargeat acerca de una actriz veterana, interpretada por Demi Moore, que hacía lo posible —y lo imposible— por recuperar la juventud.

Aunque la cuestión principal planteada por Insaciable no es la presión edadista sobre las mujeres sino la que tiene que ver con el sobrepeso, James, con la complicidad de su director de fotografía habitual, Charlie Sarroff, deja a un lado sus rasgos más idiosincrásicos como directora para emular con descaro estrategias formales de La sustancia; entre ellas, los arrebatos de color, los primeros planos sobre texturas de comida y tejidos humanos, los golpes de efecto arbitrarios para desubicar al espectador, y el montaje sincopado de varias escenas a golpe de canciones y música incidental, destinado a simular que la acción da saltos de gigante. Aunque no se sepa muy bien hacia dónde y, en el trayecto, la consistencia de las interpretaciones y la narrativa salte por los aires.

De hecho, ese festival de alardes audiovisuales funciona en sintonía con la redefinición argumental de Insaciable cada diez minutos. ¿Nos hallamos ante una exploración malsana del cuerpo humano cuando se revela síntoma de una psique atormentada? ¿O ante una alegoría sobre fantasmas que buscan expiación y venganza? ¿O resulta que el fantasma no es tal, sino una criatura tangible, con el poder de cebarse con Hana cuando bajan sus defensas anímicas? ¿O la criatura es más bien una proyección, que permite a Hana lidiar por fin con una situación familiar insostenible? ¿O el problema de nuestra protagonista tiene un alcance sistémico? ¿A cuento de qué el canibalismo literal que hace acto de aparición en los últimos minutos?

Los cambios de tercio y las excentricidades dirigidas a ‘épater le bourgeois’ arruinan el supuesto rigor de los propósitos de James, hasta un extremo de banalidad que ha hecho acreedora a la película, creemos que con cierta razón, de acusaciones de gordofobia

Insaciable pone sobre la mesa temas de interés —más en la era del Ozempic—, en línea con la idea de su directora de que “el terror es más efectivo para mí si se remite a experiencias reales vividas, y estar atrapada en una dinámica de trastornos alimentarios te hace sentir como si algo exterior a ti, un ocupante siniestro de tu cuerpo, hubiese tomado el control de tus actos”. Sin embargo, los cambios de tercio y las excentricidades dirigidas a épater le bourgeois arruinan el supuesto rigor de los propósitos de James, hasta un extremo de banalidad que ha hecho acreedora a la película, creemos que con cierta razón, de acusaciones de gordofobia.

Como ha concluido la crítica Beatrice Loayza, “los diversos aspectos sobrenaturales de Insaciable se constituyen en metáforas forzadas y en clichés robados a una docena de películas de terror distintas, y chocan además con los horrores reales que afronta Hana, restando seriedad, fuerza y singularidad a la película”. No creemos que Natalie Erika James tenga problemas en seguir encadenando proyectos, profesionalidad no le falta; pero, por otro lado, resulta dudoso que vayan a desembocar en algún momento en ficciones verdaderamente revulsivas si continúa por la senda de la ejemplaridad y lo que está de moda.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra na túa conta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...