Análisis
Entre la vocación investigadora y la salud mental: hablemos de las prácticas abusivas en la academia

Gran parte de la academia que conocemos hoy en día se ha construido sobre prácticas que podríamos definir como abuso académico, que nacen de posiciones de poder con miras a alcanzar un productivismo acelerado y exagerado.
Estudiantes Residencias
Un grupo de estudiantes en la zona de los colegios mayores de Ciudad Universitaria, en Madrid. Álvaro Minguito
20 may 2026 06:00

La palabra vocación se repite constantemente en el entorno de la investigación académica. En muchos casos, explica la decisión de dedicar gran parte de la vida a buscar una respuesta a un problema concreto, o al menos intentarlo. María Zambrano, en su obra Hacia un saber sobre el alma, relacionaba la vocación con la verdadera condición, aquello que nos hace ver, pensar, mirar, tener una paciencia sin límites. Todas estas habilidades son necesarias para quienes deciden hacer una carrera investigadora. Pero la vocación también tiene un límite.

Recientemente se publicaba una breve comunicación en Nature sobre “El enorme impacto de los doctorandos en la salud mental”. En una muestra de más de 20.000 estudiantes de doctorado en Suecia, los datos revelaron que la prescripción médica relacionada con salud mental se vio incrementada un 40% en comparación con los años previos a la realización de tales estudios. Este aumento llega mayoritariamente a partir del 4º año de doctorado. 

En una muestra de más de 20.000 estudiantes de doctorado en Suecia, la prescripción médica relacionada con salud mental se vio incrementada un 40% en comparación con los años previos

Estudios previos basados en la percepción de la salud mental, en el año 2018, apuntaban a que el 40% de las personas encuestadas (90% de ellas en etapa doctoral) experimentaban hasta seis veces más síntomas de ansiedad y depresión en comparación con la población general. Más allá del equilibrio entre la vida personal y laboral, también señalaban el impacto en la salud mental como consecuencia de la relación con los supervisores y directores de tesis. 

Otro estudio publicado en España en la revista Psicothema (Colegio Oficial de Psicólogos de Asturias) reveló tras entrevistar a más de 1.000 estudiantes de doctorado que entre el 50% y 60% de ellas podrían estar experimentando sufrimiento psíquico pese a un grado aceptable de satisfacción con la etapa doctoral. También observaron que hasta el 18,8% habían tenido ideas de suicidio aunque indicaban que no habían pensado en llevarlo a cabo.

No obstante, es muy probable que los niveles de malestar sean aún más extensos ya que aquí solamente se recoge ese porcentaje de investigadores que ha llegado al sistema de salud y al que se le ha prescrito algún tipo de psicofármaco. El estudio invisibiliza a todas las personas que puedan estar atravesando una situación que afecte a su salud mental y física, y que no hayan recibido atención porque no han podido alzar su voz. Algunos ejemplos de situaciones que he tenido la oportunidad de conocer son: ausencia de feedback sobre el contenido, falta de dirección y de comentarios de mejora, peticiones de inclusiones de autores que no han participado en el trabajo, exclusión de otros que sí han participado en el mismo trabajo. No son hechos aislados, sino patrones que se repiten entre distintas historias de investigadores, estudiantes de doctorado, post doctorado, etc. 

Por otro lado, el cuestionamiento de las prácticas académicas y del abuso de poder hacia quienes investigan no puede hacerse desde dentro de la propia institución sino que debe quedar lejos de todo aprovechamiento académico. La aparición de estudios que analicen y cuantifiquen este fenómeno puede ayudar a poner sobre la mesa este debate, pero al utilizar los mismos canales de difusión que utiliza la propia academia (como por ejemplo, las revistas científicas indexadas), queda limitado a este ámbito. Un ámbito en el que, precisamente, muchas de las presiones y prácticas abusivas se dan durante la elaboración de artículos científicos.

Miedo, complicidad, secretismo, poder, son algunos de los motivos que explican el silencio de quienes sufren ahí dentro. Pero también la falta de espacios dentro de la propia estructura académica

No es fácil romper el silencio contra estas instituciones y quienes las conforman. En los últimos años han salido a la luz varios escándalos académicos: revistas con estructura piramidal, mercado de autoría de artículos para conseguir plazas y, puesto que la academia también está impregnada de violencia patriarcal y dominación sobre nosotras, numerosos casos de abusos sexuales. Pero sigue siendo necesario dar a conocer aquello con lo que muchas personas cargan en su día a día y que se está traduciendo en un malestar académico que algunos grupos han empezado a medir y publicar, como comentábamos al inicio.

Miedo, complicidad, secretismo, poder, son algunos de los motivos que explican el silencio de quienes sufren ahí dentro. Pero también la falta de espacios dentro de la propia estructura académica para hablar de esto o el hecho de que algunas personas ni siquiera cuentan con el apoyo más cercano de sus propias compañeras del grupo de investigación, laboratorio o departamento. Hay dos silencios, aquel que corresponde a quienes están siendo abusadas por la academia y aquel que es cómplice y acaba protegiendo a quien ejerce el poder sobre las demás. Y añadiría un último motivo, la precariedad económica que siempre ha caracterizado a quienes se dedican a la investigación y a la ciencia.

Pese a los esfuerzos y logros de la labor sindical y de organizaciones como la Federación de Jóvenes Precarios para mejorar las condiciones contractuales y salariales del personal investigador, la mayor parte de los esfuerzo están lejos de poder abordar todo lo relacionado con las prácticas abusivas y el malestar que sigue manifestándose año tras año.

Ante estas carencias, podemos destacar la creación de una Oficina Española de Integridad en la Investigación, dedicada a la asesoría y el apoyo mutuo entre personal de la investigación. Gracias a la labor de esta asociación se han destapado algunos de los casos de abusos sexuales más vergonzosos en la academia del Estado español como el de un catedrático de la UB investigado por acoso tras la denuncia de seis mujeres donde afirmaban que les pedía masajes y sexo mientras era su jefe. O el caso de la facultad de Bellas Artes de la UPV, denunciado por el colectivo estudiantil ‘No esteu soles’. 

Hay que recordar que gran parte de la academia que conocemos hoy en día se ha construido sobre ciertas prácticas que podríamos definir como abuso académico, ya que nacen de posiciones de poder y con miras a alcanzar un productivismo acelerado y exagerado. La entrada, poco espontánea, de las entidades y la financiación privada en los programas de I+D+i ha transformado por completo las lógicas de la investigación y la generación del conocimiento.

Se ha dejado de lado el valor del descubrimiento, el asombro o la cooperación y con ello, el avance del conocimiento hacia un ideal más justo. Hoy, es la propia institución académica, y todo el ecosistema de la investigación, la que impulsa un modelo de desarrollo basado en la meritocracia y la cuantía de resultados, jornadas, cursos, proyectos, etc.

El conocimiento está sujeto a las lógicas de la competición y no de la colaboración. Con la única excepción de los programas de financiación mixtos, donde se invita a la colaboración entre organismos fuera de las universidades y centros de investigación, la competición por las subvenciones, ayudas y contratos con entidades privadas se traslada en muchas ocasiones al ambiente en los propios departamentos, donde llega a duplicarse el equipamiento o incluso el tipo de investigación por disputas entre los propios grupos. La academia, sin duda, ha adoptado en las últimas décadas el ideal impuesto por los conceptos neoliberales de progreso. 

Como autora de estas palabras y conocedora de múltiples casos de prácticas abusivas en la academia, he recogido algunas de ellas en el fanzine 'la vocación no les pertenece”. Es necesario reivindicar que la vocación investigadora necesita límites, cuidados, colaboración y menos competitividad. Espero que podamos hablar sobre esto poco a poco, con menos miedo. Que hechos como estos puedan reconocerse y señalarse mucho antes de que las personas que sostienen sus vocaciones entre tanta precariedad e incertidumbre se vean afectadas.

Un fanzine que recoge un mensaje colectivo: “la vocación no les pertenece"
El 4 de junio en la Llibreria La Rossa (València) tendrá lugar la presentación del fanzine “La vocación no les pertenece”, un proyecto que visibiliza los abusos académicos para “dar voz a las historias no contadas hasta ahora, historias que querían o necesitaban ser compartidas”, tal y como queda descrito en la web del proyecto. Este trabajo es el resultado de conversaciones entre diferentes personas que han pasado por, o siguen en, entornos académicos y han visto afectada negativamente su salud mental. Son historias contadas desde ocho territorios distintos y las narraciones incluyen fotografías analógicas bordadas que reivindican la investigación de cada una y, también, las vocaciones secuestradas. Todas las personas que han participado han sido protegidas mediante su anonimato, a excepción de la experiencia de la propia autora.
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