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¿Gaucho-lepénisme?

¿A qué se deben los buenos resultados de RN en zonas del país que hasta ahora se habían resistido a la extrema derecha?
Jean Marie Le Pen y Marine Le Pen
Jean Marie Le Pen y Marine Le Pen, padre e hija y fundadores del Frente Nacional y su sucesor, Reagrupación Nacional en un mitin en 2012. Foto de Blandine Le Cain,
8 jul 2024 15:56

Los asombrosos éxitos electorales de Rassemblement National (RN, traducido como Reagrupamiento Nacional) durante el mes pasado han suscitado naturalmente innumerables reflexiones sobre los orígenes de este espectacular avance histórico de la extrema derecha en la Francia de posguerra. RN obtuvo 30 de los 81 escaños en las elecciones europeas del pasado 9 de junio, lo cual le permitió convertirse en la mayor delegación parlamentaria entre los partidos representados en el Parlamento Europeo y obtener el doble de votos que el bloque liderado por Emmanuel Macron. En la primera vuelta de las elecciones anticipadas a la Asamblea Nacional celebradas el 30 de junio, RN obtuvo el 33 por 100 de los votos. El Nouveau Front Populaire (NFP) —una amplia alianza de izquierda que incluye al Parti Socialiste (PS), La France Insoumise (LFI), Les Écologistes-Europe Écologie Les Verts (EELV), el Parti Communiste (PC) y otros partidos menores— quedó por detrás, obteniendo el 28 por 100 de los sufragios, mientras que Ensemble pour la République (EPR), la coalición de partidos que agrupa a la mayoría presidencial de Macron, se hizo tan solo con el 20 por 100 de los votos. En la segunda vuelta de las elecciones legislativas celebradas este 7 de julio el NFP ha obtenido 182 escaños, ERP 168, RS, acompañado por los Les Républicains de Eric Ciotti, 143 y Les Républicains 46, cifras todas ellas referidas al total de 577 escaños de la Asamblea Nacional francesa.

Como síntoma de la normalización del voto al RN basta decir que en las pasadas elecciones europeas las listas de extrema derecha se impusieron en el acomodado distrito 16 de París

Los sondeos pronosticaban que, a pesar de todo, RN no alcanzaría una mayoría viable en la segunda vuelta de este domingo, bloqueada por un «Frente Republicano», que abarca al centro y a parte de la izquierda. Un total de 221 candidatos del NFP y del EPR de Macron se habían retirado de la carrera electoral para evitar la división del voto, aunque la distribución ha sido desigual, dado que el NFP ha retirado a 132 de sus candidatos, mientras que EPR ha retirado únicamente 83 y así en 108 circunscripciones compiten tres candidatos de los cuales dos se oponen a RN, lo cual refleja la reticencia del centro a colaborar con la LFI de Jean-Luc Mélenchon, que muchos de ellos consideran tan peligrosa como la extrema derecha, si no más. Hay quien ha especulado durante los días previos al 7 de julio con la posibilidad de que, en caso de que las urnas salieran un parlamento carente de una mayoría viable, Macron dimitiera y recurriera a una controvertida interpretación de la Constitución, que le permitiría presentarse a otro mandato presidencial. Pero tal golpe de Estado sería extremadamente arriesgado. Es más probable que Macron intente nombrar a un primer ministro «moderado», que podría formar un gobierno compuesto por figuras como François Hollande, que ha estado trabajando duro para lavar su reputación, el exministro de Sanidad de Macron, Aurélien Rousseau, ahora candidato del NFP, e incluso el disidente de la LFI François Ruffin. Esta formación allanaría entonces el camino para una candidatura de unidad contraria a Mélenchon en las elecciones presidenciales de 2027, dotando de nuevo vigor al centro y excluyendo a los «extremos». Sin embargo, aunque esta vez se impida a RN formar gobierno, el partido se hallará probablemente en una posición fuerte para erigirse y presentarse como la única oposición del país a la espera de la próxima contienda electoral.

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¿Qué regiones y factores han impulsado el sorprendente aumento del apoyo a RN? Hasta ahora se ha hablado poco de los buenos resultados de RN en zonas del país que hasta ahora se habían resistido a la extrema derecha. En las elecciones europeas, la lista de RN se situó en cabeza en todas las categorías sociodemográficas analizadas por los encuestadores, incluidos los hogares del cuartil superior de ingresos. Entre las ocupaciones intermedias, esto es, trabajadores administrativos, comerciales y del sector servicios, el voto RN saltó del 19 al 29 por 100. El incremento fue aún mayor entre quienes tienen dos años o más de estudios superiores: del 16 al 29 por 100. El partido también avanza entre directivos y jubilados. Ahora su porcentaje se sitúa en torno al 20 por 100 entre los primeros, a la par con el Partido Socialista, habiendo subido su representación del 13 por 100 registrado en 2019; entre los jubilados, RN mantiene una ventaja considerable: el 29 por 100 frente al 23 por 100 obtenido por la lista de Macron. Como síntoma de la normalización del voto al RN basta decir que en las pasadas elecciones europeas las listas de extrema derecha se impusieron en el acomodado distrito 16 de París, bastión histórico de la derecha liberal.

Todo ello obliga a reconsiderar la composición del electorado lepenista. La opinión dominante, expresada sin descanso por los principales medios de comunicación y por los líderes de los partidos, ha sido que el voto al RN es un grito desde el corazón de los «olvidados» de Francia, de aquellos por los que Europa no siente preocupación alguna, de los dejados atrás por la globalización, de los despreciados por las élites y, sobre todo, de los olvidados por la izquierda. De acuerdo con esta perspectiva, las comunidades de clase obrera, antes comunistas, se han escorado hacia la extrema derecha, empujadas por las sucesivas traiciones perpetradas por la socialdemocracia y los movimientos progresistas. Los analistas repiten la idea de que RN —primer partido obrero francés en las encuestas— es heredero de los valores conservadores y familiares que caracterizaban al antiguo PCF. Geográficamente, su voto se percibe como arraigado en «la France périphérique», para decirlo con la locución popularizada por Christophe Guilluy en 2018: zonas rurales deprimidas alejadas de los grandes centros de transporte y de los centros dinámicos de empleo. Esta tesis llamada «gaucholepéniste» es el telón de fondo de Retour à Reims (2009), de Didier Eribon, en el que el autor relata la trayectoria política de su familia obrera arraigada en el noreste, describiendo la parábola que la lleva del PCF hasta el Frente Nacional, fuerza política predecesora de RN.

Es cierto que el FN efectuó durante un largo periodo de tiempo un esfuerzo sostenido por establecer una presencia en el norte y el noreste del país, siendo el hecho más emblemático de ello el desembarco en frío de Marine Le Pen en 2012 y su elección en las elecciones legislativas de 2017 en Hénin-Beaumont, el corazón de la antigua zona minera de Hauts-de-France. Sin embargo, situar la base social y electoral del FN/RN en las zonas desindustrializadas y en los antiguos distritos que acostumbraban a votar al PCF es demasiado simplista. Una abundante literatura sociológica pone de relieve la naturaleza proteica de su voto, mientras que los datos muestran que la abstención sigue siendo, con mucho, la opción más común entre quienes en otro tiempo habrían votado al PCF. Aunque las pautas de voto al FN/RN colocan a esta fuerza política como la opción predilecta de los trabajadores manuales, hay que tener en cuenta que la clasificación del Institut National de la Statistique et des Études Économiques incluye en esta rúbrica a los pequeños comerciantes, un estrato que siempre se ha inclinado hacia la derecha. Pensemos en los «pequeños empresarios» de las novelas naturalistas del siglo XIX, cuya ambivalencia hacia la patronal y hacia las ideas revolucionarias se evoca en la novela L'assommoir (1877) de Zola. Hoy en día, estos oficios –carniceros, jardineros, camioneros, mecánicos de taller y albañiles– son estadísticamente los más numerosos entre la clase obrera. Son empleos que no pueden deslocalizarse fácilmente. A diferencia del trabajo en las fábricas, que se ha ido reduciendo desde la década de 1980, este tipo de empleos ha salido relativamente indemne de la globalización.

La inmigración ha sido una constante del discurso del FN/RN, aunque su significado ha cambiado con el curso del tiempo

Una versión más matizada de la tesis «gaucho-lepéniste» requiere una comprensión más clara de la política cambiante y a menudo contradictoria del propio partido. Muchos sostienen que RN (y antes el FN) es una fuerza política «bifronte», es decir, que atrae tanto a la derecha como a la izquierda, afirmación que también puede resultar exagerada. La inclinación «social» de RN fue promovida en particular por la antigua mano derecha de Marine Le Pen, Florian Philippot, un antiguo chevènementiste, que animó al partido a presentarse como el campeón de aquellos atrapados entre los grandes, que lo acaparan todo, y los pequeños, los desempleados y los inmigrantes ociosos, que no producen nada. El programa de 2017 de RN incluía una serie de medidas como la reducción de la edad de jubilación a los 60 años y el aumento de los salarios, que situaban al partido a la izquierda del liberalismo identitario de la derecha de Sarkozy. Al mismo tiempo, sobre todo en el sudeste, RN siguió alineándose con los valores de la derecha tradicional: los valores de los pequeños propietarios, hostiles a los impuestos y apegados a la ley y el orden. Esta última orientación, que tiene profundas raíces en el FN y desciende del poujado-reaganismo del viejo Le Pen, volvió a ser hegemónica, sin embargo, tras el relativo fracaso del partido en las elecciones legislativas de 2017 y la expulsión de Philippot de la dirección. Los elementos «sociales» del programa de 2017 fueron excluidos del programa de 2022 por considerarlos incompatibles con el objetivo de unir fuerzas con el ala derecha de Les Républicains.

Este cambio de guardia reubicó al partido en sus zonas de referencia habituales, lejos del norte desindustrializado: Provenza y el interior del área de Niza. Tras las elecciones legislativas de 2022, uno de cada dos diputados de Provenza-Alpes-Costa Azul procedía de RN. Esta región alberga una gran concentración de pied-noirs repatriados de Argelia y de sus descendientes, cuyo imaginario colectivo se formó en la época colonial. El apoyo al FN en esta región se une al rechazo de los Acuerdos de Evian de 1962, que pusieron fin a la guerra de Argelia y abrieron la puerta a su independencia, y a la hostilidad hacia los «bradeurs de l'Empire» [liquidadores del imperio], como calificó a la derecha gaullista Jean-Louis Tixier-Vignancour, candidato presidencial de extrema derecha en 1965. Jean-Marie Le Pen sucedió a Tixier al frente de este movimiento nebuloso, que englobaba a antiguos militantes de la Organisation de l'Armée Secrète (OAS) y a diversas agrupaciones neofascistas, así como a monárquicos y católicos tradicionalistas. Mitterrand, adversario político de De Gaulle, cultivó las relaciones con estos ultras a lo largo de su carrera política, hecho que culminó con la amnistía presidencial concedida los generales que protagonizaron el putsch de Argel en abril de 1961. Desde entonces, este electorado marginal ha abandonado a los socialistas y ha vuelto a su hogar político natural, esto es, a RN. Sin embargo, no se trata de un movimiento de la izquierda a la derecha, como suele afirmarse.

El racismo que caracterizaba las relaciones sociales en las colonias formaba parte del ADN del FN. En un principio este se vio exacerbado por el hecho de que los propios repatriados fueron víctimas de la xenofobia cuando llegaron a Francia. Las oleadas de migración posteriores les ofrecieron la oportunidad de unirse al grupo mayoritario, distinguiéndose de las nuevas minorías árabes recién llegadas. La inmigración ha sido una constante del discurso del FN/RN, aunque su significado ha cambiado con el curso del tiempo: el migrante ya no es caracterizado como la persona que roba puestos de trabajo, sino como el beneficiario de las políticas de bienestar social que roba dinero, desplazamiento verificado al hilo de un realineamiento demográfico, que ha visto al partido pasar de cortejar y obtener un voto predominantemente urbano durante la década de 1980 —las primeras grandes campañas de Jean-Marie Le Pen estuvieron impulsadas por la hostilidad hacia los migrantes físicamente próximos— a concentrarse en el voto rural y suburbano, que ha alcanzado su punto álgido en zonas donde la inmigración brilla por su ausencia.

Como señala Félicien Faury en su libro Des électeurs ordinaires: Enquête sur la normalisation de l’extrême-droite (2024) sobre los simpatizantes lepenistas en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, las dimensiones culturales del voto FN/RN tienden a pasarse por alto en favor de interpretaciones economicistas. En el reciente libro de Thomas Piketty y Julia Cagé, Un histoire du conflit politique: Élections et inégalités sociales en France, 1789-2022, por ejemplo, que presenta un amplio panorama de las fuerzas motrices del voto en Francia desde la Revolución Francesa, el comportamiento electoral se explica principalmente al hilo de las desigualdades de renta. Sin embargo, el núcleo del electorado del FN siempre ha estado constituido por votantes de clase media, esto es, por aquellos que pueden permitirse poner «un peu d'argent de côté» [ahorrar algo], dicho en la jerga de los encuestadores. Si los temas de Jean-Marie Le Pen atraían a ciertas fracciones de las clases populares, era porque la propiedad privada se había convertido en una piedra angular de la identidad de la clase trabajadora. Como nos recuerda Violaine Girard en su libro Le vote FN au village: Trajectoires de ménages populaires du périurbain (2017), la otra cara de la desindustrialización fue el acceso masivo, gracias a la correspondiente política de subvenciones, a la pequeña propiedad individual.

Aunque las encuestas muestran que el voto de RN, al igual que el de LFI, se concentra en el extremo inferior de la escala de ingresos, el peso de esta variable se ve matizado por el hecho de que los partidarios de la primera fuerza política tienden a radicarse en zonas donde el coste de la vida es más bajo, resultando además que, contrariamente a las perspectivas centradas en la desigualdad de la riqueza, el nivel educativo opera como un factor más determinante. La retórica lepenista es más eficaz en los lugares donde el éxito social no va unido al nivel educativo. En estos entornos la identificación con los intereses del jefe, a menudo un amigo que controla las oportunidades locales de empleo, es predominante, pauta de comportamiento que se ha visto fortalecida por la desaparición de los dispositivos tradicionales de traducción y presentación de las perspectivas defendidas por la izquierda. Como señala el sociólogo Benoît Coquard, autor de una etnografía de larga duración sobre la vida social en las zonas rurales (Ceux qui restent: Faire sa vie dans les campagnes en déclin, 2022), muchos profesores, que a menudo eran también entrenadores del club deportivo y en otro tiempo considerados notables locales en sus pueblos de residencia, han abandonado estos y se han instalado en las ciudades próximas a su lugar de trabajo. El ethos del pequeño empresario que trabaja duro —el emprendedor que no cuenta sus horas— se presenta como un modelo, mientras que el voto a la izquierda se ha estigmatizado como la opción de los perezosos. La ambivalencia de estas zonas ante el movimiento de los gilets jaunes da fe de esta tendencia. Coquard ha demostrado que el apoyo inicial a estos se desvaneció en las mimas a medida que el movimiento se urbanizaba y la cobertura mediática pasaba de los bloqueos de las rotondas y los puntos de peaje a las manifestaciones en las calles de las ciudades.

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Por último, mientras que el discurso de la «Francia periférica» se ha centrado en la relocalización industrial efectuada para abaratar costes y en la concentración de la actividad económica en las metrópolis, para los votantes de RN la principal preocupación parece ser menos el empleo que dónde viven. En Provenza-Alpes-Costa Azul el sector turístico representa el 13 por 100 de la economía nacional, frente al 8 por 100 en el conjunto de la misma. En este sentido, la globalización ha sido una bendición para la región, pero el inconveniente ha sido la afluencia de burgueses procedentes tanto del norte del país como del extranjero. La «gran sustitución» de la clase media local refleja una degradación geográfica más que profesional: las «beaux coins» [lugares hermosos] donde la gente pensaba jubilarse se han vuelto inasequibles, atrapando a pequeños empresarios y empleados de clase media en las zonas suburbanas en declive, que salpican innumerables ciudades francesas. Este resentimiento alimenta una conciencia social «triangular», hostil tanto a las elites como a los beneficiarios de las políticas sociales, que se diferencia de la oposición dicotómica de «nosotros y ellos» elaborada por el discurso de la izquierda.

Tal interpretación parece confirmarse por la irrupción de RN en el oeste del país, donde las restricciones impuestas por razón de la pandemia de la covid-19 y el trabajo a distancia han atraído a los trabajadores de cuello blanco al borde del mar. Mientras estos tránsfugas ocupan las encantadoras cabañas del estuario de la Gironda, los pescadores independientes se ven relegados tierra adentro, mientras su poder adquisitivo se ve erosionado por la explosión de los precios del combustible. El ascenso de RN en Bretaña es simbólico. Esta región relativamente privilegiada se beneficia de un índice de creación de empleo superior a la media nacional, pero, como en el resto del país, su dinamismo económico se basa sobre todo en el sector terciario. Históricamente tierra de agricultura e industria —textil, automóvil, metalurgia, caucho—, hoy es testigo de la explosión de las segundas residencias y de alojamientos de temporada, lo que provoca la desertización de los pueblos en invierno y el fenómeno de las «volets fermés» [persianas cerradas]. La tesis de la «Francia periférica» describe una polarización territorial inexorable, pero las encuestas revelan la existencia de antagonismos en estas zonas: entre las regiones pintorescas que atraen a la alta burguesía culta y los lugares abandonados –los «endroits moches» [lugares urbanística o paisajísticamente horrendos]– donde RN tiene el viento a su favor.

¿Cuáles eran y cuáles son las posibilidades de un giro a la izquierda entre este electorado? Algunos analistas insisten en que hacerse con la base electoral de RN es una causa perdida y que la izquierda haría mejor en concentrarse en las zonas de mayoría macronista. Sin embargo, las encuestas muestran un amplio consenso a favor de medidas progresistas a escala nacional: el aumento del salario mínimo, al que el grupo parlamentario de RN se opuso en 2022, y una legislación más estricta sobre las normas de seguridad en el lugar de trabajo, una cuestión importante para los estratos empleados a menudo en trabajos de alto riesgo. Los habitantes de las áreas suburbanas están ligados a los servicios e instalaciones públicas, como ilustran las protestas organizadas en pueblos y pequeñas y medianas ciudades contra el cierre de colegios. Poner límites a la especulación inmobiliaria —el verdadero combustible del voto de RN en las zonas donde el partido crece rápidamente— enviaría una señal poderosa a este electorado. La vacilación de RN sobre la edad de jubilación y el salario mínimo, así como la negativa a bajar el IVA de los productos de primera necesidad parecen entretanto presentar oportunidades a la izquierda. ¿Está el NFP del lado del pequeño productor, ahogado por el alza de los precios de la energía, o del lado del capital, que se ha beneficiado en gran medida de la crisis inflacionista? Éstas son las contradicciones que la izquierda debería poner de manifiesto y que los resultados del 7 de julio ponen de modo acuciante sobre la mesa.

Sidecar
Artículo original: Gaucho-Lepénisme? publicado por Sidecar, blog de la New Left Review y traducido con permiso expreso por El Salto. Véase Serge Halimi, «La situación de Francia», NLR 144 y Perry Anderson, «El centro puede aguantar», NLR 105.
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