Siria
El silencio que ha dejado la guerra sobre el pasado milenario de Siria
La hierba crece salvaje entre las ruinas, el mapa de la entrada está descolorido, con los contornos sucios por la dejadez, y apenas se distinguen los pasillos por donde los posibles visitantes deberían desplazarse entre los vestigios de la antigua ciudad.
Nada en Ugarit hace pensar que aquí se desarrolló uno de los primeros alfabetos fonéticos conocidos, con más de 30 signos, hacia el siglo XIV a.C. “Esta área está totalmente abandonada, nadie conoce que existe”, lamenta Wael, estudiante de periodismo, mientras camina por los pasillos sin señalizar. Wael es de la ciudad costera de Latakia, muy cerca de Ugarit, y le interesa el legado arqueológico de su país. Le gustaría, con sus reportajes, contribuir a darle visibilidad, aunque lo que encuentra a su alrededor es abandono.
El legado de Ugarit solo es visible a quien llega conociendo su historia. Para el resto, son solo piedras
En Ugarit no hay paneles explicativos nuevos, pero sí los restos del templo de Baal y del palacio real, un reino que, entre 1450 y 1200 a.C., fue un próspero puerto comercial y centro cultural del Mediterráneo oriental, desde donde se tejieron redes comerciales con Egipto, Chipre y Mesopotamia. Sin embargo, el legado de Ugarit solo es visible a quien llega conociendo su historia. Para el resto, son solo piedras.
Un legado en la intemperie
En la pequeña oficina de entrada, la vendedora de los tickets desde hace más de dos décadas lamenta el abandono del lugar. “Honestamente, no tenemos muchos visitantes. Estamos tristes de que no vengan”, dice. Hoy, desde las nueve de la mañana hasta el mediodía, solo han entrado tres personas. “Sois los primeros visitantes”, reconoce. Lo habitual, explica, son cuatro o cinco al día, aunque hay jornadas en las que no llega nadie. Siendo un día lluvioso de invierno, se escuda en el clima, mientras reconoce que los pocos turistas que se acercan, suelen ser extranjeros: “Más extranjeros que locales”, puntualiza, mientras insiste en la importancia de Ugarit.
El director del yacimiento, el doctor Ghassan Al-Qaim, todavía conserva esperanzas de que la preservación y el interés turístico crezcan. Recuerda que la ciudad comenzó a explorarse en 1929, y pese a los años transcurridos, todavía no se ha excavado completamente, por lo que quedan zonas por estudiar. Aunque reconoce también las limitaciones de la nueva administración de Damasco, liderada por los islamistas del HTS (Hayat Tahrir al-Sham) tras la caída del régimen de Bashar Al Asad en diciembre de 2024. “El Ministerio tiene muchas debilidades y las capacidades son limitadas. Un año [en el gobierno] no es suficiente, necesitan más tiempo”, señala. Al acabar la visita, el director Al-Qaim pide a los visitantes que le acerquen hasta Latakia. Con el cambio de poder en Damasco, se le retiró el coche del gobierno del que disponía para desplazarse hasta Ugarit, y ahora se sirve de personas locales que lo puedan trasladar del trabajo a casa, y viceversa.
La ausencia de un gobierno consolidado y la precariedad de las instituciones, especialmente tras más de una década de guerra civil, han dejado muchas zonas arqueológicas y museos en riesgo de saqueo y deterioro
Un año después de la caída del régimen, la situación del patrimonio cultural en Siria sigue siendo incierta. La ausencia de un gobierno consolidado y la precariedad de las instituciones, especialmente tras más de una década de guerra civil, han dejado muchas zonas arqueológicas y museos en riesgo de saqueo y deterioro, con redes de traficantes que aprovechan para comercializar antigüedades en mercados en el extranjero. A la vez, iniciativas internacionales y organizaciones locales intentan llenar el vacío: la UNESCO ha reanudado sus programas de cooperación para apoyar la conservación de colecciones y sitios, aunque la protección del patrimonio no figure como prioridad para una administración que enfrenta otros desafíos políticos, económicos y de seguridad.
La lucha de la sociedad civil por el patrimonio sirio
En este contexto, la sociedad civil intenta buscar soluciones. No se trata sólo del abandono, sino del riesgo de que la nueva administración opte por transformar la ciudad sin tener en cuenta su legado. En la sede en Damasco de la asociación Syrians for Built Heritage, creada hace tres años, expertos en arquitectura e ingeniería se reúnen rodeados de mapas y estudios. Durante el largo régimen de la familia Asad, lamentan que éste no escuchara sus peticiones, aunque aseguran que el abandono del patrimonio viene de más lejos.
“La destrucción del patrimonio antiguo en Damasco y en toda Siria comenzó a finales del periodo otomano”, explica Khaled Al Faham, arquitecto, experto en planificación urbanística y director de la asociación, que lidera la conversación mientras sus compañeros, todos voluntarios, observan y hacen puntualizaciones. Los expertos tienen ahora una preocupación muy concreta. “El nuevo gobierno quiere construir torres en el centro de la ciudad como si fuera Dubai”, lamenta Khaled, al considerar que esto borraría la identidad urbana histórica. “El sector privado presiona para modernizarlo todo y construir en todas partes. Quieren más pisos, más apartamentos, más dinero”, añade.
Por ello, la asociación ha tomado la iniciativa para tratar de frenarlo y, en los últimos meses, ha elaborado un mapa que enumera los distintos sitios patrimoniales que consideran que están en riesgo, en el centro de la capital siria. “Una de las amenazas principales es construir un hotel moderno aquí en la ribera, sobre el río”, apunta Khaled, mientras señala el plano. “Este mapa es la última sugerencia para frenar la corrupción”, asegura.
Recorriendo los alrededores de la plaza Umayyad a pie, siguiendo los puntos del mapa, algunos paneles anuncian la remodelación de hoteles antiguos por algunos más lujosos. Carteles publicitarios actuales de comida conviven con zonas abandonadas, como un antiguo parque de atracciones ahora inservible, mientras docenas de estudiantes entran y salen de la universidad, rodeada de calles saturadas de coches que llegan a Damasco. En medio de la plaza Umayyad, algunos jóvenes venden la nueva bandera siria, otros ofrecen fotos a cambio de dinero a quienes se acercan, mientras los niños más pequeños intentan vender pañuelos.
La zona todavía conserva su vegetación, y esta es precisamente la esperanza en la que se apoyan los arquitectos para seguir presionando a su gobierno. “No tienen suficiente conciencia de la importancia de este patrimonio… Esta historia es tu orgullo, es tu pasado, tu presente y tu futuro”, concluye Khaled, convencido.
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Fragmentos de un retorno
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