Opinión
El método Goyache: cocinar el cisne de la UCM a fuego lento

Cada recorte es un grado más en el agua de nuestra propia cocción. ¿Cuánto más aguantaremos? El 19 de abril hay convocada una gran manifestación de todos los niveles educativos, pues el ataque es en todos los ámbitos.
Rectorado UCM 2025 - 2
Protesta en el rectorado de la Universidad Complutense, en abril de 2025. David F. Sabadell
7 abr 2026 09:58

Cocinar una rana o el emblemático cisne de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) no tiene que ser muy diferente, pensarán los autodenominados gestores de la universidad pública, especialmente el rector de la dicha universidad. El truco es el mismo: calentar el agua gradualmente para que el animal no sienta que está siendo cocinado y, cuando quiera huir, ya sea demasiado tarde. Este principio físico funciona también en el plano ideológico: como programa para avanzar en el austericidio de la universidad pública.

Las “recetas”, los “programas”, los “planes” que se nos presentan como ajustes técnicos son siempre políticos, es decir, siempre ocultan una visión ideológica. El triunfo de una determinada mirada sucede cuando todo el mundo contempla la realidad desde este particular punto de vista. Es entonces cuando la ideología ya no es considerada tal, sino que aparece simple y llanamente como “la realidad” (la dominación se vuelve invisible). Cualquier cuestionamiento aparece como algo extraño, fantasioso, irrealizable o, simplemente, falso. 

Cada minuto que permanecemos aceptando estas medidas es tiempo perdido para revertirlas

La misma receta que Ayuso aplica a las universidades públicas, el rector de la Complutense lo aplica a la comunidad universitaria. Como en toda relación mafiosa, cada medida de recortes nos atrapa aún más y nos hace más proclives a consentir el siguiente chantaje. 

La Comunidad de Madrid ha llevado a la UCM a la ruina: negando la financiación adecuada y el pago de las deudas millonarias. En cambio, le ofrece un “crédito” (con intereses) para que pueda subsistir a cambio de la aprobación del denominado Plan Económico Financiero —de ajuste y recortes—. Como hemos visto en otras ocasiones, el endeudamiento no aparece como un hecho coyuntural, sino como un mecanismo de intervención y un programa de gobierno. 

Más que un rectorado con un compromiso con la universidad pública tenemos un rector comprometido por todo tipo de deudas con los enemigos de la pública

En los últimos años hemos asistido al progresivo desmantelamiento de la universidad pública en paralelo al dopaje de la privada con el objetivo de influir en la oferta educativa y, con el tiempo, expandirla demanda social de los servicios privados, el mismo proceso que estamos sufriendo en la sanidad.

Por su parte, el Rectorado de la UCM trata de gobernar la escasez como si se tratara de un mero ajuste contable, olvidando que la educación es un servicio público y un derecho. Los costes más fáciles de ajustar son los relativos al profesorado (comprando el marco impuesto por Ayuso en sus medios afines). La receta mágica del Rectorado consiste en no reponer las plazas del profesorado que se jubile o que esté de baja. La clave es simple: sobrecargar más al profesorado y al personal de administración.

La aplicación de los recortes requiere de cierto arte de gobierno: por un lado, han de ser suficientemente intensos para cumplir con la rigidez del plan económico y financiero, pero no demasiado fuertes como para que el cisne salte del agua. Recortar cientos de grupos y asignaturas, decenas de másteres y grados no es un  mero ajuste: es una transformación estructural de la oferta en la educación universitaria pública. 

Toda esta neolengua podría traducirse en una máxima: en la universidad pública el palo aumenta mientras la zanahoria disminuye

Se nos promete que la plantilla se va a mantener o estabilizar, pero al mismo tiempo se nos está diciendo que existe la obligación de cubrir toda la docencia, lo cual implica una petición ilegal: hacer miles de horas extra no reconocidas, porque de otra manera las cuentas no salen. Por eso es una promesa tan balsámica como falsa. Esta ficción contable solo funciona si no llamamos a las cosas por su nombre: hibernar grupos es reducir la oferta académica, fusionar grupos es aumentar las ratios, racionalizar la descarga docente (por tareas administrativas) es trabajar más por lo mismo (es decir, bajar los salarios), contener las plazas es otro ERE encubierto...

Toda esta neolengua podría traducirse en una máxima: en la universidad pública el palo aumenta mientras la zanahoria disminuye. Cada recorte es un grado más en el agua de nuestra propia cocción. ¿Cuánto más aguantaremos? Cada minuto que permanecemos aceptando estas medidas es tiempo perdido para revertirlas. Ya podemos ver las consecuencias de estas políticas de reducción de trabajadoras/es de administración y de servicios. Sus plantillas se reducen y las mismas personas tienen que hacer el doble de trabajo, hasta que caen en baja laboral y, nuevamente, menos compañeras han de hacer más trabajo. Vamos a una institución que traslada el malestar desde las élites hasta las trabajadoras, en un maltrato institucionalizado y un expolio de lo público. 

Necesitamos un rectorado que esté dispuesto a priorizar la dignidad de la universidad pública. En cambio, tenemos un rector que —a juzgar por los hechos— está más comprometido con sus propios intereses y su carrera profesional bajo el ala del PP. Les debe el empujón a su campaña electoral, que pagó en parte a Ayuso con honores. Ésta le mostró el camino a seguir si no colaboraba y el rector ha acudido siempre a su lado en cada uno de sus montajes. No ha estado nunca del lado de la comunidad universitaria ni ha estado dispuesto a reconocer el papel de la movilización o de los sindicatos. Más que un rectorado con un compromiso con la universidad pública tenemos un rector comprometido por todo tipo de deudas con los enemigos de la pública. 

La educación infantil marca el camino con la huelga indefinida que comienza en el día de hoy

La resistencia y la organización colectiva contra esta política de recortes es crucial para asegurar la dignidad de las trabajadoras y estudiantes. En definitiva, los derechos laborales y educativos son las dos caras de la garantía de la educación pública y de calidad. Por eso, la Plataforma UCM x la Pública no va a tolerar este ataque a nuestra universidad: el 16 de abril se realizará un referéndum que permitirá votar a favor de la suspensión del plan de recortes. Tres días después, el 19 de abril, hay convocada una gran manifestación unitaria de todos los niveles educativos (porque el ataque a la educación es en todos los ámbitos). 

Si aún así el Rectorado de la UCM no está dispuesto a rectificar, desde la comunidad universitaria tendremos que valorar nuevamente el uso de la herramienta que se ha demostrado más efectiva: ¿seremos capaces de una nueva huelga de un día, de dos días, o incluso indefinida? La educación infantil marca el camino con la huelga indefinida que comienza en el día de hoy.

El objetivo de la comunidad educativa es claro: revertir los recortes, escalar el conflicto de abajo hacia arriba hasta conseguir una financiación adecuada (al menos el 1% del PIB, el pago de todas las deudas y la cancelación del préstamo) y, llegado el caso, forzar la salida de Goyache (como ya se hizo con Viciana y los Pocholos). 

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