València
Cuatro de los fusilados por el franquismo de Gandia son devueltos a sus familias en el lugar del crimen
Las familias de Manuel Martín Collado, José Giner Gasent, Antonio Orengo Damiá y Manuel Castillo García han recuperado este sábado los restos identificados de sus familiares, asesinados por el franquismo y exhumados hace tres años. Y lo han hecho en el patio de la que fue cárcel franquista, donde pasaron hambre, torturas y privación de libertad más de 2000 republicanos. El acto solemne de entrega de los restos óseos de las cuatro víctimas identificadas tras la exhumación de 2023 se ha llevado a cabo en la Escola Pia de Gandia, el mismo lugar donde fueron fusilados el 31 de octubre de 1940 y arrojados a la fosa del cementerio de Gandia, convirtiéndose así durante unas horas en un espacio de reparación y memoria democrática.
Manuel Martín está profundamente emocionado, tras las gafas de sol esconde las lágrimas al entrar en el patio de la Escola Pia. “Nunca había estado aquí y visualizar cómo lo ejecutaron en este mismo patio me pone los pelos de punta”, nos confiesa. De su abuelo, también Manuel Martín, se lleva, además de los restos óseos que serán enterrados dignamente en el cementerio de Gandía, una caja con algunos objetos hallados en la fosa: algunos proyectiles, la bala del tiro de gracia y un anillo que “seguramente mi abuela le regalaría”.
“Hoy nos unimos aquí en un acto que va mucho más allá del paso del tiempo; un acto que nos toca lo más profundo del corazón y de nuestra memoria como pueblo”, decía momentos después desde el escenario su hermana Nuria Martín, presidenta de la Associació de Víctimes del Franquisme de la Safor, al tiempo que agradecía su compromiso a todas las instituciones y personas que han acompañado a la Asociación en este largo proceso de búsqueda. Proceso que no acaba aquí, ya que parte de la fosa se encuentra aún bajo una torre de nichos, una intervención a la espera de dotación económica para poderse llevar a cabo.
“Continuaremos luchando con todas nuestras fuerzas para encontrar el resto de tus compañeros, esas víctimas que todavía continúan olvidadas en las fosas del cementerio de Gandía, atrapadas bajo los nichos. No pararemos hasta que ellos también puedan volver a casa, igual que haces tú hoy”, decía Martin interpelando a su abuelo.
“Hoy rompemos de una vez y por siempre jamás el pacto de silencio. Hoy te devolvemos la voz y el nombre. Ya no eres un secreto que hay que guardar y susurrar entre dientes. Hoy vuelves a casa con los tuyos, rodeado del respeto, del amor y de la dignidad que nunca pudieron fusilar,” continua su intrvención. Para Nuria Martin “el daño que hicieron a nuestras familias fue y continúa siendo irreparable. Mientras ellos sufrían la miseria, la persecución y el hecho de ser señalados, las personas que cometieron o permitieron estos crímenes continuaron a lo largo de los años ocupando lugares de privilegio en nuestra sociedad, manteniendo su poder y su influencia intactas, incluso hasta nuestros días. El silencio que nos impusieron no fue una elección, fue una manera de poder sobrevivir ante una impunidad que insultaba”, concluye.
José Giner Gassent también fue fusilado en el patio de la Escola Pía, su nieta Mabel Giner siempre tuvo fe en que este día llegaría “a pesar de que costó encontrar la fosa, se hicieron varias catas en el cementerio de Gandia y al final se dio con los restos óseos de los fusilados. Esperemos que los que todavía no han salido se pueda trabajar para sacarlos y devolverlos a sus familias”, nos cuenta. “Ahora a José en el cementerio lo pondremos con nuestra abuela. Por desgracia, mi padre y mi abuela no han podido ver este momento, fallecieron hace años sin saber dónde estaba su padre y marido” Antes de comenzar el acto la familia Giner recibe una caja de manos de los arqueólogos de la Asociación Científica AqueoAntro con algunos objetos hallados en la fosa, entre ellos medio peine, que según les cuenta Amadeu Mezquida, director de la excavación, que esté solo la mitad puede deberse a que lo compartió con otro preso que no tenía útiles de aseo. “Es un sensación extraña”, dice Reme Gimer, “poder ver objetos que ha podido tocar y tener él”.
Antoni Orengo también se emociona cuando habla de su abuelo Damián: “Lo mataron con 42 años, lo fusilaron y dejó a mi abuela viuda con tres niños pequeños. Siempre de negro, no tenían dinero y trabajaba como una burra para llevarlos adelante. Tanto las viudas como los hijos de todos los asesinados son víctimas” sentencia. “Fue una época muy mala. Mi padre y mis dos tías lo pasaron fatal porque no conocieron prácticamente a su padre”.
Antoni relata que su padre “nunca hablaba de eso, porque lo pasó tan mal, tan mal, que no quería hablar nunca del tema. Hace justamente dos meses que falleció la última hija de Antonio, que se llamaba Emma. Mi tía Isabel, que no tenía hijos, era la que más se volcó en encontrarlo, se acordaba perfectamente cuando salió de aquí, de la Escola Pia, cómo le hizo la señal de que lo iban a fusilar y le dijo “no tengáis odio a nadie, mejores tiempos vendrán”, lo que pasa es que ahora estamos en un tiempo que no sé si vendrán mejores o volvemos otra vez a lo peor”, reflexiona.
“Mi tía Isabel pudo dar el ADN para la identificación antes de morir hace tres años y gracias a eso hoy lo podemos recuperar”, explica Antoni Orengo, nieto de víctima
“Mi tía Isabel”, continúa Orengo “pudo dar el ADN para la identificación antes de morir hace tres años y gracias a eso hoy lo podemos recuperar. Estamos contentos y a la vez muy tristes. Porque a mí me hubiese gustado que mi padre y mis tías lo hubiesen podido ver”, añade. En su discurso Orengo señaló otra cuestión que le preocupa, “estoy convencido que el juez que firmó el sumarísimo que condenó a mi abuelo y al resto de personas que fusilaron, sin ningún tipo de prueba y de una manera cruel, son hoy sus hijos quienes ocupan posiciones de poder en la judicatura nacional.”
El acto, emotivo y cargado de gran simbolismo, ha contado con la presencia de familiares de las víctimas, representantes de entidades memorialistas, miembros de la corporación municipal, alcaldes y regidores de la comarca, representantes institucionales de diferentes administraciones y numerosos ciudadanos y ciudadanas que han querido acompañar las familias en un momento histórico para la comarca.
Entre la música de un cuarteto de cuerda y las canciones de Borja Penalva tomaron también la palabra, Miguel Mezquida, de la Asociación Científica ArqueoAntro y director de la excavación, quien reconoció y valoró “el esfuerzo de las familias para alcanzar este día” y Ángel González presidente de CAMDENPV (Coordinadora d´Assosiacions de Memòria Democrètica del País Valencià) quien recordó que “venimos de lejos y aún queda un largo camino por recorrer por la verdad, la justicia y la reparación”, e insistió en que " la Memoria Democrática no es cosa del pasado, es futuro y ciudadanía”.
Como representantes institucionales tomaron la palabra José Manuel Prieto, alcalde de Gandía, Zoraida Hijosa, directora general de Memoria Histórica del Gobierno de España y la vicepresidenta primera de la Diputación de València y diputada de Memoria Democrática Natàlia Enguix. Alicia Izquierdo, primera teniente de alcaldía y regidora de Memoria Democrática ha conducido la ceremonia. “Hoy nos reunimos aquí para un acto profundamente humano. Un acto que habla del dolor, sí, pero sobre todo del amor. De la fidelidad de unas familias que, durante ochenta y siete años, han sostenido la ausencia y han mantenido viva la presencia de aquellos que los fueron arrebatados”, ha afirmado Izquierdo visiblemente emocionada.
“Este espacio fue testigo de la barbarie. Vio como la represión franquista intentaba imponer no solo la muerte, sino también el olvido. Pero hoy vuelven. No custodiados por el miedo, sino abrazados por el afecto de los suyos”
“Este espacio fue testigo de la barbarie. Vio como la represión franquista intentaba imponer no solo la muerte, sino también el olvido. Pero hoy vuelven. No vuelven custodiados por el miedo, sino abrazados por el afecto de los suyos. No vuelven desposeídos de su nombre, sino gritados uno a uno con orgullo y ternura. Hoy no reabrimos heridas. Las heridas han existido siempre. Hoy ponemos luz allá donde se quiso imponer la oscuridad. Restituir, aunque sea tarde, una parte de la justicia que los fue negada. Habéis vuelto a casa. Dignidad colectiva y deber moral”, resumía Izquierdo en su intervención.
La fosa de Gandia fue exhumada parcialmente en 2023, tras la tercera campaña ya que las dos anteriores habían sido infructuosas. Fueron hallados 24 cuerpos, de los 64 que se presupone fueron arrojados a la fosa, e identificados gracias al cotejo de ADN sólo los cuatro que hoy se entregan. Las cuarenta víctimas restantes se hallan bajo un bloque de nichos que fue construido sobre la fosa. Para poder continuar con la exhumación, el consistorio deberá derribar este bloque y trasladar los restos a un nuevo pabellón que aún no está construido. Una actuación compleja y económicamente costosa que a pesar de la voluntad política del Ayuntamiento de la ciudad y el empeño de los familiares necesita de la implicación de otros organismos públicos que la financien.
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