Venezuela
Asalto a Venezuela: las reacciones en América Latina y los peligros de un Trump desquiciado
“De acuerdo a nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio de Estados Unidos en América Latina no será cuestionado nunca más”. Arropado de una impunidad indignante y con el tono soberbio de quien se autopercibe dueño del planeta —o al menos de esta parte—, Donald Trump explicitó en la rueda de prensa del sábado 4 de enero que Venezuela es solo el primer blanco de su estrategia. “Todos deben saber que lo que le pasó a Maduro les puede pasar a ellos”, agregó amenazante luego de lanzar advertencias directas a los gobiernos de México, Colombia y Cuba.
No hay que leer entre líneas ni desmenuzar interpretaciones ocultas. Su transparencia arrojó como principal conclusión que los bombardeos sobre Caracas y el secuestro de Nicolás Maduro, que violan la soberanía territorial venezolana y todas las normas del derecho internacional, buscan también disciplinar a cualquier proyecto político que desafíe la Doctrina Monroe, que considera la región su “patio trasero”.
La alocución del magnate republicano terminó por despejar las incógnitas sobre los objetivos reales de esa operación militar, que eludió la autorización de su Congreso y del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. “Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras entren, arreglen la infraestructura gravemente dañada y comiencen a ganar dinero para nuestro país”, declaró en su discurso a la nación. Un par de semanas antes ya lo había admitido con palabras más delirantes: “Venezuela se apoderó unilateralmente del petróleo de EEUU. Teníamos mucho petróleo allí en Venezuela y lo queremos de vuelta”.
Trump ni siquiera apeló a la narrativa de la “dictadura” de Maduro o “las violaciones a los derechos humanos”: en su discurso, no pronunció ni una vez la palabra ‘democracia’. En cambio, dijo 27 veces la palabra ‘petróleo’
Trump aludía a la nacionalización que implementó, con total legalidad constitucional, el expresidente Carlos Andrés Pérez en 1975 (para ese entonces, Hugo Chávez era apenas un subteniente recién graduado). Con esta lógica, el jefe de la Casa Blanca podría invadir cualquier país que haya nacionalizado sus recursos, como hizo Chile con el cobre bajo el Gobierno de Salvador Allende, México con los ferrocarriles en la década de 1930 o Bolivia con los hidrocarburos en 2006.
Trump ni siquiera apeló a la narrativa de la “dictadura” de Maduro o “las violaciones a los derechos humanos”: en su discurso, no pronunció ni una vez la palabra ‘democracia’. En cambio, dijo 27 veces la palabra ‘petróleo’. Su plan no solo incluye apoderarse de las mayores reservas mundiales de crudo sino también cortar la alianza energética que une Caracas y Beijing. Es el petróleo, estúpido.
Repudios y apoyos
Diversas y dispersas fueron las primeras reacciones de los gobiernos y líderes latinoamericanos ante el sorpresivo ataque. Apenas un puñado de presidentes lo condenaron de forma enérgica. El primero en hacerlo fue el presidente colombiano, Gustavo Petro, que a las 4:05h alertó de los bombardeos y exigió que la Organización de Estados Americanos (OEA) y la ONU se reúna “de inmediato”. El mandatario colombiano expresó luego que su Gobierno “rechaza la agresión a la soberanía de Venezuela y de América Latina”, y pidió diálogo: “Los conflictos internos entre los pueblos los resuelven los mismos pueblos en paz”.
Trump ha amenaza con intervenir en Colombia, el país que se ha enfrentado a sus planes de forma más directa: “Petro tiene fábricas de cocaína y la envía a EEUU, debe tener cuidado”
Petro es el siguiente objetivo de Trump, tal como sugirió más de una vez el presidente de EEUU acusándolo, como a Maduro, de ser “un líder narco”, también sin ninguna prueba. Petro ha sido el líder americano que se había enfrentado a Trump con más vehemencia, aunque en esta ocasión decidió moderar el tono. Eso no le sirvió de una nueva amenaza trumpista. “Petro tiene fábricas de cocaína y la envía a EEUU, debe tener cuidado”.
Unas horas después se pronunció Lula, en un comunicado extenso y contundente. El brasileño denunció que los ataques “han traspasado una línea inaceptable” y “sientan un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional”.
El líder de la principal economía latinoamericana también habló de una “flagrante violación del derecho internacional” y advirtió que “esta acción recuerda los peores momentos de injerencia en la política latinoamericana y caribeña y amenaza la preservación de la región como zona de paz”.
Con un tono más sobrio, el Gobierno de México afirmó que “condena y rechaza enérgicamente las acciones militares”. Y clamó “un llamado urgente a respetar el derecho internacional, así como los principios y propósitos de la Carta de la ONU, y a cesar cualquier acto de agresión contra el gobierno y pueblo venezolanos”.
El país que conduce la progresista Claudia Sheinbaum, y comparte más de 3.000 kilómetros de frontera con EEUU, tampoco se salvó de las amenazas. “Algo se tendrá que hacer con México”, advirtió Trump en la misma conferencia.
El tercer país amedrentado ese día fue Cuba, en este caso por el secretario de Estado, Marco Rubio. “Si yo estuviera en el Gobierno de La Habana, estaría preocupado”, disparó el secretario de Estado, de padres exiliados de la isla y acérrimo enemigo de la revolución. En la noche de este domingo, Trump fue más allá y sentenció: “Cuba está a punto de caer”. El mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, había denunciado el “criminal ataque de EEUU a Venezuela”, al que calificó como “terrorismo de Estado”.
También hubo repudios, con tonos más tibios, de los presidentes de Chile y Uruguay. Gabriel Boric, que dejará el cargo en marzo, expresó su “preocupación y condena” y dijo que “la crisis venezolana debe resolverse mediante el diálogo y el apoyo del multilateralismo, y no a través de la violencia ni la injerencia extranjera”. Mientras, la cancillería uruguaya señaló que “rechaza la intervención militar de un país en territorio de otro” y que “los Estados se deben abstener de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”.
Los presidentes de Trump
Del otro lado de la grieta latinoamericana, la ofensiva trumpista contó con el aval explícito de los presidentes conservadores de la región subordinados a la Casa Blanca. El más entusiasta fue Javier Milei, quien ya a las 6:34h celebró el secuestro de Maduro con su slogan “Viva la libertad, carajo”. Posteriormente, un comunicado de la cancillería argentina destacó “la decisión y la determinación” de Trump y afirmó que la intervención significa “un avance decisivo contra el narcoterrorismo que afecta a la región”.
El primer atisbo de respuesta coordinada llegó recién este domingo, con un comunicado conjunto de los gobiernos de Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España, aunque no mencionan a EEUU
En sintonía, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa expresó que “a todos los criminales narcochavistas les llega su hora”. El presidente paraguayo, Santiago Peña, y el mandatario electo de Chile, el ultraderechista José Antonio Kast, hablaron de “una gran noticia para la región”. El flamante gobierno boliviano, Rodrigo Paz, dijo apoyar “al pueblo venezolano en el proceso de recuperación de la democracia”. Y el presidente interino de Perú, José Jerí, deseó “la pronta recuperación del orden interno en Venezuela”.
El primer atisbo de respuesta coordinada llegó recién este domingo, con un comunicado conjunto de los gobiernos de Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España. Aunque no mencionan explícitamente a EEUU, advierten que los ataques contra Venezuela “contravienen principios fundamentales del derecho internacional” y “constituyen un precedente sumamente peligroso”. Además, manifiestan su preocupación “ante cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales”.
La desunión latinoamericana
Esta fractura profunda en la geopolítica continental se evidenció en la reunión de urgencia que realizó este domingo la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), convocada por Petro en calidad de presidente pro tempore. El encuentro, en el que participaron por videoconferencia mandatarios y cancilleres de toda la región, culminó sin poder consensuar una declaración conjunta debido al rechazo de una decena de países a condenar el operativo estadounidense.
Esta desunión que atraviesa la región aparece hoy como la principal fortaleza de Trump, que consiguió evitar una condena de la Celac tras cuatro meses de un inédito despliegue militar en las costas del Caribe —donde ya asesinó extrajudicialmente a 104 personas— y que culminó este sábado con la primera intervención militar directa de EEUU en territorio latinoamericano después de 36 años con la invasión estadounidense de Panamá y el secuestro del general Manuel Noriega.
En el “Corolario Trump de la Doctrina Monroe”, la Casa Blanca se atribuye el dominio total de la región, en una suerte de retorno a la vieja aplicación del “gran garrote” y “la diplomacia de las cañoneras”
En el “Corolario Trump de la Doctrina Monroe” anunciado hace un mes, la Casa Blanca se atribuye, sin eufemismos, el dominio total de la región, en una suerte de retorno a la vieja aplicación del “gran garrote” y “la diplomacia de las cañoneras” que institucionalizara Theodore Roosevelt a principios del siglo XX. Es decir, el uso de la fuerza militar como herramienta de presión para cambiar gobiernos. Desde entonces, la región sufrió cerca de 50 intervenciones, entre invasiones y golpes de Estado.
En pleno declive de su hegemonía global, EEUU ha decidido replegarse hacia el control total de lo que siempre consideró su “patio trasero”. Por las buenas o por las malas. Resurgen entonces, con más vigencia que nunca, las palabras premonitorias del libertador Simón Bolívar: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!